{"id":2781,"date":"2023-09-06T00:00:34","date_gmt":"2023-09-06T03:00:34","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=2781"},"modified":"2023-09-05T07:49:49","modified_gmt":"2023-09-05T10:49:49","slug":"xxii-miercoles-durante-el-ano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/xxii-miercoles-durante-el-ano\/","title":{"rendered":"XXII Mi\u00e9rcoles durante el a\u00f1o"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-2781-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/09\/06septiembre-audio-XXII-MiercolesAno.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/09\/06septiembre-audio-XXII-MiercolesAno.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/09\/06septiembre-audio-XXII-MiercolesAno.mp3<\/a><\/audio>\n<p><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/09\/06septiembre-audio-XXII-MiercolesAno.zip\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2583\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/descargarMP3-100x100-1.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"100\" \/><\/a>Al salir de la sinagoga, entr\u00f3 en la casa de Sim\u00f3n. La suegra de Sim\u00f3n ten\u00eda mucha fiebre, y le pidieron que hiciera algo por ella. Inclin\u00e1ndose sobre ella, Jes\u00fas increp\u00f3 a la fiebre y esta desapareci\u00f3. En seguida, ella se levant\u00f3 y se puso a servirlos.<\/p>\n<p>Al atardecer, todos los que ten\u00edan enfermos afectados de diversas dolencias se los llevaron, y \u00e9l, imponiendo las manos sobre cada uno de ellos, los curaba. De muchos sal\u00edan demonios, gritando: \u00ab\u00a1T\u00fa eres el Hijo de Dios!\u00bb Pero \u00e9l los increpaba y no los dejaba hablar, porque ellos sab\u00edan que era el Mes\u00edas.<\/p>\n<p>Cuando amaneci\u00f3, Jes\u00fas sali\u00f3 y se fue a un lugar desierto. La multitud comenz\u00f3 a buscarlo y, cuando lo encontraron, quer\u00edan retenerlo para que no se alejara de ellos. Pero \u00e9l les dijo: \u00abTambi\u00e9n a las otras ciudades debo anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, porque para eso he sido enviado.\u00bb Y predicaba en las sinagogas de toda la Judea.<\/p>\n<p><strong>Palabra del Se\u00f1or<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p><em>\u00abDios no lo permita, eso no va a suceder\u00bb le dijo Pedro a Jes\u00fas el domingo, cuando se dio cuenta que su amigo iba a ser entregado y que iba a morir, cuando escuch\u00f3 que su amigo iba a sufrir. Esa frase tan conocida por nosotros y que muchas veces sale de nuestros labios y de nuestro coraz\u00f3n cuando queremos que no pase lo que no deseamos, obviamente. No queremos sufrir ni queremos que los dem\u00e1s sufran. No deseamos que\u2026 en el fondo, \u00bfsab\u00e9s qu\u00e9 nos pasa? No nos gusta que Dios permita el sufrimiento. Por eso, gritamos y decimos que \u00abDios no permita esto, por favor\u00bb. Ese es uno de los grandes misterios que tenemos que seguir profundizando d\u00eda a d\u00eda, a lo largo de nuestra vida, por qu\u00e9 Dios permite el mal o para qu\u00e9 lo permite. Para qu\u00e9 permite que pasen las cosas que pasan, que nos pasen esas cosas que rechaza nuestro coraz\u00f3n, como le pas\u00f3 a Pedro. Sin embargo, la respuesta de Jes\u00fas es ya un camino para seguir: \u00abSos para m\u00ed un obst\u00e1culo. \u00a1Ret\u00edrate de m\u00ed, ve detr\u00e1s de m\u00ed, Satan\u00e1s!\u00bb Los pensamientos que no son de Dios. Esos pensamientos que quieren evitar la entrega, en el fondo quieren evitar el amor; por eso no son de Dios. Pero continuemos con lo de hoy.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>La palabra de Dios se transforma en consuelo del coraz\u00f3n, consuelo que llega a veces de manera inesperada, que cae en el alma como gota de lluvia torrencial y, de golpe, hace ruido, moja todo. Moja como un baldazo de agua que refresca la vida y el coraz\u00f3n. Pero otras veces la palabra de Dios va consolando como gota de agua que se filtra por el techo- como en una gotera-, lenta y silenciosamente, y va mojando de a poco, casi imperceptiblemente, pero cuando te das cuenta est\u00e1s todo \u00abempapado de Jes\u00fas\u00bb. Sea como sea, siempre hay que escuchar teniendo esta certeza: \u00abTodo lo que escucho me har\u00e1 bien, tarde o temprano. Aunque al principio no parezca, aunque no perciba los frutos, aunque no entienda mucho\u00bb. Repetite esto a vos mismo, cre\u00e9 en lo que dec\u00eds y vas a ver que todo es distinto. Vas a ver que tarde o temprano, si perseveras, tu vida va cambiando al ritmo de lo que Dios quiere. No busquemos cosas \u00abmaravillosas\u00bb. Las cosas grandes empiezan en el silencio y en la constancia del d\u00eda a d\u00eda. No se cambia el mundo a los gritos, ni a los \u00abponchazos\u00bb, ni a los golpes. Se cambia la vida, vamos siendo santos, gracias a la gracia -valga la redundancia- que va actuando as\u00ed, como Dios quiere y en el tiempo que \u00e9l quiere.<\/em><\/p>\n<p><em>La misma vida de Jes\u00fas es un ejemplo de lo que te estoy intentando decir. La vida de Jes\u00fas es modelo para nosotros en todas sus dimensiones. Esto nunca podemos olvidarlo. No solo en cuanto a su bondad, en cuanto a lo moral, sino en cuanto al modo como \u00e9l \u00abencar\u00f3\u00bb las cosas, lo que eligi\u00f3, lo que no eligi\u00f3, c\u00f3mo vivi\u00f3, qu\u00e9 tipo de vida prefiri\u00f3 vivir. Jes\u00fas eligi\u00f3 ser un hombre y vivir como hombre. No fue un superhombre, un Dios, que se hizo \u00abpasar\u00bb por hombre para que nos creamos que era hombre. No, todo eso son desviaciones o herej\u00edas de nuestra fe. Jes\u00fas fue Dios con todas las letras y hombre con todas las letras. Es Dios hecho hombre y justamente ah\u00ed radica el misterio y lo m\u00e1s propio de nuestra fe en \u00e9l.<\/em><\/p>\n<p><em>Acabamos de escuchar en Algo del Evangelio casi como un resumen de un d\u00eda de Jes\u00fas en ese tiempo. Un d\u00eda de Jes\u00fas en plena vida p\u00fablica, en plena \u00abfama\u00bb -dir\u00edamos- y, al mismo tiempo, en pleno momento de preparaci\u00f3n para su muerte: yendo a Jerusal\u00e9n, a su entrega. Jes\u00fas hace todo en un d\u00eda, de todo, pero hace todo bien y en la medida justa. Algo que nosotros tenemos que aprender. Un sabio sacerdote me dijo una vez: \u00abNadie hace m\u00e1s cosas que el que hace una cosa por vez\u00bb. Te estar\u00e1s riendo porque, en este mundo en el que vivimos, tenemos la gran \u00abposibilidad\u00bb y \u00abpeligrosidad\u00bb de hacer varias cosas al mismo tiempo. De hecho, seguro que ahora mientras est\u00e1s escuchando, al mismo tiempo est\u00e1s desayunando, manejando, viajando o arreglando tu habitaci\u00f3n o mirando otras cosas o pensando el d\u00eda que empieza o que termina. Son pocos los que est\u00e1n haciendo una cosa por vez. Sin embargo, Jes\u00fas, mientras estuvo con nosotros en la tierra siendo Dios, hizo una cosa por vez. Esto nos ense\u00f1a el evangelio de hoy.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a1Qu\u00e9 extra\u00f1o!, \u00bfno? \u00ab\u00a1Qu\u00e9 Dios tan poco eficiente!\u00bb dir\u00eda alguien. Dir\u00eda un activista del mundo de hoy. Mir\u00e1 todo lo que hizo en un d\u00eda, pero todo en su momento y lugar. Sali\u00f3 de predicar en la sinagoga, cur\u00f3 a la suegra de Pedro, despu\u00e9s cur\u00f3 a muchos enfermos, expuls\u00f3 e increp\u00f3 a los demonios. Se fue a dormir cuando ten\u00eda que dormir, se levant\u00f3 temprano y se fue a un lugar solo. Se retir\u00f3 cuando se ten\u00eda que retirar. No se dej\u00f3 retener y se fue a otra ciudad cuando consider\u00f3 que ten\u00eda que hacerlo. Se retir\u00f3 para orar, para discernir. Jes\u00fas fue due\u00f1o siempre de s\u00ed mismo para el bien de todos, aunque ni siquiera \u00e9l mismo lleg\u00f3 a todos los de su tiempo. \u00a1Qu\u00e9 ense\u00f1anza tan grande! Tambi\u00e9n tenemos que aprender de Jes\u00fas, el no creernos omnipotentes y autosuficientes, mucho m\u00e1s en el mundo de hoy donde pensamos que todo el mundo tiene que enterarse de todo. No podemos estar en todos lados al mismo tiempo y no podemos pretender que todo sea \u00abya\u00bb. Solo Dios es as\u00ed. Y ahora Jes\u00fas s\u00ed est\u00e1 en todos lados al mismo tiempo, pero siendo hombre no hizo eso. No pudo hacer eso.\u00a0 \u00bfQu\u00e9 nos pasar\u00e1 a nosotros que a veces pensamos que podemos ser as\u00ed, como dioses? Probemos hoy, por lo menos, no escuchar ahora la palabra de Dios haciendo otra cosa. Porque cuando se reza, se reza. Cuando se habla con el Se\u00f1or, cuando se lo escucha, se lo escucha.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Al salir de la sinagoga, entr\u00f3 en la casa de Sim\u00f3n. La suegra de Sim\u00f3n ten\u00eda mucha fiebre, y le pidieron que hiciera algo por ella. Inclin\u00e1ndose sobre ella, Jes\u00fas increp\u00f3 a la fiebre y esta desapareci\u00f3. En seguida, ella se levant\u00f3 y se puso a servirlos. Al atardecer, todos los que ten\u00edan enfermos afectados [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":2782,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[25],"tags":[9],"class_list":["post-2781","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-lucas","tag-lucas"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2781","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2781"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2781\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2788,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2781\/revisions\/2788"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2782"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2781"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2781"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2781"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}