{"id":2933,"date":"2023-10-05T00:00:24","date_gmt":"2023-10-05T03:00:24","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=2933"},"modified":"2023-10-04T08:54:01","modified_gmt":"2023-10-04T11:54:01","slug":"xxvi-jueves-durante-el-ano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/xxvi-jueves-durante-el-ano\/","title":{"rendered":"XXVI Jueves durante el a\u00f1o"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-2933-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/05octubre-audio-XXVI-JuevesAno.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/05octubre-audio-XXVI-JuevesAno.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/05octubre-audio-XXVI-JuevesAno.mp3<\/a><\/audio>\n<p><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/05octubre-audio-XXVI-JuevesAno.zip\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2583\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/descargarMP3-100x100-1.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"100\" \/><\/a>El Se\u00f1or design\u00f3 a otros setenta y dos, y los envi\u00f3 de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde \u00e9l deb\u00eda ir.<\/p>\n<p>Y les dijo: \u00abLa cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al due\u00f1o de los sembrados que env\u00ede trabajadores para la cosecha. \u00a1Vayan! Yo los env\u00edo como a ovejas en medio de lobos. No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino.<\/p>\n<p>Al entrar en una casa, digan primero: &#8220;\u00a1Que descienda la paz sobre esta casa!&#8221; Y si hay all\u00ed alguien digno de recibirla, esa paz reposar\u00e1 sobre \u00e9l; de lo contrario, volver\u00e1 a ustedes. Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario.<\/p>\n<p>No vayan de casa en casa. En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan; curen a sus enfermos y digan a la gente: &#8220;El Reino de Dios est\u00e1 cerca de ustedes.&#8221; Pero en todas las ciudades donde entren y no los reciban, salgan a las plazas y digan: &#8220;\u00a1Hasta el polvo de esta ciudad que se ha adherido a nuestros pies, lo sacudimos sobre ustedes! Sepan, sin embargo, que el Reino de Dios est\u00e1 cerca.&#8221;<\/p>\n<p>Les aseguro que, en aquel D\u00eda, Sodoma ser\u00e1 tratada menos rigurosamente que esa ciudad.\u00bb<\/p>\n<p><strong>Palabra del Se\u00f1or<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p><em>Una vez alguien me dijo algo divertido con respecto a los audios. Me dijo as\u00ed: \u00abPadre, yo soy distribuidor de los audios, pero al por menor\u00bb. Me lo dijo con mucha humildad, pero con orgullo. Me dio mucha gracia y alegr\u00eda. \u00bfCu\u00e1ntos son los que escuchan la Palabra de Dios cada d\u00eda?, me preguntan a veces. \u00bfCu\u00e1ntas personas lo reciben?,\u00bfa cu\u00e1ntos le llega? Y la verdad\u2026que no lo sabemos, ni importa tanto la cantidad. Creo que no hay que centrarse en eso. Lo importante es que, vos y yo ahora, el que est\u00e1 escuchando y yo tratando de transmitir, no importa d\u00f3nde est\u00e9s y la situaci\u00f3n que tengas, que est\u00e9s viviendo, el sufrimiento, la alegr\u00eda, lo que sea, lo importante es que escuchemos a Jes\u00fas y que nos transformemos tambi\u00e9n en distribuidores, dicho en t\u00e9rminos comerciales, pero que en definitiva ser\u00eda ser evangelizadores, ser disc\u00edpulos. No ocultar, ni esconder esta alegr\u00eda tan grande de poder transmitir cosas que hacen bien, palabras que consuelan, palabras de Dios que nos quieren llegar al coraz\u00f3n.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>Y, justamente, hablando de cosas lindas\u2026 \u00bfc\u00f3mo es posible que Jes\u00fas haya dicho semejantes palabras, como las que escuchamos el domingo: \u00abLes aseguro que los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios\u00bb? Del evangelio del domingo me imagino que te las acordar\u00e1s. Son lindas depende desde d\u00f3nde la miremos. La verdad es que suenan fuertes, sobre todo saliendo de la boca de nuestro Maestro. Pero bueno, son esas, no se las puede cambiar. Adem\u00e1s, dice: \u00abLes aseguro\u00bb. No dice \u00abpuede ser\u00bb, sino \u00ables aseguro\u00bb. Hay que comprenderlas tambi\u00e9n en su contexto, pero son esas. La soberbia nos cierra el camino al Padre. La humildad y el reconocer nuestras debilidades nos abre las puertas al coraz\u00f3n de Jes\u00fas. Por eso, una prostituta arrepentida puede llegar antes que yo al cielo. Por eso la soberbia interior, por m\u00e1s pulcritud exterior que tengamos, puede hacer que nos perdamos para siempre. Que Jes\u00fas siempre nos libre de eso, de la soberbia de esos sacerdotes y fariseos que tambi\u00e9n se nos pueden pegar al coraz\u00f3n, a vos y a m\u00ed.<\/em><\/p>\n<p><em>En Algo del Evangelio de hoy se ve a un Jes\u00fas, parad\u00f3jicamente, muy necesitado de los hombres. S\u00ed, fue tan hombre que adem\u00e1s de serlo en serio, sin dejar de ser Dios, quiso que su salvaci\u00f3n nos llegara y nos llegue ahora a trav\u00e9s de otros hombres y mujeres comunes y corrientes, como vos y yo. Esto es lo que nos hace a veces revelarnos contra los caminos de Dios, enojarnos, y nos cuesta comprender. \u00bfPuede lo divino llegar a nosotros a trav\u00e9s de lo humano? Hay que responder siempre que s\u00ed &#8211; \u00abpuede\u00bb. Es as\u00ed. Hay que responder con un s\u00ed muy grande. Ese es el milagro continuo del d\u00eda a d\u00eda que nos cuesta ver, el milagro continuo de los santos en la Iglesia, que a trav\u00e9s de personas nos ha llegado a nosotros tambi\u00e9n la salvaci\u00f3n de Dios. Lo escuchamos en la Palabra de hoy: \u00abJes\u00fas eligi\u00f3 a setenta y dos, y los mand\u00f3 de dos en dos para que lo precedieran\u00bb, para hacer lo mismo que \u00e9l estaba haciendo; para abrir el camino, la brecha, a la llegada de su Palabra tambi\u00e9n.<\/em><\/p>\n<p><em>No hay Iglesia individual, no hay Iglesia narcisista, una Iglesia que cante como \u00absolista\u00bb. No hay amor donde no hay m\u00e1s de uno; tiene que haber dos para que exista la reciprocidad, el amor. Y Dios no est\u00e1 donde no hay amor, porque Dios es amor. As\u00ed de simple. Por eso, Jes\u00fas eligi\u00f3 formar su Iglesia. No hay que complicar tanto las cosas, aunque a veces eso nos sale bastante f\u00e1cil. \u00bfNo? A veces, es tan dif\u00edcil ser simples y sencillos.<\/em><\/p>\n<p><em>Te cuento y me acuerdo de una an\u00e9cdota de San Felipe Neri, a quien le pregunt\u00f3 una vez uno de sus disc\u00edpulos: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 es tan dif\u00edcil vivir el evangelio?\u00bb Y San Felipe Neri le contest\u00f3: \u00abPorque es simple\u00bb. S\u00ed, es verdad, es dif\u00edcil porque es simple.<\/em><\/p>\n<p><em>Pero bueno, me fui un poco de tema. No hay que complicar las cosas. La Iglesia comenz\u00f3 por un deseo de Jes\u00fas para que su amor llegue a nosotros y para eso eligi\u00f3 y elige a hombres y mujeres que lo ayuden, a vos y a m\u00ed.<\/em><\/p>\n<p><em>Vuelvo a decirlo: eso es la Iglesia. Es un puente o el \u00abtransporte\u00bb, por decirlo as\u00ed, que nos trae el amor de Dios que est\u00e1 en la otra orilla.<\/em><\/p>\n<p><em>Pero no te olvides lo que dice Jes\u00fas: \u00abLos trabajadores son pocos&#8230;\u00bb. Es verdad que se refiere especialmente al sacerdocio, pero quiero hoy extenderlo a todos: a los que estamos escuchando, a los sacerdotes, a los consagrados, a los laicos -la inmensa mayor\u00eda del Pueblo de Dios-. Vos sos la Iglesia, yo soy la Iglesia. Vos sos un puente, todos somos puente. Todos podemos serlo. Vos sos trabajador, tambi\u00e9n trabajadora. Por eso, dedic\u00e1 hoy con sencillez, con simpleza, tu d\u00eda a ayudar a otros y ser puente entre Dios y los hombres; a llevar a otros y que se den cuenta que el Reino de Dios est\u00e1 cerca, entre nosotros. Porque donde hay amor, ah\u00ed est\u00e1 Dios. Eso es el Reino de los hijos y de los hermanos.<\/em><\/p>\n<p><em>Olvidate de los lobos que est\u00e1n en medio de nosotros y a\u00fallan para asustarnos. Con Jes\u00fas todo es posible. Con Jes\u00fas podemos m\u00e1s, aunque no nos entiendan o hablen mal sin saber. Hoy tambi\u00e9n, si pod\u00e9s y te acord\u00e1s, rez\u00e1 para que Jes\u00fas env\u00ede m\u00e1s trabajadores a su campo, m\u00e1s sacerdotes y consagrados al Reino de Dios que tanto necesita la Iglesia.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Se\u00f1or design\u00f3 a otros setenta y dos, y los envi\u00f3 de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde \u00e9l deb\u00eda ir. Y les dijo: \u00abLa cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al due\u00f1o de los sembrados que env\u00ede trabajadores para la cosecha. \u00a1Vayan! Yo [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":2934,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[25],"tags":[9],"class_list":["post-2933","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-lucas","tag-lucas"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2933","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2933"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2933\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2937,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2933\/revisions\/2937"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2934"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2933"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2933"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2933"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}