{"id":2896,"date":"2023-09-28T00:00:15","date_gmt":"2023-09-28T03:00:15","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=2896"},"modified":"2023-09-27T08:43:51","modified_gmt":"2023-09-27T11:43:51","slug":"xxv-jueves-durante-el-ano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/xxv-jueves-durante-el-ano\/","title":{"rendered":"XXV Jueves durante el a\u00f1o"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-2896-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/09\/28septiembre-audio-XXV-JuevesAno.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/09\/28septiembre-audio-XXV-JuevesAno.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/09\/28septiembre-audio-XXV-JuevesAno.mp3<\/a><\/audio>\n<p><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/09\/28septiembre-audio-XXV-JuevesAno.zip\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2583\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/descargarMP3-100x100-1.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"100\" \/><\/a>El tetrarca Herodes se enter\u00f3 de todo lo que pasaba, y estaba muy desconcertado porque algunos dec\u00edan: \u00abEs Juan, que ha resucitado.\u00bb Otros dec\u00edan: \u00abEs El\u00edas, que se ha aparecido\u00bb, y otros: \u00abEs uno de los antiguos profetas que ha resucitado.\u00bb<\/p>\n<p>Pero Herodes dec\u00eda: \u00abA Juan lo hice decapitar. Entonces, \u00bfqui\u00e9n es este del que oigo decir semejantes cosas?\u00bb Y trataba de verlo.<\/p>\n<p><strong>Palabra del Se\u00f1or<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p><em>\u00bfEs posible enojarse porque Dios sea tan bueno? \u00bfEs posible? \u00bfTe lo preguntaste alguna vez?\u00a0 S\u00ed, yo dir\u00eda que s\u00ed y mucho m\u00e1s normal de lo que creemos, aunque a veces no se hace consciente. Dios Padre es muy, pero muy bueno; tan, pero tan bueno que no cabe en nuestros pensamientos, que no son los de \u00e9l. Esa tambi\u00e9n es una verdad que trataba de expresarnos la par\u00e1bola del evangelio del domingo. A veces quisi\u00e9ramos que Dios sea justo como nosotros pretendemos que sea justo, y no tan misericordiosamente justo, como lo que realmente es. Hay much\u00edsimos cristianos que se creen \u00ablos primeros\u00bb por su manera de vivir, por su manera de pensar, por lo que saben de la fe. Y por eso ser\u00e1n los \u00faltimos, cuando se crean los primeros. Much\u00edsimos, m\u00e1s de los que imaginamos. Incluso vos y yo podemos estar en esta lista, de los que se creen los primeros y con m\u00e1s derechos que otros.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>Y, al mismo tiempo, hay much\u00edsimos hijos de Dios que para el mundo \u00abson los \u00faltimos\u00bb, que parecen \u00ablos \u00faltimos\u00bb, que parecen no convertirse nunca, que son considerados \u00ablos del fondo\u00bb, y finalmente, aunque nos duela, aunque nos cueste entender, ser\u00e1n los primeros en llegar a recibir el regalo del cielo si aceptan trabajar para el Se\u00f1or aunque sea en el \u00faltimo instante de su vida, como el buen ladr\u00f3n. \u00bfTe acord\u00e1s de ese buen ladr\u00f3n que muri\u00f3 al lado de Jes\u00fas? Parec\u00eda el \u00faltimo y fue el primero en entrar en el Reino de los Cielos. Si sos de los que se enojan por la gran bondad de Dios, por la infinita bondad de Dios, pedile que te ablande el coraz\u00f3n. No te enojes por el hecho de que Dios sea bueno y haga con su amor lo que le parece. Vos har\u00edas lo mismo con tus hijos.<\/em><\/p>\n<p><em>No hay peor enojo que el enojo por el derroche de amor de Dios, que justamente vino a mostrarnos y a ense\u00f1arnos ese camino. Vuelvo a decirte lo mismo: esto no tiene nada que ver con la justicia humana o con los m\u00e9ritos que podamos hacer para alcanzar ciertas cosas en este mundo. Tiene que ver con la gracia, que es gratis, que es regalo; con la invitaci\u00f3n de Dios que es a trabajar por \u00e9l, que ser\u00e1 hasta el final (no importa en el momento de la vida que estemos).<\/em><\/p>\n<p><em>Y en Algo del Evangelio de hoy vemos claramente a Herodes que no sabe bien qui\u00e9n es Jes\u00fas: \u00ab\u00bfQui\u00e9n es este del que oigo decir semejantes cosas?\u00bb En realidad, Herodes estaba desconcertado porque la misma gente tampoco sab\u00eda bien qui\u00e9n era Jes\u00fas Pensaban que era un resucitado, un antiguo profeta o Juan el Bautista. Fijate como a veces es m\u00e1s f\u00e1cil pensar en cosas raras, o digamos espectaculares o maravillosas, que pensar en lo normal, en lo ordinario.<\/em><\/p>\n<p><em>Era m\u00e1s f\u00e1cil pensar que ese llamado Jes\u00fas era alguien que hab\u00eda resucitado que pensar o saber realmente qui\u00e9n era. Era un hombre. S\u00ed, era un hombre. Pero tambi\u00e9n sabemos nosotros que era Dios hecho hombre, Dios encarnado, y por eso costaba tanto creer.<\/em><\/p>\n<p><em>Por supuesto, a nosotros me imagino que nos hubiese pasado lo mismo. No es f\u00e1cil creer que Dios sea tan como de los nuestros, que sea tan normal, digamos. No es f\u00e1cil creer que Dios se haya hecho hombre. No es f\u00e1cil creer que lo trascendente se haya hecho parte de nuestra vida. No es f\u00e1cil pensar que lo inaccesible se hizo accesible. No es f\u00e1cil pensar que lo divino se manifieste en lo humano. No es f\u00e1cil creer. Claro, si ten\u00e9s fe me dir\u00e1s: \u00abNo, para m\u00ed s\u00ed\u00bb. Bueno, pero, si no ten\u00e9s fe, el que no tiene fe si no cree por la gracia, si no se le toca el coraz\u00f3n -de alguna manera-, su raz\u00f3n se choca contra alguna barrera, aunque hay razones para creer. Pero ese es otro tema.<\/em><\/p>\n<p><em>Por eso a veces nos pasa a nosotros esto en la vida. Nos podemos pasar la vida buscando a un Jes\u00fas deslumbrante, maravilloso; buscando a un Dios que se nos manifieste a lo grande, y no nos damos cuenta de que Dios al hacerse hombre vino justamente a darnos vuelta ese pensamiento. Vino a hacer de lo ordinario algo extraordinario, de lo sencillo algo grande. Vino a divinizar lo humano, o sea, hacer de las cosas ordinarias de nuestra vida, algo trascendente, algo grande, darles un valor infinito.<\/em><\/p>\n<p><em>A nosotros puede pasarnos lo mismo, podemos tener a Jes\u00fas al lado: en un enfermo, pobre que nos pide y que nos cruzamos a veces todos los d\u00edas, en nuestra madre que nos necesita, en alg\u00fan enfermo de la familia, en alguien que est\u00e1 solo, en la Palabra de Dios que escuchamos todos los d\u00edas y la tenemos en nuestras manos, en la Eucarist\u00eda diaria y dominical \u2013en la posibilidad de recibirla\u2013, en la posibilidad de recibir el perd\u00f3n tambi\u00e9n en la confesi\u00f3n. En todas esas circunstancias tenemos la presencia viva de Jes\u00fas. Pero, si no somos capaces de verlo -y no porque \u00e9l no est\u00e9, sino porque estamos ciegos-, nos pasamos la vida esperando grandes cosas y nos perdemos la oportunidad de encontrarlo y de encontrarnos con Jes\u00fas, a quien tenemos siempre presente de tantas maneras.<\/em><\/p>\n<p><em>Puede ser una etapa de la vida espiritual o de fe, tuya o m\u00eda, el buscar a Dios en lo milagrosamente visible, dicho as\u00ed nom\u00e1s -visible con nuestros sentidos-. Puede pasarnos que, en un principio, andemos de milagro en milagro o buscando apariciones, revelaciones privadas por todo el mundo -a ver qu\u00e9 dicen, qu\u00e9 no dicen-, para encontrar confirmaciones de lo que creemos o queremos creer. Hasta te dir\u00eda que es normal y a veces necesario, si no Dios no permitir\u00eda que pasen estas cosas, estas apariciones o revelaciones, que claramente a veces existen. Pero, al mismo tiempo, es necesario ir desprendi\u00e9ndose de ese modo de encontrar a Jes\u00fas en nuestra vida, para no depender absolutamente de eso, que es espor\u00e1dico y circunstancial, porque no es lo normal y ordinario. \u00c9l est\u00e1 siempre, lo veamos o no. No depende de nuestros sentidos o sentimientos o de lo que dicen los otros; depende de \u00e9l, de su presencia, que est\u00e1 siempre. Y somos nosotros los que tenemos que ir madurando y d\u00e1ndonos cuenta de que su presencia es m\u00e1s normal de lo que imaginamos y m\u00e1s cotidiana de lo que pretendemos.<\/em><\/p>\n<p><em>Si estamos todav\u00eda detr\u00e1s de grandes cosas, es porque en realidad -como Herodes y algunos de ese tiempo- no sabemos bien qui\u00e9n es Jes\u00fas y qu\u00e9 es lo que vino a hacer. Pidamos m\u00e1s fe para creer que \u00e9l est\u00e1 en lo humano y que en lo humano encontramos lo divino y que no hay que darle muchas vueltas.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El tetrarca Herodes se enter\u00f3 de todo lo que pasaba, y estaba muy desconcertado porque algunos dec\u00edan: \u00abEs Juan, que ha resucitado.\u00bb Otros dec\u00edan: \u00abEs El\u00edas, que se ha aparecido\u00bb, y otros: \u00abEs uno de los antiguos profetas que ha resucitado.\u00bb Pero Herodes dec\u00eda: \u00abA Juan lo hice decapitar. Entonces, \u00bfqui\u00e9n es este del que [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":2897,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[25],"tags":[9],"class_list":["post-2896","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-lucas","tag-lucas"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2896","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2896"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2896\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2900,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2896\/revisions\/2900"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2897"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2896"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2896"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2896"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}