{"id":2819,"date":"2023-09-13T00:00:23","date_gmt":"2023-09-13T03:00:23","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=2819"},"modified":"2023-09-12T19:26:39","modified_gmt":"2023-09-12T22:26:39","slug":"xxiii-miercoles-durante-el-ano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/xxiii-miercoles-durante-el-ano\/","title":{"rendered":"XXIII Mi\u00e9rcoles durante el a\u00f1o"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-2819-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/09\/13septiembre-audio-XXIII-MiercolesAno.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/09\/13septiembre-audio-XXIII-MiercolesAno.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/09\/13septiembre-audio-XXIII-MiercolesAno.mp3<\/a><\/audio>\n<p><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/09\/13septiembre-audio-XXIII-MiercolesAno.zip\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2583\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/descargarMP3-100x100-1.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"100\" \/><\/a>Jes\u00fas, fijando la mirada en sus disc\u00edpulos, dijo: \u00ab\u00a1Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece!<\/p>\n<p>\u00a1Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque ser\u00e1n saciados!<\/p>\n<p>\u00a1Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reir\u00e1n!<\/p>\n<p>\u00a1Felices ustedes, cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y los proscriban, consider\u00e1ndolos infames a causa del Hijo del hombre!<\/p>\n<p>\u00a1Al\u00e9grense y ll\u00e9nense de gozo en ese d\u00eda, porque la recompensa de ustedes ser\u00e1 grande en el cielo. De la misma manera los padres de ellos trataban a los profetas!<\/p>\n<p>Pero \u00a1ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo!<\/p>\n<p>\u00a1Ay de ustedes, los que ahora est\u00e1n satisfechos, porque tendr\u00e1n hambre! \u00a1Ay de ustedes, los que ahora r\u00eden, porque conocer\u00e1n la aflicci\u00f3n y las l\u00e1grimas!<\/p>\n<p>\u00a1Ay de ustedes cuando todos los elogien! \u00a1De la misma manera los padres de ellos trataban a los falsos profetas!\u00bb<\/p>\n<p><strong>Palabra del Se\u00f1or<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p><em>Corregir por amor y dejarse corregir nos sit\u00faa en el lugar correcto, en el lugar que debemos estar, en el lugar que nuestro Padre del cielo quiere y desea para cada uno de nosotros. En la hermandad, en la gran hermandad de los hijos de Dios, que por ser hermanos y ser hijos de un mismo Padre, nos debemos considerar como iguales, como capaces de hacer muchas cosas buenas; pero tambi\u00e9n capaces de equivocarnos. Y por eso podemos rectificar siempre el camino si un hermano se acerca con humildad a corregirme. La gran condici\u00f3n de la correcci\u00f3n fraterna, tanto para ser recibida como para darla, es la humildad; el reconocimiento de nuestra pobreza, tanto a veces material como espiritual, de nuestra necesidad de recibir el amor, de no creernos autosuficientes. Solo el que es humilde puede corregir y solo el que es humilde puede dejarse corregir.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>Las palabras de Algo del Evangelio de hoy, en la monta\u00f1a, en el famoso serm\u00f3n de la monta\u00f1a, se vuelven, por un lado, palabras de alegr\u00eda, de invitaci\u00f3n a una felicidad verdadera; esa felicidad que viene de lo alto, no la que nos promete este mundo, sino la que \u00e9l nos regala. Jes\u00fas al expresar las bienaventuranzas nos hace una descripci\u00f3n de su rostro y, describi\u00e9ndonos su rostro, nos describe su coraz\u00f3n. Nos abre el coraz\u00f3n, como si nos dijera: \u00abMiren. Este es mi coraz\u00f3n, as\u00ed soy yo, aqu\u00ed estoy yo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>Las bienaventuranzas no son nuevos mandamientos, son promesas de Dios Padre. No son para cumplirlas, sino para vivirlas, encarnarlas. Porque Dios nos promete una felicidad siguiendo el camino que \u00e9l nos se\u00f1ala, sigui\u00e9ndolo a \u00e9l, viviendo como \u00e9l. No imaginemos que son m\u00e1s mandamientos, m\u00e1s peso, cosas imposibles de hacer, sino que son un don que se nos da desde el coraz\u00f3n desbordante de amor de Jes\u00fas, que nos invita a vivir esto; d\u00e1ndonos, al mismo tiempo, la fuerza para hacerlo. Por eso somos felices cuando creemos en las promesas de nuestro buen hermano Jes\u00fas. Eso ya nos pone en el camino de una felicidad distinta. Vamos a ser m\u00e1s felices si le creemos m\u00e1s a \u00e9l que a las promesas que nos hacen de todos lados haci\u00e9ndonos \u00abcreer\u00bb que por tener mucho y ser reconocidos seremos felices.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>Seremos felices, bienaventurados, si creemos m\u00e1s en Jes\u00fas que en nuestros deseos humanos de felicidad \u2013aunque sean leg\u00edtimos\u2013. Seremos felices si confiamos en que todo esto es verdad. \u00bfQu\u00e9 es verdad? Que la pobreza espiritual nos hace vivir ya en la tierra algo de la felicidad que tendremos alg\u00fan d\u00eda en el cielo y que no tendr\u00e1 fin. Porque vive el Reino de Dios aquel que se siente y vive como hijo, como el hijo. \u00abNo pretendiendo grandezas que superan su capacidad, sino el que acalla y modera sus deseos como un ni\u00f1o en brazos de su madre\u00bb como dice el Salmo. El pobre de esp\u00edritu es el que acalla y modera sus deseos, a veces muy pretenciosos; el que no pretende abarcarlo todo; el que vive el d\u00eda a d\u00eda como si fuera un regalo, porque lo es, y por eso cuida la vida, su propia vida y la vida de los dem\u00e1s amando; el que no est\u00e1 angustiado por el futuro, por c\u00f3mo va a hacer para resolver esto o lo otro, porque est\u00e1 tranquilo en Dios. Por eso, hoy seremos m\u00e1s felices si no nos angustiamos de m\u00e1s, por lo que viene ma\u00f1ana, sino que entregamos todo a nuestro Padre sabiendo que vendr\u00e1 algo mejor.<\/em><\/p>\n<p><em>Hoy vamos a tener un poquito m\u00e1s de felicidad si creemos que, aunque tengamos un poco de hambre de amor, de afecto, de cosas que realmente necesitamos, confiamos en que vamos a ser saciados y que solo nuestro Padre nos saciar\u00e1.<\/em><\/p>\n<p><em>Hoy vamos a ser un poco m\u00e1s felices si, aunque estemos llorando por alguna situaci\u00f3n, por alguna angustia, por una muerte, por una ausencia, por una falta de trabajo, por falta de salud, por peleas en nuestras familias, por frustraciones diarias; seremos felices si confiamos en que el consuelo verdadero nos vendr\u00e1 de \u00e9l, si nos acercamos a \u00e9l, si nos arrodillamos ante \u00e9l, si le dedicamos m\u00e1s tiempo a nuestro buen Dios, si nos entregamos a los dem\u00e1s haciendo algo por ellos.<\/em><\/p>\n<p><em>Hoy vamos a ser un poco m\u00e1s felices si, aunque nos burlen en nuestra casa, en el trabajo, en la universidad, nos damos cuenta de que no hay nada m\u00e1s lindo que sufrir algo por amor de Dios, por ser disc\u00edpulo de Jes\u00fas, uniendo nuestro sufrimiento al de \u00e9l. Porque esa uni\u00f3n da una felicidad que solo puede explicar aquel que tiene fe, aquel que sabe sufrir a causa del Reino de los Cielos.<\/em><\/p>\n<p><em>Y \u00a1ay de nosotros! si hoy vivimos como si no necesit\u00e1ramos nada; llenos de todo, pero en realidad llenos de nada. \u00a1Ay de nosotros! si pensamos que comprar algunas cosas va a saciar nuestra hambre de felicidad. Y \u00a1ay de nosotros! los que creemos en Jes\u00fas y vivimos de la risa y no nos damos cuenta del llanto y del sufrimiento de los que m\u00e1s nos necesitan, de los que tenemos alrededor. Podemos re\u00edr, s\u00ed, est\u00e1 bien, pero no podemos olvidarnos de los que sufren y de los que lloran.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a1Ay de nosotros! los que creemos en Jes\u00fas, en un Dios crucificado y resucitado por amor y nos dejamos llevar por los elogios y aplausos de un mundo que busca el \u00e9xito a toda costa, el placer por encima de todo y la riqueza como medida de la grandeza.<\/em><\/p>\n<p><em>Que hoy Jes\u00fas nos libre de todo esto, pero, fundamentalmente, nos abra las puertas a la felicidad, a su promesa de felicidad eterna, que empieza ac\u00e1 en la tierra, y que depende de nosotros, depende de vos y de m\u00ed. Que hoy podamos vivirla, en este d\u00eda.<\/em><\/p>\n<p><em>Que las palabras del coraz\u00f3n de Jes\u00fas, de estas bienaventuranzas, nos ayuden a vivir un d\u00eda en paz y que podamos encontrar la felicidad que \u00e9l nos promete.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jes\u00fas, fijando la mirada en sus disc\u00edpulos, dijo: \u00ab\u00a1Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece! \u00a1Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque ser\u00e1n saciados! \u00a1Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reir\u00e1n! \u00a1Felices ustedes, cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y los proscriban, consider\u00e1ndolos infames a causa [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":2820,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[25],"tags":[9],"class_list":["post-2819","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-lucas","tag-lucas"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2819","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2819"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2819\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2823,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2819\/revisions\/2823"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2820"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2819"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2819"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2819"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}