1 Juan 1, 5. 2.2 – Fiesta de los Santos Inocentes

 

 

Queridos hermanos:

La noticia que hemos oído de él y que nosotros les anunciamos, es esta: Dios es luz, y en él no hay tinieblas. Si decimos que estamos en comunión con él y caminamos en las tinieblas, mentimos y no procedemos conforme a la verdad. Pero si caminamos en la luz, como él mismo está en la luz, estamos en comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos purifica de todo pecado.

Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonarnos y purificarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos pasar por mentiroso, y su palabra no está en nosotros.

Hijos míos, les he escrito estas cosas para que no pequen. Pero si alguno peca, tenemos un defensor ante el Padre: Jesucristo, el Justo. El es la Víctima propiciatoria por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.

Palabra de Dios

Comentario

En esta época por todos lados escuchamos y leemos en carteles el clásico saludo por “las fiestas”. Muchísima gente ya no dice ¡Feliz navidad!, incluso católicos, sino que sin darse cuenta adoptaron el saludo mundano, y no por eso malo, del “felices fiestas”. Por supuesto que en ese “felices fiestas” está incluida la navidad, pero claramente no es lo mismo decir: “Feliz navidad” que decir “Felices fiestas” En Argentina, incluso hay no católicos, que dicen “Feliz navidad” o por lo menos aceptan el saludo de navidad, seguramente por respeto, o bien porque no les queda otro remedio, pero la verdad de las verdades, es que son pocos los que reconocen o por lo menos centran la navidad en lo importante. De hecho, acá se armó un revuelo importante porque en algunos carteles de la vía pública apareció la frase “navidad es Jesús” y muchos se quejaron de que era propaganda religiosa. Ahora la pregunta que podríamos hacernos es, si la navidad no es Jesús… ¿Qué es? ¿Nosotros los católicos perdimos ese coraje de decir y vivir lo que la navidad realmente es? ¿Tomamos conciencia de lo que significa anunciar la navidad?

¡Qué linda noticia tenemos para anoticiar! ¿Cuál? Te estarás preguntando. Escuchando la lectura de hoy… ¡Que Dios es luz y en Él no hay tinieblas! Jesús es Luz, es la Luz del mundo y todo lo que no se acerca a la luz, consiente o inconscientemente termina viviendo con un poco de tinieblas o con mucha. Acordate que ayer empezamos con la primera carta de San Juan, nos acompañará todos estos días, hasta la Epifanía, los Reyes. Igualmente es bueno que leamos el evangelio también, todos podemos hacerlo, se comprenden mutuamente. El audio es corto, no da para tanto, si lo hago más largo te vas a cansar, por eso tengo que elegir.

Retomando lo de ayer, acordate que decíamos que nuestra alegría no es completa hasta que la anunciamos y hasta que experimentamos, de alguna manera, que penetra en otro corazón, por lo menos en uno, por decirlo así. No es que anunciamos para ver frutos para estar alegres, no es que somos un club de futbol que se preocupa por cuantos “socios” tiene y por eso hay que ser atractivos a la fuerza, haciéndonos los simpáticos, NO, eso no es la Iglesia, eso es otra cosa. Si es verdad que anunciamos para que otros compartan la alegría y por supuesto es lindo ver que otros se alegran con nosotros. Pero si estamos enamorados de Jesús en serio, tarde o temprano, vamos a atraer a otros, no por miedo, no por ser “insoportables” (¿viste que hay gente que más que evangelizar espanta por ser insoportables o intolerantes?), sino por sobrenatural naturalidad, o algo así. Por natural sobrenaturalidad, normal, alegre y sin muchas palabras. No hay peor evangelizador, anunciante de la alegría de creer, que el que se cree capaz de “convertir” por cansancio, por insistencia, por pesadez. Dios nos libre de eso, porque Él no lo hizo así.

Dios es luz, pero luz que agrada y no molesta. Los santos inocentes de hoy iluminan con su vida sin haber dicho nada, toda una enseñanza. Fueron testimonios de Jesús sin conocerlo directamente, sin decir ni una palabra, gracias a la maldad de alguien que temía perder el poder, como Herodes. Muchas veces la verdad reluce, o ilumina como consecuencia de la maldad de otros, de la injusticia, del odio. Muchas veces no es necesario hablar de la verdad para que la verdad triunfe o prevalezca. La verdad es luz, e ilumina por sí misma, por atracción o porque la quieren apagar. La lectura de Juan de hoy habla de Dios como Luz y nos da luz con lo que nos dice.

En realidad, el pecado es ausencia de luz, es lejanía de Dios, es olvido de Dios, es engaño a nosotros mismos. El pecado es no darnos cuenta el para que estamos hechos, es no reconocer la grandeza de nuestra vocación, es creernos que no necesitamos de Él, es creernos con luz propia, es pensar que nosotros iluminamos y no que somos iluminados. Dicho en criollo, Juan dice que los que se “creen iluminados”, y no justamente por Jesús, se engañan a sí mismos, y le roban el mérito a Jesús. ¿Cuánta gente hay en este mundo que se cree que su vida es todo luz, o sea que jamás comete ningún error en su vida? Muchísima. Dentro y fuera de la Iglesia. Afuera es entendible, pero adentro, es increíble. Muchísima gente se acerca a los sacerdotes para “confesar” que no tiene pecado, que vive casi en la luz absoluta. Una cosa muy loca. Pero es real. No por maldad, sino por ignorancia, por falta de cercanía a Jesús. Muchísimos cristianos creen vivir en la luz, pero no reconocen nada de lo que deban ser perdonados por nuestro “Abogado” ante el Padre.

Sin embargo, el que realmente ama a Jesús, el que lo conoce, lo oye, lo ve, lo contempla y lo toca con sus propias manos, se da cuenta cada vez con más convicción, pero al mismo tiempo con más abandono y confianza, de que su vida tiene mucho de tinieblas y que si no fuese por Él estaría perdido, sin rumbo. No es ver pecado en todos lados, en realidad es lo contrario, es ver cada vez más la Luz, a Jesús mismo. Verdaderamente lo hacemos pasar por mentiroso a Jesús si decimos que no cometemos pecado, hacemos que su vida, su entrega no tenga sentido. ¿Para qué murió y resucitó Jesús si no tiene que salvarnos de algo?

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