{"id":3743,"date":"2024-03-05T00:00:52","date_gmt":"2024-03-05T03:00:52","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=3743"},"modified":"2024-03-04T08:36:56","modified_gmt":"2024-03-04T11:36:56","slug":"iii-martes-de-cuaresma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/iii-martes-de-cuaresma\/","title":{"rendered":"III Martes de Cuaresma"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-3743-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/05marzo-audio-III-MartesCuaresma-B.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/05marzo-audio-III-MartesCuaresma-B.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/05marzo-audio-III-MartesCuaresma-B.mp3<\/a><\/audio>\n<p><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/05marzo-audio-III-MartesCuaresma-B.zip\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2583\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/descargarMP3-100x100-1.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"100\" \/><\/a>Se adelant\u00f3 Pedro y le dijo: \u00abSe\u00f1or, \u00bfcu\u00e1ntas veces tendr\u00e9 que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? \u00bfHasta siete veces?\u00bb Jes\u00fas le respondi\u00f3: \u00abNo te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.<\/p>\n<p>Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores. Comenzada la tarea, le presentaron a uno que deb\u00eda diez mil talentos. Como no pod\u00eda pagar, el rey mand\u00f3 que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que ten\u00eda, para saldar la deuda.<\/p>\n<p>El servidor se arroj\u00f3 a sus pies, dici\u00e9ndole: &#8220;Se\u00f1or, dame un plazo y te pagar\u00e9 todo.&#8221;<\/p>\n<p>El rey se compadeci\u00f3, lo dej\u00f3 ir y, adem\u00e1s, le perdon\u00f3 la deuda.\u00a0 Al salir, este servidor encontr\u00f3 a uno de sus compa\u00f1eros que le deb\u00eda cien denarios y, tom\u00e1ndolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: &#8220;P\u00e1game lo que me debes.&#8221;<\/p>\n<p>El otro se arroj\u00f3 a sus pies y le suplic\u00f3: &#8220;Dame un plazo y te pagar\u00e9 la deuda.&#8221;<\/p>\n<p>Pero \u00e9l no quiso, sino que lo hizo poner en la c\u00e1rcel hasta que pagara lo que deb\u00eda.<\/p>\n<p>Los dem\u00e1s servidores, al ver lo que hab\u00eda sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su se\u00f1or. Este lo mand\u00f3 llamar y le dijo: &#8220;\u00a1Miserable! Me suplicaste, y te perdon\u00e9 la deuda. \u00bfNo deb\u00edas tambi\u00e9n t\u00fa tener compasi\u00f3n de tu compa\u00f1ero, como yo me compadec\u00ed de t\u00ed?&#8221;\u00a0 E indignado, el rey lo entreg\u00f3 en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que deb\u00eda.<\/p>\n<p>Lo mismo har\u00e1 tambi\u00e9n mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de coraz\u00f3n a sus hermanos.\u00bb<\/p>\n<p><strong>Palabra del Se\u00f1or<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p><em>Eso de \u00abcomerciar\u00bb es algo que de alg\u00fan modo llevamos impregnado en el coraz\u00f3n. Esa es la gran debilidad de todo hombre que, para conseguir lo que desea, es capaz de pagar hasta lo que no tiene. Es l\u00f3gico, o por lo menos es la l\u00f3gica de este mundo herido por el pecado, de este mundo que no nos \u00abregala\u00bb nada, sino todo lo contrario, nos cobra todo, siempre nos pasa \u00abla factura o la boleta\u00bb, como decimos. Adem\u00e1s, vivimos entre ofertas de todo tipo; en cierto sentido enga\u00f1ados para que siempre tengamos deseos de comerciar, comprar. Con las cosas de Dios no puede pasar lo mismo, por eso si hay algo que a Jes\u00fas le indignaba y le indigna, es cuando hacemos de nuestros templos-coraz\u00f3n una \u00abcasa de comercio\u00bb, olvid\u00e1ndonos que en realidad deben ser \u00abcasas de oraci\u00f3n\u00bb, casas de di\u00e1logo, de amor, en donde el comercio no deber\u00eda tener lugar.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>La l\u00f3gica del amor no es la l\u00f3gica del comercio, en donde siempre hay que dar algo para obtener otra cosa; todo lo contrario, es la l\u00f3gica de la gratuidad, que se ve arruinada cuando entra el \u00abcomercio\u00bb. Dios no necesita que le demos para darnos. Nosotros no necesitamos darle a Dios para que nos d\u00e9, sino que deber\u00edamos darle simplemente porque nos ama, por amor. Es un tema lindo para continuar, porque toca las fibras m\u00e1s profundas de nuestra fe, de nuestra manera de relacionarnos con nuestro Padre, y a veces eso nos cuesta much\u00edsimo o nos da un poco de miedo.<\/em><\/p>\n<p><em>Hoy no podemos dejar de repasar Algo del Evangelio, no es uno m\u00e1s. Es un canto a la bondad y misericordia de un Dios Padre y, por otro lado, es un cachetazo, por decirlo as\u00ed, a nuestra desfachatez de a veces exigirle a Dios lo que despu\u00e9s nosotros no queremos vivir con los dem\u00e1s por olvidadizos. Nos muestra, como en un espejo, lo que somos capaces de hacer con los dem\u00e1s cuando nuestro coraz\u00f3n es comerciante y no amoroso.<\/em><\/p>\n<p><em>La pregunta de Pedro es necesaria para todos, es buena hac\u00e9rsela uno mismo. \u00bfTenemos que perdonar siempre?: en definitiva, eso pregunta Pedro. \u00bfPuede tener un l\u00edmite nuestro perd\u00f3n? \u00bfHasta d\u00f3nde hay que dar? \u00bfO ser\u00e1 como dicen algunos por ah\u00ed: \u00abEso solo lo perdona Dios\u00bb, \u00abeso es imperdonable\u00bb; o tambi\u00e9n la otra: \u00abYo no soy quien para perdonar\u00bb? \u00bfEscuchaste esas frases que andan dando vueltas por ah\u00ed, incluso por tu coraz\u00f3n y el m\u00edo? El perd\u00f3n no es un comercio. Si somos \u00abcomerciantes\u00bb de coraz\u00f3n, dif\u00edcilmente podremos perdonar de coraz\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>La par\u00e1bola de Jes\u00fas tira por la borda todo tipo de comercio en el amor. Utiliza una comparaci\u00f3n casi absurda, rid\u00edcula. Para simplificarlo ser\u00eda algo as\u00ed: el servidor que no perdona una deuda de unos centavos, se le hab\u00eda perdonado anteriormente una deuda de millones. A uno le sale decir, casi sin pensar: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 espanto!, yo jam\u00e1s har\u00eda una cosa as\u00ed\u00bb. En realidad, te dir\u00eda, o por lo menos lo pienso as\u00ed, Jes\u00fas nos est\u00e1 diciendo a todos: \u00abEso hacen ustedes cuando no quieren perdonar a alguien. Es lo mismo que los espanta, eso mismo hacen ustedes\u00bb. No estar dispuesto a perdonar es comportarse como este servidor olvidadizo, por lo menos no estar dispuesto. Es verdad que es dif\u00edcil perdonar algunas cosas, pero por lo menos hay que estar dispuestos. Porque es tan infinita la distancia entre lo que nos perdon\u00f3 Dios y nos perdonar\u00e1 a lo largo de la vida, que no llegamos a comprenderla, nos olvidamos de que Dios no comercia con nosotros, que nos da todo antes de que lo merezcamos. Y por eso somos capaces de hacer esa ridiculez tan grande y absurda, porque no nos damos cuenta de lo que se nos perdon\u00f3.<\/em><\/p>\n<p><em>Cuando no perdonamos, sin darnos cuenta estamos tomando \u00abdel cuello a alguien hasta ahogarlo\u00bb, con tal de que nos devuelva lo que nos quit\u00f3: la fama, la paz, la dignidad y tantas cosas m\u00e1s. La falta de perd\u00f3n es la medida de nuestro pobre amor, es la medida de nuestra incapacidad de darnos cuenta lo que Dios ya nos perdon\u00f3 aun antes de que hubi\u00e9ramos nacido, de que Dios no es comerciante como nosotros. Por eso solo el que se siente perdonado profundamente, es capaz de perdonar todo y siempre.<\/em><\/p>\n<p><em>Solo el que reconoce el don de Dios, es capaz de no negar un don a otro, de no andar \u00abvendiendo o comprando\u00bb el perd\u00f3n. Pensemos en esta situaci\u00f3n que se entiende con la raz\u00f3n, pero no siempre con el coraz\u00f3n. Dios ama plenamente, por eso perdona plenamente. Nosotros amamos poco y por eso perdonamos poco y ahogamos a los dem\u00e1s. \u00bfQu\u00e9 podemos hacer? Reconocernos perdonados y amados por Dios Padre, sin nada a cambio, y desde ah\u00ed, desear hacer lo mismo con los dem\u00e1s. Si todav\u00eda no nos pasa, ser\u00e1 porque tenemos que pedirlo con m\u00e1s fe, con m\u00e1s coraz\u00f3n, o ser\u00e1 porque el \u00abcomercio\u00bb se meti\u00f3 en nuestro coraz\u00f3n.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se adelant\u00f3 Pedro y le dijo: \u00abSe\u00f1or, \u00bfcu\u00e1ntas veces tendr\u00e9 que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? \u00bfHasta siete veces?\u00bb Jes\u00fas le respondi\u00f3: \u00abNo te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":3744,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[23],"tags":[24],"class_list":["post-3743","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-mateo","tag-mateo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3743","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3743"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3743\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3747,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3743\/revisions\/3747"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media\/3744"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3743"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3743"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3743"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}