Mt 10, 34-11, 1 – 17 de julio – XV Lunes durante el año

 

 

Jesús dijo a sus apóstoles:

«No piensen que he venido a traer la paz sobre la tierra. No vine a traer la paz, sino la espada. Porque he venido a enfrentar al hijo con su padre, a la hija con su madre y a la nuera con su suegra; y así, el hombre tendrá como enemigos a los de su propia casa.

El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.

El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a aquel que me envió.

El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo por ser justo, tendrá la recompensa de un justo.

Les aseguro que cualquiera que dé de beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa.»

Cuando Jesús terminó de dar estas instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí, para enseñar y predicar en las ciudades de la región.

Palabra del Señor

Comentario

Buen día, buen comienzo de semana. Seguramente un poco cansados, pero queriendo poner nuestro corazón otra vez al servicio de lo que Dios nos proponga, por medio de su palabra y de las situaciones que se nos presenten estos días. Te propongo algo.

Imaginemos esta situación: Imaginá que antes de escuchar este audio, el que te lo manda por whatsapp o por donde sea te dice: “Escuchá este audio, es Jesús que te quiere decir algo, en serio realmente es Él ¡eh! es su voz, realmente es su voz grabada para vos”. Obviamente creo que te parecerá medio absurdo lo que te planteo, porque nadie tiene grabada la voz de Jesús y nadie te aseguraría algo así, pero por lo menos imaginá que te tomás en serio esta advertencia y por ahí sabés que la voz es de otro, pero la palabra es de Dios, es de Jesús. ¿Cómo escucharías? ¿Qué disposición tendrías? ¡Qué distinto sería! ¡Cuántas semillas menos desperdiciaría el Sembrador! Menos mal que el sembrador sale a sembrar y revolea semillas por todos lados, sabiendo que nosotros no usamos siempre el oído para oír.

Esto de imaginarte que es Jesús el que te habla parece medio absurdo, pero en el fondo, no es nada más ni nada menos que lo que nos pasa o debería pasar cada día, cuando escuchamos la palabra de Dios. No cuando escuchamos el comentario de alguien solamente, sino cuando escuchamos la biblia porque alguien nos la lee o porque nosotros mismos leemos la palabra de Dios escrita. Vamos a profundizar esta verdad esta semana.

Algo del evangelio de hoy, es para comprender a lo largo de la semana, o mejor dicho a lo largo de la vida. Parece un poco chocante. Asusta, pero es así. A simple vista, escuchando muy por arriba, parece incomprensible. Pero sabemos que no todo se comprende de un día para el otro, no se comprende todo de golpe, no se comprende todo por comprender un poco, no seamos impacientes. Es así. ¿Te acordás que veníamos hablando sobre la paciencia? La paciencia todo lo alcanza, la paciencia nos ayuda a alcanzar el amor, la paz, al mismo Dios. Por eso, no pretendas comprender los evangelios de cada día en un solo día.

Jesús es todo y pide todo, no por capricho, no por caprichoso, sino por nuestro bien, para nuestra felicidad. Jesús siembra amor y quiere cosechar amor, no egoísmo. Él piensa en el bien de todos, no solo en el tuyo y en el mío. Él quiere la felicidad de la humanidad entera y por eso nos propone algo que parece raro, propone que el amor hacia él esté por encima de todo, aunque nos genere una división interior y exterior.

Solo amando a Jesús más y primero, podremos amar a nuestras familias plenamente y ser felices en serio. Mientras tanto los amores compiten, cuando en realidad el de Jesús potencia todo lo demás. Esto solo lo comprende el que se siente discípulo, el que lo sigue seriamente, por eso hoy Jesús les habla a sus discípulos más cercanos, esto digamos así, no es para cualquiera, es para el que lo descubrió como el amor de su vida. Solo una enamorada o un enamorado de Jesús, sólo el que fue tocado por su gracia, puede decir con total naturalidad y sin culpa: “Yo amo más a Jesús que a mi padre, que a mi madre, que a mis hijos” Y por amar más a Jesús no quiere decir que no amo más a mi familia, sino que los amo mejor, como Él quiere. Solo un enamorado de Jesús en serio, es capaz de que no le importen las críticas ajenas o incluso el ser dejado de lado por un familiar.

No te asustes si no te sale decir semejantes palabras, no te asustes si todavía no amás más a Jesús que a tus seres queridos. La fe y al amor a Jesús es un camino, largo, pero lindo. Falta mucho por recorrer, nos falta un largo trecho. Hay que tenerse paciencia a uno mismo. No te olvides de la paciencia. No nos olvidemos que la semilla sembrada por Jesús algún día dará fruto si somos constantes.

Si ya amás a Jesús más que todos, no te impacientes ni te enojes con los que no te comprenden, o no lo aman, recibiste una gracia, los otros todavía les falta descubrirlo.

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