{"id":2383,"date":"2023-07-01T00:00:13","date_gmt":"2023-07-01T03:00:13","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=2383"},"modified":"2023-07-02T12:55:11","modified_gmt":"2023-07-02T15:55:11","slug":"xii-sabado-durante-el-ano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/xii-sabado-durante-el-ano\/","title":{"rendered":"XII S\u00e1bado durante el a\u00f1o"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-2383-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/06\/01julio-audio-XII-SabadoAno.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/06\/01julio-audio-XII-SabadoAno.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/06\/01julio-audio-XII-SabadoAno.mp3<\/a><\/audio>\n<p>Al entrar en Cafarna\u00fan, se acerc\u00f3 a Jes\u00fas un centuri\u00f3n, rog\u00e1ndole: \u00abSe\u00f1or, mi sirviente est\u00e1 en casa enfermo de par\u00e1lisis y sufre terriblemente.\u00bb Jes\u00fas le dijo: \u00abYo mismo ir\u00e9 a curarlo.\u00bb<\/p>\n<p>Pero el centuri\u00f3n respondi\u00f3: \u00abSe\u00f1or, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanar\u00e1. Porque cuando yo, que no soy m\u00e1s que un oficial subalterno, digo a uno de los soldados que est\u00e1n a mis \u00f3rdenes: &#8220;Ve&#8221;, \u00e9l va, y a otro: &#8220;Ven&#8221;, \u00e9l viene; y cuando digo a mi sirviente: &#8220;Tienes que hacer esto&#8221;, \u00e9l lo hace.\u00bb<\/p>\n<p>Al o\u00edrlo, Jes\u00fas qued\u00f3 admirado y dijo a los que lo segu\u00edan: \u00abLes aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe. Por eso les digo que muchos vendr\u00e1n de Oriente y de Occidente, y se sentar\u00e1n a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob, en el Reino de los Cielos; en cambio, los herederos del Reino ser\u00e1n arrojados afuera, a las tinieblas, donde habr\u00e1 llantos y rechinar de dientes.\u00bb Y Jes\u00fas dijo al centuri\u00f3n: \u00abVe, y que suceda como has cre\u00eddo.\u00bb Y el sirviente se cur\u00f3 en ese mismo momento.<\/p>\n<p>Cuando Jes\u00fas lleg\u00f3 a la casa de Pedro, encontr\u00f3 a la suegra de este en cama con fiebre. Le toc\u00f3 la mano y se le pas\u00f3 la fiebre. Ella se levant\u00f3 y se puso a servirlo.<\/p>\n<p>Al atardecer, le llevaron muchos endemoniados, y \u00e9l, con su palabra, expuls\u00f3 a los esp\u00edritus y cur\u00f3 a todos los que estaban enfermos, para que se cumpliera lo que hab\u00eda sido anunciado por el profeta Isa\u00edas: \u00c9l tom\u00f3 nuestras debilidades y carg\u00f3 sobre s\u00ed nuestras enfermedades.<\/p>\n<p><strong>Palabra del Se\u00f1or<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p><em>Es verdad, es cierto. En general, pensamos que el miedo nos paraliza, que el miedo no nos deja hacer y ser lo que podemos hacer y ser, lo que en realidad somos, pero, a veces, est\u00e1 opacado por nuestras debilidades y pecados. Por la cultura de un mundo que nos quiere ahogar y nos quiere imponer su pensamiento. Al mundo le encanta hablar de libertad, hasta que empez\u00e1s a ser libre y a decir lo que pens\u00e1s o a hacer lo que Jes\u00fas nos ense\u00f1a, lo que el Padre nos ordena. Da tanto miedo hoy hablar de que el Padre nos puede decir c\u00f3mo tenemos que vivir, que el Padre Dios es en realidad el \u00fanico que puede guiarnos en el camino, que esta palabra se usa poco. Se usa poco la palabra \u201cdebemos\u201d, \u201ctenemos\u201d, \u201cdebemos obedecer\u201d, \u201ctenemos que ser fieles a la voluntad de Dios\u201d. Incluso en tantos cristianos que nos hemos dormido, nos hemos apoltronado en una fe media con pereza, una fe tibia, una fe que no enciende a nadie. \u00bfQu\u00e9 nos pasa, a veces, a los cat\u00f3licos que andamos callados por este mundo con miedo a decir lo que Jes\u00fas mismo vino a decir?<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>Es verdad, dijimos, el miedo nos paraliza, pero tambi\u00e9n, como dije de alg\u00fan modo ayer, tambi\u00e9n es verdad que el miedo se disfraza de otros personajes. A veces el miedo est\u00e1 encubierto en esas personas que se creen que se llevan todo por delante. Personas que, incluso, nos avasallan con su manera de ser y pensar. A veces tambi\u00e9n nos imponen con poder sus pensamientos, pero \u00a1cuidado! esas personas, que tambi\u00e9n podemos ser vos y yo, tambi\u00e9n son temerosas. Tienen tanto temor a perder poder que lo quieren imponer. Tienen tanto temor a perder fama que hacen todo y tantas cosas para mantener un buen nombre, que muchas veces es falso. Y as\u00ed de muchas maneras. Nosotros, los cristianos, tambi\u00e9n siempre corremos el peligro de vivir temerosos. Pero Jes\u00fas nos vino a quitar el miedo. \u201cNo teman\u2026No teman a los que matan el cuerpo, sino que teman a los que matan el alma\u201d. \u201cNo temas, Hijo m\u00edo. No temas a hablar en mi nombre, porque yo pondr\u00e9 palabras en tu boca que jam\u00e1s vas a imaginar. No temas a enfrentar incluso, a veces, a los poderes de este mundo, que nos quieren imponer su manera de pensar y, al mismo tiempo, nos hablan de libertad.<\/em><\/p>\n<p><em>Pero vamos a Algo del Evangelio de hoy. Podr\u00edamos decir que, en esta escena, en realidad un conjunto de escenas, Jes\u00fas se la pas\u00f3 curando, se la pas\u00f3 sanando: primero, a ese sirviente que estaba enfermo de par\u00e1lisis y sufr\u00eda terriblemente; despu\u00e9s, a la suegra de Pedro y, finalmente, al atardecer, tambi\u00e9n, a muchos endemoniados. Jes\u00fas san\u00f3, cur\u00f3 y expuls\u00f3 demonios, lo mismo que quiere seguir haciendo en este d\u00eda en tu coraz\u00f3n y el m\u00edo. Porque vos y yo, tambi\u00e9n, a veces, estamos enfermos y sufrimos terriblemente. Sufrimos las consecuencias de nuestras debilidades, sufrimos las consecuencias de la falta de amor y un mundo que no sabe amar, hosco de amor, a veces, austero de amor. No quiere abrir su coraz\u00f3n de par en par y, bueno, tenemos que aceptar que nosotros tambi\u00e9n estamos en este mundo. Somos v\u00edctimas y tambi\u00e9n hacemos sufrir a los otros por nuestra falta de amor.<\/em><\/p>\n<p><em>Pero quer\u00eda quedarme hoy con la figura de este centuri\u00f3n, este hombre pagano. Pong\u00e1monos en contexto: este centuri\u00f3n era un soldado romano, por lo tanto, no era del pueblo de Israel, no era de aquellos que se llenaban la boca diciendo que ten\u00edan fe en el \u00fanico Dios verdadero, en el Dios del pueblo de Israel, en aquel Dios que los hab\u00eda salvado y que enviar\u00eda un Mes\u00edas. Nada que ver. Sin embargo, Jes\u00fas lo elogia a \u00e9l. Lo elogia a ese hombre que seguramente todos pensaban que no ten\u00eda fe&#8230; \u201cno he encontrado en Israel a nadie que tenga tanta fe\u201d. \u201cNo soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanar\u00e1\u201d.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a1Cu\u00e1nto para aprender! Cu\u00e1nto para aprender de este hombre sin fe para los ojos de los hombres, pero lleno de fe para los ojos de Jes\u00fas, para el coraz\u00f3n de Jes\u00fas que sabe ver donde nadie ve. Nunca juzguemos. Nunca juzguemos la fe de los dem\u00e1s. Nunca nos creamos tan seguros como para decir que tenemos fe. Se\u00f1or danos la gracia de sentirnos necesitados para que puedas tomar nuestras debilidades y cargarlas como quisiste cargar las debilidades y pecados de toda la humanidad. Se\u00f1or, yo tampoco soy digno de que entres en mi casa, pero basta una palabra para que puedas sanarme.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Al entrar en Cafarna\u00fan, se acerc\u00f3 a Jes\u00fas un centuri\u00f3n, rog\u00e1ndole: \u00abSe\u00f1or, mi sirviente est\u00e1 en casa enfermo de par\u00e1lisis y sufre terriblemente.\u00bb Jes\u00fas le dijo: \u00abYo mismo ir\u00e9 a curarlo.\u00bb Pero el centuri\u00f3n respondi\u00f3: \u00abSe\u00f1or, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanar\u00e1. [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":2384,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[23],"tags":[24],"class_list":["post-2383","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-mateo","tag-mateo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2383","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2383"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2383\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2387,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2383\/revisions\/2387"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2384"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2383"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2383"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2383"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}