{"id":2844,"date":"2023-09-18T00:00:17","date_gmt":"2023-09-18T03:00:17","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=2844"},"modified":"2023-09-17T18:53:45","modified_gmt":"2023-09-17T21:53:45","slug":"xxiv-lunes-durante-el-ano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/xxiv-lunes-durante-el-ano\/","title":{"rendered":"XXIV Lunes durante el a\u00f1o"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-2844-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/09\/18septiembre-audio-XXIV-LunesAno.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/09\/18septiembre-audio-XXIV-LunesAno.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/09\/18septiembre-audio-XXIV-LunesAno.mp3<\/a><\/audio>\n<p><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/09\/18septiembre-audio-XXIV-LunesAno.zip\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2583\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/descargarMP3-100x100-1.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"100\" \/><\/a>Cuando Jes\u00fas termin\u00f3 de decir todas estas cosas al pueblo, entr\u00f3 en Cafarna\u00fan. Hab\u00eda all\u00ed un centuri\u00f3n que ten\u00eda un sirviente enfermo, a punto de morir, al que estimaba mucho. Como hab\u00eda o\u00eddo hablar de Jes\u00fas, envi\u00f3 a unos ancianos jud\u00edos para rogarle que viniera a curar a su servidor.<\/p>\n<p>Cuando estuvieron cerca de Jes\u00fas, le suplicaron con insistencia, dici\u00e9ndole: \u00abEl merece que le hagas este favor, porque ama a nuestra naci\u00f3n y nos ha construido la sinagoga.\u00bb<\/p>\n<p>Jes\u00fas fue con ellos, y cuando ya estaba cerca de la casa, el centuri\u00f3n le mand\u00f3 decir por unos amigos: \u00abSe\u00f1or, no te molestes, porque no soy digno de que entres en mi casa; por eso no me consider\u00e9 digno de ir a verte personalmente. Basta que digas una palabra y mi sirviente se sanar\u00e1. Porque yo -que no soy m\u00e1s que un oficial subalterno, pero tengo soldados a mis \u00f3rdenes- cuando digo a uno: &#8221; Ve&#8221;, \u00e9l va; y a otro: &#8220;Ven&#8221;, \u00e9l viene; y cuando digo a mi sirviente: &#8220;\u00a1Tienes que hacer esto!&#8221;, \u00e9l lo hace.\u00bb<\/p>\n<p>Al o\u00edr estas palabras, Jes\u00fas se admir\u00f3 de \u00e9l y, volvi\u00e9ndose a la multitud que lo segu\u00eda, dijo: \u00abYo les aseguro que ni siquiera en Israel he encontrado tanta fe.\u00bb<\/p>\n<p>Cuando los enviados regresaron a la casa, encontraron al sirviente completamente sano.<\/p>\n<p><strong>Palabra del Se\u00f1or<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p><em>\u00abEl rencor y la ira son abominables, y ambos cosas son el patrimonio del pecador\u00bb, dec\u00eda la primera lectura ayer domingo, como anticipando el Evangelio que Jes\u00fas nos dejaba de regalo para que reflexionemos sobre el perd\u00f3n. Si un hombre mantiene su enojo contra otro, \u00bfc\u00f3mo pretende que el Se\u00f1or lo sane? \u00bfC\u00f3mo es posible pretender que Dios nos perdona si nosotros no tenemos piedad de hombres semejantes a nosotros, no nos consideramos tambi\u00e9n pecadores? Es verdad, algunos podr\u00e1 decir \u00abLo que a m\u00ed me hicieron es imperdonable\u00bb, \u00abLo que a m\u00ed me hicieron es lo peor que se le puede hacer a alguien\u00bb. Es verdad, alguien puede decir eso, pero al mismo tiempo, \u00bfcu\u00e1nto tiempo podemos vivir\u00a0 con rencor? No nos damos cuenta que vivir con rencor, enojo e ira finalmente nos enferma, nos enferma por supuesto primero el coraz\u00f3n, pero tambi\u00e9n \u00a1cuidado! Nos puede enfermar hasta el cuerpo. Hay personas que por guardar rencores, enojos por muchos a\u00f1os tienen incluso el rostro de enojados, cara de enojados, cara de personas que no pueden perdonar. Bueno, esa es la gran debilidad que podemos cargar vos y yo: el rencor y el odio que hace que no podamos perdonar, o a veces por cosas peque\u00f1as somos capaces de devolver cosas mucho m\u00e1s grandes. Vamos a continuar con el tema del perd\u00f3n en estos d\u00edas. Tema que nos regal\u00f3 el Se\u00f1or ayer en el Evangelio, mostr\u00e1ndonos incluso que si no aprendemos a perdonar, no tenemos ni siquiera derecho a pretender que \u00e9l nos perdone.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>Pero hay algo que me asombra a m\u00ed del Evangelio de hoy, de Algo del Evangelio de hoy, y es que sea un hombre \u00abno religioso\u00bb el que nos d\u00e9 \u00ablecciones\u00bb de fe. \u00bfNo te pasa lo mismo? Es un centuri\u00f3n, un soldado romano, el que, de alguna manera, nos da \u00abc\u00e1tedra\u00bb de lo que significa confiar en la palabra de Jes\u00fas aun sin haberlo visto, lo considera su jefe y \u00e9l subalterno y compara la confianza total en su palabra como la confianza que le ten\u00edan sus subalternos a \u00e9l. A m\u00ed eso, de alguna manera, me \u00abdescoloca\u00bb, me asombra para bien, incluso no me asusta que sea Jes\u00fas quien se admire de \u00e9l y lo ponga como ejemplo para todos, al contrario, me consuela much\u00edsimo. De hecho, Jes\u00fas lo dice as\u00ed: \u00abYo les aseguro que ni siquiera en Israel he encontrado tanta fe\u00bb. Tambi\u00e9n te aseguro que como sacerdote no me canso de encontrar personas con mucha fe, mucho m\u00e1s que la m\u00eda, por supuesto, que no son tan \u00abreligiosas\u00bb como se considera a una persona religiosa o por lo menos no son del com\u00fan de lo que la gente piensa sobre lo que es ser \u00abreligiosos\u00bb. Eso ser\u00eda para otros varios audios, el tema de la religiosidad y la espiritualidad que a veces se oponen pero que no tienen que ser as\u00ed.<\/em><\/p>\n<p><em>Tan ejemplo de fe es para nosotros este hombre, que sus palabras, quedaron para siempre en nuestras liturgias, en la misas, una maravilla, \u00bfno te asombra esto? Que las palabras de un pagano de ese tiempo, de alguien \u00absupuestamente\u00bb sin fe, son rezadas todos los d\u00edas por millones de personas en el mundo en cada misa celebrada, antes de recibir a Jes\u00fas en la Eucarist\u00eda. Son las \u00fanicas palabras de la Misa incluso que el sacerdote debe decir junto con todo el pueblo. Nadie es digno de recibir a Jes\u00fas en el coraz\u00f3n, ni siquiera el sacerdote, hasta el Papa tiene que decirlas. \u00abSe\u00f1or, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastar\u00e1 para sanarme\u00bb, decimos.<\/em><\/p>\n<p><em>El Evangelio es as\u00ed de lindo, un canto a la \u00abapertura\u00bb del coraz\u00f3n, una \u00abcachetada\u00bb a la estrechez mental, una muestra clara de que Jes\u00fas se regocij\u00f3 por acercarse a los m\u00e1s apartados, a aquellos que incluso los llamados \u00abreligiosos\u00bb de ese tiempo no consideraban dignos. \u00a1Qu\u00e9 lindo que es saber que Jes\u00fas vino a hacernos dignos, a todos, a los que dicen ser \u00abreligiosos\u00bb y verdaderamente lo son y a los que aparentemente no lo son pero tienen fe m\u00e1s grande que incluso los llamados \u00abreligiosos\u00bb!<\/em><\/p>\n<p><em>Si la palabra de Jes\u00fas ese d\u00eda bast\u00f3 para sanar a ese sirviente, hoy debemos creer y pensar lo mismo. \u00bfNo lo crees?\u00bfNo te asombra? Una palabra de Jes\u00fas escuchada ahora con fe basta para sanarnos de nuestras enfermedades del coraz\u00f3n. Creamos verdaderamente. Asombr\u00e9monos de este hombre que es modelo de fe, y al mismo tiempo, no te asombres de que los que parecen menos cercanos a Jes\u00fas, sean muchas veces los que m\u00e1s nos ense\u00f1an sobre la fe, los que m\u00e1s nos muestran qu\u00e9 es lo verdaderamente esencial de un hombre de fe. Creamos, creamos que una palabra de Jes\u00fas bastar\u00e1 para sanarnos en este momento, ahora, mientras estamos escuchando.<\/em><\/p>\n<p><em>Que tengamos un buen d\u00eda y que la bendici\u00f3n de Dios, que es Padre misericordioso, Hijo y Esp\u00edritu Santo, descienda sobre nuestros corazones y permanezca para siempre.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando Jes\u00fas termin\u00f3 de decir todas estas cosas al pueblo, entr\u00f3 en Cafarna\u00fan. Hab\u00eda all\u00ed un centuri\u00f3n que ten\u00eda un sirviente enfermo, a punto de morir, al que estimaba mucho. Como hab\u00eda o\u00eddo hablar de Jes\u00fas, envi\u00f3 a unos ancianos jud\u00edos para rogarle que viniera a curar a su servidor. Cuando estuvieron cerca de Jes\u00fas, [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":2845,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[25],"tags":[9],"class_list":["post-2844","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-lucas","tag-lucas"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2844","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2844"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2844\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2849,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2844\/revisions\/2849"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2845"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2844"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2844"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2844"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}