{"id":2980,"date":"2023-10-14T00:00:37","date_gmt":"2023-10-14T03:00:37","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=2980"},"modified":"2023-10-12T19:49:04","modified_gmt":"2023-10-12T22:49:04","slug":"xxvii-sabado-durante-el-ano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/xxvii-sabado-durante-el-ano\/","title":{"rendered":"XXVII S\u00e1bado durante el a\u00f1o"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-2980-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/14octubre-audio-XXVII-SabadoAno.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/14octubre-audio-XXVII-SabadoAno.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/14octubre-audio-XXVII-SabadoAno.mp3<\/a><\/audio>\n<p><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/14octubre-audio-XXVII-SabadoAno.zip\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2583\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/descargarMP3-100x100-1.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"100\" \/><\/a>Cuando Jes\u00fas termin\u00f3 de hablar, una mujer levant\u00f3 la voz en medio de la multitud y le dijo: \u00ab\u00a1Feliz el seno que te llev\u00f3 y los pechos que te amamantaron!\u00bb<\/p>\n<p>Jes\u00fas le respondi\u00f3: \u00abFelices m\u00e1s bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican.\u00bb<\/p>\n<p><strong>Palabra del Se\u00f1or<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p><em>Siempre al terminar una semana, una semana de trabajo, una semana donde a veces no tenemos tanto tiempo para dedicarle a lo que decimos simb\u00f3licamente, o de manera concreta tambi\u00e9n, a las cosas de Dios. Pero que tambi\u00e9n esa frase tiene su peligro, porque como que dividimos, como que parece que las cosas de Dios est\u00e1n fuera de nuestra vida ordinaria, separadas. Y, sin embargo, siempre tenemos que decir que las cosas de Dios finalmente son tambi\u00e9n nuestras cosas, que las cosas de Dios son las cosas de este mundo, por supuesto, las que se orientan a \u00e9l. Pero desde que Dios se hizo hombre, desde que el Hijo de Dios se encarn\u00f3 en Mar\u00eda y naci\u00f3 entre nosotros y vivi\u00f3 como nosotros, padeci\u00f3 tambi\u00e9n como padecemos nosotros, se alegr\u00f3 como nosotros; desde ese instante, que cambi\u00f3 la historia de la humanidad, el mundo es cosa de Dios, fundamentalmente porque \u00e9l lo toc\u00f3, \u00e9l se hizo hombre. Y, por lo tanto, no deber\u00edamos separar. No deber\u00edamos decir que las cosas de Dios son, por ejemplo, hacer algo para \u00e9l, un apostolado, la oraci\u00f3n, la adoraci\u00f3n, nuestra participaci\u00f3n en la misa; sino que tambi\u00e9n las cosas de Dios son las cosas de cada d\u00eda: nuestra familia, nuestro trabajo, nuestros silencios, nuestros cansancios, nuestras alegr\u00edas, nuestras tristezas.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>Todo es de Dios si yo se lo entrego a \u00e9l. Por supuesto que lo \u00fanico que no es de Dios es el pecado y la mundanidad, o sea, la mentalidad de este mundo que va en contra de la verdad, del amor, de la belleza y todo lo que Dios desea que reluzca en este mundo. Por eso, aunque aparentemente no nos hayamos ocupado de las cosas de Dios en una semana, tenemos que decir que todo fue de Dios. Aprovechemos para ofrec\u00e9rselo a \u00e9l y decirle: \u00abSe\u00f1or, aunque no te tuve tan presente, aunque no te pens\u00e9, aunque no te rec\u00e9 tanto, bueno, te ofrezco todo. Te ofrezco todo lo que hice, aunque en su momento no me di cuenta\u00bb. Y aprendamos a transformar en cosas de Dios todo lo que hacemos, desde que abrimos los ojos hasta que nos acostamos, incluso nuestro sue\u00f1o. Porque como dice el salmo: \u00abHasta de noche me instruyes internamente\u00bb. \u00a1Tengo siempre presente al Se\u00f1or: con \u00e9l a mi derecha no vacilare!\u00bb. Hasta en los sue\u00f1os podemos tener presente al Se\u00f1or. Hasta en los sue\u00f1os Dios nos puede mandar un mensaje, nos puede decir algo.<\/em><\/p>\n<p><em>Bueno, y Algo del Evangelio de hoy, Jes\u00fas responde algo muy importante, que nos tiene que hacer mucho bien y hacer reflexionar demasiado: \u00abFelices m\u00e1s bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican\u00bb. \u00bfPor qu\u00e9 Jes\u00fas dijo esto ante esa especie de alabanza, esa mujer que levant\u00f3 su voz en medio de la multitud y le dijo: \u00ab\u00a1Feliz el seno que te llev\u00f3 y los pechos que te amamantaron!\u00bb ?; como diciendo \u00abes feliz la Virgen porque ella te tuvo, porque ella te amamant\u00f3, porque ella te llev\u00f3 en su vientre, porque ella te tuvo en sus brazos\u00bb. S\u00ed, es verdad. Seguramente la Virgen fue feliz por ese v\u00ednculo tambi\u00e9n de sangre, porque Jes\u00fas tambi\u00e9n tuvo la sangre de Mar\u00eda. Sin embargo, esta mujer, al levantar la voz as\u00ed, se olvid\u00f3 una parte o no la sab\u00eda y es por eso que Jes\u00fas nos ense\u00f1a que la verdadera felicidad no se basa en cosas meramente humanas, en v\u00ednculos de sangre por m\u00e1s lindos que sean y por m\u00e1s bien que nos hagan, por supuesto, porque nuestra familia es el gran regalo de Dios. Pero todos sabemos y tenemos la experiencia que a veces los v\u00ednculos de sangre no son los que hubi\u00e9semos so\u00f1ado, los v\u00ednculos de sangre a veces no se comportan como quisi\u00e9ramos, los v\u00ednculos de sangre incluso nos han herido y mucho m\u00e1s las cosas de este mundo. No somos felices simplemente por tener cosas, no somos felices porque nuestros proyectos vayan para adelante y salgan como quisi\u00e9ramos, sino que la verdadera felicidad, que tenemos que aspirar, es la de escuchar y vivir; escuchar lo que Dios nos dice, que podr\u00edamos resumirlo en una gran palabra: \u00abTe amo. Yo te amo, yo te di la vida.\u201d<\/em><\/p>\n<p><em>Te di todo para que la disfrutes, pero tambi\u00e9n para que pongas tu mirada en el cielo, para que te des cuenta de que, en realidad, tu vida es para entregarla y para llegar a la Vida eterna, donde ah\u00ed s\u00ed, verdaderamente, seremos felices y en donde incluso, debemos decir los v\u00ednculos de sangre no ser\u00e1n los de esta tierra\u00bb. Llevaremos todos la misma sangre del Hijo de Dios, que la derram\u00f3 por nosotros y se entreg\u00f3, y viviremos una hermandad verdadera, profunda, duradera y eterna y una felicidad que no nos caber\u00e1 en el coraz\u00f3n. Porque ser\u00e1 tan grande que \u00abni el ojo vio, ni el o\u00eddo oy\u00f3, aquello que Dios tiene preparado para los que lo aman\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>Concentr\u00e9monos en buscar esa felicidad. Todo lo dem\u00e1s es pasajero, incluso los v\u00ednculos de sangre. Felices seremos si hoy escuchamos la Palabra de Dios, esto que nos regal\u00f3 el Evangelio de hoy, y lo practicamos.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando Jes\u00fas termin\u00f3 de hablar, una mujer levant\u00f3 la voz en medio de la multitud y le dijo: \u00ab\u00a1Feliz el seno que te llev\u00f3 y los pechos que te amamantaron!\u00bb Jes\u00fas le respondi\u00f3: \u00abFelices m\u00e1s bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican.\u00bb Palabra del Se\u00f1or Comentario Siempre al terminar una semana, [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":2981,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[25],"tags":[9],"class_list":["post-2980","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-lucas","tag-lucas"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2980","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2980"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2980\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2987,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2980\/revisions\/2987"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2981"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2980"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2980"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2980"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}