{"id":4616,"date":"2024-08-14T00:00:51","date_gmt":"2024-08-14T03:00:51","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=4616"},"modified":"2024-08-13T08:53:10","modified_gmt":"2024-08-13T11:53:10","slug":"xix-miercoles-durante-el-ano-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/xix-miercoles-durante-el-ano-2\/","title":{"rendered":"XIX Mi\u00e9rcoles durante el a\u00f1o"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-4616-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/14agosto-audio-XIX-MiercolesAnio-B.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/14agosto-audio-XIX-MiercolesAnio-B.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/14agosto-audio-XIX-MiercolesAnio-B.mp3<\/a><\/audio>\n<p><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/14agosto-audio-XIX-MiercolesAnio-B.zip\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2583\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/descargarMP3-100x100-1.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"100\" \/><\/a>Jes\u00fas dijo a sus disc\u00edpulos:<\/p>\n<p>\u00abSi tu hermano peca, ve y corr\u00edgelo en privado. Si te escucha, habr\u00e1s ganado a tu hermano. Si no te escucha, busca una o dos personas m\u00e1s, para que el asunto se decida por la declaraci\u00f3n de dos o tres testigos. Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, consid\u00e9ralo como pagano o publicano.<\/p>\n<p>Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedar\u00e1 atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedar\u00e1 desatado en el cielo.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n les aseguro que, si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que est\u00e1 en el cielo se lo conceder\u00e1. Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos.\u00bb<\/p>\n<p><strong>Palabra del Se\u00f1or<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p><em>Continuando con el Evangelio del domingo, en donde trat\u00e1bamos de remarcar esa frase, esa Palabra de Dios tan significativa, donde Jes\u00fas dec\u00eda \u00abnadie viene a m\u00ed, si mi Padre no lo atrae\u00bb, creo que podemos volver a recordar y a reflexionar sobre cu\u00e1l es el motor de nuestras acciones en nuestra vida, cada d\u00eda. En definitiva, podr\u00edamos decir que nosotros no hacemos sino lo que deseamos o hacemos \u00fanicamente lo que deseamos. Incluso cuando hacemos lo que no queremos tanto, por obligaci\u00f3n, por imposici\u00f3n \u2013mejor dicho\u2013 o porque casi no nos queda otra alternativa, finalmente lo hacemos porque deseamos hacelo. Tarde o temprano se manifiesta eso. Puede ser con m\u00e1s, con menos gusto, pero hacemos lo que deseamos. Y si no deseamos estar con Jes\u00fas, si no deseamos gustar y disfrutar de su bondad, finalmente nos quedaremos vac\u00edos, finalmente no sentiremos que \u00e9l es nuestro pan, que \u00e9l nos alimenta de mil maneras diferentes a cada instante, que \u00e9l lo \u00fanico que desea es que disfrutemos de su presencia, de su amor, y que Dios es alimento para nuestra vida. Por eso, volvamos a preguntarnos una vez m\u00e1s: \u00bfQu\u00e9 estamos deseando? \u00bfQu\u00e9 estamos buscando? \u00bfNo ser\u00e1 que a veces se nos apag\u00f3 el deseo a aquellos que asiduamente participamos de la vida de la Iglesia? \u00bfNo ser\u00e1 que tantos que no participan habr\u00e1 sido porque finalmente no lo desean o porque no le hemos presentado la imagen de Dios como un verdadero deseo que tenemos que abrazar para sentirnos colmados? Es para seguir pensando y reflexionando una vez m\u00e1s.<\/em><\/p>\n<p><em>Me parece bueno aclarar algunas cosas de Algo del Evangelio de hoy como para no interpretarlo mal. Esta actitud o esta invitaci\u00f3n de Jes\u00fas que llamamos \u00abtradicionalmente\u00bb correcci\u00f3n fraterna, la que se nos pide hoy, y es algo que la verdad hacemos poco en la Iglesia, en nuestras comunidades o muchas veces lo hacemos mal, es para profundizarla. Es dif\u00edcil decir por qu\u00e9 nos pasa esto, puede ser que sea por miedo, por no querer comprometernos a corregir a otros, por no quedar mal ante los otros, por considerarnos incluso indignos de corregir a los dem\u00e1s por nuestras propias debilidades o por tantas razones m\u00e1s. Pero debemos animarnos, por lo menos, a aprender lo que nos ense\u00f1a Jes\u00fas, para vivir verdaderamente como hermanos y no como desconocidos, cosa que pasa muy a menudo en nuestras comunidades, aunque aparentemente nos conozcamos mucho.<\/em><\/p>\n<p><em>Una aclaraci\u00f3n importante que debemos hacer antes, es prestar atenci\u00f3n de que Jes\u00fas les est\u00e1 hablando a sus disc\u00edpulos \u00fanicamente, o sea, a una comunidad de hermanos que tienen fe, no a cualquier persona, no una unidad hac\u00eda un bien com\u00fan simplemente, sino hac\u00eda la unidad que nos plantea Dios. No est\u00e1 hablando en general, al mont\u00f3n, Jes\u00fas, sino a sus disc\u00edpulos. Por eso la correcci\u00f3n fraterna supone, entre otras cosas, que debe darse en un contexto de fe, de confianza en Jes\u00fas, de saber que \u00e9l es el hermano mayor que nos ense\u00f1a a amarnos y a considerarnos hermanos, que esto por supuesto puede darse en una comunidad cristiana, debe darse en una comunidad cristiana. Por eso ser\u00eda il\u00f3gico eso de andar \u00abcorrigiendo\u00bb a todo el mundo que peca, como si fu\u00e9ramos los jueces del mundo, olvid\u00e1ndonos que, ante todo, somos los primeros pecadores invitados a sanarnos. Si fuera as\u00ed, que Jes\u00fas nos pide que corrijamos a cualquiera que peca, no nos alcanzar\u00eda el tiempo ni la vida para hacerlo y, adem\u00e1s, tambi\u00e9n no debemos olvidar que nos estar\u00edan corrigiendo a nosotros continuamente, porque somos capaces de caer en muchos pecados, incluso en los mismos que a veces queremos corregir.<\/em><\/p>\n<p><em>Por otro lado, dice nuestro buen Jes\u00fas: \u00abSi tu hermano peca\u2026\u00bb, o sea, no dice \u00absi tu hermano hace algo que no te gusta, si tu hermano no te cae bien, si tu hermano no es tan simp\u00e1tico como quisieras\u00bb. Hay mucha confusi\u00f3n con respecto a esto, porque el pecado es la condici\u00f3n necesaria para la correcci\u00f3n, no es simplemente una cuesti\u00f3n afectiva o de gustos.<\/em><\/p>\n<p><em>La condici\u00f3n necesaria para corregir a los otros por amor, fraternalmente, es que mi hermano realmente peque, o sea que transgreda objetivamente algo de la ley de Dios y que eso est\u00e9 afectando a una comunidad de fe, no a mis gustos personales o a los chismes o a lo que surgi\u00f3 por chismes de otros. \u00a1Qu\u00e9 dif\u00edcil es esto! Nadie puede realizar una correcci\u00f3n fraterna si no es una persona de fe, de oraci\u00f3n, e inspirada por el Esp\u00edritu Santo, y tambi\u00e9n no es capaz de aceptar correcciones, si no es alguien que se deja guiar por \u00c9l y no por sus impulsos.<\/em><\/p>\n<p><em>Para corregir fraternalmente o ser corregido, se necesita mucha humildad y eso no es nada f\u00e1cil. Por eso, jam\u00e1s podemos corregir enojados, guiados por nuestros caprichos y pensamientos, porque en general estaremos m\u00e1s movidos por nuestros intereses personales que por los del Evangelio.<\/em><\/p>\n<p><em>Finalmente, siempre, siempre se debe empezar en privado, persona a persona, de coraz\u00f3n a coraz\u00f3n, como dice la Palabra. Jam\u00e1s podemos corregir a un hermano desde el primer impulso. No se puede corregir a alguien yendo con otros, como en \u00abpatota\u00bb, de a muchos, como queriendo avalar lo que pienso y deseo corregir, porque si no, el corregido se sentir\u00e1 atrapado o rodeado, humillado y no abrir\u00e1 su coraz\u00f3n. Por eso Jes\u00fas nos ense\u00f1a que la correcci\u00f3n fraterna es un camino que lentamente va creciendo. Solo en la medida en que la otra persona se cierra para cambiar, entonces debo acudir a otras instancias y por eso, por no querer entrar en raz\u00f3n, necesita de una comunidad. Solo as\u00ed se entiende que despu\u00e9s, aunque parezca duro y dif\u00edcil, alguien puede ser \u00abechado\u00bb de una comunidad, de un lugar, si prefiere el camino de la cerraz\u00f3n, la soberbia y no quiere cambiar por el bien de los otros.<\/em><\/p>\n<p><em>Que tengamos un buen d\u00eda, y que la Bendici\u00f3n de Dios Padre Hijo y Esp\u00edritu Santo descienda sobre nuestros corazones y permanezca para siempre.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jes\u00fas dijo a sus disc\u00edpulos: \u00abSi tu hermano peca, ve y corr\u00edgelo en privado. Si te escucha, habr\u00e1s ganado a tu hermano. Si no te escucha, busca una o dos personas m\u00e1s, para que el asunto se decida por la declaraci\u00f3n de dos o tres testigos. Si se niega a hacerles caso, dilo a la [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":4618,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[23],"tags":[24],"class_list":["post-4616","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-mateo","tag-mateo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4616","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4616"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4616\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4622,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4616\/revisions\/4622"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4618"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4616"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4616"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4616"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}