Lc 6, 1-5 – 9 de septiembre – XXII Sábado durante el año

 

 

Un sábado, en que Jesús atravesaba unos sembrados, sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas entre las manos, las comían.

Algunos fariseos les dijeron: «¿Por qué ustedes hacen lo que no está permitido en sábado?»

Jesús les respondió: «¿Ni siquiera han leído lo que hizo David cuando él y sus compañeros tuvieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios y, tomando los panes de la ofrenda, que sólo pueden comer los sacerdotes, comió él y dio de comer a sus compañeros?»

Después les dijo: «El Hijo del hombre es dueño del sábado.»

Palabra del Señor

Resumen de la semana

Otro sábado en el que intentamos repasar lo que vivimos en la semana, para que no nos olvidemos. No nos olvidemos de las palabras del Señor que nos hicieron bien.

Aprovecha un poco más este día y pensá que el lunes Jesús nos contaba que venía a cumplir una misión, Jesús es el enviado del Padre para cumplir una misión en nosotros, en cada ser humano. Jesús es dócil a la Palabra, por supuesto Él mismo es la Palabra, pero fue dócil al envío del Padre para venir y hacer lo que él le pedía.

¿Y qué vino a hacer Jesús? Vino a liberar, a permitirnos ver – quitarnos la ceguera – vino a darnos libertad y a proclamar un año de gracia.

El martes  Jesús actúa realmente y expulsa al demonio de esta persona. Este demonio que divide también tus sentimientos, tu corazón; intenta que no distingas, que mezcles todo, que no sepas discernir. Busca confundir, divide tus relaciones humanas, divide a tu familia, busca que estés enemistado, que te mantengas en tu posición, en tus pensamientos, en tu lógica, en tus sentimientos, que no cambies, y aunque sean viejísimos que sigas con rencores, con broncas,  que no olvides, busca que te pelees con el de a lado, con el que estás viajando, con tu jefe, con tu compañero de trabajo, con tus hermanos, con tu marido, con tu mujer, con tu vecino; él busca eso, y te engaña y te miente para que vivas engañado y fuera de la verdad de Dios, te inclina a que pienses siempre en lo malo, que veas siempre la parte mala de la vida y no veas nada bueno. Nos decia No hay que tener miedo; Jesús es más fuerte, Jesús hoy nos muestra su poder, hay que vencer al demonio con la palabra: “Callate y salí de acá, no molestes” .

El miércoles  el evangelio nos muestra a Jesús que eligió ser un hombre y vivir como hombre, no fue un super-hombre o un Dios que se hizo “pasar” por hombre para que nos creamos que era hombre, no, todo eso son desviaciones o herejías. Jesús fue dueño de sí mismo para el bien de todos, aunque ni siquiera Él llegó a todos. ¡Qué enseñanza tan grande! También tenemos que aprender de Jesús, el no creernos omnipotentes y autosuficientes pensando que podemos hacer todo al mismo tiempo y todo ya. Dios no es así.

El jueves revivimos una escena maravillosa del Evangelio, para meternos como si estuvieramos ahí, para enamorarnos de un Jesús que sorprende, que descoloca, que llama, que se mete en la barca, que enseña, que perdona, que calma, que invita a la confianza, que convierte a un simple pescador y pecador en un “pescador de hombres¨.  Jesús que se mete en la barca de Pedro, se mete en su vida, en su lugar de trabajo; como se metió en la mía y como se quiere meter en tu vida si estás escuchando; te pide que le prestes tu lugar, que le abras tu lugar, que le abras tu casa…

El viernes recordábamos que en la historia de la salvación no se ocultan los pecados, se perdonan. Jesús pone una puerta de pureza total en el penúltimo escalón -su madre Inmaculada- Él quiso pasar por una puerta santa y pura, pero aceptó, al mismo tiempo en todo el resto de sus antepasados, la realidad humana total que él venía a salvar . Recordábamos a la Virgen, que nació para ser la “puerta purísima” que nos trajo al Salvador que viene a meterse en nuestra historia, no para muestras nuestros pecados pasados, nuestras impurezas, esas cosas que queremos que nadie sepa de nuestra historia, sino al contrario, para redimirlos sin ocultarlos, para sanarlos sin negarlos.

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