{"id":2516,"date":"2023-07-25T00:00:40","date_gmt":"2023-07-25T03:00:40","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=2516"},"modified":"2023-07-17T09:17:06","modified_gmt":"2023-07-17T12:17:06","slug":"fiesta-de-santiago-apostol","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/fiesta-de-santiago-apostol\/","title":{"rendered":"Fiesta de Santiago Ap\u00f3stol"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-2516-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/07\/25julio-audio-FiestaSantiagoApostol.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/07\/25julio-audio-FiestaSantiagoApostol.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/07\/25julio-audio-FiestaSantiagoApostol.mp3<\/a><\/audio>\n<p>La madre de los hijos de Zebedeo se acerc\u00f3 a Jes\u00fas, junto con sus hijos, y se postr\u00f3 ante \u00e9l para pedirle algo.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfQu\u00e9 quieres?\u00bb, le pregunt\u00f3 Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Ella le dijo: \u00abManda que mis dos hijos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.\u00bb<\/p>\n<p>\u00abNo saben lo que piden\u00bb, respondi\u00f3 Jes\u00fas. \u00ab \u00bfPueden beber el c\u00e1liz que yo beber\u00e9?\u00bb<\/p>\n<p>\u00abPodemos\u00bb, le respondieron.<\/p>\n<p>\u00abEst\u00e1 bien, les dijo Jes\u00fas, ustedes beber\u00e1n mi c\u00e1liz. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a m\u00ed concederlo, sino que esos puestos son para quienes se los ha destinado mi Padre.\u00bb<\/p>\n<p>Al o\u00edr esto, los otros diez se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jes\u00fas los llam\u00f3 y les dijo: \u00abUstedes saben que los jefes de las naciones dominan sobre ellas y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder as\u00ed. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero que se haga su esclavo: como el Hijo del hombre, que no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud.\u00bb<\/p>\n<p><strong>Palabra del Se\u00f1or<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p><em>Nunca nos puede hacer mal escuchar la Palabra de Dios, la palabra que qued\u00f3 escrita para siempre y para todos. La palabra que a lo largo de los siglos la Iglesia fue reconociendo como inspirada por Dios y para salvaci\u00f3n de los hombres. Es palabra inspirada por Dios, decimos, pero al mismo tiempo escrita por hombres, de carne y hueso, como nosotros y, por eso, necesita ser interpretada, necesita ser explicada. De la palabra de Dios escrita puede salir lo mejor, las mejores verdades, por decirlo de alguna manera, la santidad. Y puede salir tambi\u00e9n lo peor, el rechazo, incluso el error, la herej\u00eda. Por eso tanta confusi\u00f3n y error. Porque muchos creen que basta tener una biblia en las manos como para que esa palabra d\u00e9 frutos.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>No, no basta, no alcanza. Es letra muerta si no es bien interpretada. Para que d\u00e9 frutos en nosotros, es necesaria una comunidad de personas que, a lo largo de los siglos, la vaya comprendiendo, viviendo y transmitiendo. Eso es la Iglesia. Para eso es la Iglesia, para recibir la palabra a los pies de Jes\u00fas, para comprenderla, para vivirla y transmitirla. Y as\u00ed comenz\u00f3 la vida de la Iglesia con los ap\u00f3stoles cercanos a Jes\u00fas y que lleg\u00f3 hasta nosotros, hasta el d\u00eda de hoy.<br \/>\nAlgo del Evangelio de hoy nos trae al presente un momento de la vida del ap\u00f3stol Santiago, cuya fiesta celebramos hoy. Ese hombre que dese\u00f3 ser el primero, pidi\u00f3 ser el primero entre los ap\u00f3stoles y, finalmente, lleg\u00f3 a ser primero, pero de otra manera. Logr\u00f3 el primer puesto que deseaba, pero no por los caminos del acomodo, del ventajeo, sino por el camino del servicio que Jes\u00fas le fue marcando. Fue el primero de los ap\u00f3stoles que recibi\u00f3 el don y la corona del martirio. Tuvo que pasar mucho tiempo para que comprendiera esas palabras de Jes\u00fas, de este d\u00eda, que acabamos de escuchar, que incluso a nosotros nos puede costar comprender: \u00ab\u00bfPueden beber el c\u00e1liz que yo beber\u00e9?\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>Junto con Juan y Pedro fue uno de los ap\u00f3stoles privilegiados y elegidos para ser testigo de momentos fundamentales en la vida del Se\u00f1or: la resurrecci\u00f3n de la hija de Jairo, la Transfiguraci\u00f3n, la oraci\u00f3n y sufrimiento de Jes\u00fas en el Huerto. Sin embargo, \u00e9l parece que quer\u00eda m\u00e1s, no se conformaba con eso. Junto con su hermano y utilizando a su madre para lograr lo que quer\u00eda, le pidi\u00f3 a Jes\u00fas m\u00e1s privilegios. Le pidi\u00f3 un puesto en su Reino, sin saber que el Reino de Jes\u00fas iba a ser muy distinto de lo que \u00e9l pensaba. Parece que no se conformaba con lo que ten\u00eda. Algo parecido a lo que, a veces, nos pasa a nosotros. Siempre me result\u00f3 muy \u201cgracioso\u201d este pasaje del evangelio. Es divertido ver c\u00f3mo de una ambici\u00f3n muy mundana y humana, Jes\u00fas logra sacar un \u201cs\u00ed\u201d, un \u201cpodemos\u201d casi inconsciente, arrebatado, a dos hombres que no sab\u00edan a qu\u00e9 se estaban comprometiendo. Dicen que s\u00ed en el fondo, si te pones a pensar, por ambici\u00f3n y deseos de figurar, de ser los primeros, y terminan comprometi\u00e9ndose a ser \u201cesclavos\u201d de todos para llegar a ser grandes alg\u00fan d\u00eda, como Jes\u00fas les ense\u00f1aba. Hasta los otros diez se enojan por esa actitud, signo de que a ellos tambi\u00e9n les interesaban esos puestos.<\/em><\/p>\n<p><em>Me resulta genial el modo de obrar de Jes\u00fas. El modo que tiene de lograr \u201csacar lo mejor de lo peor\u201d, para que se vea bien que la fuerza no procede de nosotros, sino de \u00e9l. Es claro que \u00e9l necesita \u201cvasijas de barro\u201d para que el tesoro reluzca, para que se vea que la fuerza procede de su amor.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00bfCu\u00e1ntos \u201cs\u00ed\u201d y \u201cpodemos\u201d inconscientes y mezclados con un poco de ambici\u00f3n dijimos en nuestra vida? Por mi parte varios, incluso la misma vocaci\u00f3n a veces puede surgir as\u00ed, con un poco de ambici\u00f3n humana. Pero lo lindo es saber que Jes\u00fas va purificando, va conduciendo a buen puerto nuestras intenciones, a veces, un poco torcidas y embarradas.<\/em><\/p>\n<p><em>Qu\u00e9 esperanzador es saber que Jes\u00fas puede hacer de alguien, deseoso de reconocimiento, de popularidad, de b\u00fasqueda de poder y de tanto m\u00e1s, un enamorado del servicio y del amor. Puede tomar todo eso para hacerlo un m\u00e1rtir. Alguien que d\u00e9 la vida, por \u00e9l y por la Iglesia, sin importarle el puesto.<\/em><\/p>\n<p><em>No sabemos lo que pedimos cuando pedimos. Es as\u00ed, aunque nos creamos que las sabemos todas. Menos mal, menos mal que somos un poco inconscientes cuando, arrebatados por el amor mezclado con bastante de ambici\u00f3n, le decimos que s\u00ed al Se\u00f1or. Le decimos que estamos dispuestos a todo, que aceptamos todo, que somos capaces de amar hasta el final, pero despu\u00e9s corremos ante el primer obst\u00e1culo y sufrimiento. Menos mal, porque si supi\u00e9ramos lo que significa, no lo har\u00edamos, por temor, por fragilidad. Menos mal, porque si no fu\u00e9ramos un poco inconscientes, \u00e9l no tendr\u00eda ap\u00f3stoles, servidores de todos, a cambio de nada o, mejor dicho, a cambio de todo.<\/em><\/p>\n<p><em>Pidamos todo, sabiendo que \u00e9l nos dar\u00e1 todo. Todo lo que necesitamos para ser santos, generosos y servidores de su amor. Pedir por amor, aunque se mezcle, a veces, con un poco de ambici\u00f3n.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La madre de los hijos de Zebedeo se acerc\u00f3 a Jes\u00fas, junto con sus hijos, y se postr\u00f3 ante \u00e9l para pedirle algo. \u00ab\u00bfQu\u00e9 quieres?\u00bb, le pregunt\u00f3 Jes\u00fas. Ella le dijo: \u00abManda que mis dos hijos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.\u00bb \u00abNo saben lo que [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":2497,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[23],"tags":[24],"class_list":["post-2516","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-mateo","tag-mateo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2516","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2516"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2516\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2518,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2516\/revisions\/2518"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2497"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2516"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2516"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2516"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}