{"id":3032,"date":"2023-10-23T00:00:24","date_gmt":"2023-10-23T03:00:24","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=3032"},"modified":"2023-10-22T12:43:32","modified_gmt":"2023-10-22T15:43:32","slug":"xxix-lunes-durante-el-ano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/xxix-lunes-durante-el-ano\/","title":{"rendered":"XXIX Lunes durante el a\u00f1o"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-3032-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/23octubre-audio-XXIX-LunesAno.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/23octubre-audio-XXIX-LunesAno.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/23octubre-audio-XXIX-LunesAno.mp3<\/a><\/audio>\n<p><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/23octubre-audio-XXIX-LunesAno.zip\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2583\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/descargarMP3-100x100-1.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"100\" \/><\/a>En aquel tiempo: Uno de la multitud le dijo: \u00abMaestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia.\u00bb<\/p>\n<p>Jes\u00fas le respondi\u00f3: \u00abAmigo, \u00bfqui\u00e9n me ha constituido juez o \u00e1rbitro entre ustedes?\u00bb Despu\u00e9s les dijo: \u00abCu\u00eddense de toda avaricia, porque aun en medio de la abundancia, la vida de un hombre no est\u00e1 asegurada por sus riquezas.\u00bb<\/p>\n<p>Les dijo entonces una par\u00e1bola: \u00abHab\u00eda un hombre rico, cuyas tierras hab\u00edan producido mucho, y se preguntaba a s\u00ed mismo: &#8220;\u00bfQu\u00e9 voy a hacer? No tengo d\u00f3nde guardar mi cosecha.&#8221; Despu\u00e9s pens\u00f3: &#8220;Voy a hacer esto: demoler\u00e9 mis graneros, construir\u00e9 otros m\u00e1s grandes y amontonar\u00e9 all\u00ed todo mi trigo y mis bienes, y dir\u00e9 a mi alma: Alma m\u00eda, tienes bienes almacenados para muchos a\u00f1os; descansa, come, bebe y date buena vida.&#8221;<\/p>\n<p>Pero Dios le dijo: &#8220;Insensato, esta misma noche vas a morir. \u00bfY para qui\u00e9n ser\u00e1 lo que has amontonado?&#8221;<\/p>\n<p>Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para s\u00ed, y no es rico a los ojos de Dios.\u00bb<\/p>\n<p><strong>Palabra del Se\u00f1or<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p><em>\u00a1Qu\u00e9 dif\u00edcil es tener las cosas claras y distintas -como se dice- para darle a cada cosa, por decirlo de alguna manera, lo que corresponde: \u00abAl C\u00e9sar lo que es del C\u00e9sar, y a Dios, lo que es de Dios\u00bb! Parece tan obvio, parece tan f\u00e1cil, pero la verdad es que son pocos los cristianos que saben darle a cada cosa su lugar y su tiempo. Tendemos a oponer o tendemos a mezclar. Oponer lo de este mundo a las realidades espirituales, como si fueran de otro mundo, es la tentaci\u00f3n a veces m\u00e1s cotidiana y m\u00e1s te\u00f1ida de aparente bondad. Mezclar las cosas hasta el punto de no saber bien qu\u00e9 es cada cosa y atribuirle a Dios lo que no es de \u00e9l, o al rev\u00e9s, es la tentaci\u00f3n tambi\u00e9n m\u00e1s tentadora. Esta verdad, que escuchamos en el evangelio de ayer, no se juega solo en una elecci\u00f3n presidencial, en cuestiones pol\u00edticas -como nos pasa a cada uno de nosotros en nuestros pa\u00edses, como algunos nos quieren hacer creer-, sino que se juega en cada decisi\u00f3n.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>Una vez, me acuerdo, cuando fui a votar, lo hice en menos de cinco minutos y entonces, al salir del llamado \u00abcuarto oscuro\u00bb, en tono de risa y medio simb\u00f3licamente le dije al presidente de la mesa: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 milagro, no puedo creer que esto haya sido tan r\u00e1pido!\u00bb Y \u00e9l me contest\u00f3: \u00abEs por los rezos, padre\u00bb. Me re\u00ed y le contest\u00e9: \u00abLos rezos en realidad creo que no tienen mucho que ver con esto. Esto es gracias a que las cosas est\u00e1n bien organizadas\u00bb. Entiendo que us\u00e9 mal la palabra \u00abmilagro\u00bb y entiendo que \u00e9l tambi\u00e9n me lo dijo en forma simb\u00f3lica, pero casi sin darme cuenta lo que le quise decir es \u00abal C\u00e9sar lo que es del C\u00e9sar, y a Dios, lo que es de Dios\u00bb. No hay que meter a Dios en cualquier cosa, aunque \u00e9l est\u00e1 de alguna manera en todo lo que pasa, porque tambi\u00e9n lo permite. Aunque \u00e9l est\u00e1 en todo, no hay que atribuirle a Dios lo que en realidad deber\u00edamos hacer nosotros y no hay que atribuirle a los C\u00e9sares de este mundo lo que en realidad es de Dios. Estos d\u00edas vamos a ir desgranando este tema, que es bastante complejo.<\/em><\/p>\n<p><em>Algo del Evangelio de hoy nos ayuda a seguir comprendiendo lo de ayer. Vemos que a Jes\u00fas hay que hablarle para cosas importantes. No hay que meterlo en lo que en realidad tenemos que resolver nosotros: \u00abAmigo, \u00bfqui\u00e9n me ha constituido juez o \u00e1rbitro entre ustedes?\u00bb Jes\u00fas no est\u00e1 para eso, no est\u00e1 para las mezquindades de este mundo. \u00c9l no est\u00e1 para solucionarnos los problemas econ\u00f3micos, de dinero con los dem\u00e1s. \u00c9l no est\u00e1 para satisfacer nuestras \u00abavaricias y ambiciones\u00bb, que nos hacen olvidarnos de lo m\u00e1s importante: \u00abA Dios lo que es de Dios\u00bb. A veces somos as\u00ed, acudimos a Dios para que nos solucione problemas mundanos, que en definitiva \u00e9l nos ayuda a resolver; pero no por un \u00abtoque m\u00e1gico\u00bb, sino porque con su amor y ense\u00f1anzas nos da el criterio para saber decidir nosotros lo mejor. Aun con el riesgo de equivocarnos, nos da esa libertad.<\/em><\/p>\n<p><em>Al contrario, Jes\u00fas est\u00e1 para salvarnos de toda avaricia, que finalmente lo \u00fanico que logra es que nos quedemos hablando con \u00abnosotros mismos\u00bb; como el hombre de la par\u00e1bola de Algo del Evangelio de hoy que termina con la \u00abpanza para arriba\u00bb pensando que su vida estaba en sus manos, en sus propias manos, que hab\u00eda logrado todo lo necesario y que a partir de ese momento pod\u00eda empezar a \u00abcomer, beber y darse buena vida\u00bb, o sea, disfrutar olvid\u00e1ndose de los dem\u00e1s, del pr\u00f3jimo. \u00bfCon qui\u00e9n habl\u00f3 este hombre? Con \u00e9l mismo, solo con \u00e9l. \u00bfEn qui\u00e9n pens\u00f3? En \u00e9l mismo. \u00bfY Dios? \u00bfY los dem\u00e1s? Brillan por su ausencia en la vida del avaro que solo acude a Dios cuando lo necesita para satisfacer un capricho personal. Este hombre evidentemente no supo darle a \u00abDios lo que era de \u00e9l\u00bb, o sea, su coraz\u00f3n entero.<\/em><\/p>\n<p><em>La falta de criterio por no escuchar a Dios nos va atrofiando el coraz\u00f3n y por m\u00e1s que seamos muy buenos, por m\u00e1s que hagamos cosas muy buenas, sin di\u00e1logo con Dios, sin nuestros silencios para poder escucharlo, nuestras palabras se van transformando en mon\u00f3logos, o en di\u00e1logo entre yo y yo mismo. Muy aburrido.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00bfConoces esas personas que hablan y se contestan ellas mismas y que hablan con vos pero al mismo tiempo nunca te dejan que les contestes? Son las personas que les encanta hablar y les encanta escucharse a ellas mismas, como el hombre de la par\u00e1bola de hoy. \u00a1Puro ego\u00edsmo! \u00a1Qu\u00e9 triste terminar as\u00ed! \u00a1Qu\u00e9 triste esas personas que no saben escuchar, que no saben \u00abparar la oreja\u00bb para saber qu\u00e9 les pasa a los dem\u00e1s, qu\u00e9 quiere Dios de su vida! \u00a1Qu\u00e9 insensatos que somos a veces! \u00a1Qu\u00e9 tontos que somos a veces, qu\u00e9 infantiles! No sabemos si hoy ser\u00e1 el \u00faltimo d\u00eda de nuestra vida y no terminamos de entenderlo. Y por eso vivimos como si nunca fu\u00e9ramos a morir, y as\u00ed podemos pasar d\u00edas y a\u00f1os sin darle a Jes\u00fas lo que le corresponde.<\/em><\/p>\n<p><em>Tener claro esto es lo que nos ayuda a que salgamos de nuestro \u00abyo\u00bb ego\u00edsta y avaro para dejar de acumular sin sentido en este mundo y empezar a abrirnos a los dem\u00e1s. La escucha diaria de la Palabra nos abre siempre los o\u00eddos del alma para no dejar nunca de hablar con nuestro Padre; y escuch\u00e1ndolo sepamos decidir lo mejor para nuestras vidas y la vida de los dem\u00e1s, d\u00e1ndole siempre prioridad a \u00e9l sin dejar de vivir en este mundo, que -dicho sea de paso- tambi\u00e9n es de \u00e9l.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En aquel tiempo: Uno de la multitud le dijo: \u00abMaestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia.\u00bb Jes\u00fas le respondi\u00f3: \u00abAmigo, \u00bfqui\u00e9n me ha constituido juez o \u00e1rbitro entre ustedes?\u00bb Despu\u00e9s les dijo: \u00abCu\u00eddense de toda avaricia, porque aun en medio de la abundancia, la vida de un hombre no est\u00e1 asegurada por [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":3033,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[25],"tags":[9],"class_list":["post-3032","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-lucas","tag-lucas"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3032","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3032"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3032\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3036,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3032\/revisions\/3036"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media\/3033"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3032"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3032"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3032"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}