{"id":4857,"date":"2024-09-27T00:00:41","date_gmt":"2024-09-27T03:00:41","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=4857"},"modified":"2024-09-26T08:40:52","modified_gmt":"2024-09-26T11:40:52","slug":"xxv-viernes-durante-el-ano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/xxv-viernes-durante-el-ano\/","title":{"rendered":"XXV Viernes durante el a\u00f1o"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-4857-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/27septiembre-audio-XXV-ViernesAnio-B.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/27septiembre-audio-XXV-ViernesAnio-B.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/27septiembre-audio-XXV-ViernesAnio-B.mp3<\/a><\/audio>\n<p><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/27septiembre-audio-XXV-ViernesAnio-B.zip\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2583\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/descargarMP3-100x100-1.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"100\" \/><\/a>Un d\u00eda en que Jes\u00fas oraba a solas y sus disc\u00edpulos estaban con \u00e9l, les pregunt\u00f3: \u00ab\u00bfQui\u00e9n dice la gente que soy yo?\u00bb<\/p>\n<p>Ellos le respondieron: \u00abUnos dicen que eres Juan el Bautista; otros, El\u00edas; y otros, alguno de los antiguos profetas que ha resucitado.\u00bb<\/p>\n<p>\u00abPero ustedes, les pregunt\u00f3, \u00bfqui\u00e9n dicen que soy yo?\u00bb<\/p>\n<p>Pedro, tomando la palabra, respondi\u00f3: \u00abT\u00fa eres el Mes\u00edas de Dios.\u00bb<\/p>\n<p>Y \u00e9l les orden\u00f3 terminantemente que no lo dijeran a nadie.<\/p>\n<p>\u00abEl Hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer d\u00eda.\u00bb<\/p>\n<p><strong>Palabra del Se\u00f1or<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p><em>Discutir por saber qui\u00e9n es el m\u00e1s grande es algo m\u00e1s com\u00fan de lo que imaginamos dentro de la Iglesia, de los que somos disc\u00edpulos, es bastante cotidiano. Adem\u00e1s, nuestra cultura est\u00e1 impregnada de actitudes, lemas y ense\u00f1anzas que nos inducen a estar continuamente compitiendo por ver qui\u00e9n es el m\u00e1s grande, con l\u00f3gica muy humana. No es algo \u00fanicamente personal o una debilidad del coraz\u00f3n, sino que tambi\u00e9n de afuera se nos promueve, el mundo nos anima siempre a eso, el mundo es exitista. En nuestras familias, de un modo o de otro, tambi\u00e9n nos ense\u00f1aron a competir. En los colegios, en las escuelas, en las universidades, en los clubes, en las empresas, en todos lados se nos \u00abbombardea\u00bb continuamente para animarnos a ser los primeros, los m\u00e1s grandes. En las competencias, en general, al terminar, hay un podio, en el que solo entran el primero, el segundo y el tercero, los dem\u00e1s pasan al anonimato; es m\u00e1s, el segundo y tercero tambi\u00e9n, quedan en el olvido. El mundo solo recuerda al que fue primero en algo. Esa es la mirada mundana, y muchas veces la nuestra sobre lo que es ser grande y primero.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>Sin embargo, Jes\u00fas, en el Evangelio del domingo, tira el podio del mundo al tacho de la basura: \u00abEl que quiere ser el primero, debe hacerse el \u00faltimo de todos y el servidor de todos\u00bb. Para \u00e9l en el fondo no hay podios, no hay primeros, segundos y terceros, y los dem\u00e1s no existen, sino que, para \u00e9l, para nuestro Padre, todos somos considerados \u00abprimeros\u00bb. No hay merecimientos, en principio, no hay galardones por haber hecho lo que el mundo considera grande. \u00a1Menos mal! Esto es una buena noticia, porque es lindo saber que Dios nos mira de otra manera, que Jes\u00fas nos ense\u00f1a que el deseo de grandeza debemos, por decir as\u00ed, \u00abcanalizarlo\u00bb a trav\u00e9s de nuestra entrega, de nuestro servicio, del amor; esa es la verdadera grandeza a la cual debemos aspirar, despu\u00e9s podremos ser m\u00e1s o menos reconocidos, pero Dios mira otra cosa. Por eso Jes\u00fas no rechaza el deseo de grandeza de sus disc\u00edpulos, sino que les muestra que las discusiones son fruto de entender mal cu\u00e1l es la verdadera grandeza.<\/em><\/p>\n<p><em>Que el Se\u00f1or nos sane de discutir sin sentido, porque no nos conduce a nada, sino \u00fanicamente a alejarnos de los dem\u00e1s, por no entender que, para \u00e9l, ya somos grandes y nos aleja de los dem\u00e1s porque nos terminamos viendo como competidores y no como hermanos. El escuchar el Evangelio nos deber\u00eda llevar tambi\u00e9n a tener una actitud de oraci\u00f3n. La Palabra de Dios no es para estudiar, para sacar grandes conclusiones, es m\u00e1s bien para rezar, para abrir el coraz\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>Por eso pienso que podemos quedarnos con una actitud muy linda de Jes\u00fas en el Algo del Evangelio de hoy, donde dice que Jes\u00fas oraba a solas.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00c9l buscaba momentos de oraci\u00f3n solitarios para estar lleno de la compa\u00f1\u00eda de su Padre. Es lo que tambi\u00e9n necesitamos nosotros \u2013vos y yo\u2013 en el d\u00eda a d\u00eda; es como el aire del alma, tiene que ser como el aire de nuestros pulmones. Sin este aire, no podemos respirar. Necesitamos todos de este silencio, de esta soledad.<\/em><\/p>\n<p><em>Vos que sos madre necesit\u00e1s empezar el d\u00eda sola un ratito; o tambi\u00e9n al terminarlo, cuando todos se van a dormir, apagar la luz de tu habitaci\u00f3n y sentarte en un sill\u00f3n, en una silla, estar sola con Dios, con tu Padre; dejar todo, frenar para pensar y ofrecer todo lo que hiciste, todo lo que entregaste en este d\u00eda, para darle el verdadero sentido a tu d\u00eda. Lo necesit\u00e1s, lo necesitamos. Jes\u00fas estando con sus disc\u00edpulos lo hizo, nosotros tambi\u00e9n podemos hacerlo, porque lo necesitamos.<\/em><\/p>\n<p><em>Vos que te la pas\u00e1s trabajando todo el d\u00eda, que sos padre, o simplemente que trabajas para mantenerte, si no fren\u00e1s cinco o diez minutos por d\u00eda y te apart\u00e1s para mirar lo que pudiste hacer, para descargar las cosas que viviste, las tensiones, para agradecer a tu mujer lo que ten\u00e9s, para maravillarte del don de la vida de tus hijos \u2013los que est\u00e1n viviendo con vos\u2013; \u00bfc\u00f3mo pens\u00e1s que vas a llegar a fin de mes o a fin de a\u00f1o? Es imposible.<\/em><\/p>\n<p><em>No solo tenemos que pensar c\u00f3mo llegar a fin de mes con el dinero, sino con el coraz\u00f3n, \u00bfc\u00f3mo pensamos que vamos a llegar? Si tenemos dinero, pero nos falta paciencia y la paz del coraz\u00f3n, \u00bfde qu\u00e9 sirve haber llegado a fin de mes con nuestros gastos?<\/em><\/p>\n<p><em>Vos que sos hijo o hija y estudi\u00e1s d\u00eda a d\u00eda, o vas al colegio o vas a la universidad, pero trabaj\u00e1s tambi\u00e9n y, adem\u00e1s, esper\u00e1s que llegue el fin de semana para hacer mil cosas y no perderte nada con tus amigos; \u00bfc\u00f3mo dec\u00eds que no podemos frenar diez o quince minutos por d\u00eda para estar en silencio con tu Padre del cielo que siempre nos escucha? Es posible poner tantas excusas, pero \u00bfcu\u00e1nto tiempo pasamos frente al celular, a la televisi\u00f3n, a la computadora y a las cosas que nos gustan? \u00bfEs verdad realmente que no podemos estar diez minutos en silencio con nuestro Padre? Pens\u00e9moslo, porque sin momentos a solas con Dios, no podemos pretender conocerlo y crecer en la fe; nuestra fe va a ser muy \u00absuperficial\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>Es una cuesti\u00f3n, en definitiva, de amor, no alcanza a veces con escuchar este audio de algunos minutos; es necesario profundizar, estar con nuestro Padre en silencio en una Iglesia, en nuestra habitaci\u00f3n, en nuestro jardines\u2026 Todos podemos hacerlo, no hay excusas, incluso nosotros, sacerdotes y consagrados.<\/em><\/p>\n<p><em>San Juan Pablo II, recuerdo que, cuando estuvo en la Argentina, hace much\u00edsimos a\u00f1os, dec\u00eda que \u00abel que dice que no tiene tiempo para orar, para estar a solas con Dios; lo que le falta no es tiempo, sino amor\u00bb. Es as\u00ed, tenemos que aceptarlo, es una cuesti\u00f3n de amor. A todos nos falta un poco de amor, nos falta esta certeza de que la oraci\u00f3n es realmente el di\u00e1logo profundo con nuestro Padre del cielo.<\/em><\/p>\n<p><em>Ojal\u00e1 que hoy podamos lograr esos cinco, diez o quince minutos \u2013aparte de este audio\u2013 de silencio, para estar a solas con nosotros y con Dios, para profundizar lo que escuchamos, para agradecer lo que tenemos. Podemos hacerlo, intent\u00e9moslo, todos podemos hacerlo.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un d\u00eda en que Jes\u00fas oraba a solas y sus disc\u00edpulos estaban con \u00e9l, les pregunt\u00f3: \u00ab\u00bfQui\u00e9n dice la gente que soy yo?\u00bb Ellos le respondieron: \u00abUnos dicen que eres Juan el Bautista; otros, El\u00edas; y otros, alguno de los antiguos profetas que ha resucitado.\u00bb \u00abPero ustedes, les pregunt\u00f3, \u00bfqui\u00e9n dicen que soy yo?\u00bb Pedro, [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":4858,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[25],"tags":[9],"class_list":["post-4857","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-lucas","tag-lucas"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4857","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4857"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4857\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4861,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4857\/revisions\/4861"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4858"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4857"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4857"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4857"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}