{"id":2965,"date":"2023-10-11T00:00:32","date_gmt":"2023-10-11T03:00:32","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=2965"},"modified":"2023-10-10T08:45:52","modified_gmt":"2023-10-10T11:45:52","slug":"xxvii-miercoles-durante-el-ano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/xxvii-miercoles-durante-el-ano\/","title":{"rendered":"XXVII Mi\u00e9rcoles durante el a\u00f1o"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-2965-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/11octubre-audio-XXVII-MiercolesAno.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/11octubre-audio-XXVII-MiercolesAno.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/11octubre-audio-XXVII-MiercolesAno.mp3<\/a><\/audio>\n<p><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/11octubre-audio-XXVII-MiercolesAno.zip\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2583\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/descargarMP3-100x100-1.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"100\" \/><\/a>Un d\u00eda, Jes\u00fas estaba orando en cierto lugar, y cuando termin\u00f3, uno de sus disc\u00edpulos le dijo: &#8220;Se\u00f1or, ens\u00e9\u00f1anos a orar, as\u00ed como Juan ense\u00f1\u00f3 a sus disc\u00edpulos&#8221;.<\/p>\n<p>El les dijo entonces: &#8220;Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino; danos cada d\u00eda nuestro pan cotidiano; perdona nuestros pecados, porque tambi\u00e9n nosotros perdonamos a aquellos que nos ofenden; y no nos dejes caer en la tentaci\u00f3n&#8221;.<\/p>\n<p><strong>Palabra del Se\u00f1or<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p><em>Hay formas y formas de adue\u00f1arse de las cosas, de los corazones, de lo que no es nuestro, de los regalos y de todo un poco, pero no hay peor cosa que \u201cadue\u00f1arse\u201d de la salvaci\u00f3n y de lo que es de Dios. \u201cA Dios lo que es de Dios\u2026\u201d dice la misma palabra de Dios. Ese es el gran peligro y error de los peque\u00f1os seres humanos, de nosotros. Somos muy insignificantes en comparaci\u00f3n con la inmensidad del universo, con la inmensidad de la creaci\u00f3n, pero al mismo tiempo, somos tan capaces de considerarnos el centro de todo, incluso del universo. Nada nos llevaremos de este mundo cuando nos toque partir y lo m\u00e1s esencial no depende jam\u00e1s exclusivamente de nosotros. Sin embargo, podemos caer en la gran tentaci\u00f3n de adue\u00f1arnos, como les pas\u00f3 a los sacerdotes y ancianos del pueblo de Israel, los del evangelio del domingo.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>Hoy la historia se repite cuando, como dec\u00eda el Papa Francisco, transformamos a la Iglesia en una \u201caduana\u201d, en donde se \u201cchequea\u201d a los que pasan para ver si est\u00e1n aptos. Pero, cuidado, no hay aduana sin \u201caduaneros\u201d sin los que ejerzan la profesi\u00f3n. Podemos ser unos perfectos aduaneros de la Iglesia, de cientos de maneras diferentes, vos y yo. Se da cuando en vez de allanar los caminos para que algunos entren y encuentren en la Iglesia un lugar de salvaci\u00f3n, entorpecemos los senderos para hacer de la Iglesia en lugar de \u201cexclusividades\u201d. No solo la culpa es de la jerarqu\u00eda, sino que todos de un modo u otro colaboramos por acci\u00f3n u omisi\u00f3n. La salvaci\u00f3n no es de nadie, en realidad es solo de Dios. La salvaci\u00f3n, que al fin de cuentas quiere decir \u201csentirse amados, perdonados siempre\u201d volviendo a nacer una y otra vez, no puede ser un monopolio de los que est\u00e1n \u201cadentro\u201d, sino un regalo para todos., que puede llegar de mil maneras diferentes a todos.<\/em><\/p>\n<p><em>Aunque parezca que no tiene relaci\u00f3n, la oraci\u00f3n que Jes\u00fas nos ense\u00f1\u00f3 es camino de liberaci\u00f3n para no creerse exclusivo ni due\u00f1o de nada. Algo del Evangelio de hoy se hace oraci\u00f3n porque es el mismo Jes\u00fas, el mismo Se\u00f1or que con sus palabras nos ense\u00f1a hacia d\u00f3nde tiene que estar orientado nuestro coraz\u00f3n. Por eso hoy no pretendo que analicemos cada petici\u00f3n del Padre Nuestro, que ser\u00eda muy extenso. Por eso, hoy digamos juntos: &#8220;Jes\u00fas, ense\u00f1anos a orar. Jes\u00fas, necesitamos la oraci\u00f3n como el aire de nuestros pulmones, necesitamos darnos cuenta de que sin escuchar al Padre, vamos experimentado una orfandad de coraz\u00f3n; aunque \u00c9l nunca nos deje y no deja de ser nuestro Padre. Ense\u00f1anos a caer en la cuenta de que somos hijos, que siendo todos hijos; somos hermanos y todo es de todos. Ense\u00f1anos a rezar en este d\u00eda la oraci\u00f3n que nos ense\u00f1aste con tanto amor&#8221;.<\/em><\/p>\n<p><em>Porque la oraci\u00f3n es un don; no es simplemente una obligaci\u00f3n, algo que tenemos que hacer. C\u00f3mo sin querer a veces nos ense\u00f1aron, eso de que hay que &#8220;cumplir&#8221; con la oraci\u00f3n, de que hay que rezar. \u00a1No!, la oraci\u00f3n debe convertirse en una necesidad.<\/em><\/p>\n<p><em>&#8220;Se\u00f1or regalanos el don de necesitar escucharte y hablarte &#8220;; porque eso es rezar, eso es orar: escuchar y hablar, dialogar como un hijo habla con su Padre; y con Jes\u00fas: como un amigo le habla a otro; y en el Esp\u00edritu Santo que habita en nosotros y nos mueve desde adentro ense\u00f1\u00e1ndonos a clamar \u2013como dec\u00eda san Pablo\u2013 &#8220;Abba&#8221; (que significa Padre o Pap\u00e1).<\/em><\/p>\n<p><em>Hoy tom\u00e9monos cinco o diez minutos, miremos al cielo, miremos algo de la creaci\u00f3n de Dios, algo de lo que Dios ha hecho para nosotros, porque todo es don. Recitemos el Padre Nuestro como nunca lo hayamos hecho; recitalo al ritmo del coraz\u00f3n y no al de los labios que muchas veces repiten sin saber qu\u00e9 es lo que dicen. No lo repitas; decilo, pensalo, escuch\u00e1 lo que dec\u00eds, imagin\u00e1 lo que rez\u00e1s, sent\u00ed lo que pens\u00e1s&#8230;<\/em><\/p>\n<p><em>Y terminemos agradeciendo la simplicidad y la sencillez de esta oraci\u00f3n; la oraci\u00f3n m\u00e1s completa, m\u00e1s plena, m\u00e1s necesaria de todo cristiano, de todo hijo de Dios.<\/em><\/p>\n<p><em>&#8220;Gracias Jes\u00fas por ense\u00f1arnos a orar, gracias por dejarnos el Padre Nuestro; gracias por permitirnos llamar a Dios como &#8220;Padre&#8221;, como tu Padre, como nuestro Padre; gracias por hacernos hijos, gracias por dejarnos compartir el ser hijos y el no creernos due\u00f1os de nuestra vida&#8221;.<\/em><\/p>\n<p><em>Hoy al rezar el Padre Nuestro no dejes de mirar tambi\u00e9n a los dem\u00e1s como hermanos; no dejes de pedir por todos los hijos de nuestro Padre, especialmente por los que menos sienten su presencia; no dejes de perdonar a los que te ofendieron; no dejes de intentar hacer su voluntad; no te dejes vencer por el pecado; no te dejes vencer por la tentaci\u00f3n, por la prueba, por el maligno que quiere alejarnos del Padre; no dejes de elegir lo mejor, aquello que nadie te puede quitar, la mejor parte.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abPadre, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino, danos cada d\u00eda nuestro pan cotidiano, perdona nuestros pecados porque tambi\u00e9n nosotros perdonamos a aquellos que nos ofenden, y no nos dejes caer la tentaci\u00f3n\u00bb.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un d\u00eda, Jes\u00fas estaba orando en cierto lugar, y cuando termin\u00f3, uno de sus disc\u00edpulos le dijo: &#8220;Se\u00f1or, ens\u00e9\u00f1anos a orar, as\u00ed como Juan ense\u00f1\u00f3 a sus disc\u00edpulos&#8221;. 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