{"id":4885,"date":"2024-10-02T00:00:08","date_gmt":"2024-10-02T03:00:08","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=4885"},"modified":"2024-10-01T10:45:32","modified_gmt":"2024-10-01T13:45:32","slug":"xxvi-miercoles-durante-el-ano-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/xxvi-miercoles-durante-el-ano-2\/","title":{"rendered":"XXVI Mi\u00e9rcoles durante el a\u00f1o"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-4885-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/02octubre-audio-XXVI-MiercolesAnio-B.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/02octubre-audio-XXVI-MiercolesAnio-B.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/02octubre-audio-XXVI-MiercolesAnio-B.mp3<\/a><\/audio>\n<p><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/02octubre-audio-XXVI-MiercolesAnio-B.zip\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2583\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/descargarMP3-100x100-1.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"100\" \/><\/a>Mientras Jes\u00fas y sus disc\u00edpulos iban caminando, alguien le dijo a Jes\u00fas: \u00ab\u00a1Te seguir\u00e9 adonde vayas!\u00bb<\/p>\n<p>Jes\u00fas le respondi\u00f3: \u00abLos zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene d\u00f3nde reclinar la cabeza.\u00bb<\/p>\n<p>Y dijo a otro: \u00abS\u00edgueme.\u00bb El respondi\u00f3: \u00abPerm\u00edteme que vaya primero a enterrar a mi padre.\u00bb Pero Jes\u00fas le respondi\u00f3: \u00abDeja que los muertos entierren a sus muertos; t\u00fa ve a anunciar el Reino de Dios.\u00bb<\/p>\n<p>Otro le dijo: \u00abTe seguir\u00e9, Se\u00f1or, pero perm\u00edteme antes despedirme de los m\u00edos.\u00bb Jes\u00fas le respondi\u00f3: \u00abEl que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atr\u00e1s, no sirve para el Reino de Dios.\u00bb<\/p>\n<p><strong>Palabra del Se\u00f1or<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p><em>La envidia, este tema que te propuse desmenuzar esta semana, reflejada en la actitud de Juan al querer evitar el bien que vio hacer en otros, es una especie de tristeza ante el bien ajeno o alegr\u00eda ante el mal que otros pueden sufrir, incluso nos puede producir una cierta aflicci\u00f3n que se nos puede manifestar en el cuerpo. Las personas envidiosas son pesimistas, malhumoradas, y critican continuamente. Es un vicio que se nos enquista y se nos puede notar en la cara, el envidioso hasta puede tener cara de envidioso. Pero lo peor de todo, es que es una enfermedad hasta psicol\u00f3gica, que el que la padece no se da cuenta, y eso hace que se haga muy dif\u00edcil ayudarlo. El que tiene envidia es perezoso tambi\u00e9n, porque no trabaja por hacer el bien, sino que gasta energ\u00edas en criticar, en mirar continuamente lo de otros, en dar c\u00e1tedra de todo, pero finalmente no es capaz de mover un dedo por amor. Por otro lado, tambi\u00e9n existen los celos, un hermanito menor de la envidia, que en realidad tienen que ver con un amor excesivo a lo propio, junto con un gran temor por ser superado por los otros.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>El celoso no quiere que lo superen, tiene miedo a ser menos, porque pone su autoestima en la aprobaci\u00f3n ajena. Los celos tambi\u00e9n nos consumen, nos traen mal humor y tristezas. Producen intrigas, tensiones, enemistades entre las personas, en las familias, en los trabajos, en las amistades, en las comunidades, en los consagrados. Como dec\u00edamos el lunes, en definitiva, todo esto tiene su ra\u00edz en la soberbia que nos enga\u00f1a y no lleva a creer que el gozo est\u00e1 m\u00e1s en la aprobaci\u00f3n ajena, en mantener una supuesta excelencia, en no perderla. El verdaderamente humilde no se hace problema por estas cosas, porque se alegra y se goza con sentirse amado por su Padre, no necesita de la aprobaci\u00f3n ajena para saber qui\u00e9n es, para conocerse as\u00ed mismo. Incluso, el que es humilde, aprende y acepta la infinidad de oportunidades que se le presentan para aceptarse tal como es, y buscar superarse en aquello que no le sale bien, sin compararse, sin frenar a otros, sin distanciarse.<\/em><\/p>\n<p><em>Cerca de mi parroquia, en un sem\u00e1foro hay una vendedora de \u201cchip\u00e1\u201d, que es un pan de origen paraguayo y del norte argentino, muy rico. Cada d\u00eda que paso, sea a la ma\u00f1ana temprano, al mediod\u00eda o a la tarde, la veo sonriendo. Con lluvia, con calor, con fr\u00edo, ella pasa con su canasta acerc\u00e1ndose a los autos con una sonrisa que admiro. Ayer justo me dije a m\u00ed mismo: \u00a1Qu\u00e9 lindo como sonr\u00ede esa mujer! Hasta me produjo eso que a veces decimos mal, una \u201csana envidia\u201d, que en realidad no lo es, porque no hay envidia sana, la envidia es mala. Despu\u00e9s me pregunt\u00e9: \u00bfPor qu\u00e9 sonreir\u00e1 tanto? Hoy lo entend\u00ed, porque vive sin envidias, feliz con lo que es y hace, con vender en la calle algo sencillo para poder vivir. \u00a1Cu\u00e1nta gente buena y sencilla hay as\u00ed por este mundo! Sin envidia, no teniendo nada, pero en realidad teniendo todo. Y por otro lado lo contrario\u2026 \u00a1Cu\u00e1nta gente hay que tiene todo, pero no sonr\u00ede! \u00bfPor qu\u00e9? Porque seguramente algo de envidia hay en su coraz\u00f3n. \u00a1Cu\u00e1ntos consagrados y sacerdotes andamos sin sonre\u00edr porque en el fondo envidiamos y celamos a los dem\u00e1s! \u00bfVos ahora ten\u00e9s una sonrisa de oreja a oreja?<\/em><\/p>\n<p><em>En Algo del Evangelio de hoy te propongo preguntarte algunas cosas, algunas preguntas para que nos ayuden, algunas l\u00edneas, algunos caminos para poder profundizar este relato tan lindo que nos quiere tocar el coraz\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>Jes\u00fas que nos invita a seguirlo y que parece &#8220;duro&#8221;, parece duro ante las respuestas que hoy da.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00c9l no tiene donde reclinar la cabeza; no hay que diferir el llamado de Jes\u00fas para ir a hacer otras cosas; y el que pone la mano en el arado \u2013el que est\u00e1 ya sirviendo a Dios\u2013 y mira para atr\u00e1s, no sirve.<\/em><\/p>\n<p><em>Son como tres actitudes que podemos tener ante el seguimiento, que de alguna manera todos estamos haciendo, porque cada uno en su estado de vida est\u00e1 siguiendo a Jes\u00fas.<\/em><\/p>\n<p><em>Bueno, si estamos siguiendo a Jes\u00fas; no vale la pena mirar lo que dejamos, mirar para atr\u00e1s, a\u00f1orar las cosas pasadas; sino m\u00e1s bien hay que disfrutar lo que estamos haciendo. Si estamos siguiendo a Jes\u00fas no podemos ponerle &#8220;peros&#8221; y excusas: &#8220;bueno tengo que ir a hacer tal cosa&#8221; &#8220;primero tengo que ir a terminar otra&#8221;. Jes\u00fas nos invita a una respuesta inmediata y comprometida, a entregar el coraz\u00f3n hoy, \u00a1hoy!; no pienses en que ma\u00f1ana vas a seguir a Jes\u00fas, \u00a1hoy pod\u00e9s seguirlo! \u00bfEst\u00e1s haciendo eso? \u00bfEst\u00e1s siguiendo a Jes\u00fas realmente con esa disposici\u00f3n?<\/em><\/p>\n<p><em>Y finalmente, en Jes\u00fas no podemos buscar simplemente consuelos humanos, comodidades &#8220;terrenales&#8221;; sino ser como \u00c9l, que no tuvo donde reclinar la cabeza.<\/em><\/p>\n<p><em>Jes\u00fas nos quiere libres y gozosos, sin envidias, sin entristecernos por el bien ajeno, y mucho menos alegrarnos por el mal de otros.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mientras Jes\u00fas y sus disc\u00edpulos iban caminando, alguien le dijo a Jes\u00fas: \u00ab\u00a1Te seguir\u00e9 adonde vayas!\u00bb Jes\u00fas le respondi\u00f3: \u00abLos zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene d\u00f3nde reclinar la cabeza.\u00bb Y dijo a otro: \u00abS\u00edgueme.\u00bb El respondi\u00f3: \u00abPerm\u00edteme que vaya primero a enterrar [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":4886,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[25],"tags":[9],"class_list":["post-4885","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-lucas","tag-lucas"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4885","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4885"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4885\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4889,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4885\/revisions\/4889"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4886"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4885"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4885"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4885"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}