{"id":3286,"date":"2023-12-10T00:00:05","date_gmt":"2023-12-10T03:00:05","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=3286"},"modified":"2023-12-09T10:29:33","modified_gmt":"2023-12-09T13:29:33","slug":"ii-domingo-de-adviento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/ii-domingo-de-adviento\/","title":{"rendered":"II Domingo de Adviento"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-3286-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/10diciembre-audio-II-DomingoAdviento-B.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/10diciembre-audio-II-DomingoAdviento-B.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/10diciembre-audio-II-DomingoAdviento-B.mp3<\/a><\/audio>\n<p><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/10diciembre-audio-II-DomingoAdviento-B.zip\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2583\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/descargarMP3-100x100-1.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"100\" \/><\/a>Comienzo de la Buena Noticia de Jes\u00fas, Mes\u00edas, Hijo de Dios.<\/p>\n<p>Como est\u00e1 escrito en el libro del profeta Isa\u00edas:<\/p>\n<p>\u00abMira, yo env\u00edo a mi mensajero delante de ti para prepararte el camino. Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Se\u00f1or, allanen sus senderos,\u00bb as\u00ed se present\u00f3 Juan el Bautista en el desierto, proclamando un bautismo de conversi\u00f3n para el perd\u00f3n de los pecados. Toda la gente de Judea y todos los habitantes de Jerusal\u00e9n acud\u00edan a \u00e9l, y se hac\u00edan bautizar en las aguas del Jord\u00e1n, confesando sus pecados.<\/p>\n<p>Juan estaba vestido con una piel de camello y un cintur\u00f3n de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo: \u00abDetr\u00e1s de m\u00ed vendr\u00e1 el que es m\u00e1s poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero \u00e9l los bautizar\u00e1 con el Esp\u00edritu Santo.\u00bb<\/p>\n<p><strong>Palabra del Se\u00f1or<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p><em>A veces resulta dif\u00edcil seguir el hilo de lo que, domingo a domingo, se nos va proponiendo para meditar. Parece casi imposible seguir el ritmo de lo que la Palabra de Dios nos propone, pero no hay que perder el \u00e1nimo. Hay que \u00abbajar un cambio\u00bb y hacer el esfuerzo. Esto no es un examen escolar. La idea no es intentar escuchar todo para \u00abhacer\u00bb toda la tarea como quien tiene que cumplir, sino que lo ideal es escuchar y discernir, o sea, distinguir qu\u00e9 es para m\u00ed y qu\u00e9 no es para m\u00ed en este momento \u2013que podr\u00e1 serlo en otro\u2013. Qu\u00e9 es para m\u00ed en este momento y qu\u00e9 no, y no tanto un escuchar por escuchar. La Iglesia, especialmente los domingos y en los tiempos como adviento, nos ayuda a organizarnos, nos arma \u2013digamos as\u00ed\u2013 un esquema en el que pedag\u00f3gicamente nos quiere llevar de la mano a un mismo fin; pero eso no quiere decir que todos lleguemos ahora y de la misma manera. Cada uno de nosotros est\u00e1 en momentos y situaciones especiales. Cada uno de nosotros llega a este tiempo de modos y con vivencias distintas. No somos iguales y no tenemos porqu\u00e9 serlo. La propuesta es la misma para todos, pero la respuesta es tan diversa como los tipos de oyentes que la reciban.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>La propuesta del adviento la presentamos la semana pasada. \u00bfTe acord\u00e1s? Un primer domingo para despertar de alguna manera, por eso hay que estar en vela, vigilantes. Y hoy, en este segundo domingo, de alg\u00fan modo se nos propone el tema de la conversi\u00f3n. Por eso, aparece la figura de Juan el Bautista, que no puede faltar en este tiempo. \u00c9l siempre aparece cuando en realidad hay que ir desapareciendo, cuando hay que abrir las puertas del coraz\u00f3n; pero para dejarlas abiertas y que nadie se quede ah\u00ed. Es una met\u00e1fora, una forma de decir. \u00bfA qui\u00e9n se le ocurre quedarse en la puerta despu\u00e9s de abrirla, como tapando la entrada? \u00bfA qui\u00e9n se le ocurre abrir una puerta y quedarse ah\u00ed tap\u00e1ndola, parado para no dejar pasar a nadie?<\/em><\/p>\n<p><em>Bueno, Juan el Bautista es eso para nosotros, para la historia de la salvaci\u00f3n, para este adviento que empezamos. Es el que abri\u00f3 la puerta para dar paso a Cristo y jam\u00e1s se le ocurri\u00f3 quedarse ah\u00ed para molestar; sino todo lo contrario, la abri\u00f3 para apartarse y que todos podamos pasar y estar con Jes\u00fas. \u00abDetr\u00e1s de m\u00ed vendr\u00e1 el que es m\u00e1s poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias\u00bb. La conversi\u00f3n que se nos propone es la conversi\u00f3n de la humildad, tanto para recibir la salvaci\u00f3n como para ser canal de ella. Sin humildad no es posible recibir profundamente a Cristo en el coraz\u00f3n, y sin humildad es infecundo nuestro trabajo en la Iglesia para llevar a Cristo a los dem\u00e1s.<\/em><\/p>\n<p><em>Juan Bautista vivi\u00f3 las dos dimensiones de la humildad: la que recibe sin nada a cambio, la que recibe sabiendo que todo debe recibirlo, la que recibe sabiendo que lo grande viene de lo alto; y, por otro lado, la humildad que da sabiendo que es necesario desaparecer, la que da reconociendo que siempre viene algo mejor, la que da no crey\u00e9ndose el due\u00f1o de lo dado.<\/em><\/p>\n<p><em>Para recibir a Jes\u00fas ni\u00f1o en esta navidad y todos los d\u00edas, es indispensable seguir el camino de la humildad, convertirse d\u00eda a d\u00eda, cambiar de mentalidad a cada instante, cambiar nuestra manera de encarar las cosas, de planearlas, de so\u00f1arlas. Las grandezas de este mundo, las grandezas con las que se \u00abagranda\u00bb nuestro coraz\u00f3n, no se condicen con la grandeza de Algo del Evangelio de hoy y la que se nos propone en este adviento.<\/em><\/p>\n<p><em>La segunda lectura de hoy dice algo muy fuerte y directo que nos ayuda tambi\u00e9n a reflexionar en esta l\u00ednea: \u00abEl Se\u00f1or no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan\u00bb. \u00c9l nos quiere humildes, nos necesita humildes, por la sencilla raz\u00f3n de que es la mejor manera de que se cumpla su voluntad ac\u00e1 en la tierra. No es un \u00abaderezo\u00bb m\u00e1s al plan de salvaci\u00f3n, sino que es la condici\u00f3n para que se d\u00e9 la salvaci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>El que no se reconoce humilde y necesitado jam\u00e1s desear\u00e1 recibir algo distinto a lo que tiene. El que no se reconoce deseoso de conversi\u00f3n, de cambio, es el que no considera que la propuesta de Jes\u00fas es mucho m\u00e1s feliz y superadora que la nuestra.<\/em><\/p>\n<p><em>Y, por otro lado, el que no es humilde para transmitir, no puede ser puente para que otros descubran a Jes\u00fas. El que no desaparece para dejar que aparezca el verdadero salvador, es el que sin querer se considera salvador de los otros. Vivimos esa paradoja. La maravilla de ser salvados y de alguna manera \u00absalvadores\u00bb de otros; pero no por nosotros mismos, sino por el misterio del amor de Jes\u00fas que act\u00faa en nosotros.<\/em><\/p>\n<p><em>Que este segundo domingo de adviento nos ayude a darnos cuentas que sin \u00e9l no ser\u00edamos nada, que \u00e9l nos pide una vez m\u00e1s que cambiemos algo de nosotros para dejar que sea \u00e9l el salvador en tantos corazones que lo necesitan \u2013sin olvidar que los primeros necesitados somos vos y yo\u2013.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Comienzo de la Buena Noticia de Jes\u00fas, Mes\u00edas, Hijo de Dios. Como est\u00e1 escrito en el libro del profeta Isa\u00edas: \u00abMira, yo env\u00edo a mi mensajero delante de ti para prepararte el camino. 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