{"id":4371,"date":"2024-06-30T00:00:04","date_gmt":"2024-06-30T03:00:04","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=4371"},"modified":"2024-06-29T13:02:32","modified_gmt":"2024-06-29T16:02:32","slug":"xiii-domingo-durante-el-ano-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/xiii-domingo-durante-el-ano-2\/","title":{"rendered":"XIII Domingo durante el a\u00f1o"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-4371-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/30junio-audio-XIII-DomingoAnio-B.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/30junio-audio-XIII-DomingoAnio-B.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/30junio-audio-XIII-DomingoAnio-B.mp3<\/a><\/audio>\n<p><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/30junio-audio-XIII-DomingoAnio-B.zip\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2583\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/descargarMP3-100x100-1.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"100\" \/><\/a>Cuando Jes\u00fas regres\u00f3 en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reuni\u00f3 a su alrededor, y \u00c9l se qued\u00f3 junto al mar. Entonces lleg\u00f3 uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arroj\u00f3 a sus pies, rog\u00e1ndole con insistencia: \u00abMi hijita se est\u00e1 muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva\u00bb. Jes\u00fas fue con \u00e9l y lo segu\u00eda una gran multitud que lo apretaba por todos lados.<\/p>\n<p>Se encontraba all\u00ed una mujer que desde hac\u00eda doce a\u00f1os padec\u00eda de hemorragias. Hab\u00eda sufrido mucho en manos de numerosos m\u00e9dicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor. Como hab\u00eda o\u00eddo hablar de Jes\u00fas, se le acerc\u00f3 por detr\u00e1s, entre la multitud, y toc\u00f3 su manto, porque pensaba: \u00abCon s\u00f3lo tocar su manto quedar\u00e9 sanada\u00bb. Inmediatamente ces\u00f3 la hemorragia, y ella sinti\u00f3 en su cuerpo que estaba sanada de su mal\u00bb.<\/p>\n<p>Jes\u00fas se dio cuenta en seguida de la fuerza que hab\u00eda salido de \u00c9l, se dio vuelta y, dirigi\u00e9ndose a la multitud, pregunt\u00f3: \u00ab\u00bfQui\u00e9n toc\u00f3 mi manto?\u00bb<\/p>\n<p>Sus disc\u00edpulos le dijeron: \u00ab\u00bfVes que la gente te aprieta por todas partes y preguntas qui\u00e9n te ha tocado?\u00bb Pero \u00c9l segu\u00eda mirando a su alrededor, para ver qui\u00e9n hab\u00eda sido.<\/p>\n<p>Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sab\u00eda bien lo que le hab\u00eda ocurrido, fue a arrojarse a los pies y le confes\u00f3 toda la verdad.<\/p>\n<p>Jes\u00fas le dijo: \u00abHija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda sanada de tu enfermedad\u00bb.<\/p>\n<p>Todav\u00eda estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: \u00abTu hija ya muri\u00f3; \u00bfpara qu\u00e9 vas a seguir molestando al Maestro?\u00bb Pero Jes\u00fas, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: \u00abNo temas, basta que creas\u00bb. Y sin permitir que nadie lo acompa\u00f1ara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, fue a casa del jefe de la sinagoga.<\/p>\n<p>All\u00ed vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba. Al entrar, les dijo: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 se alborotan y lloran? La ni\u00f1a no est\u00e1 muerta, sino que duerme\u00bb. Y se burlaban de \u00e9l.<\/p>\n<p>Pero Jes\u00fas hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la ni\u00f1a, y a los que ven\u00edan con \u00e9l, entr\u00f3 donde ella estaba. La tom\u00f3 de la mano y le dijo: \u00abTalit\u00e1 kum\u00bb, que significa: \u00ab\u00a1Ni\u00f1a, yo te lo ordeno, lev\u00e1ntate!\u00bb En seguida la ni\u00f1a, que ya ten\u00eda doce a\u00f1os, se levant\u00f3 y comenz\u00f3 a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, y \u00e9l les mand\u00f3 insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Despu\u00e9s dijo que le dieran de comer.<\/p>\n<p><strong>Palabra del Se\u00f1or<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p><em>Si cada domingo pudi\u00e9ramos disfrutar de escuchar m\u00e1s la Palabra de Dios, si cada domingo prest\u00e1ramos m\u00e1s atenci\u00f3n a las lecturas que se nos regalan en cada misa, si cada domingo lo vivi\u00e9ramos como un domingo, \u00a1qu\u00e9 distinto ser\u00eda!, \u00a1qu\u00e9 lindo ser\u00eda! Seguramente lo hac\u00e9s, lo intent\u00e1s, pero seguramente tambi\u00e9n siempre podemos hacerlo mejor. Cada domingo podemos seguir aprendiendo a vivir mejor el domingo. Cada domingo es un regalo de Dios Padre, que quiere que descansemos y estemos m\u00e1s atentos a \u00c9l, a su presencia, a los dem\u00e1s. Es necesario tener, por lo menos, un d\u00eda a la semana para frenar un poco de las actividades y descansar realmente, no solo del trabajo diario, sino del trabajo \u00abinterior\u00bb, por decirlo as\u00ed, de los proyectos que tenemos y seguimos elaborando en el coraz\u00f3n y que a veces, no nos dejan descansar. Intentemos hoy descansar un poco de todo lo que quisi\u00e9ramos hacer y no llegamos o no podemos. Intentemos hoy tener un tiempo m\u00e1s de oraci\u00f3n para descansar nuestro coraz\u00f3n solo en \u00c9l. Sal\u00ed a caminar, anda a una plaza, sal\u00ed a pasear, anda a ver el paisaje, despejate un poco, pero sin superficialidad, sino con profundidad.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>Pero vamos a Algo del Evangelio de hoy. Tanto la mujer como Jairo, que se desespera por su hijita, los dos se nos dice que se arrojan a los pies de Jes\u00fas, uno para rogarle que cure a su hija, la otra finalmente para reconocer avergonzada que hab\u00eda sido ella la que hab\u00eda tocado su manto, para \u00abconfesar toda la verdad\u00bb, como dice el texto. Me sale decir esto: \u00ab\u00a1C\u00f3mo quisiera tener la fe de esa mujer! \u00a1C\u00f3mo quisiera tener la fe de ese padre!, \u00a1c\u00f3mo quisiera ser Jairo por un rato! \u00a1C\u00f3mo quisiera tener esa confianza total! \u00a1Como quisiera confiar siempre en Jes\u00fas, aun cuando todos nos digan y me digan que no vale la pena! \u00a1C\u00f3mo quisiera confiar, aunque otras voces interfieran dici\u00e9ndome que \u201cno moleste al Maestro\u201d! \u00a1C\u00f3mo quisiera tener esa certeza! La certeza de que, en definitiva, cuando ya no nos queda nada, cuando probamos todo, cuando todo se nos \u201cmuere\u201d alrededor, incluso nuestros seres m\u00e1s queridos, cuando ya gastamos \u201ctodos nuestros bienes\u201d para que alguien nos pueda curar, cuando probamos todas las recetas que andan circulando por el \u201cmercado\u201d religioso de este mundo, cuando ya intentamos seguir los mil y un consejos de todos los que nos quieren solucionar los problemas con palabras lindas pero que no salvan, cuando ya no queda nada, en realidad viene lo mejor\u00bb. \u00bfSab\u00e9s qu\u00e9? \u00bfSab\u00e9s qu\u00e9 nos queda? En realidad, nos queda todo, nos queda el mismo Jes\u00fas. Es necesario a veces quedarse sin nada para descubrir a Jes\u00fas, al todo.<\/em><\/p>\n<p><em>Jes\u00fas, por eso hoy te digo: \u00ab\u00a1C\u00f3mo quisiera tener la fe tan simple, tan confianzuda, tan tozuda, tan desvergonzada, tan intr\u00e9pida, tan del coraz\u00f3n, tan genuina, tan salvadora, como la de estas dos personas del Evangelio de hoy! \u00a1Qu\u00e9 importan las multitudes, qu\u00e9 importa que todos se conviertan en obst\u00e1culos para llegar a Vos, qu\u00e9 importa que todos se \u201cburlen\u201d de Vos cuando Vos quer\u00e9s meterte en nuestras vidas, qu\u00e9 importa que hasta tus disc\u00edpulos \u2013los de antes y los de hoy\u2013 no entiendan que haya gente entre la multitud queriendo ser curada, qu\u00e9 importa todo eso cuando sos el \u00fanico que escucha a Jairo y lo acompa\u00f1a, cuando sos el \u00fanico que se da cuenta, cuando \u201candamos queriendo\u201d tocar tu manto como le pas\u00f3 a esa mujer, cuando sos el \u00fanico que nos escucha verdaderamente!\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>No nos olvidemos de que el que cree siempre le falta \u00abalgo\u00bb, y ese \u00abalgo\u00bb siempre vendr\u00e1 de Dios Padre y que \u00c9l nos da todo por medio de Jes\u00fas. El que cree es el que vive sin miedo, confiado, en paz. No es feliz el que se cree que tiene todo y no necesita de nadie. No es feliz el que nunca se arroj\u00f3 a los pies de Jes\u00fas porque cree que no lo necesita, sino que es feliz el que encuentra a Jes\u00fas y, sin importarle nada, hace lo que tiene que hacer: reconocerse d\u00e9bil, enfermo, necesitado de algo, de algo nuevo, de la paz que solo puede dar \u00c9l.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a1C\u00f3mo quisiera ser esa mujer por un momento, c\u00f3mo quisiera ser ese padre por un instante! Se\u00f1or, \u00a1c\u00f3mo quisiera tener esa fe! \u00bfA vos no te pasa lo mismo?<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando Jes\u00fas regres\u00f3 en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reuni\u00f3 a su alrededor, y \u00c9l se qued\u00f3 junto al mar. Entonces lleg\u00f3 uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arroj\u00f3 a sus pies, rog\u00e1ndole con insistencia: \u00abMi hijita se est\u00e1 muriendo; ven a imponerle [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":4372,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[8],"class_list":["post-4371","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-marcos","tag-marcos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4371","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4371"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4371\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4375,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4371\/revisions\/4375"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4372"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4371"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4371"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4371"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}