{"id":4952,"date":"2024-10-15T00:00:34","date_gmt":"2024-10-15T03:00:34","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=4952"},"modified":"2024-10-14T08:40:28","modified_gmt":"2024-10-14T11:40:28","slug":"xxviii-martes-durante-el-ano-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/xxviii-martes-durante-el-ano-2\/","title":{"rendered":"XXVIII Martes durante el a\u00f1o"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-4952-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/15octubre-audio-XXVIII-MartesAnio-B.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/15octubre-audio-XXVIII-MartesAnio-B.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/15octubre-audio-XXVIII-MartesAnio-B.mp3<\/a><\/audio>\n<p><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/15octubre-audio-XXVIII-MartesAnio-B.zip\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2583\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/descargarMP3-100x100-1.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"100\" \/><\/a>Cuando termin\u00f3 de hablar, un fariseo lo invit\u00f3 a cenar a su casa. Jes\u00fas entr\u00f3 y se sent\u00f3 a la mesa. El fariseo se extra\u00f1\u00f3 de que no se lavara antes de comer.<\/p>\n<p>Pero el Se\u00f1or le dijo: \u00ab\u00a1As\u00ed son ustedes, los fariseos! Purifican por fuera la copa y el plato, y por dentro est\u00e1n llenos de voracidad y perfidia. \u00a1Insensatos! El que hizo lo de afuera, \u00bfno hizo tambi\u00e9n lo de adentro? Den m\u00e1s bien como limosna lo que tienen y todo ser\u00e1 puro.\u00bb<\/p>\n<p><strong>Palabra del Se\u00f1or<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p><em>La riqueza que nos propone este mundo, y de la que nuestro coraz\u00f3n tantas veces se enamora, no tiene nada que ver con la del Evangelio, con la que nos propone Jes\u00fas. Contrasta tanto, es tan opuesta que nos obnubila y nos impide ver con claridad la propuesta del Reino de los Cielos. Por eso Jes\u00fas no tuvo pelos en la lengua para decir: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 dif\u00edcil ser\u00e1 para los ricos entrar en el Reino de Dios!\u00bb. Hoy \u2013me animo a decir m\u00e1s que nunca, por lo menos hasta ahora\u2013 la riqueza de este mundo nos quiere robar el coraz\u00f3n que, en realidad, deber\u00eda ser siempre para nuestro Padre. Todos, vos y yo, de la clase social que seamos, del pa\u00eds que seamos, vivamos donde vivamos, tengamos muchos o pocos ingresos; todos estamos inmersos en un mundo globalizado y en esta cultura consumista que nos aturde, y que adem\u00e1s, a prop\u00f3sito y queriendo, nos ocup\u00f3 la mayor parte del coraz\u00f3n, llen\u00e1ndonos de tristezas, porque le fue quitando el lugar de privilegio a un Jes\u00fas pobre y humilde de coraz\u00f3n, mientras nosotros llenos de ingenuidad decimos que todo progreso es bueno en s\u00ed mismo. No siempre es as\u00ed. Por eso ese hombre que se encontr\u00f3 con Jes\u00fas, el del Evangelio del domingo, \u00bfte acord\u00e1s?, se fue triste, porque no quiso darle lugar a Jes\u00fas en el coraz\u00f3n, no fue capaz de darle algo a los m\u00e1s necesitados por amor a Jes\u00fas, sus bienes pudieron m\u00e1s. Seguiremos toda esta semana desgranando el maravilloso Evangelio del domingo, aunque a veces nos duela un poquito.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>El gran pecado para la Palabra de Dios, la gran debilidad de nuestro coraz\u00f3n, de nuestra vida, es el orgullo, la soberbia; es dejarnos vencer por estas inclinaciones. Que Jes\u00fas nos cuide entonces de no caer en esta gran debilidad, para que no nos domine, como dice el Salmo; siempre estar\u00e1 presente \u2013porque somos d\u00e9biles\u2013, pero lo que tenemos que evitar es que nos domine; que nos domine el coraz\u00f3n, que nos domine el pensamiento, que vaya ganando terreno en nuestras vidas. Porque la soberbia y el orgullo recordemos que nos lleva a la arrogancia, a jactarnos de cosas que no son, a querernos demasiado \u2013y es verdad que tenemos que querernos, pero en su justa medida, tenemos que amarnos, pero no al extremo de creernos la medida y jueces de todo y de todos\u2013.<\/em><\/p>\n<p><em>La soberbia es el afecto desordenado de la propia excelencia, es ese deseo que tenemos de \u00absobresalir\u00bb para ser queridos, porque no nos queremos. Por un lado, es bueno aspirar a ser buenos, mejores, superarnos; es bueno y necesario para crecer \u2013esto no lo podemos negar\u2013, pero no es bueno cuando esto se desordena y genera en nuestro interior un modo de pensar y sentir que nos pone como centro de todo y terminamos mirando a los dem\u00e1s casi que de arriba para abajo.<\/em><\/p>\n<p><em>Y ayer dec\u00edamos que la soberbia y este orgullo pueden llegar a tomar color, incluso de despreciar a los dem\u00e1s con un deseo oculto y refinado de que se fijen en nosotros.<\/em><\/p>\n<p><em>En Algo del Evangelio de hoy los fariseos se extra\u00f1an de que Jes\u00fas no haga lo que ellos hac\u00edan. \u00bfC\u00f3mo no se lavan antes de comer? \u00bfC\u00f3mo no hacen lo que yo hago?, estar\u00edan diciendo, \u00bfc\u00f3mo no hacen lo que hay que hacer? Y nosotros tambi\u00e9n a veces decimos y hacemos lo mismo: \u00bfC\u00f3mo fulano no hizo tal cosa? \u00bfC\u00f3mo fulano hizo aquello? O bien decimos: Las cosas se hacen as\u00ed, las cosas tienen que ser de esta manera. Y as\u00ed vamos caminando por la vida, pretendiendo que todo sea a nuestro modo. Pero, en el fondo, el objetivo m\u00e1s o menos consciente de nuestro ego exacerbado es sobresalir, es darnos m\u00e1s importancia a nosotros mismos y a veces criticamos, incluso podemos llegar hasta inventar cosas de los dem\u00e1s o calumniarlos. Disminuimos los m\u00e9ritos y aciertos ajenos; a veces \u00abventilamos\u00bb defectos y desaciertos para que el otro disminuya; o a veces \u00abaumentamos\u00bb lo que otros hicieron o dijeron. En realidad, como este fariseo, con comentarios, gestos o pensamientos queremos dar a entender que somos m\u00e1s inteligentes que los otros. Nuestros comentarios u opiniones, nuestros chistes incluso, son mejores que los de los dem\u00e1s.<\/em><\/p>\n<p><em>Queremos tambi\u00e9n mostrar que somos m\u00e1s virtuosos o m\u00e1s capacitados, que hacemos mejor las cosas que los otros; si las hici\u00e9ramos nosotros, ser\u00edan mucho mejores. Solamente parece que nosotros hacemos las cosas bien. Es como un orgullo oculto y entrelazado entre nuestras actitudes, que a veces est\u00e1 cargado de envidia, pero va tejiendo todo lo que hacemos. Es como si estuvi\u00e9ramos diciendo continuamente que, si siguieran nuestro consejo, nuestro punto de vista, nuestro ejemplo, las cosas ser\u00edan mucho mejores y no habr\u00eda tantos problemas.<\/em><\/p>\n<p><em>Bueno, hoy Jes\u00fas nos invita a no mirar tanto hacia afuera, a no mirar las apariencias y juzgar. \u00abEl hombre mira las apariencias; Dios mira el coraz\u00f3n\u00bb, dice la Palabra de Dios. No nos permitamos juzgar el interior de alguien por lo que vemos de afuera. \u00abDemos m\u00e1s bien limosna de lo que tenemos, que todo ser\u00e1 puro\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00bfQueremos purificarnos de nuestras malas intenciones, pensamientos y deseos? Tenemos que dar, ser pobres de coraz\u00f3n, dejar de aferrarnos a nuestros bienes como si fuera nuestra felicidad; dar de nosotros a los dem\u00e1s, para que tambi\u00e9n nosotros nos purifiquemos primero, que nos dejemos purificar por el amor de Jes\u00fas que es humilde y que quiere que tambi\u00e9n nosotros seamos humildes.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando termin\u00f3 de hablar, un fariseo lo invit\u00f3 a cenar a su casa. Jes\u00fas entr\u00f3 y se sent\u00f3 a la mesa. El fariseo se extra\u00f1\u00f3 de que no se lavara antes de comer. Pero el Se\u00f1or le dijo: \u00ab\u00a1As\u00ed son ustedes, los fariseos! 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