{"id":4738,"date":"2024-09-05T00:00:48","date_gmt":"2024-09-05T03:00:48","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=4738"},"modified":"2024-09-04T08:34:10","modified_gmt":"2024-09-04T11:34:10","slug":"xxii-jueves-durante-el-ano-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/xxii-jueves-durante-el-ano-2\/","title":{"rendered":"XXII Jueves durante el a\u00f1o"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-4738-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/05septiembre-audio-XXII-JuevesAnio-B.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/05septiembre-audio-XXII-JuevesAnio-B.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/05septiembre-audio-XXII-JuevesAnio-B.mp3<\/a><\/audio>\n<p><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/05septiembre-audio-XXII-JuevesAnio-B.zip\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2583\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/descargarMP3-100x100-1.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"100\" \/><\/a>En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jes\u00fas para escuchar la Palabra de Dios, y \u00e9l estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. Desde all\u00ed vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores hab\u00edan bajado y estaban limpiando las redes. Jes\u00fas subi\u00f3 a una de las barcas, que era de Sim\u00f3n, y le pidi\u00f3 que se apartara un poco de la orilla; despu\u00e9s se sent\u00f3, y ense\u00f1aba a la multitud desde la barca. Cuando termin\u00f3 de hablar, dijo a Sim\u00f3n: \u00abNavega mar adentro, y echen las redes.\u00bb<\/p>\n<p>Sim\u00f3n le respondi\u00f3: \u00abMaestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si t\u00fa lo dices, echar\u00e9 las redes.\u00bb As\u00ed lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse. Entonces hicieron se\u00f1as a los compa\u00f1eros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hund\u00edan.<\/p>\n<p>Al ver esto, Sim\u00f3n Pedro se ech\u00f3 a los pies de Jes\u00fas y le dijo: \u00abAl\u00e9jate de m\u00ed, Se\u00f1or, porque soy un pecador.\u00bb El temor se hab\u00eda apoderado de \u00e9l y de los que lo acompa\u00f1aban, por la cantidad de peces que hab\u00edan recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compa\u00f1eros de Sim\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero Jes\u00fas dijo a Sim\u00f3n: \u00abNo temas, de ahora en adelante ser\u00e1s pescador de hombres.\u00bb<\/p>\n<p>Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandon\u00e1ndolo todo, lo siguieron.<\/p>\n<p><strong>Palabra del Se\u00f1or<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p><em>Qu\u00e9 mal utilizada est\u00e1 la palabra \u00abreligioso\u00bb, \u00abreligiosidad\u00bb. Ya desde los evangelios vemos que Jes\u00fas critica una cierta religiosidad, que finalmente parece ser que fue la que predomin\u00f3 a lo largo del tiempo, o incluso hoy podemos decir que, cuando escuchamos la palabra \u00abreligioso\u00bb, que cierta persona es muy religiosa. Siempre se lo asocia a aquellas personas que o est\u00e1n mucho dentro de la Iglesia o bien rezan mucho, hacen muchas pr\u00e1cticas de piedad.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>No se relaciona lo religioso con aquel que se entrega y ama en lo cotidiano, aquel que se juega por los que m\u00e1s necesitan, aquel que entrega su vida. \u00a1No!, parece ser que lo religioso es una cuesti\u00f3n externa, de pr\u00e1cticas externas. \u00bfCu\u00e1ndo vamos a cambiar esa mentalidad? Dec\u00edamos, desprendi\u00e9ndose del Evangelio del domingo y de la Carta de Santiago, que la verdadera religiosidad no est\u00e1 en cosas meramente externas, aunque ayudan mucho, sino que est\u00e1 en vivir el amor, en ocuparnos de los m\u00e1s d\u00e9biles y los m\u00e1s pobres. Por eso quitemos de nuestro vocabulario la palabra mal usada \u00abreligiosidad\u00bb para asociar a aquellas personas que est\u00e1n mucho dentro de la Iglesia. Yo, como sacerdote, o cualquiera que est\u00e1 dentro de la Iglesia mucho y vive para ella podemos ser muy poco religiosos aun estando dentro de la Iglesia, porque podemos amar muy poco. En definitiva, solo en el amor se comprueba si nuestra religiosidad es pura y sin mancha.<\/em><\/p>\n<p><em>Ayer cit\u00e1bamos al ap\u00f3stol Santiago cuando dec\u00eda: \u00abSi alguno se contenta con o\u00edr la Palabra sin ponerla por obra, ese se parece al que contempla su imagen en un espejo, se contempla, pero y\u00e9ndose se olvida de c\u00f3mo es\u00bb. Esto es lo que nos pasa tantas veces al escuchar la Palabra de Dios, parece que hacemos como cuando antes de salir a trabajar, despu\u00e9s de levantarnos y prepararnos, nos paramos frente al espejo, nos lavamos la cara, nos peinamos, nos lavamos los dientes y salimos medio corriendo, como no queriendo detenernos mucho para ver realmente c\u00f3mo estamos, c\u00f3mo \u00abnos vemos\u00bb, c\u00f3mo est\u00e1 nuestro rostro; o bien aquellos que est\u00e1n minutos y muchos minutos frente al espejo, pero finalmente vi\u00e9ndose su propio ombligo. As\u00ed hacemos a veces con la Palabra, la escuchamos, pero no sabemos siempre frenarnos verdaderamente, dejar que eso que escuchamos nos refleje algo de la voluntad de Dios, algo de lo que somos, algo sobre c\u00f3mo estamos. Cuando no ponemos por obra la Palabra, es porque no le damos tiempo, en el fondo no la contemplamos, sino que la escuchamos a las \u00abcorridas\u00bb, queriendo hacer lo que quer\u00edamos hacer y no tanto lo que Dios quiere o nos est\u00e1 pidiendo. Es necesario tomarnos m\u00e1s tiempo, es necesario hacer momentos de silencio, es necesario hacer retiros espirituales, es necesario mirarse al espejo de la Palabra, dedic\u00e1ndole un poco m\u00e1s el coraz\u00f3n. Intentemos hoy un poco m\u00e1s, hagamos el esfuerzo. Dale, te invito.<\/em><\/p>\n<p><em>Algo del Evangelio de hoy es uno de esos d\u00edas para contemplar con todo el coraz\u00f3n, por eso te digo y me digo esto. Hagamos el intento de imaginarnos esta escena maravillosa del Evangelio, met\u00e1monos como si estuvi\u00e9ramos ah\u00ed\u2026 para enamorarnos de un Jes\u00fas que sorprende, que descoloca, que llama, que se mete en la barca, que ense\u00f1a, que perdona, que calma, que invita a la confianza, que convierte a un simple pescador bastante cabeza dura y pecador, en un \u00abpescador de hombres\u00bb, en un hombre que cambi\u00f3 la historia de miles.<\/em><\/p>\n<p><em>Es uno de esos d\u00edas, hoy, te invito, en los que me gustar\u00eda callar un poco, no decir mucho, por eso simplemente quiero remarcar algunas pinceladas de lo que ya dice la Palabra.<\/em><\/p>\n<p><em>Jes\u00fas se mete en la barca de Pedro, se mete en su vida, en su lugar de trabajo, como se meti\u00f3 en la m\u00eda, en la tuya, como quiere meterse ahora en nuestra vida, mientras estamos escuchando concretamente. Nos pide que le demos un lugar, que le demos su lugar, que le abramos nuestra casa, nuestro coraz\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>Jes\u00fas invita a Pedro a confiar en su Palabra; nos invita a creer, a abandonarnos y no creer tanto en nosotros mismos, en nuestras capacidades o formas de hacer las cosas, sino m\u00e1s en \u00e9l, en su estilo, en su modo de amar y de obrar. Pedro, vemos que conf\u00eda y le responde: \u00abSi t\u00fa lo dices&#8230;\u00bb. A partir de ah\u00ed, todo se transforma y pasa lo inexplicable: se llenan las dos barcas de peces, nuestra vida se llena de otras cosas, de m\u00e1s corazones. Lo mismo pasa con nosotros, se nos llena el coraz\u00f3n de un mont\u00f3n de cosas lindas de Dios que nos va regalando, de personas, de oportunidades de amar.<\/em><\/p>\n<p><em>Pedro descubre la grandeza, se maravilla y por eso se tira a los pies de Jes\u00fas, se arroja; no solo porque se sinti\u00f3 un miserable al lado de Jes\u00fas, un pecador, sino tambi\u00e9n porque algo tan grande se descubre de a poco. Vos y yo tambi\u00e9n somos pecadores como Pedro, pero no significa que no somos nada. Somos algo, algo, pero muy chiquitos ante nuestro gran Jes\u00fas, nuestro buen Dios. Solo vemos lo poco que somos cuando descubrimos lo grande que es Dios, lo grande que es nuestro Salvador, y no podemos reconocer qui\u00e9n es nuestro Salvador si no reconocemos que somos peque\u00f1os, no miserables, pero peque\u00f1os.<\/em><\/p>\n<p><em>Y, por \u00faltimo, Jes\u00fas le dijo a Pedro: \u00abNo temas\u00bb, no tengas miedo por ser pecador, tranquilo eso ya lo s\u00e9, no hace falta castigarte. \u00c9l sabe que somos pecadores, Jes\u00fas sabe todo eso y no le importa tanto, porque \u00e9l transforma lo que parece que no sirve, lo que es descartable y termina convirti\u00e9ndolo en algo grande. El mundo hace todo lo contrario, fabrica de alguna manera pecadores, los promueve, pero despu\u00e9s los desprecia, los descarta, no los perdona. Sin embargo, Jes\u00fas recibe a los pecadores, los abraza, los perdona y los convierte en \u00abpescadores de hombres\u00bb, en personas, capaces de amar m\u00e1s y m\u00e1s.<\/em><\/p>\n<p><em>Ojal\u00e1 que hoy sintamos ese deseo de abrazarnos con Jes\u00fas, de tirarnos a sus pies, de reconocernos peque\u00f1os, peque\u00f1as y caer en la cuenta, principalmente, de la grandeza de Dios, de todo lo que \u00e9l hizo y hace por nosotros en nuestra vida, y animarnos a ser pescadores de hombres. An\u00edmate a pescar con amor a aquellos que est\u00e1n perdidos en el mar de este mundo.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jes\u00fas para escuchar la Palabra de Dios, y \u00e9l estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. Desde all\u00ed vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores hab\u00edan bajado y estaban limpiando las redes. 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