{"id":3779,"date":"2024-03-12T00:00:48","date_gmt":"2024-03-12T03:00:48","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=3779"},"modified":"2024-03-11T09:08:31","modified_gmt":"2024-03-11T12:08:31","slug":"iv-martes-de-cuaresma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/iv-martes-de-cuaresma\/","title":{"rendered":"IV Martes de Cuaresma"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-3779-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/12marzo-audio-IV-MartesCuaresma-B.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/12marzo-audio-IV-MartesCuaresma-B.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/12marzo-audio-IV-MartesCuaresma-B.mp3<\/a><\/audio>\n<p><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/12marzo-audio-IV-MartesCuaresma-B.zip\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2583\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/descargarMP3-100x100-1.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"100\" \/><\/a>Se celebraba una fiesta de los jud\u00edos y Jes\u00fas subi\u00f3 a Jerusal\u00e9n.<\/p>\n<p>Junto a la puerta de las Ovejas, en Jerusal\u00e9n, hay una piscina llamada en hebreo Betsata, que tiene cinco p\u00f3rticos. Bajo estos p\u00f3rticos yac\u00eda una multitud de enfermos, ciegos, paral\u00edticos y lisiados, que esperaban la agitaci\u00f3n del agua.<\/p>\n<p>Hab\u00eda all\u00ed un hombre que estaba enfermo desde hac\u00eda treinta y ocho a\u00f1os. Al verlo tendido, y sabiendo que hac\u00eda tanto tiempo que estaba as\u00ed, Jes\u00fas le pregunt\u00f3: \u00ab \u00bfQuieres curarte?\u00bb<\/p>\n<p>El respondi\u00f3: \u00abSe\u00f1or, no tengo a nadie que me sumerja en la piscina cuando el agua comienza a agitarse; mientras yo voy, otro desciende antes.\u00bb<\/p>\n<p>Jes\u00fas le dijo: \u00abLev\u00e1ntate, toma tu camilla y camina.\u00bb<\/p>\n<p>En seguida el hombre se cur\u00f3, tom\u00f3 su camilla y empez\u00f3 a caminar.<\/p>\n<p>Era un s\u00e1bado, y los jud\u00edos dijeron entonces al que acababa de ser curado: \u00abEs s\u00e1bado. No te est\u00e1 permitido llevar tu camilla.\u00bb<\/p>\n<p>El les respondi\u00f3: \u00abEl que me cur\u00f3 me dijo: &#8220;Toma tu camilla y camina.&#8221;\u00bb Ellos le preguntaron: \u00ab \u00bfQui\u00e9n es ese hombre que te dijo: &#8220;Toma tu camilla y camina?&#8221;\u00bb<\/p>\n<p>Pero el enfermo lo ignoraba, porque Jes\u00fas hab\u00eda desaparecido entre la multitud que estaba all\u00ed.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, Jes\u00fas lo encontr\u00f3 en el Templo y le dijo: \u00abHas sido curado; no vuelvas a pecar, de lo contrario te ocurrir\u00e1n peores cosas todav\u00eda.\u00bb<\/p>\n<p>El hombre fue a decir a los jud\u00edos que era Jes\u00fas el que lo hab\u00eda curado. Ellos atacaban a Jes\u00fas, porque hac\u00eda esas cosas en s\u00e1bado.<\/p>\n<p><strong>Palabra del Se\u00f1or<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p><em>Lo que le falta escuchar a este mundo son palabras de amor, palabras que contengan amor pero que realmente lo transmitan. Lo que nos falta a nosotros escuchar muchas veces son palabras que nos confirmen que somos amados. La mejor terapia es el amor verdadero y todas nuestras terapias psicol\u00f3gicas son necesarias cuando nos falt\u00f3 amor, o por lo menos cuando no lo percibimos en la medida que lo necesit\u00e1bamos. Por eso es lindo volver a escuchar siempre: \u00abS\u00ed, Dios am\u00f3 tanto al mundo, que entreg\u00f3 a su Hijo \u00fanico para que todo el que cree en \u00e9l no muera, sino que tenga Vida eterna\u00bb. Dios te ama y me ama tanto\u2026 tanto, tanto que no podemos imaginarlo, tanto que nos cuesta comprenderlo. Nos ama y por eso vino al mundo por nosotros. Nos ama tanto que, si creemos en ese amor, aunque nuestro cuerpo se vaya muriendo, en realidad nosotros seguiremos viviendo. Esto necesitamos escuchar una vez m\u00e1s, los que son amados y fueron amados por sus m\u00e1s cercanos y, especialmente, los que no lo fueron ni lo son. El mundo necesita escuchar que Dios lo ama, aunque se lo olvide muchas veces, aunque su coraz\u00f3n est\u00e9 en otra cosa, porque en los momentos que lo necesite acudir\u00e1, acudiremos a ese amor que es incondicional, que siempre est\u00e1. Vos y yo somos de alg\u00fan modo las voces de Jes\u00fas en medio de este mundo, las voces que deben gritar con amor de que Dios es amor y que Dios nos ama, los ama a todos.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>Todas las barbaridades que vemos que pasan en este mundo son, en el fondo, un grito desesperado de necesidad de ser amados. No hay hambre, m\u00e1s doloroso que el hambre de amor, y las razones m\u00e1s profundas por las cuales obramos mal son las de no sentirnos amados y, por lo tanto, no amar. Pidamos a Jes\u00fas que nunca nos olvidemos de su amor, de que nunca dudemos que, a pesar de todo, \u00e9l siempre nos ama. Como esos dos padres de familias que murieron de hace poco \u2013me contaron sus hijos, su familia\u2013, que cada ma\u00f1ana enviaban los audios. Los dos murieron repentinamente, dolorosamente. Sin embargo, esa ma\u00f1ana uno de ellos hab\u00eda escuchado el audio con la Palabra y se dedicaba a transmitirlo con mucho amor. \u00abEscuchen \u2013dec\u00eda\u2013, escuchen\u00bb. El otro siempre la mandaba, pero esa ma\u00f1ana no pudo enviarla porque muri\u00f3, parti\u00f3 de este mundo. Por eso se dieron cuenta que hab\u00eda muerto, porque \u00e9l siempre mandaba la Palabra una hora. \u00a1C\u00f3mo me conmovi\u00f3 el relato de estas dos familias!, pero, al mismo tiempo, \u00a1qu\u00e9 alegr\u00eda, qu\u00e9 gozo escuchar que hay hombres y mujeres que d\u00eda a d\u00eda quieren gritarle a los dem\u00e1s, con mucho amor, que Dios los ama!<\/em><\/p>\n<p><em>Algo del Evangelio de hoy muestra, de alguna manera, que Jes\u00fas es el \u00fanico que ve lo que nadie ve, que Jes\u00fas es el que ama en el silencio, en lo oculto, aunque parezca que nadie nos ama. Dice la Palabra: \u00abYac\u00eda una multitud de enfermos, ciegos, paral\u00edticos y lisiados, que esperaban la agitaci\u00f3n del agua. Hab\u00eda all\u00ed un hombre que estaba enfermo desde hac\u00eda treinta y ocho a\u00f1os\u00bb. Esperaban y esperaba ser sanado. Pero la piscina en realidad no es un lugar, sino que es el mismo Jes\u00fas, para nosotros, porque \u00e9l es el agua viva en donde todos debemos sumergirnos para encontrar alivio, frescura y vida. Este pobre hombre del evangelio de hoy no ten\u00eda quien lo acerque a la pileta, en donde supuestamente se iba a curar. Treinta y ocho a\u00f1os de enfermedad y no sabemos cu\u00e1ntos a\u00f1os de indiferencia. Nadie lo acercaba al \u00abagua de Dios\u00bb mientras \u00e9l boqueaba de dolor, como un pez fuera del agua. Nadie se compadec\u00eda de \u00e9l, hasta que apareci\u00f3 el buen Jes\u00fas. Solo \u00e9l se acerc\u00f3 a preguntarle qu\u00e9 quer\u00eda. El milagro muestra tambi\u00e9n algo m\u00e1s profundo todav\u00eda, no solo la curaci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00bfQui\u00e9n es el que lo cura finalmente: el agua de la piscina o Jes\u00fas? \u00bfCu\u00e1l es el agua de Dios de nuestros tiempos? Digo esto porque hoy escuchamos tantas cosas, tantas alternativas de curaciones, tantas \u00abpiscinas\u00bb que nos ofrecen, de curanderos, sanadores, videntes, cursos de no s\u00e9 qu\u00e9 y el spa de no s\u00e9 cu\u00e1nto, y uno se pregunta: \u00bfY Jes\u00fas? \u00bfY el pobre Jes\u00fas, que nos espera siempre? \u00bfQu\u00e9 nos pasa que a veces no acudimos a \u00e9l o no dejamos que \u00e9l acuda a nosotros para preguntarnos si queremos curarnos? Es entendible que ante el dolor y la desesperaci\u00f3n uno busque todo lo que est\u00e1 al alcance de la mano casi desesperadamente, todo lo que le ofrecen. Pero no nos dejemos enga\u00f1ar, no nos dejemos atraer por propuestas tentadoras. Es entendible que a veces erremos el camino, pero, al mismo tiempo, tambi\u00e9n es inentendible que teniendo a Jes\u00fas busquemos cosas tan peque\u00f1as, tan insignificantes en comparaci\u00f3n con \u00e9l.<\/em><\/p>\n<p><em>Jes\u00fas hoy nos dice a todos: \u00ab\u00bfQuer\u00e9s curarte? \u00bfQuer\u00e9s dejarte ayudar? \u00bfQuer\u00e9s salir de esta enfermedad espiritual en la que te metiste sin querer y no pod\u00e9s salir?\u00bb La Cuaresma es tiempo de salir de eso, de tomar la camilla y levantarse, resucitar y dejar el pecado, la debilidad que nos agobia, la avaricia, la pereza, la lujuria, la soberbia insoportable, la gula, la ira, la envidia y todo lo que nos aleja de los dem\u00e1s y de nuestro Padre. El remedio es simple, pero implica un poco de nuestra parte.<\/em><\/p>\n<p><em>Siempre hay alguien que puede sumergirnos en el \u00abagua de Dios\u00bb, que en realidad es Jes\u00fas. Nosotros podemos ser los que ayudemos a otros a encontrar a nuestro salvador. No solo los sacerdotes, todos somos la voz de Jes\u00fas en medio de este mundo olvidadizo de amor. Jes\u00fas sabe que desde hace mucho tiempo estamos as\u00ed, solo \u00e9l lo sabe. \u00a1Levant\u00e9monos, tomemos nuestras camillas y empecemos a caminar!<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se celebraba una fiesta de los jud\u00edos y Jes\u00fas subi\u00f3 a Jerusal\u00e9n. Junto a la puerta de las Ovejas, en Jerusal\u00e9n, hay una piscina llamada en hebreo Betsata, que tiene cinco p\u00f3rticos. Bajo estos p\u00f3rticos yac\u00eda una multitud de enfermos, ciegos, paral\u00edticos y lisiados, que esperaban la agitaci\u00f3n del agua. Hab\u00eda all\u00ed un hombre que [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":3782,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[10],"class_list":["post-3779","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-juan","tag-juan"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3779","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3779"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3779\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3783,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3779\/revisions\/3783"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media\/3782"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3779"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3779"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3779"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}