{"id":2840,"date":"2023-09-17T00:00:54","date_gmt":"2023-09-17T03:00:54","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=2840"},"modified":"2023-09-15T08:37:36","modified_gmt":"2023-09-15T11:37:36","slug":"xxiv-domingo-durante-el-ano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/xxiv-domingo-durante-el-ano\/","title":{"rendered":"XXIV Domingo durante el a\u00f1o"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-2840-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/09\/17septiembre-audio-XXIV-DomingoAno.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/09\/17septiembre-audio-XXIV-DomingoAno.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/09\/17septiembre-audio-XXIV-DomingoAno.mp3<\/a><\/audio>\n<p><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/09\/17septiembre-audio-XXIV-DomingoAno.zip\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2583\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/descargarMP3-100x100-1.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"100\" \/><\/a>Se adelant\u00f3 Pedro y le dijo: \u00abSe\u00f1or, \u00bfcu\u00e1ntas veces tendr\u00e9 que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? \u00bfHasta siete veces?\u00bb Jes\u00fas le respondi\u00f3: \u00abNo te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.<\/p>\n<p>Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores. Comenzada la tarea, le presentaron a uno que deb\u00eda diez mil talentos. Como no pod\u00eda pagar, el rey mand\u00f3 que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que ten\u00eda, para saldar la deuda.\u00a0 El servidor se arroj\u00f3 a sus pies, dici\u00e9ndole: &#8220;Se\u00f1or, dame un plazo y te pagar\u00e9 todo.&#8221;\u00a0 El rey se compadeci\u00f3, lo dej\u00f3 ir y, adem\u00e1s, le perdon\u00f3 la deuda.\u00a0 Al salir, este servidor encontr\u00f3 a uno de sus compa\u00f1eros que le deb\u00eda cien denarios y, tom\u00e1ndolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: &#8220;P\u00e1game lo que me debes.&#8221;\u00a0 El otro se arroj\u00f3 a sus pies y le suplic\u00f3: &#8220;Dame un plazo y te pagar\u00e9 la deuda.&#8221;\u00a0 Pero \u00e9l no quiso, sino que lo hizo poner en la c\u00e1rcel hasta que pagara lo que deb\u00eda.<\/p>\n<p>Los dem\u00e1s servidores, al ver lo que hab\u00eda sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su se\u00f1or. Este lo mand\u00f3 llamar y le dijo: &#8220;\u00a1Miserable! Me suplicaste, y te perdon\u00e9 la deuda. \u00bfNo deb\u00edas tambi\u00e9n t\u00fa tener compasi\u00f3n de tu compa\u00f1ero, como yo me compadec\u00ed de t\u00ed?&#8221;\u00a0 E indignado, el rey lo entreg\u00f3 en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que deb\u00eda.\u00a0 Lo mismo har\u00e1 tambi\u00e9n mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de coraz\u00f3n a sus hermanos.\u00bb<\/p>\n<p><strong>Palabra del Se\u00f1or<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p><em>Este domingo como cada domingo del d\u00eda del Se\u00f1or tambi\u00e9n, de alg\u00fan modo, podr\u00edamos decir que es d\u00eda de reconciliaci\u00f3n, de perd\u00f3n. Porque cada d\u00eda del Se\u00f1or en las misas, por ejemplo- en cada misa si te acord\u00e1s-, se empieza con un momento de perd\u00f3n, con una reconciliaci\u00f3n personal y comunitaria. Pedimos perd\u00f3n a Dios Padre todos juntos, toda la Iglesia, en nombre de todos tambi\u00e9n, reconociendo p\u00fablicamente que todos somos d\u00e9biles y pecadores y que de alg\u00fan modo necesitamos el perd\u00f3n de nuestro Padre. Algo que muchas veces, por la rutina, no terminamos de profundizar y olvidamos f\u00e1cilmente. Pero es as\u00ed. El domingo nos reunimos como hermanos, como Iglesia, a pedir perd\u00f3n y a pedirnos perd\u00f3n mutuamente, a escuchar la Palabra y a recibir la Eucarist\u00eda.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>Por eso, en este d\u00eda te propongo que no te olvides de esta verdad. Aunque no puedas ir a misa, pensalo y rezalo por lo menos. Te propongo que le podamos pedir perd\u00f3n a esa persona que alguna vez ofendiste y por orgullo te olvidaste de volver a mirar con humildad reconociendo tu error. Te propongo que, siguiendo lo que nos propone la palabra de Dios de hoy, aceptemos tambi\u00e9n el perd\u00f3n de esa persona que lo ofreci\u00f3 con sinceridad y que por soberbia o dolor te negaste a recibirlo.<\/em><\/p>\n<p><em>Hoy no podemos dejar de rezar con Algo del Evangelio. No es uno m\u00e1s. Es un canto a la bondad y misericordia de un Dios que es Padre y que ve cosas que nosotros no vemos. Y, por otro lado, tambi\u00e9n es un golpe, un cachetazo a nuestra desfachatez que vivimos a veces, de exigirle a Dios lo que despu\u00e9s nosotros no podemos hacer o no queremos vivir por olvidadizos, por mezquinos o por ego\u00edstas.<\/em><\/p>\n<p><em>La pregunta de Pedro nos viene muy bien a todos. Es la pregunta que alguna vez todos, por ah\u00ed, nos hicimos ante sufrimientos que nos causaron las ofensas grandes de los dem\u00e1s, ofensas que nos tocaron sufrir en la vida. Es la pregunta que nosotros le hubi\u00e9ramos hecho tambi\u00e9n a Jes\u00fas si hubi\u00e9ramos estado con \u00e9l ese d\u00eda o al ver que perdonaba a los que se le acercaban. \u00bfNo te parece? \u00bfNo preguntaste alguna vez eso? \u00bfTenemos que perdonar siempre?, esa es la pregunta clave. \u00bfTiene l\u00edmite el perd\u00f3n?, \u00bfo cu\u00e1l es el l\u00edmite del perd\u00f3n?<\/em><\/p>\n<p><em>La semana pasada ten\u00edamos que animarnos a corregir a nuestros hermanos, a \u00abhacernos cargo\u00bb de ellos de alguna manera, como tambi\u00e9n lo tienen que hacer con nosotros. Y hoy tambi\u00e9n, a un hermano, tenemos que estar dispuestos a perdonarlo siempre que se arrepienta y se acerque a pedirnos perd\u00f3n. \u00bfNos dimos cuenta alguna vez de este desaf\u00edo tan grande? En esto se juega el ser cristiano de verdad: en la capacidad y en la alegr\u00eda de saber perdonar. Es dif\u00edcil porque, por ah\u00ed, por este mundo en el que vivimos andan muchos que dicen, incluso muy cat\u00f3licos: \u00abEso solo lo perdona Dios.\u00bb Eso es imperdonable.\u00bb O tambi\u00e9n esa otra frase conocida: \u00abYo no soy qui\u00e9n para perdonar\u00bb. \u00bfEscuchaste alguna vez eso? Seguramente s\u00ed. Los dichos populares -como lo dije varias veces- tienen mucha sabidur\u00eda y a veces no. A veces, al contrario, van en contra del evangelio. No tienen Algo del Evangelio, tienen medias verdades, menoscabando el valor y las ense\u00f1anzas del evangelio.<\/em><\/p>\n<p><em>La par\u00e1bola de Jes\u00fas de hoy es una comparaci\u00f3n casi rid\u00edcula -podr\u00edamos decir-, absurda. Que, si no prestamos atenci\u00f3n, pasa un poco desapercibida; pero es la esencia de la par\u00e1bola. Para hacerla un poco m\u00e1s simple y tray\u00e9ndola a valores de estos tiempos, el servidor olvidadizo es el que no perdona una deuda de unos centavos, cuando un ratito antes se le hab\u00eda perdonado una deuda de millones. A uno le sale decir, sin pensar: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 espanto! Yo jam\u00e1s har\u00eda una cosa as\u00ed\u00bb. \u00bfC\u00f3mo es posible que alguien haga algo as\u00ed?<\/em><\/p>\n<p><em>Sin embargo, en realidad -te dir\u00eda o por lo menos pienso as\u00ed-, Jes\u00fas nos lo est\u00e1 diciendo a todos: \u00abEso hacen ustedes cuando no quieren perdonar a alguien, cualquier cosa. Se olvidan de que Dios, su Rey, les perdon\u00f3 una deuda de millones\u00bb. No estar dispuesto a perdonar es comportarse como ese servidor olvidadizo. Es tan infinita la distancia entre lo que nos perdona Dios y nos perdon\u00f3 y nos perdonar\u00e1 a lo largo de la vida que no llegamos a comprenderla. No terminamos de caer en la cuenta de lo que se nos perdon\u00f3 o de lo que se nos perdona cuando, arrepentidos, nos acercamos a recibir su gracia. Y es por eso que somos capaces de hacer esta ridiculez tan grande y absurda.<\/em><\/p>\n<p><em>Cuando no queremos perdonar, sin darnos cuenta, estamos tomando \u00abdel cuello a ese alguien hasta ahogarlo\u00bb, con tal de que nos devuelva lo poco que nos quit\u00f3, que a veces puede ser nuestra fama, la paz, la dignidad, el prestigio. S\u00ed, cosas dolorosas y grandes, que nos duelen cuando las perdemos. La falta de perd\u00f3n es la medida de nuestro amor, que a veces es tan pobre. Es la medida de nuestra incapacidad de darnos cuenta lo que Dios ya nos perdon\u00f3 aun antes de que hubi\u00e9ramos nacido. Por eso, solo el que se siente perdonado de coraz\u00f3n por Dios es capaz de perdonar todo y siempre a aquel que le pide perd\u00f3n. Solo el que reconoce el don de Dios es capaz de no negar un don a otro. Pensemos en esta ecuaci\u00f3n que se entiende con la raz\u00f3n, pero no siempre se vive con el coraz\u00f3n. Dios ama plenamente, por eso perdona verdaderamente. Nosotros amamos poco y, por eso, somos capaces de ahogar a los dem\u00e1s por muy poco. \u00bfQu\u00e9 nos queda entonces para salir de este encierro? Reconocer cada d\u00eda m\u00e1s este perd\u00f3n infinito que Dios nos concede a todos para que seamos capaces de llevarlo a los dem\u00e1s. Que este domingo nos ayude a volver a descubrir una vez m\u00e1s tanto amor, tanto perd\u00f3n que Dios nos dio, para que nunca se lo neguemos a los dem\u00e1s.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se adelant\u00f3 Pedro y le dijo: \u00abSe\u00f1or, \u00bfcu\u00e1ntas veces tendr\u00e9 que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? \u00bfHasta siete veces?\u00bb Jes\u00fas le respondi\u00f3: \u00abNo te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. 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