{"id":4571,"date":"2024-08-06T00:00:09","date_gmt":"2024-08-06T03:00:09","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=4571"},"modified":"2024-08-05T09:05:37","modified_gmt":"2024-08-05T12:05:37","slug":"fiesta-de-la-transfiguracion-del-senor-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/fiesta-de-la-transfiguracion-del-senor-2\/","title":{"rendered":"Fiesta de la Transfiguraci\u00f3n del Se\u00f1or"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-4571-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/06agosto-audio-FiestaTransfiguracionSenor-B.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/06agosto-audio-FiestaTransfiguracionSenor-B.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/06agosto-audio-FiestaTransfiguracionSenor-B.mp3<\/a><\/audio>\n<p><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/06agosto-audio-FiestaTransfiguracionSenor-B.zip\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2583\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/descargarMP3-100x100-1.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"100\" \/><\/a>Jes\u00fas tom\u00f3 a Pedro, Santiago y Juan, y los llevo a ellos solos a un monte elevado. All\u00ed se transfigur\u00f3 en presencia de ellos. Sus vestiduras se volvieron resplandecientes, tan blancas como nadie en el mundo podr\u00eda blanquearlas. Y se les aparecieron El\u00edas y Mois\u00e9s, conversando con Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Pedro dijo a Jes\u00fas: \u00abMaestro, \u00a1qu\u00e9 bien estamos aqu\u00ed! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Mois\u00e9s y otra para El\u00edas.\u00bb Pedro no sab\u00eda qu\u00e9 decir, porque estaban llenos de temor.<\/p>\n<p>Entonces una nube los cubri\u00f3 con su sombra, y sali\u00f3 de ella una voz: \u00abEste es mi Hijo muy querido, esc\u00fachenlo.\u00bb<\/p>\n<p>De pronto miraron a su alrededor y no vieron a nadie, sino a Jes\u00fas solo con ellos.<\/p>\n<p>Mientras bajaban del monte, Jes\u00fas les prohibi\u00f3 contar lo que hab\u00edan visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos cumplieron esta orden, pero se preguntaban qu\u00e9 significar\u00eda \u00abresucitar de entre los muertos.\u00bb<\/p>\n<p><strong>Palabra del Se\u00f1or<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p><em>Hoy, en esta fiesta de la Transfiguraci\u00f3n del Se\u00f1or, te invito a que nos preguntemos qu\u00e9 significa que Jes\u00fas se haya transfigurado y por qu\u00e9 o para qu\u00e9. Significa que Jes\u00fas revel\u00f3 su gloria, revel\u00f3 en ese instante su dignidad frente a sus disc\u00edpulos, aquello que estaba oculto; algo que debe haber sido tan maravilloso que Pedro despu\u00e9s se expresa en una de sus cartas diciendo que \u00ab\u00e9l vio la gloria llena de majestad\u00bb, \u00e9l pudo ver la gloria de Dios en la tierra. Y en ese momento de gozo, de no entender mucho qu\u00e9 pasaba, surge en Pedro este gran acto de generosidad y el deseo de quedarse para siempre en ese lugar, en el llamado Monte Tabor: \u00abHagamos tres carpas\u00bb, tres carpas para los dem\u00e1s, pero ninguna para \u00e9l. Tal era el deseo de que ese momento durara para siempre que se olvid\u00f3 de su propia comodidad, como nos pasa a nosotros cuando estamos gozosos y felices. No nos importa d\u00f3nde estemos, perdemos la noci\u00f3n del tiempo. Por eso, te dec\u00eda parecido a esos momentos de nuestra vida en el que se nos manifiesta Dios de alguna manera, no como a Pedro, pero aun as\u00ed se nos muestra y queremos que dure para siempre. \u00bfNo ser\u00e1 eso un instante de eternidad? \u00bfNo ser\u00e1 eso un anticipo de lo que ser\u00e1 la eternidad?<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>Sabemos tambi\u00e9n que Jes\u00fas se revel\u00f3 as\u00ed para apartar del coraz\u00f3n de los disc\u00edpulos lo que despu\u00e9s ser\u00e1 el esc\u00e1ndalo de la cruz, el obst\u00e1culo para creer el sufrimiento; se muestra como Dios para que despu\u00e9s, cuando Jes\u00fas est\u00e9 en la cruz, crean y no se olviden de ese momento. Sin embargo, el Evangelio nos ense\u00f1a que esto finalmente no funcionar\u00e1 tanto, del todo, por decirlo de alg\u00fan modo, porque el \u00fanico que estar\u00e1 al pie de la cruz ser\u00e1 el disc\u00edpulo amado, Mar\u00eda y algunas mujeres.<\/em><\/p>\n<p><em>Y, por otro lado, Jes\u00fas tambi\u00e9n se transfigura para manifestar lo que se cumplir\u00e1 un d\u00eda en todo su cuerpo, que somos nosotros, o sea, en todos los bautizados; alg\u00fan d\u00eda nos transfiguraremos como \u00e9l. As\u00ed como la cabeza \u2013que es \u00e9l\u2013 se transfigur\u00f3 y dej\u00f3 ver su divinidad, alg\u00fan d\u00eda nosotros nos transfiguraremos, resucitaremos con nuestro cuerpo para vivir eternamente en la gloria del cielo. \u00bfLo sab\u00edas? Mira que hay muchos cat\u00f3licos que no saben todav\u00eda esta verdad.<\/em><\/p>\n<p><em>Pero hay una frase de Dios Padre que dice en Algo del Evangelio de hoy que expresa cu\u00e1l es su voluntad, cu\u00e1l es su deseo para con nosotros mientras caminamos aqu\u00ed, en la tierra hasta que lleguemos a la gloria; dice as\u00ed: \u00abEste es mi hijo muy querido, esc\u00fachenlo\u00bb. Y por eso quer\u00eda que hoy nos concentremos en ese momento, en esa frase. Dios Padre nos pide que escuchemos a su Hijo, \u00e9l env\u00eda a su Hijo al mundo para que lo escuchemos. Y esto, que parece tan simple, es la clave de nuestra vida y lo que se nos hace a veces tan dif\u00edcil: escuchar y escuchar. Escuchar a nuestro buen Dios, escucharnos a nosotros mismos y escuchar a los dem\u00e1s.<\/em><\/p>\n<p><em>Hay dos grandes v\u00edas o espacios para escuchar a Dios, una es la oraci\u00f3n personal en la cual hablamos y escuchamos, hacemos ese esfuerzo \u2013especialmente cuando leemos e intentamos entender su Palabra\u2013, pero tambi\u00e9n en el silencio. Cuesta mucho, porque muchas veces hablamos y hablamos y no sabemos escuchar tanto; bueno, la oraci\u00f3n es ese momento personal para poder escuchar a Dios. Sin embargo, hay otra v\u00eda, otro espacio para escuchar a nuestro Padre, que es en el pr\u00f3jimo, como dice san Juan que \u00abDios es amor\u00bb. Si amamos, si estamos atentos al bien de los dem\u00e1s, Dios habita en nosotros, y si amamos a los dem\u00e1s y vemos en los dem\u00e1s tambi\u00e9n a Dios, entonces quiere decir que de alguna manera Dios nos habla a trav\u00e9s de los otros. Por eso tambi\u00e9n dir\u00e1 san Juan que no podemos amar a quien no vemos si no amamos a aquellos que vemos. Y esto tambi\u00e9n lo podemos aplicar a la escucha: no podemos escuchar a aqu\u00e9l que no vemos si no escuchamos a aquellos que vemos.<\/em><\/p>\n<p><em>Por eso te propongo hoy analizar esas dificultades que tenemos para escuchar, en realidad muchas veces o\u00edmos sin escuchar.<\/em><\/p>\n<p><em>El que oye, pero no escucha, es el que muchas veces est\u00e1 mirando de reojo y no escucha a las personas, no est\u00e1 mirando cuando le hablan, est\u00e1 pensando en lo que tiene que hacer y no en lo que tiene delante. Cu\u00e1ntas veces nos pasa esto: o\u00edmos sin escuchar, porque miramos de reojo, estamos ansiosos por lo que nosotros queremos, no miramos a la cara.<\/em><\/p>\n<p><em>Despu\u00e9s est\u00e1 el que mira, pero tampoco escucha; oye, pero en realidad tiene el pensamiento en otra cosa, piensa en lo que contestar\u00e1, ya est\u00e1 pensando en lo que va a decir, piensa en sus cosas y no presta atenci\u00f3n, piensa en lo que vendr\u00e1, en lo que esa persona es o est\u00e1 pensando en otra cosa, piensa, piensa, piensa, pero no escucha. Y el que oye tambi\u00e9n sin escuchar porque su coraz\u00f3n est\u00e1 en otra, no le interesa lo que el otro le dice, porque est\u00e1 inclinado interiormente a su inter\u00e9s y cuando el coraz\u00f3n est\u00e1 en otra cosa, por m\u00e1s que mire y mire, por m\u00e1s que abra los o\u00eddos, las palabras vuelan y no penetran en el coraz\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00bfQu\u00e9 hacer ante todo esto en este d\u00eda? Tratemos de escuchar mirando a los otros, tratemos de escuchar pensando en lo que el otro est\u00e1 diciendo, tratemos de escuchar poniendo el coraz\u00f3n en la persona que tenemos por delante. Hoy hagamos el esfuerzo, hagamos el esfuerzo por escuchar. Tenemos que o\u00edr, tenemos que mirar, tenemos que poner todo el pensamiento en lo que nos est\u00e1n diciendo, pero tambi\u00e9n el coraz\u00f3n. Si no escuchamos a los dem\u00e1s, dif\u00edcilmente podamos escuchar a Jes\u00fas, como quiere el Padre y as\u00ed vivir haciendo su voluntad.<\/em><\/p>\n<p><em>Escuchemos hoy a nuestros padres, a nuestros hijos, a nuestros compa\u00f1eros de trabajo, al que se cruza por la calle; escuchemos, escuchemos porque eso es lo que desea el Padre: \u00abEste es mi Hijo muy querido, esc\u00fachenlo\u00bb. Escuchemos a Jes\u00fas tambi\u00e9n en su Palabra de cada d\u00eda, escuch\u00e9moslo en la oraci\u00f3n, en el silencio, en todas partes, porque as\u00ed empezaremos a experimentar \u2013como ese d\u00eda a los disc\u00edpulos\u2013 el cielo en la tierra.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jes\u00fas tom\u00f3 a Pedro, Santiago y Juan, y los llevo a ellos solos a un monte elevado. All\u00ed se transfigur\u00f3 en presencia de ellos. Sus vestiduras se volvieron resplandecientes, tan blancas como nadie en el mundo podr\u00eda blanquearlas. Y se les aparecieron El\u00edas y Mois\u00e9s, conversando con Jes\u00fas. Pedro dijo a Jes\u00fas: \u00abMaestro, \u00a1qu\u00e9 bien [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":4572,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[8],"class_list":["post-4571","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-marcos","tag-marcos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4571","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4571"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4571\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4575,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4571\/revisions\/4575"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4572"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4571"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4571"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4571"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}