Mt 9, 18-26 – 10 de julio – XIV Lunes durante el año

 

 

Mientras Jesús les estaba diciendo estas cosas, se presentó un alto jefe y, postrándose ante él, le dijo: «Señor, mi hija acaba de morir, pero ven a imponerle tu mano y vivirá.» Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos.

Entonces se le acercó por detrás una mujer que padecía de hemorragias desde hacía doce años, y le tocó los flecos de su manto, pensando: «Con sólo tocar su manto, quedaré curada.» Jesús se dio vuelta, y al verla, le dijo: «Ten confianza, hija, tu fe te ha salvado.» Y desde ese instante la mujer quedó curada.

Al llegar a la casa del jefe, Jesús vio a los que tocaban música fúnebre y a la gente que gritaba, y dijo: «Retírense, la niña no está muerta, sino que duerme.» Y se reían de él. Cuando hicieron salir a la gente, él entró, la tomó de la mano, y ella se levantó. Y esta noticia se divulgó por aquella región.

Palabra del Señor

Comentario

Paciencia, mucha paciencia se necesita para caminar en esta vida, para conservar la fe, para aceptar la realidad, para aceptar lo que nos pasa, para aceptar un dolor, una enfermedad, para soportar al insoportable y así podríamos seguir.

La paciencia todo lo alcanza.

Me sorprende, escuchando a tantas personas, escuchando tantas confesiones, que un tema recurrente, un tema que sale siempre en todos, es el de la paciencia –en realidad el de la impaciencia–: “Padre no tengo paciencia” “Estoy cansada” “Todo y todos me hacen enojar”.

¿No será al revés, no será que estamos cansados de tanto enojarnos? Porque el que es manso se enoja menos que el iracundo e impaciente.

Esto me hace pensar mucho. ¿Será que el hombre siempre fue tan impaciente? ¿O será que estamos en la época de la impaciencia? ¿Será que el uso de la tecnología ha exacerbado nuestra cuota natural de impaciencia con la que nacemos? No lo sé; lo que sí sé es que necesitamos paciencia para todo, en especial para escuchar la palabra de Dios y ver frutos, para escucharla y comprenderla, para escucharla y aceptarla. Te diría que la mayoría de los abandonos de tanta gente que deja de escuchar la palabra de cada día o de gente que es inconstante al escuchar; se debe a la impaciencia. Muchísimos que escuchaban con alegría hoy ya no escuchan más. ¡De lo que se pierden! ¡Si supiéramos que Dios habla en el tiempo y dándole tiempo; cuánto tiempo le dedicaríamos! Tené paciencia, tengamos paciencia. La paciencia es la virtud de los sabios, de los prudentes, de los fuertes, de los nobles, de los honestos, de los generosos, de los que tienen temple, de los justos, de los humildes, en definitiva de los santos; de los buenos hijos de Dios que saben esperar todo de su padre, que saben que todo vendrá de Él, tarde o temprano, y lo que no viene es porque no tiene que venir.

El Evangelio de hoy es para disfrutar; dos grandes milagros, dos grandes personas de fe, que tuvieron fe incluso en momentos donde todo parecía perdido, donde parecía que no había solución. Una mujer que desde hacía doce años estaba enferma y un hombre desesperado con su hija que acababa de morir. Solo una mujer paciente puede seguir intentando después de doce años de enfermedad; solo un hombre paciente puede pedir recuperar a su hija una vez que la vio en sus brazos muerta. ¡Qué maravilla! ¡Qué ejemplo y ánimo para muchos de nosotros que no pasamos ni por una ínfima parte del dolor de estos personajes de hoy! ¡Señor, dame por lo menos una pisca de esa paciencia, te lo pido de corazón!

Sé; porque me han contado que muchos grupos de enfermos, de personas que están sufriendo día a día, escuchan estos audios con el evangelio de cada día, seguro que son mujeres y hombres de paciencia. Rezamos por uds. Qué lindo que es, que el Evangelio de cada día nos una como hermanos, cada uno en lo suyo; algunos sufriendo, otros rezando por los que sufren y porqué no, pedirles que recen y ofrezcan sus sufrimientos por nosotros, por los que no tenemos tanta paciencia. La paciencia se alcanza muchas veces en la prueba, en el dolor, casi como una ironía, no queda otra que tener paciencia.

Si ahora estás enfermo, sufriendo en tu cuerpo y en tu alma por algún dolor, esperá y esperá. Pedile a Jesús, a la mujer del evangelio y al padre de esta niña que te ayuden a saber esperar y confiar siempre hasta el final; sabiendo que pase lo que pase, aunque algunos incluso se rían de Jesús –como hoy– su amor siempre terminará resucitando y curando todo.

Si tu vida anda sobre rieles, no tenés derecho a ser impaciente, al contrario; disfrutá y rezá por los que más sufren.

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