{"id":3334,"date":"2023-12-19T00:00:48","date_gmt":"2023-12-19T03:00:48","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=3334"},"modified":"2023-12-18T10:31:19","modified_gmt":"2023-12-18T13:31:19","slug":"feria-de-adviento-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/feria-de-adviento-2\/","title":{"rendered":"Feria de Adviento"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-3334-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/19diciembre-audio-III-MartesAdviento-B.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/19diciembre-audio-III-MartesAdviento-B.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/19diciembre-audio-III-MartesAdviento-B.mp3<\/a><\/audio>\n<p><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/19diciembre-audio-III-MartesAdviento-B.zip\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2583\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/descargarMP3-100x100-1.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"100\" \/><\/a>En tiempos de Herodes, rey de Judea, hab\u00eda un sacerdote llamado Zacar\u00edas, de la clase sacerdotal de Ab\u00edas. Su mujer, llamada Isabel, era descendiente de Aar\u00f3n. Ambos eran justos a los ojos de Dios y segu\u00edan en forma irreprochable todos los mandamientos y preceptos del Se\u00f1or. Pero no ten\u00edan hijos, porque Isabel era est\u00e9ril; y los dos eran de edad avanzada.<\/p>\n<p>Un d\u00eda en que su clase estaba de turno y Zacar\u00edas ejerc\u00eda la funci\u00f3n sacerdotal delante de Dios, le toc\u00f3 en suerte, seg\u00fan la costumbre lit\u00fargica, entrar en el Santuario del Se\u00f1or para quemar el incienso. Toda la asamblea del pueblo permanec\u00eda afuera, en oraci\u00f3n, mientras se ofrec\u00eda el incienso.<\/p>\n<p>Entonces se le apareci\u00f3 el \u00c1ngel del Se\u00f1or, de pie, a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacar\u00edas qued\u00f3 desconcertado y tuvo miedo. Pero el \u00c1ngel le dijo: \u00abNo temas, Zacar\u00edas; tu s\u00faplica ha sido escuchada. Isabel, tu esposa, te dar\u00e1 un hijo al que llamar\u00e1s Juan. El ser\u00e1 para ti un motivo de gozo y de alegr\u00eda, y muchos se alegrar\u00e1n de su nacimiento, porque ser\u00e1 grande a los ojos del Se\u00f1or. No beber\u00e1 vino ni bebida alcoh\u00f3lica; estar\u00e1 lleno del Esp\u00edritu Santo desde el seno de su madre, y har\u00e1 que muchos israelitas vuelvan al Se\u00f1or, su Dios. Preceder\u00e1 al Se\u00f1or con el esp\u00edritu y el poder de El\u00edas, para reconciliar a los padres con sus hijos y atraer a los rebeldes a la sabidur\u00eda de los justos, preparando as\u00ed al Se\u00f1or un Pueblo bien dispuesto.\u00bb<\/p>\n<p>Pero Zacar\u00edas dijo al \u00c1ngel: \u00ab\u00bfC\u00f3mo puedo estar seguro de esto? Porque yo soy anciano y mi esposa es de edad avanzada.\u00bb<\/p>\n<p>El \u00c1ngel le respondi\u00f3: \u00abYo soy Gabriel, el que est\u00e1 delante de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte esta buena noticia. Te quedar\u00e1s mudo, sin poder hablar hasta el d\u00eda en que sucedan estas cosas, por no haber cre\u00eddo en mis palabras, que se cumplir\u00e1n a su debido tiempo.\u00bb<\/p>\n<p>Mientras tanto, el pueblo estaba esperando a Zacar\u00edas, extra\u00f1ado de que permaneciera tanto tiempo en el Santuario. Cuando sali\u00f3, no pod\u00eda hablarles, y todos comprendieron que hab\u00eda tenido alguna visi\u00f3n en el Santuario. El se expresaba por se\u00f1as, porque se hab\u00eda quedado mudo.<\/p>\n<p>Al cumplirse el tiempo de su servicio en el Templo, regres\u00f3 a su casa. Poco despu\u00e9s, su esposa Isabel concibi\u00f3 un hijo y permaneci\u00f3 oculta durante cinco meses. Ella pensaba: \u00abEsto es lo que el Se\u00f1or ha hecho por m\u00ed, cuando decidi\u00f3 librarme de lo que me avergonzaba ante los hombres.\u00bb<\/p>\n<p><strong>Palabra del Se\u00f1or<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p><em>En esta \u00faltima semana hacia el nacimiento de nuestro Dios, un Dios bastante particular, un Dios que se hizo ni\u00f1o, se hizo beb\u00e9, el \u00abDios con nosotros\u00bb, el que vino a tener una experiencia de amor con cada uno de nosotros; podemos preguntarnos: \u00bfD\u00f3nde se encuentra un Dios as\u00ed? Es poco lo que se puede decir hoy de Algo del Evangelio porque es bastante largo, queda m\u00e1s lugar para la Palabra que para lo que se pueda decir. Por eso, prefiero solo animarte y animarme, para que tambi\u00e9n yo me lo pregunte porque lo necesito, a continuar en estos d\u00edas con esta actitud de RECIBIR, con una actitud receptiva. Ya lo dijimos: no tanto hacer, sino la actitud de recibir al ni\u00f1o. Esta es la mejor forma de continuar en estos d\u00edas, no hacer mucho m\u00e1s que esto.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>En realidad, creo que estos d\u00edas de a poquito debemos ir call\u00e1ndonos, apagando un poco las radios, las televisiones, los celulares, las computadoras. Dejar un poco de tanto ruido para poder hacer silencio. Solo en el silencio podremos comprender algo m\u00e1s de la Navidad. No el silencio que proviene de la duda y desconfianza hacia Dios, como le pas\u00f3 a Zacar\u00edas, que call\u00f3 porque en el fondo dudo o no pudo hablar m\u00e1s, hasta el nacimiento de Juan, sino todo contrario: el silencio maduro, el silencio que proviene de la fe, el que surge de considerar que todo lo que podamos decir a veces est\u00e1 dem\u00e1s; que todo lo que intentemos agregar lo que hace muchas veces es \u00abempa\u00f1ar\u00bb todo, oscurecer el misterio. Ante el misterio es mejor callar. Cu\u00e1nta palabrer\u00eda a veces, incluso dentro de la Iglesia, en las misas, en los momentos donde deber\u00edamos callar. Cu\u00e1nta palabrer\u00eda a veces frente al Sant\u00edsimo, cuando ante lo sagrado lo mejor es postrarse y callarse.<\/em><\/p>\n<p><em>Intentemos hacer todo esto. Intentemos en estos d\u00edas proponernos en serio frenar un poco, dejar de correr, o bien antes de correr, antes de empezar el d\u00eda o al terminarlo, ir acerc\u00e1ndonos a un pesebre, al de una parroquia o al de tu casa. \u00bfTe acordaste de armar el pesebre? Espero que s\u00ed. Dios est\u00e1 con nosotros, aunque nosotros a veces \u00abno estemos con \u00e9l\u00bb. Dios est\u00e1 en todos lados, aunque nosotros no nos demos cuenta. Dios se manifiesta en donde quiere, aunque nosotros intentemos que se manifieste en donde nosotros queremos.<\/em><\/p>\n<p><em>Una vez rezando un responso, el hijo del difunto, muy agradecido por haber rezado junto a ellos, al final se me acerc\u00f3 para contarme que \u00abahora cre\u00eda en Dios, que ahora cre\u00eda en la Vida eterna\u00bb. \u00bfSab\u00e9s en d\u00f3nde se le manifest\u00f3 Dios? \u00bfQu\u00e9 fue lo que hizo que empiece a creer as\u00ed, de golpe, digamos? \u00bfSab\u00e9s qu\u00e9 fue? La mirada de su padre antes de morir; la mirada intensa, llena de amor de su padre al despedirse, al entregar su vida, o sea, crey\u00f3 ante la muerte. Me dijo: \u00abPadre, cuando mi pap\u00e1 me mir\u00f3 as\u00ed, con ese amor tan intenso, yo me dije: \u201cExiste algo despu\u00e9s de esta vida. Dios tiene que existir si hay tanto amor\u201d\u00bb. \u00a1Qu\u00e9 maravilla! \u00a1Cu\u00e1nto me ense\u00f1\u00f3! Teolog\u00eda pura en una experiencia concreta y real.<\/em><\/p>\n<p><em>Incre\u00edble, pero en realidad muy cre\u00edble para los que creemos en que Dios es amor, y donde hay amor, ah\u00ed est\u00e1 Dios. Este hombre lleg\u00f3 a percibirlo en su pap\u00e1, en su \u00faltima mirada. \u00bfD\u00f3nde pretendemos, a veces, nosotros encontrar a Dios? No pretendamos encontrarlo en cosas extra\u00f1as. En donde menos nos imaginamos, a veces en lo m\u00e1s \u00abnormal\u00bb de la vida, en lo m\u00e1s cotidiano, ah\u00ed est\u00e1. \u00bfQui\u00e9n se hubiese imaginado que Dios se har\u00eda un ni\u00f1o indefenso y d\u00e9bil en brazos de una madre pobre y sencilla y humilde, con un pap\u00e1 tambi\u00e9n entregado, justo y generoso? Preparemos el coraz\u00f3n para saber recibirlo en estos d\u00edas, de la forma que \u00e9l quiera.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En tiempos de Herodes, rey de Judea, hab\u00eda un sacerdote llamado Zacar\u00edas, de la clase sacerdotal de Ab\u00edas. Su mujer, llamada Isabel, era descendiente de Aar\u00f3n. Ambos eran justos a los ojos de Dios y segu\u00edan en forma irreprochable todos los mandamientos y preceptos del Se\u00f1or. 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