{"id":4661,"date":"2024-08-22T00:00:14","date_gmt":"2024-08-22T03:00:14","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=4661"},"modified":"2024-08-21T08:32:24","modified_gmt":"2024-08-21T11:32:24","slug":"xx-jueves-durante-el-ano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/xx-jueves-durante-el-ano\/","title":{"rendered":"XX Jueves durante el a\u00f1o"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-4661-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/22agosto-audio-XX-JuevesAnio-B.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/22agosto-audio-XX-JuevesAnio-B.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/22agosto-audio-XX-JuevesAnio-B.mp3<\/a><\/audio>\n<p><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/22agosto-audio-XX-JuevesAnio-B.zip\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2583\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/descargarMP3-100x100-1.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"100\" \/><\/a>Jes\u00fas les habl\u00f3 otra vez en par\u00e1bolas, diciendo: \u00abEl Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo. Envi\u00f3 entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir.<\/p>\n<p>De nuevo envi\u00f3 a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: &#8220;Mi banquete est\u00e1 preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo est\u00e1 a punto: Vengan a las bodas.&#8221; Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitaci\u00f3n, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio; y los dem\u00e1s se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron.<\/p>\n<p>Al enterarse, el rey se indign\u00f3 y envi\u00f3 a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad. Luego dijo a sus servidores: &#8220;El banquete nupcial est\u00e1 preparado, pero los invitados no eran dignos de \u00e9l. Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren.&#8221;<\/p>\n<p>Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llen\u00f3 de convidados.<\/p>\n<p>Cuando el rey entr\u00f3 para ver a los comensales, encontr\u00f3 a un hombre que no ten\u00eda el traje de fiesta. &#8220;Amigo, le dijo, \u00bfc\u00f3mo has entrado aqu\u00ed sin el traje de fiesta?&#8221; El otro permaneci\u00f3 en silencio. Entonces el rey dijo a los guardias: &#8220;Atenlo de pies y manos, y arr\u00f3jenlo afuera, a las tinieblas. All\u00ed habr\u00e1 llanto y rechinar de dientes.&#8221;<\/p>\n<p>Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos.\u00bb<\/p>\n<p><strong>Palabra del Se\u00f1or<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p><em>\u00abAparta de m\u00ed las cosas vanas, vivif\u00edcame con tu palabra\u00bb. Esto ped\u00edamos el lunes, suplic\u00e1bamos que Dios aparte de nosotros todo lo que es vano y nos quita vida del coraz\u00f3n. Lo superficial, lo vano, aunque no parezca, nos va quitando fuerzas, porque nos desgasta en cosas que, pueden ser importantes, pero en el fondo no son esenciales. Poner el coraz\u00f3n en cosas que son vanas, tarde o temprano nos quita energ\u00edas, porque no nos da lo que necesitamos, la vida del alma que solo puede darnos Dios y su palabra. Por eso pidamos que hoy la palabra nos vivifique, una vez m\u00e1s nos diga algo que nos ayude, que nos levante, que nos gu\u00ede, que nos ilumine, que nos muestre una vez m\u00e1s el camino si hemos perdido el rumbo, que nos ayude a afirmar nos en el camino que venimos tomando.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>De Algo del Evangelio de hoy, recordemos otra vez m\u00e1s un detalle sobre las par\u00e1bolas; hay dos clases de personas que reciben las par\u00e1bolas, podr\u00edamos decir, y con ellas dos formas distintas de responder.<\/em><\/p>\n<p><em>Est\u00e1n los que quieren entender, los que buscan e intentan escuchar, escudri\u00f1ar, ir m\u00e1s all\u00e1 y por eso preguntan para saber m\u00e1s. Por eso tenemos que preguntarle siempre a nuestro Dios cuando nos habla, no hay que dar por entendido como si supi\u00e9ramos todo. Preguntarse mientras escuchamos o despu\u00e9s de haber escuchado: \u00bfQu\u00e9 dice la Palabra? \u00bfQu\u00e9 est\u00e1 diciendo? \u00bfA qu\u00e9 se refiere con lo que acabo de escuchar? Esa es la manera de escuchar verdaderamente con el coraz\u00f3n, de \u00abmeter\u00bb el coraz\u00f3n en lo que uno escucha con los o\u00eddos.<\/em><\/p>\n<p><em>Y por otro lado est\u00e1n los que oyen, pero en realidad no escuchan, los que oyen sin atender, los que est\u00e1n oyendo con sus o\u00eddos, valga la redundancia, pero escuchando otra cosa con el coraz\u00f3n. En este momento\u2026 \u00bfestamos escuchando mientras hacemos otra cosa y no terminamos de prestar atenci\u00f3n, o\u00edmos como si estuvi\u00e9ramos escuchando a alguien sin importancia y no al mism\u00edsimo Dios?<\/em><\/p>\n<p><em>Cuando o\u00edmos sin escuchar, es cuando somos un poco ricos de coraz\u00f3n y mente; creemos que no necesitamos nada, que sabemos casi todo, de todos los temas, conocemos todas las reglas, nos podemos creer los \u00abiluminados en la fe\u00bb, podemos conocer mucho de teolog\u00eda y saber incluso el catecismo, pero no saber, no haber saboreado a Cristo verdaderamente. Cuando vivimos as\u00ed, Jes\u00fas termina siendo una norma, una regla, una moral, una doctrina que tenemos que aprender. Y la Palabra termina siendo solo eso: un requisito por cumplir. Es el que tiene la mente cerrada pero la boca abierta, habla mucho y escucha poco.<\/em><\/p>\n<p><em>Ojal\u00e1 podamos escuchar la par\u00e1bola de hoy con otra actitud, con actitud de un coraz\u00f3n humilde. Ayer escuch\u00e1bamos que la par\u00e1bola estaba dirigida a los disc\u00edpulos; hoy dice que est\u00e1 dirigida a los fariseos de ese tiempo, a los fariseos de hoy, a los cristianos que podemos tener el coraz\u00f3n duro como de fariseo.<\/em><\/p>\n<p><em>Hoy nos dice el Se\u00f1or que el Reino de los Cielos es como una gran invitaci\u00f3n, una invitaci\u00f3n de amor, una invitaci\u00f3n a participar de un gran casamiento, de unas bodas: de las bodas del Hijo de Dios con toda la humanidad. Para eso envi\u00f3 Dios Padre a su Hijo, para establecer una alianza de amor con toda la humanidad, acord\u00e9monos que Jes\u00fas no vino a condenar; vino a salvar, a invitar, porque nadie va a Jes\u00fas si no es a trav\u00e9s del Padre y si no es atra\u00eddo por el Padre que nos invita siempre. Por eso \u00e9l utiliza servidores para invitarte a vos, a m\u00ed y a todos y a tantos a semejante fiesta, la fiesta empieza ac\u00e1, como se dice, en la tierra y terminar\u00e1 un d\u00eda en el cielo, donde encontraremos la plenitud.<\/em><\/p>\n<p><em>Dice el texto que \u00abtodo est\u00e1 a punto\u00bb, Jes\u00fas ya vino, ya est\u00e1 entre nosotros, y el banquete empieza en nuestras vidas, cuando conocemos a Jes\u00fas profundamente, cuando lo amamos, cuando empezamos a descubrirlo en la familia, en el trabajo, ahora mientras est\u00e1s prepar\u00e1ndote para salir de tu casa, en tu estudio, en tu oraci\u00f3n, tambi\u00e9n en los m\u00e1s pobres, en la Misa que es el momento por excelencia donde celebramos este gran banquete, el anticipo del banquete del cielo.<\/em><\/p>\n<p><em>La invitaci\u00f3n es a disfrutar, a amar como \u00e9l ama y por eso es una gran fiesta. \u00c9l nos invita, pero muchos no quieren escuchar ni aceptar esa invitaci\u00f3n, y entonces se lo pierden; es m\u00e1s lo que nos perdemos que el mal que hacemos cuando no aceptamos la invitaci\u00f3n del Se\u00f1or. \u00a1No nos perdamos! \u00a1No perdamos semejante regalo!<\/em><\/p>\n<p><em>Nos podemos pasar la vida a veces sin amar, sin participar de estas bodas de Dios con los hombres, por pasarnos el d\u00eda pensando en nuestras cosas, solo en nosotros, en las cosas vanas; dejar pasar mil oportunidades de invitaciones que el Se\u00f1or nos hace para estar junto con \u00e9l y los dem\u00e1s. Hoy aceptamos una vez m\u00e1s esta invitaci\u00f3n de nuestro buen Dios.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jes\u00fas les habl\u00f3 otra vez en par\u00e1bolas, diciendo: \u00abEl Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo. Envi\u00f3 entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir. De nuevo envi\u00f3 a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":4662,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[23],"tags":[24],"class_list":["post-4661","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-mateo","tag-mateo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4661","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4661"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4661\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4665,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4661\/revisions\/4665"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4662"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4661"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4661"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4661"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}