Mateo 22, 34-40 – XXX Domingo durante el año

Domingo 25 de octubre - Mateo 22, 34-40 - XXX Domingo durante el año

Cita: Mt 22, 37

Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu.

Evangelio según San Mateo

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 22, 34-40

Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron con Él, y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?»

Jesús le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el más grande y el primer mandamiento. El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas».

Palabra del Señor

Comentario a: Mateo 22, 34-40

El Evangelio, visto de modo general, por supuesto, no es lógico, por lo menos no es lógico a nuestro modo, no es matemático, no es dos más dos, al contrario, muchas veces parece «ilógico» para nuestra forma de pensar y muchísimas veces parece que a Jesús no le importa tanto los números como nos gustan a nosotros. Por ejemplo, deja 99 ovejas para rescatar una, paga lo mismo al último que al primero. Al mismo tiempo, el Evangelio tampoco es complicado, deberíamos decirlo, al contrario, es para todos, para que todos lo comprendan; sin embargo, justamente por ser tan simple muchas veces no lo entendemos y no lo podemos vivir.

Hoy es uno de esos días en el que la «cosa» es simple y sencilla. Una pregunta (con mala intención) que buscaba una sola respuesta y Jesús contesta con una respuesta de dos partes generando una unidad, uniendo lo que parece que está opuesto. El doctor pregunta: «“Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?”. Jesús responde: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu” … “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”». Cosa que él sabía perfectamente, por supuesto, si era doctor de la Ley, ¡cómo no iba a saberlo! Pero si nos quedaba alguna duda, finalmente dice que no se puede separar lo que Dios ha unido; en realidad, lo dice implícitamente. En Jesús se unifica lo que nosotros tendemos a separar, lo que los judíos de ese tiempo también separaban. Dios unido al hombre, el hombre unido para siempre con Dios.

El hombre no puede despreciar lo que Dios no desprecia, su propia creación. No puede juzgar lo que Dios no juzga. No puede odiar lo que Dios no odia. No puede criticar lo que Dios no critica. No puede irritarse con lo que Dios no se irrita. El hombre si realmente ama a Dios, debe pensar y sentir lo que Dios piensa y siente. Eso es el verdadero amor. «Con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu». Con todo, no con una parte. Con todo. Amar no es solo entonces un sentimiento, creo que ya lo sabemos, aunque el que ama sienta muchas veces cosas lindas, por supuesto. Amar es más que un sentimiento, es una decisión también de la voluntad. Para eso Dios nos dio la libertad, para ir más allá de lo que sentimos y podamos sobreponernos muchas veces a nuestros sentimientos que son pasajeros y que tantas veces nos engañan o que son espuma en un momento y después decantan y nos hacen ver la realidad que es otra cosa. Los que se aman sienten, piensan y buscan lo mismo: una unidad.

Hoy la situación es muy lógica y casi matemática. Mirá: Si amás a Dios = amás al prójimo y viceversa, si amás al prójimo = también amás a Dios. ¿Y quién es el prójimo? Para los cristianos, todos, pero cada uno en concreto, no en abstracto. Todos son nuestro prójimo, no solo el que me cae bien y es más fácil amar. También podríamos decir que prójimo es aquel al cual yo me hago el prójimo, aquel a quien me cruzo por el camino, como el samaritano, ¿te acordás?, el buen samaritano, haciéndome prójimo, acercándome para sanar heridas, para curar, para hacerme cargo de algún modo del otro, para amar. ¿Y qué es amar? En definitiva, buscar el bien de ese prójimo que aparece en mi vida. ¿Se puede amar a Dios que no vemos? Sí, en los hermanos que vemos, en el prójimo que vemos. ¿Por qué? Porque ese que vemos Dios lo ama de la misma manera que a vos y a mí, entonces ese mandato brota de un corazón enamorado que tiende a amar lo que Dios ama, pensar y sentir como Él, no como un mandato desde afuera, como una imposición.

Y si el amor es gratuito, ¿Dios nos puede exigir amar? Sí, es gratuito, y justamente la gratuidad que más experimentamos o deberíamos experimentar es la de Dios para con nosotros que nos amó primero, que nos ama primero. Más allá de lo que hayamos hecho, más allá de lo que hagamos, más allá de nuestras mezquindades, perezas y egoísmos, él nos ama, su amor es gratuito, y como es gratuito, de algún modo nos puede pedir o nos pide el amor con el que él mismo nos amó. Nos ama y nos amará siempre primero, siempre plenamente.

Por eso solo Él tiene derecho a exigir lo que es de él. El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado; y por eso como tenemos ese amor en el corazón y justamente porque todo lo que hacemos por amor lo hacemos en realidad porque Dios lo siembra en nuestro corazón y nos permite hablar, por eso él nos puede exigir devolver ese amor, darle en realidad lo que es de él, darle a él a través del amor a los otros lo que le pertenece. Por eso cuando amamos en definitiva no estamos haciendo otra cosa que ser agradecidos con nuestro Padre que nos amó hasta el extremo, enviándonos a su Hijo por amor y dándonos su amor.

De Algo del Evangelio de hoy, nadie puede quedar indiferente y sin preguntarse seriamente: ¿En verdad amo a Dios? Creo que a todos nos falta mucho. Por eso pidamos al Amor, más amor, para poder amarlo a él en los otros.

padre Rodrigo