{"id":3523,"date":"2024-01-24T00:00:03","date_gmt":"2024-01-24T03:00:03","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=3523"},"modified":"2024-01-19T12:18:22","modified_gmt":"2024-01-19T15:18:22","slug":"iii-miercoles-durante-el-ano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/iii-miercoles-durante-el-ano\/","title":{"rendered":"III Mi\u00e9rcoles durante el a\u00f1o"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-3523-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/24enero-audio-III-MiercolesAno-B.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/24enero-audio-III-MiercolesAno-B.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/24enero-audio-III-MiercolesAno-B.mp3<\/a><\/audio>\n<p><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/24enero-audio-III-MiercolesAno-B.zip\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2583\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/descargarMP3-100x100-1.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"100\" \/><\/a>Jes\u00fas comenz\u00f3 a ense\u00f1ar de nuevo a orillas del mar. Una gran multitud se reuni\u00f3 junto a \u00e9l, de manera que debi\u00f3 subir a una barca dentro del mar, y sentarse en ella. Mientras tanto, la multitud estaba en la orilla. \u00c9l les ense\u00f1aba muchas cosas por medio de par\u00e1bolas, y esto era lo que les ense\u00f1aba:<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Escuchen! El sembrador sali\u00f3 a sembrar. Mientras sembraba, parte de la semilla cay\u00f3 al borde del camino, y vinieron los p\u00e1jaros y se la comieron. Otra parte cay\u00f3 en terreno rocoso, donde no ten\u00eda mucha tierra, y brot\u00f3 en seguida porque la tierra era poco profunda; pero cuando sali\u00f3 el sol, se quem\u00f3 y, por falta de ra\u00edz, se sec\u00f3. Otra cay\u00f3 entre las espinas; estas crecieron, la sofocaron, y no dio fruto. Otros granos cayeron en buena tierra y dieron fruto: fueron creciendo y desarroll\u00e1ndose, y rindieron ya el treinta, ya el sesenta, ya el ciento por uno.\u00bb<\/p>\n<p>Y dec\u00eda: \u00ab\u00a1El que tenga o\u00eddos para o\u00edr, que oiga!\u00bb<\/p>\n<p>Cuando se qued\u00f3 solo, los que estaban alrededor de \u00e9l junto con los Doce, le preguntaban por el sentido de las par\u00e1bolas. Y Jes\u00fas les dec\u00eda: \u00abA ustedes se les ha confiado el misterio del Reino de Dios; en cambio, para los de afuera, todo es par\u00e1bola, a fin de que miren y no vean, oigan y no entiendan, no sea que se conviertan y alcancen el perd\u00f3n.<\/p>\n<p>Jes\u00fas les dijo: \u00ab\u00bfNo entienden esta par\u00e1bola? \u00bfC\u00f3mo comprender\u00e1n entonces todas las dem\u00e1s?<\/p>\n<p>El sembrador siembra la Palabra. Los que est\u00e1n al borde del camino, son aquellos en quienes se siembra la Palabra; pero, apenas la escuchan, viene Satan\u00e1s y se lleva la semilla sembrada en ellos.<\/p>\n<p>Igualmente, los que reciben la semilla en terreno rocoso son los que, al escuchar la Palabra, la acogen en seguida con alegr\u00eda; pero no tienen ra\u00edces, sino que son inconstantes y, en cuanto sobreviene la tribulaci\u00f3n o la persecuci\u00f3n a causa de la Palabra, inmediatamente sucumben.<\/p>\n<p>Hay otros que reciben la semilla entre espinas: son los que han escuchado la Palabra, pero las preocupaciones del mundo, la seducci\u00f3n de las riquezas y los dem\u00e1s deseos penetran en ellos y ahogan la Palabra, y esta resulta infructuosa.<\/p>\n<p>Y los que reciben la semilla en tierra buena, son los que escuchan la Palabra, la aceptan y dan fruto al treinta, al sesenta y al ciento por uno.\u00bb<\/p>\n<p><strong>Palabra del Se\u00f1or<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p><em>Las cosas cambian. Nos guste o no, nos cueste o no, cambian. Dec\u00eda san Pablo, en la segunda lectura del domingo pasado, que \u00abla apariencia de este mundo es pasajera\u00bb. Finalmente, todo cambia. Tenemos que aceptarlo. Cambia nuestra vida, cambia nuestra manera de pensar, cambian nuestras actitudes, nuestros sentimientos. Cambian los sentimientos de los que nos rodean. Cambia el mundo, la naturaleza, la mirada tambi\u00e9n de la fe, de c\u00f3mo interpretamos la Palabra. Mientras nosotros, muchas veces, nos empecinamos en que todo se mantenga igual, todo cambia. A algunos les da mucho miedo escuchar esto, porque piensan que, porque las cosas cambian, tiene que cambiar lo esencial. Pero no me refiero a eso.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>Podemos preguntarnos hoy: \u00bfser\u00e1 por eso que nos revelamos ante el cambio?, \u00bfser\u00e1 por eso que no nos gusta cambiar? Creo que, ante la realidad que a veces nos supera, podemos tomar dos actitudes distintas, y a veces opuestas. Una de ellas es la de rebelarnos, la del enojo, la de no aceptar el cambio y mantenernos siempre en lo mismo, la de atarnos a ciertas formas que adquirimos o nos impusieron y que nos impiden ser libres y distintos; en el fondo, ser lo que somos o podemos ser. Por otro lado, el otro extremo ser\u00eda la extrema fascinaci\u00f3n por el cambio, por lo que es siempre nuevo, pero sin criterio, sin discernimiento, solo por la moda de cambiar y, como se dice, \u00abaggiornarse\u00bb a lo que nos imponen. La realidad, nuestra vida, se deber\u00eda \u00abhamacar\u00bb, por decir as\u00ed, entre estos dos polos, en esta tensi\u00f3n constante y permanente: la de aceptar el cambio bebiendo de lo que el pasado nos ense\u00f1a y mirando siempre al futuro que se nos promete.<\/em><\/p>\n<p><em>Jes\u00fas quiere que cambiemos, pero no solo por cambiar, sino para confiar, para creer en \u00e9l, para que pongamos la esperanza en \u00e9l. El que cree sin cambiar, es el que en realidad no cree; solo cree en s\u00ed mismo, en su manera de pensar, en sus proyectos, en lo que \u00e9l considera verdadero. Pero le gusta demasiado ser como es y considera que se est\u00e1 bien as\u00ed. El que cambia, al rev\u00e9s, sin el ancla de la fe, sin creer en Jes\u00fas, sin mirarlo a \u00e9l, sin escucharlo, es el que cambia por cambiar, el que cambia llevado como veleta, que cada viento nuevo que aparece la lleva para un lado o para el otro. Ni una cosa ni la otra. Siempre van las dos de la mano. Son tiempos de la Iglesia as\u00ed, donde parece que hay muchos a los que les gusta estar en extremos contrarios. Sin embargo, creo que el llamado de Dios es a este gran equilibrio entre el creer y cambiar, entre el cambiar y creer.<\/em><\/p>\n<p><em>Algo del Evangelio de hoy nos introduce en las par\u00e1bolas, uno de los modos que eligi\u00f3 Jes\u00fas para hablarnos e instruirnos de las realidades que no podemos ver con nuestros ojos \u2013las realidades del Reino de Dios\u2013, sobre su modo de estar presente entre nosotros, su modo de ejercer su acci\u00f3n en nuestras vidas y, finalmente, la forma en la cual podemos responderle a esta llamada, a esta invitaci\u00f3n. Ser\u00edan esos tres ejes o tres dimensiones del Reino de Dios, del Reino de los Cielos, o podr\u00edamos llamarlo tambi\u00e9n el Reino del Padre y sus hijos.<\/em><\/p>\n<p><em>Una cosa es lo que Dios es, m\u00e1s all\u00e1 de nosotros, de lo que nosotros pensamos, y otra cosa es lo que Dios hace para que podamos descubrirlo; y otra cosa es lo que nosotros somos y hacemos para dejar o no que \u00e9l obre en nuestras vidas. En realidad, es muy tajante decir \u00abuna cosa es esto o lo otro\u00bb, pero, bueno, creo que sirve para entenderlo un poco m\u00e1s y poder vivirlo.<\/em><\/p>\n<p><em>Todo se da junto en nuestro coraz\u00f3n, en nuestra vida. Dios Padre que no se cansa de sembrar, siempre, a tiempo y a destiempo. Siempre siembra en todos lados, en donde parece que nunca brotar\u00e1 y, por supuesto, en las tierras donde estar\u00e1 asegurada la cosecha. Siembra con generosidad, sin c\u00e1lculo, con abundancia; no mezquina nunca. No es como nosotros, que a veces calculamos demasiado. \u00a1Menos mal! La semilla que siembra el Padre es la mejor, siempre. En cierto sentido, no depende de la tierra, sino que en su interior contiene toda la fuerza para crecer, dar fruto y seguir dando semillas.<\/em><\/p>\n<p><em>Y, finalmente, las tierras-corazones, el tuyo y el m\u00edo, son los que \u00abmisteriosamente\u00bb terminan \u00abdefiniendo el partido\u00bb. Porque, por m\u00e1s bueno que sea el sembrador y por m\u00e1s buena que sea la semilla, si la tierra no es apta, si la tierra no se abre o no se cuida, la planta una vez germinada, durante su crecimiento dif\u00edcilmente d\u00e9 frutos y los frutos que el sembrador sue\u00f1a para todos nosotros.<\/em><\/p>\n<p><em>Tremenda responsabilidad que tenemos entre manos. Tenemos al mejor sembrador, las mejores semillas, pero tenemos que trabajar para que nuestros corazones no sean de piedra, cambien y crean que estamos para dar frutos, frutos de santidad, para ofrecerle a nuestro Padre del cielo, ese Padre que no se cansa de creer y cambiar por sus hijos, por vos y por m\u00ed.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jes\u00fas comenz\u00f3 a ense\u00f1ar de nuevo a orillas del mar. Una gran multitud se reuni\u00f3 junto a \u00e9l, de manera que debi\u00f3 subir a una barca dentro del mar, y sentarse en ella. 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