{"id":4551,"date":"2024-08-02T00:00:39","date_gmt":"2024-08-02T03:00:39","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=4551"},"modified":"2024-08-01T08:49:24","modified_gmt":"2024-08-01T11:49:24","slug":"xvii-viernes-durante-el-ano-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/xvii-viernes-durante-el-ano-2\/","title":{"rendered":"XVII Viernes durante el a\u00f1o"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-4551-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/02agosto-audio-XVII-ViernesAnio-B.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/02agosto-audio-XVII-ViernesAnio-B.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/02agosto-audio-XVII-ViernesAnio-B.mp3<\/a><\/audio>\n<p><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/02agosto-audio-XVII-ViernesAnio-B.zip\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2583\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/descargarMP3-100x100-1.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"100\" \/><\/a>Al llegar a su pueblo, se puso a ense\u00f1ar a la gente en la sinagoga, de tal manera que todos estaban maravillados.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfDe d\u00f3nde le vienen, dec\u00edan, esta sabidur\u00eda y ese poder de hacer milagros? \u00bfNo es este el hijo del carpintero? \u00bfSu madre no es la que llaman Mar\u00eda? \u00bfY no son hermanos suyos Santiago, Jos\u00e9, Sim\u00f3n y Judas? \u00bfY acaso no viven entre nosotros todas sus hermanas? \u00bfDe d\u00f3nde le vendr\u00e1 todo esto?\u00bb<\/p>\n<p>Y Jes\u00fas era para ellos un motivo de esc\u00e1ndalo. Entonces les dijo: \u00abUn profeta es despreciado solamente en su pueblo y en su familia.\u00bb<\/p>\n<p>Y no hizo all\u00ed muchos milagros, a causa de la falta de fe de esa gente.<\/p>\n<p><strong>Palabra del Se\u00f1or<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p><em>\u00abHay m\u00e1s alegr\u00eda en dar que en recibir\u2026\u00bb, dice los Hechos de los Ap\u00f3stoles, san Pablo, y dice \u00e9l que lo dec\u00eda Jes\u00fas. Aunque no se lee en los evangelios que sali\u00f3 de sus propios labios, escuchar que Pablo lo dijo, es saber con certeza que fue as\u00ed. Adem\u00e1s, es la l\u00f3gica del Evangelio. El ni\u00f1o de la escena del domingo, que estamos repasando, debe haber sentido una felicidad inmensa al ver que gracias a su peque\u00f1o aporte Jes\u00fas se encarg\u00f3 del resto, \u00bfte imaginas?, o sea, dej\u00f3 satisfecho a miles de miles. Eso es lo que pasa por nuestro coraz\u00f3n cuando decidimos entregarle a Jes\u00fas nuestros \u00abcinco panes y dos pescados\u00bb, o sea, lo que tengamos, lo que podamos. \u00c9l no pide m\u00e1s de lo que no podamos, no pide grandes cosas, sino que nos pide todo, todo el coraz\u00f3n. \u00bfExperimentaste alguna vez esa alegr\u00eda profunda e indecible de darte cuenta lo bien que hace entregar lo que tenemos para ayudar a otros? Solo lo sabe aquel que lo vive. No alcanza decirlo con palabras, hay que probarlo. \u00bfProbaste alguna vez dar lo que ten\u00edas y quedarte aparentemente sin nada, pero de golpe darte cuenta que ten\u00edas todo pero de otro modo? Solo el que da todo se da cuenta que en realidad no hace falta tener algo material para ser verdaderamente feliz, sino que basta con dar. \u00abEl que se da, crece\u00bb, dec\u00eda san Alberto Hurtado, el gran santo chileno, el que se da crece y as\u00ed hace crecer a los dem\u00e1s y solo crecemos si nos damos juntos, si damos juntos y en comunidad. Vamos juntos por ese camino, hay que renovarlo todos los d\u00edas, no nos guardemos nada, porque solo as\u00ed seremos verdaderamente felices.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>Sigamos profundizando, ya al terminar esta semana, lo que nos ense\u00f1a la Palabra de Dios sobre ella misma, sobre el valor que tiene para nosotros, para nuestra vida de fe, para aprender a conocernos y profundizar. Hoy, quiero que encontremos la respuesta a lo que venimos reflexionando en estos d\u00edas sobre el porqu\u00e9\u2026 porqu\u00e9 lo que Dios dice es vivo y eficaz, sobre el porqu\u00e9 la Palabra de Dios es como una espada, que corta y penetra hasta el fondo del alma, del coraz\u00f3n, del esp\u00edritu. En realidad, podr\u00edamos decir el para qu\u00e9. \u00bfPara qu\u00e9 la Palabra de Dios corta y penetra? Bueno, la respuesta es sencilla, la da la misma palabra. Para ayudarnos a \u00abdiscernir los pensamientos y las intenciones del coraz\u00f3n\u00bb. Vale la pena que entendamos qu\u00e9 es discernir, que quiere decir distinguir entre varias cosas, saber separar para poder finalmente elegir. Por decirlo en sencillo, en criollo, como se dice por ac\u00e1, la Palabra de Dios penetra en nosotros para que nosotros sepamos distinguir lo que en nuestra cabeza y coraz\u00f3n aparece muchas veces mezclado y confuso. Solo la persona que sabe escuchar aprende a discernir bien lo que siente y piensa. Los que hablan mucho, generalmente escuchan poco, y en general deciden seg\u00fan sus criterios, y por eso tienen muchas chances de equivocarse. Si esto vale para la vida entre nosotros, imagin\u00e9monos si lo pensamos desde Dios. Por eso el que escucha a Dios Padre cada d\u00eda es, a la larga, el m\u00e1s sabio, porque sabe discernir, discierne los pensamientos y deseos de Dios, que son los que jam\u00e1s se equivocar\u00e1n.<\/em><\/p>\n<p><em>Un ejemplo claro y palpable de lo que intento decirte hoy aparece en Algo del Evangelio. Los \u00abparroquianos\u00bb de Jes\u00fas, por decirlo de alguna manera, los de su propio pueblo, conf\u00edan en sus propios criterios y pensamientos, y por eso ese Jes\u00fas que ve\u00edan sus propios ojos, tan pero tan humanos, tan pero tan carpintero, tan pero tan normal, no les cab\u00eda en sus par\u00e1metros de lo que un profeta deb\u00eda ser, seg\u00fan ellos. Es imposible que uno de los nuestros sea alguien que hable en nombre de Dios. Eso es ser profeta\u2026 escuchar a Dios, escuchar su palabra y hablar a los dem\u00e1s de lo que escuchamos, habiendo discernido nuestros pensamientos y deseos para que se unan y concuerden con los de Dios. Es imposible que el hijo de un carpintero sea tan sabio, que hable con tanta sabidur\u00eda.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a1Qu\u00e9 hip\u00f3critas o necios que somos a veces los hombres!, los de ese tiempo y los de ahora, a veces los de la Iglesia y los de afuera.<\/em><\/p>\n<p><em>Muchas veces podemos ser como veletas que vamos tras pensamientos y sentimientos que no son los de Dios porque no sabemos discernir. Por ejemplo, si alguien nos cae bien, todo lo que sale de su boca se convierte en \u00abpalabra de Dios\u00bb, es incre\u00edble pero pasa. Pasa con aquellos que gobiernan los pa\u00edses, con alg\u00fan profesor, con alguien que est\u00e1 a nuestro cargo, con los sacerdotes, con todos. Si alguien me cae bien, porque representa en el fondo mi pensamientos, mis deseos, soy capaz de adularlo y cegarme de una manera casi infantil, por el solo hecho de que dice lo que quiero escuchar o est\u00e1 en contra de lo que yo aborrezco. Ahora, a veces no importa tanto si es coherente o no, su vida moral, sus locuras, sino que dice lo que quiero escuchar. Lo mismo nos puede pasar al rev\u00e9s. Cuando alguien no me cae tan bien, dice verdades que no quiero escuchar, pero por el solo hecho de que esa persona no las vive o no es muy amable o hay una cuesti\u00f3n de piel, no valoro finalmente ni me importa lo que dice. \u00bfQu\u00e9 debemos hacer? Bueno, ni una cosa ni la otra. \u00bfQu\u00e9 importa entonces? Importa lo que se dice, importa el contenido del mensaje. Tambi\u00e9n podr\u00edamos llevarlo a la propia vida, importa c\u00f3mo se vive finalmente. Cuanta m\u00e1s verdad es una verdad, menos importa qui\u00e9n la dice. Jes\u00fas fue rechazado por sus pueblerinos, \u00abparroquianos\u00bb, como nos pasa a nosotros en nuestras familias, en nuestras comunidades, en nuestros ambientes, porque muchas veces no podemos superar estos obst\u00e1culos tan obvios pero tan dif\u00edciles de saltar.<\/em><\/p>\n<p><em>Dios quiso hacerse normal, y por eso se hizo hombre. Dios quiso hablarnos normalmente y por eso tuvo boca y coraz\u00f3n. Jes\u00fas fue muy hombre, sin dejar de ser muy Dios. Nosotros podemos ser hombres y mujeres muy de Dios, muy profetas, sin dejar de ser humanos y cercanos; es m\u00e1s, buen signo es que no dejemos de ser muy hombres y mujeres con todas las letras.<\/em><\/p>\n<p><em>Aprendamos a escuchar a todos, porque m\u00e1s all\u00e1 de la Palabra de Dios escrita, \u00e9l tambi\u00e9n nos habla por medio de los dem\u00e1s, incluso de los que a veces despreciamos.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Al llegar a su pueblo, se puso a ense\u00f1ar a la gente en la sinagoga, de tal manera que todos estaban maravillados. \u00ab\u00bfDe d\u00f3nde le vienen, dec\u00edan, esta sabidur\u00eda y ese poder de hacer milagros? \u00bfNo es este el hijo del carpintero? \u00bfSu madre no es la que llaman Mar\u00eda? \u00bfY no son hermanos suyos [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":4552,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[23],"tags":[24],"class_list":["post-4551","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-mateo","tag-mateo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4551","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4551"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4551\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4555,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4551\/revisions\/4555"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4552"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4551"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4551"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4551"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}