{"id":2961,"date":"2023-10-10T00:00:42","date_gmt":"2023-10-10T03:00:42","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=2961"},"modified":"2023-10-08T10:02:45","modified_gmt":"2023-10-08T13:02:45","slug":"xxvii-martes-durante-el-ano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/xxvii-martes-durante-el-ano\/","title":{"rendered":"XXVII Martes durante el a\u00f1o"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-2961-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/10octubre-audio-XXVII-MartesAno.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/10octubre-audio-XXVII-MartesAno.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/10octubre-audio-XXVII-MartesAno.mp3<\/a><\/audio>\n<p><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/10octubre-audio-XXVII-MartesAno.zip\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2583\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/descargarMP3-100x100-1.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"100\" \/><\/a>Jes\u00fas entr\u00f3 en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibi\u00f3 en su casa. Ten\u00eda una hermana llamada Mar\u00eda, que sentada a los pies del Se\u00f1or, escuchaba su Palabra.<\/p>\n<p>Marta, que estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jes\u00fas: \u00abSe\u00f1or, \u00bfno te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude.\u00bb<\/p>\n<p>Pero el Se\u00f1or le respondi\u00f3: \u00abMarta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas, y sin embargo, pocas cosas, o m\u00e1s bien, una sola es necesaria, Mar\u00eda eligi\u00f3 la mejor parte, que no le ser\u00e1 quitada.\u00bb<\/p>\n<p><strong>Palabra del Se\u00f1or<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p><em>Vivir la vida como un don es el mejor remedio para, te dir\u00eda, casi todos los problemas que nos surgen d\u00eda a d\u00eda. Si fu\u00e9ramos m\u00e1s agradecidos, nos evitar\u00edamos m\u00e1s amarguras, m\u00e1s quejas, m\u00e1s juicios temerarios, m\u00e1s angustias, m\u00e1s tristezas, m\u00e1s enojos y todo lo que puedas imaginarte vos mismo. Y cuando digo la vida, me refiero a todo, desde existencia, hasta el poder levantarnos de la cama y respirar, y hasta el m\u00e1s m\u00ednimo detalle que nos ayude a descubrir que todo nos fue dado, que todo es don, que lo m\u00e1s esencial de la vida no depende de nosotros. Por eso hoy te propongo y me propongo, empezar el d\u00eda dando gracias, y solo da gracias aquel que no se adue\u00f1a de las cosas, sino que siempre las considera regalos y por eso es agradecido.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>Qu\u00e9 dif\u00edcil es esto cuando vivimos en un mundo donde todo se compra y se vende, donde todo tiene un valor monetario y eso lentamente, nos va \u201cadormeciendo\u201d la capacidad de reconocer lo que, en realidad, no tiene valor, porque justamente su valor es incalculable. A lo realmente necesario no se le puede poner precio.<\/em><\/p>\n<p><em>Es un ejercicio que debemos hacer todos. Por eso, si pod\u00e9s en este momento arrod\u00edllate, o mir\u00e1 al cielo, o mir\u00e1 un lugar que te ayude a concentrarte, o cerr\u00e1 los ojos, lo que sea para poder decir a Dios, tu Padre: Gracias. Gracias por todo. Ponele nombre a esas gracias. Y, adem\u00e1s, an\u00edmate a agradecer lo que no ten\u00e9s muchas ganas de agradecer, eso que parece que no tuvo sentido en tu vida, eso que no te pareci\u00f3 necesario y sin embargo pas\u00f3, aunque no te gust\u00f3. Gracias por lo agradable y por lo no tan agradable. Te aseguro de que, si todos aprendemos a ser agradecidos, vivir\u00edamos distinto, hasta nos mirar\u00edamos distinto.<\/em><\/p>\n<p><em>Algo del Evangelio de hoy, con esta escena tan linda y conocida, nos ense\u00f1a que lo esencial de la vida no es siempre lo que parece desde afuera. Nos ense\u00f1a que en la vida debemos aprender a elegir bien y que hay cosas que no se compran con nada, que hay valores que, si aprendemos a cultivarlos, nadie nos lo podr\u00e1 quitar. Nuestro gran valor, lo mejor que podemos tener es a Jes\u00fas.<\/em><\/p>\n<p><em>No siempre el ser agradecido se manifiesta \u201chaciendo cosas\u201d como lo hizo Marta queriendo servir Jes\u00fas. Sino que la primera actitud del que sabe agradecer una presencia es el escuchar. Eso es lo que necesita Jes\u00fas de nosotros, eso es lo que necesitamos como hermanos, eso es lo que debemos hacer tambi\u00e9n como Iglesia.<\/em><\/p>\n<p><em>Hoy, yo quiero y quiero que todos los quieran, ser como Mar\u00eda, que \u201ctirada\u201d a los pies de Jes\u00fas, escuchaba su Palabra. Queremos convencernos, de que estar a los pies de Jes\u00fas no es \u201cperder el tiempo\u201d. Queremos darnos cuenta, de que vivir con el coraz\u00f3n puesto en lo importante es justamente lo necesario para vivir en paz y construir un mundo de paz. Queremos \u201cdejar de o\u00edr\u201d las voces de este mundo que nos quiere hacer creer, que en la vida lo importante es \u201chacer y hacer\u201d sin un rumbo claro, solo por el hecho de que \u201chacer\u201d parece ser lo mejor y es lo que m\u00e1s \u201cseguidores\u201d da.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a1Cu\u00e1nto de esto vivimos hoy en la Iglesia! La Iglesia siempre corre el peligro de caer en esta tentaci\u00f3n \u201ctan tentadora\u201d del hacer por hacer, creyendo que es el camino. La Iglesia hoy m\u00e1s que nunca debe cuidarse de no caer en la \u201cmundanidad espiritual\u201d de la que tanto habl\u00f3 el Papa Francisco. El sentir y pensar como piensa este mundo, sin discernir y frenar, haciendo por hacer y enorgulleci\u00e9ndose por el solo hecho de hacer. El mundo se lleva todo por delante y no mira los corazones de las personas, al contrario, hasta puede usarlos para \u201cquedar\u201d bien. El mundo cree que el \u201chacer\u201d, el construir, el mostrar lo que hace, el \u201cpavonearse\u201d con lo que hace es el fin de todo y es lo que lo hace \u201cdormir\u201d en paz. Y por eso hasta, incluso dentro de la Iglesia, podemos ver que se usa a los pobres para quedar como buenos y solidarios.<\/em><\/p>\n<p><em>El mundo y la parte del mundo, del hombre viejo que llevamos en el coraz\u00f3n, piensa muchas veces as\u00ed. Se inquieta y se inquieta por muchas cosas y se olvida la necesaria, de la que jam\u00e1s nos podr\u00e1 ser quitada, aunque nos quiten todo.<\/em><\/p>\n<p><em>Esta es la sabidur\u00eda del evangelio y la de los santos, como san Francisco de As\u00eds que les dec\u00eda a sus hermanos: &#8220;Recuerda que cuando abandones esta tierra, no podr\u00e1s llevarte contigo nada de lo que has recibido, s\u00f3lo lo que has dado.&#8221; Lo que damos es lo que perdura y queda para siempre. Lo que damos de nosotros mismos. Y lo mejor que podemos dar a los dem\u00e1s es a Jes\u00fas y a su amor, es darnos a nosotros mismos y no \u201ccosas\u201d. Marta fue muy buena, incluso es santa, pero ese d\u00eda estando con Jes\u00fas se equivoc\u00f3, como cualquiera de nosotros, que teniendo en frente a Jes\u00fas muchas veces, en un pobre, en nuestra familia, en la Iglesia, en una adoraci\u00f3n, en la visita a un enfermo, nos desgastamos en cosas que al final no suman o no aportan lo mejor, nos perdemos en lo que no es necesario. No nos inquietemos por cosas que no perduran, por cosas que no son necesarias. Aprendamos de Marta, que se equivoc\u00f3 y eso nos ayuda a no equivocarnos, aprendamos de Mar\u00eda que supo elegir lo mejor, aunque su hermana la acus\u00f3 de no ayudarla. No nos acusemos entre nosotros y aprendamos a elegir siempre lo mejor.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jes\u00fas entr\u00f3 en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibi\u00f3 en su casa. Ten\u00eda una hermana llamada Mar\u00eda, que sentada a los pies del Se\u00f1or, escuchaba su Palabra. Marta, que estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jes\u00fas: \u00abSe\u00f1or, \u00bfno te importa que mi hermana me deje [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":2957,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[25],"tags":[9],"class_list":["post-2961","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-lucas","tag-lucas"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2961","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2961"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2961\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2964,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2961\/revisions\/2964"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2957"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2961"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2961"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2961"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}