{"id":4845,"date":"2024-09-25T00:00:00","date_gmt":"2024-09-25T03:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=4845"},"modified":"2024-09-23T17:33:33","modified_gmt":"2024-09-23T20:33:33","slug":"xxv-miercoles-durante-el-ano-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/xxv-miercoles-durante-el-ano-2\/","title":{"rendered":"XXV Mi\u00e9rcoles durante el a\u00f1o"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-4845-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/25septiembre-audio-XXV-MiercolesAnio-B.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/25septiembre-audio-XXV-MiercolesAnio-B.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/25septiembre-audio-XXV-MiercolesAnio-B.mp3<\/a><\/audio>\n<p><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/25septiembre-audio-XXV-MiercolesAnio-B.zip\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2583\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/descargarMP3-100x100-1.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"100\" \/><\/a>Jes\u00fas convoc\u00f3 a los Doce y les dio poder y autoridad para expulsar a toda clase de demonios y para curar las enfermedades. Y los envi\u00f3 a proclamar el Reino de Dios y a sanar a los enfermos, dici\u00e9ndoles: \u00abNo lleven nada para el camino, ni bast\u00f3n, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni tampoco dos t\u00fanicas cada uno. Permanezcan en la casa donde se alojen, hasta el momento de partir. Si no los reciben, al salir de esa ciudad sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos.\u00bb<\/p>\n<p>Fueron entonces de pueblo en pueblo, anunciando la Buena Noticia y curando enfermos en todas partes.<\/p>\n<p><strong>Palabra del Se\u00f1or<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p><em>\u00abUstedes ambicionan, y si no consiguen lo que desean\u2026\u00bb, dec\u00eda la Carta de Santiago en la segunda lectura del domingo, un poco relacionado con el Evangelio tambi\u00e9n. Andamos por el camino hablando de cosas que no tienen nada que ver con lo que Jes\u00fas nos habla. Lamentablemente la palabra ambici\u00f3n est\u00e1 siempre cargada de negatividad, pero si consideramos la ambici\u00f3n como el deseo de obtener ciertos bienes, en s\u00ed misma, deber\u00edamos decir que no es mala ni buena, sino depende de qu\u00e9 se hace con ella. Los deseos bien conducidos son los que nos mantienen con vida, los deseos mal llevados son los que nos llevan a la muerte del coraz\u00f3n. Adem\u00e1s, una cosa es ambicionar o desear, y otra cosa es ser ambiciosos sin escr\u00fapulos y que eso no lleve a toda clase de excesos, como tambi\u00e9n dec\u00eda Santiago: \u00ab\u2026matan; envidian, y al no alcanzar lo que pretenden, combaten y se hacen la guerra\u00bb. El matar y envidiar ser\u00edan los extremos, pero, en definitiva, no desear lo que desea Jes\u00fas nos lleva tarde o temprano a la rivalidad, al combate, a la guerra, a no ver a los dem\u00e1s como hermanos, sino como competidores, a discutir. Eso les pas\u00f3 a los disc\u00edpulos, que peleaban por ver qui\u00e9n era el m\u00e1s grande. Lo m\u00e1s lindo es aprender a desear lo que quiere Jes\u00fas de nosotros, o sea, a buscar ser los primeros, pero a su estilo, a no ver a los dem\u00e1s como obst\u00e1culos a sobrepasar, sino como hermanos a amar y a elevar. Si todos ambicion\u00e1ramos amar a los otros, discutir\u00edamos mucho menos, evitar\u00edamos cientos de peleas y problemas en los ambientes en donde nos toca estar. La ambici\u00f3n desmedida en medio de este mundo competitivo es entendible; ahora, la ambici\u00f3n olvidadiza de los consejos de Jes\u00fas, dentro de la Iglesia, de sus disc\u00edpulos, es la que no podemos aceptar, y debemos tratar de extirpar. No podemos \u00abandar por el camino\u00bb de la vida, siguiendo a nuestro Maestro, luchando por ser los m\u00e1s grandes, sin comprender la grandeza que nos propone Jes\u00fas.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>En Algo del Evangelio de hoy, Jes\u00fas convoca a doce personas; a doce de carne y hueso, bastantes normales, como vos y yo; a los doce que \u00e9l quer\u00eda y a los cuales les dio el privilegio de que lo conozcan durante algunos a\u00f1os para que, conoci\u00e9ndolo, am\u00e1ndolo puedan hacer lo mismo que \u00e9l y continuar su obra en el mundo. \u00bfA qu\u00e9 cosas?, te preguntar\u00e1s.<\/em><\/p>\n<p><em>Primero, a anunciar que el Reino del Padre no es algo que llegar\u00e1 alg\u00fan d\u00eda, sino que es algo que ya lleg\u00f3, que est\u00e1 entre nosotros desde que el Hijo de Dios se hizo como uno de nosotros.<\/em><\/p>\n<p><em>Segundo, a luchar contra el malo, contra aquel que busca por todos los medios posibles evitar que el hombre se haga humilde para comprender estos misterios. Tambi\u00e9n a sanar las enfermedades f\u00edsicas como signo de aquellas enfermedades que nos impiden recibir el mensaje del Reino de Dios Padre. La tarea que Jes\u00fas les encomienda a estos hombres es la tarea encomendada a la Iglesia, a la Iglesia de todos los tiempos, tambi\u00e9n la que nos encomienda a nosotros, en este mismo momento. Los ap\u00f3stoles fueron las columnas de la Iglesia, los hombres que, gracias al poder dado por Jes\u00fas, pudieron continuar su obra y gracias a ellos, esta obra pueda extenderse por todos los siglos. Vos y yo, de alguna manera, tambi\u00e9n \u2013no te olvides\u2013 somos ap\u00f3stoles, tambi\u00e9n somos piedras vivas de este gran edificio que es la Iglesia. La fuerza y la eficacia de esta obra que nos pide es justamente no utilizar ninguna fuerza ajena a la que Jes\u00fas ya nos dio. La fuerza y la maravilla del Evangelio pierde su fuerza, valga la redundancia, cuando queremos nosotros mismos agregarle \u00abaccesorios\u00bb que lo \u00fanico que hacen es opacar la atracci\u00f3n propia que ya tiene. Por eso Jes\u00fas los manda casi sin nada, los env\u00eda a ellos mismos y con la fuerza de su palabra, y les manda que eviten llevar cosas que les pueda hacer pensar que gracias a esas cosas la Palabra ser\u00e1 m\u00e1s eficaz, esa es la gran tentaci\u00f3n de siempre.<\/em><\/p>\n<p><em>Todos deseamos eficacia y \u00e9xito en las cosas que hacemos. La Iglesia de todos los tiempos siempre dese\u00f3 que el Evangelio penetre todas las realidades, en todos los hombres.<\/em><\/p>\n<p><em>Sin embargo, muchas veces vivimos frustrados o entristecidos cuando pensamos y ponemos todas nuestras energ\u00edas en los medios para evangelizar, y no en la fuerza misma del Evangelio, que es justamente \u2013como dijimos al principio\u2013 no aplicar ninguna fuerza externa. Anunciar y anunciar, con lo que somos y tenemos. Anunciar la Palabra de Dios que es viva y eficaz en la medida en que nosotros la vivimos y en la medida que ya fue eficaz en nuestras vidas. Adem\u00e1s, la eficacia del anuncio del Evangelio es la mayor\u00eda de las veces casi imperceptible, crece en el silencio de las noches, crece en el silencio de los corazones y jam\u00e1s va a ser anunciado con bombos y platillos en la televisi\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>Mucho se habla de estas cosas, de que la Iglesia debe saber anunciar el mensaje de Jes\u00fas, de que nosotros tenemos que saber utilizar distintos medios de comunicaci\u00f3n para llegar mejor al mundo. Es verdad, podemos usar muchos medios distintos, pero cuidado, nada de eso sirve si con eso opacamos lo m\u00e1s esencial del Evangelio: la humildad, la sencillez por medio de la cual Jes\u00fas quiso mostrarle al hombre su amor y su deseo de salvarlo. Que su fuerza y transformaci\u00f3n no radica justamente en eso, sino en el amor. Solo viviendo y comprendiendo esto, viviremos en paz con nosotros mismos y con los dem\u00e1s, evangelizando sin ponernos en el centro, sino solo como servidores. Nosotros regamos, \u00e9l hace crecer. Mientras m\u00e1s cosas carguemos o creamos que necesitamos, menos brillar\u00e1 el poder de Jes\u00fas y m\u00e1s confundiremos al que escucha.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jes\u00fas convoc\u00f3 a los Doce y les dio poder y autoridad para expulsar a toda clase de demonios y para curar las enfermedades. 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