Mt 10, 16-23 – 14 de julio – XIV Viernes durante el año

 

 

Jesús dijo a sus apóstoles:

«Yo los envío como a ovejas en medio de lobos: sean entonces astutos como serpientes y sencillos como palomas.

Cuídense de los hombres, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en las sinagogas. A causa de mí, serán llevados ante gobernadores y reyes, para dar testimonio delante de ellos y de los paganos. Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir: lo que deban decir se les dará a conocer en ese momento, porque no serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará en ustedes.

El hermano entregará a su hermano para que sea condenado a muerte, y el padre a su hijo; los hijos se rebelarán contra sus padres y los harán morir. Ustedes serán odiados por todos a causa de mi Nombre, pero aquel que persevere hasta el fin se salvará.

Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra, y si los persiguen en esta, huyan a una tercera. Les aseguro que no acabarán de recorrer las ciudades de Israel, antes de que llegue el Hijo del hombre.»

Palabra del Señor

Comentario

“La paciencia todo lo alcanza quien a Dios tiene nada le falta”; decíamos en estos días, pero al mismo tiempo esta virtud también se alcanza a fuerza de trabajo diario, cotidiano, de trabajo silencioso del corazón, que sabe esperar y que sabe buscar oportunidades para amar. Pero esta frase tan conocida de Santa Teresa de Jesús, en realidad habría que escucharla completa, para no quedarnos con una parte de la verdad, te recito las primeras estrofas de un poema que es más largo, dice así: “Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda; la paciencia todo lo alcanza; quien a Dios tiene nada le falta: Sólo Dios basta” El que sabe esperar es aquel que comienza a percibir que Dios está en todas las cosas y en cada cosa que hace; aún en aquellas en donde parece que no está o donde nadie lo ve; aún en aquellas que parecen adversidades y dificultades y Dios parece haberse escondido. Por eso nada debe turbarnos, nada debe espantarnos. El que tiene fe firme y verdadera, como don que viene del cielo y como decisión propia, no tiene de qué turbarse ni espantarse, porque tiene a Dios en su corazón y lo ve en todos lados, en todas las personas, aún en las menos “amables”. Solo los hombres y mujeres “de Dios”, como se dice, son pacientes, porque solo teniendo a Dios en el corazón y a Jesús en los labios, se alcanza la serenidad y la paz Jesús les advirtió a sus apóstoles en el algo del evangelio de hoy y nos advierte a nosotros: «Yo los envío como a ovejas en medio de lobos: sean entonces astutos como serpientes y sencillos como palomas»  Por más lindo que sea este mundo y lo lindo que nos lo quieran pintar, no podemos olvidar esta verdad cuando se trata de anunciar el evangelio: Andamos y somos como ovejas en medio de lobos. Este mundo parece estar lleno de “lobos”, lleno de dificultades en nuestras familias, en nuestros trabajos, en el mundo; y lo que es peor, a veces tenemos un “lobo” en nuestro corazón. La lucha va por dentro, los ataques son interiores y esos nos acompañan a todos lados.

Y bueno, en medio de esas situaciones tenemos que ser pacientes y ser “ovejas”, ser mansos; y también ser astutos. La mansedumbre es la hermana más cercana a la paciencia: el que es paciente es manso y el que es manso aprende a ser paciente a fuerza de soportar las dificultades. Jesús no nos manda como “lobos”, sino como ovejas. Estamos llamados a ser ovejas, obedientes y mansas, que escuchan la voz del pastor y que no andan “mordiendo” a nadie por ahí.

Y por eso Jesús nos advierte y les advirtió a sus apóstoles que seremos perseguidos, seremos incluso criticados, calumniados; incluso nuestra fe puede generar divisiones, peleas en nuestras propias familias o con nuestros propios amigos. El que anda detrás de Jesús también se gana enemigos así como el mismo Jesús se los ganó, pero no por gusto, no por “deporte”, por ser lobo, sino justamente por ser oveja, porque algunos desprecian la verdad, la bondad y nosotros la representamos.

¡Qué lindo que es ser ovejas! nosotros tenemos que llevar paz; no tenemos que andar atacando a todo el mundo, no tenemos que andar a la defensiva. Tenemos que ser  astutos para saber cómo llevar a Dios hacia los demás, y por así decirlo “meterlo” ahí en donde nos toca, donde Él mismo nos pide que lo hagamos presente, no por la fuerza, sino con astucia y con amor.

Terminemos esta semana de la mano de la paciencia, la paciencia que todo lo alcanza, la paciencia te va a hacer llegar a eso que pensás que es “imposible”; la paciencia que te hará alcanzar el amor que tanto anhelás, que te hará alcanzar el amor de Dios que tanto estás esperando.

Mantengámonos en paciencia, solo así vamos a aprender a ver cosas mucho más grandes; mientras tanto… a ser ovejitas, a ser mansos, a dejarnos guiar por Jesús, pero también a ser “astutos como serpientes”; una cosa no quita la otra, las dos tienen que ir de la mano: la astucia de los hijos de Dios que saben en qué momento hablar de Él, en qué momento callar, en qué momento proponer y en qué momento parecer como tontos; y también la mansedumbre para saber callar, optar por la sencillez y no buscar enemigos sin sentido, cuando nos ataquen por el solo hecho de creer y amar a Jesús.

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