{"id":3715,"date":"2024-02-29T00:00:01","date_gmt":"2024-02-29T03:00:01","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=3715"},"modified":"2024-02-27T10:29:26","modified_gmt":"2024-02-27T13:29:26","slug":"ii-jueves-de-cuaresma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/ii-jueves-de-cuaresma\/","title":{"rendered":"II Jueves de Cuaresma"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-3715-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/02\/29febrero-audio-II-JuevesCuaresma-B.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/02\/29febrero-audio-II-JuevesCuaresma-B.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/02\/29febrero-audio-II-JuevesCuaresma-B.mp3<\/a><\/audio>\n<p><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/02\/29febrero-audio-II-JuevesCuaresma-B.zip\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2583\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/descargarMP3-100x100-1.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"100\" \/><\/a>Jes\u00fas dijo a los fariseos:<\/p>\n<p>\u00abHab\u00eda un hombre rico que se vest\u00eda de p\u00farpura y lino fin\u00edsimo y cada d\u00eda hac\u00eda espl\u00e9ndidos banquetes. A su puerta, cubierto de llagas, yac\u00eda un pobre llamado L\u00e1zaro, que ansiaba saciarse con lo que ca\u00eda de la mesa del rico; y hasta los perros iban a lamer sus llagas.<\/p>\n<p>El pobre muri\u00f3 y fue llevado por los \u00e1ngeles al seno de Abraham. El rico tambi\u00e9n muri\u00f3 y fue sepultado.<\/p>\n<p>En la morada de los muertos, en medio de los tormentos, levant\u00f3 los ojos y vio de lejos a Abraham, y a L\u00e1zaro junto a \u00e9l. Entonces exclam\u00f3: &#8220;Padre Abraham, ten piedad de m\u00ed y env\u00eda a L\u00e1zaro para que moje la punta de su dedo en el agua y refresque mi lengua, porque estas llamas me atormentan.&#8221;<\/p>\n<p>Hijo m\u00edo, respondi\u00f3 Abraham, recuerda que has recibido tus bienes en vida y L\u00e1zaro, en cambio, recibi\u00f3 males; ahora \u00e9l encuentra aqu\u00ed su consuelo, y t\u00fa, el tormento. Adem\u00e1s, entre ustedes y nosotros se abre un gran abismo. De manera que los que quieren pasar de aqu\u00ed hasta all\u00ed no pueden hacerlo, y tampoco se puede pasar de all\u00ed hasta aqu\u00ed.&#8221;<\/p>\n<p>El rico contest\u00f3: &#8220;Te ruego entonces, padre, que env\u00edes a L\u00e1zaro a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos: que \u00e9l los prevenga, no sea que ellos tambi\u00e9n caigan en este lugar de tormento.&#8221;<\/p>\n<p>Abraham respondi\u00f3: &#8220;Tienen a Mois\u00e9s y a los Profetas; que los escuchen.&#8221;<\/p>\n<p>&#8220;No, padre Abraham, insisti\u00f3 el rico. Pero si alguno de los muertos va a verlos, se arrepentir\u00e1n.&#8221;<\/p>\n<p>Abraham respondi\u00f3: &#8220;Si no escuchan a Mois\u00e9s y a los Profetas, aunque resucite alguno de entre los muertos, tampoco se convencer\u00e1n.&#8221;\u00bb<\/p>\n<p><strong>Palabra del Se\u00f1or<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p><em>Escuchar, escuchar al Hijo: ese era el gran consejo que nos daba el Evangelio del domingo despu\u00e9s o durante la transfiguraci\u00f3n. \u00abEste es mi Hijo muy querido, esc\u00fachenlo\u00bb. El escuchar nos mantiene la memoria limpia y abierta, atenta. Por eso, no dejemos de escuchar. Escuchemos el consejo que nos da la misma Palabra de Dios: que no queda otra que escuchar, escuchar al Hijo; porque si dejamos de escuchar, la memoria se va perdiendo y nos vamos olvidando.<\/em><\/p>\n<p><em>Hay Evangelios, podr\u00edamos decir, que son tan expresivos, dicen tanto de solo escucharlos. Palabras en las que Jes\u00fas fue tan directo que pareciera que no necesitan tanta explicaci\u00f3n. Sin embargo, siempre es bueno volver a escucharlos, como estoy diciendo. \u00a1Volv\u00e9 a escuchar! Siempre es bueno volver a decir algo para despertarnos del letargo en el que vivimos tantas veces consciente o inconscientemente. Todos somos propensos a olvidar, especialmente las cosas que no nos interesan tanto. Todos tendemos a ir acomod\u00e1ndonos en nuestras cosas y eso hace que, incluso, olvidemos lo importante, lo que en realidad no podemos ni debemos olvidar. Esto que nos pasa con las cosas de la vida, nos puede pasar tambi\u00e9n con nuestra fe, con lo esencial del Evangelio, y que, si lo olvidamos, provoca que \u2013como ya dije varias veces\u2013 se vaya \u00abatrofiando\u00bb, perdiendo la forma del coraz\u00f3n, y nos hace caer lentamente en una fe \u2013como se dice\u2013 \u00abarmada a la carta\u00bb, a nuestro gusto y placer.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00bfC\u00f3mo hacer entonces para esquivar o minimizar las palabras de Jes\u00fas en Algo del Evangelio de hoy? Imposible. Si recibimos bienes en la tierra, ya sea por regalo o esfuerzo personal (o ambas al mismo tiempo) \u2013pero que, finalmente, jam\u00e1s podr\u00edamos decir que es m\u00e9rito exclusivo de uno\u2013, y no sabemos compartirlos o no quisimos compartirlos al ver a tantos que la pasan mal, terminaremos alg\u00fan d\u00eda pidiendo clemencia a aquellos mismos que no quisimos socorrer cuando nos necesitaron. As\u00ed de directo, duro y sencillo. Jes\u00fas no tuvo medias tintas en ciertos temas; y por m\u00e1s que este Evangelio, en estos tiempos de consumismo viralizado, nos d\u00e9 en el fondo del coraz\u00f3n a todos, no podemos esquivarlo.<\/em><\/p>\n<p><em>Ninguno de nosotros puede acabar con el hambre en el mundo \u2013es verdad\u2013, con la injusticia, con el dolor, con la desigualdad, con los sin techo, pero todos nosotros podemos ayudar de alguna manera a los que vamos cruzando por la vida, a los que de alg\u00fan modo son presencia de Jes\u00fas para nosotros, con nuestro granito de arena, con nuestro granito de amor. Alguno dir\u00e1: \u00abA m\u00ed nadie me regal\u00f3 nada, no me sobra nada. \u00bfPor qu\u00e9 tengo que darle algo de lo m\u00edo a los que no se esforzaron por conseguirlo?\u00bb. \u00bfEstamos seguros? \u00bfNadie nos regal\u00f3 nada? Pens\u00e9moslo bien. Desde que somos ni\u00f1os, \u00bfnadie nos regal\u00f3 nada? \u00bfEstamos seguros que, en nuestra casa, en nuestro hogar, no nos sobra algo para dar? \u00a1Vayamos a mirar la cantidad de ropa que a veces tenemos sin usar! \u00a1Vayamos a mirar nuestra cocina o heladera la comida que tenemos! Miremos en nuestra billetera o en la cuenta del banco, si tenemos, y fij\u00e9monos si en realidad necesitamos todo lo que tenemos o bien creemos que lo necesitamos. Mientras nosotros los cristianos a veces almacenamos y custodiamos cosas sin saber bien para qu\u00e9, miles y miles luchan d\u00eda a d\u00eda por lo de cada d\u00eda, por subsistir, ni siquiera lo de ma\u00f1ana.<\/em><\/p>\n<p><em>No est\u00e1 mal tener bienes, esto no va contra la riqueza; lo que est\u00e1 mal es no compartirlos, lo que est\u00e1 mal es ver a alguien tirado y pasar de largo, lo que est\u00e1 mal es gastar miles de miles en cosas superfluas y no ser capaces de mirar y sentir algo con el dolor de los dem\u00e1s, de tanta gente que no puede, que no le alcanza. Es verdad que no nos corresponde solucionarles el problema a todos, pero s\u00ed a los que podemos, a los que llegan de alg\u00fan modo a nuestras manos y coraz\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>A veces la cerraz\u00f3n del coraz\u00f3n humano puede llegar a ser tan grande que, \u00abaunque los muertos resuciten, tampoco nos convenceremos\u00bb.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>Es muy fuerte y dura esta expresi\u00f3n de Jes\u00fas, pero describe gr\u00e1ficamente el drama del coraz\u00f3n del hombre que muchas veces se puede cerrar al amor de Dios y al de los m\u00e1s necesitados. \u00a1Que Jes\u00fas nos libre de esta cerraz\u00f3n, a vos y a m\u00ed! No hace falta que resucite alguien para descubrir lo que Dios desea de nosotros, lo que \u00e9l quiere. Tenemos la Palabra de cada d\u00eda y lo que nos hace falta muchas veces es escucharla, meditarla, rumiarla, llevarla a la vida y a la pr\u00e1ctica.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jes\u00fas dijo a los fariseos: \u00abHab\u00eda un hombre rico que se vest\u00eda de p\u00farpura y lino fin\u00edsimo y cada d\u00eda hac\u00eda espl\u00e9ndidos banquetes. A su puerta, cubierto de llagas, yac\u00eda un pobre llamado L\u00e1zaro, que ansiaba saciarse con lo que ca\u00eda de la mesa del rico; y hasta los perros iban a lamer sus llagas. 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