{"id":4988,"date":"2024-10-22T00:00:16","date_gmt":"2024-10-22T03:00:16","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=4988"},"modified":"2024-10-21T08:39:50","modified_gmt":"2024-10-21T11:39:50","slug":"xxix-martes-durante-el-ano-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/xxix-martes-durante-el-ano-2\/","title":{"rendered":"XXIX Martes durante el a\u00f1o"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-4988-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/22octubre-audio-XXIX-MartesAnio-B.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/22octubre-audio-XXIX-MartesAnio-B.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/22octubre-audio-XXIX-MartesAnio-B.mp3<\/a><\/audio>\n<p><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/22octubre-audio-XXIX-MartesAnio-B.zip\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2583\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/descargarMP3-100x100-1.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"100\" \/><\/a>Jes\u00fas dijo a sus disc\u00edpulos:<\/p>\n<p>Est\u00e9n preparados, ce\u00f1idos y con las l\u00e1mparas encendidas. Sean como los hombres que esperan el regreso de su se\u00f1or, que fue a una boda, para abrirle apenas llegue y llame a la puerta.<\/p>\n<p>\u00a1Felices los servidores a quienes el se\u00f1or encuentra velando a su llegada! Les aseguro que \u00e9l mismo recoger\u00e1 su t\u00fanica, los har\u00e1 sentar a la mesa y se pondr\u00e1 a servirlos. \u00a1Felices ellos, si el se\u00f1or llega a medianoche o antes del alba y los encuentra as\u00ed!<\/p>\n<p><strong>Palabra del Se\u00f1or<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p><em>No aceptar que somos muy d\u00e9biles a la larga puede hacernos cometer errores todav\u00eda mucho m\u00e1s grandes de que si en realidad nos consideramos \u2013aunque suene duro decirlo\u2013 un poco \u00abbestias\u00bb, capaces de hacer cualquier cosa. Jes\u00fas desea de cada uno de nosotros nuestro servicio, nuestro amor, nuestra entrega, no una pureza angelical. Por eso, es bueno reconocer que no somos \u00e1ngeles, sino seres humanos, con algo de cada cosa: bondad y maldad, santidad y pecado, generosidad y ego\u00edsmo, soberbia y humildad, y as\u00ed podr\u00edamos seguir. Los servidores de Jes\u00fas que no se dan cuenta de esta realidad, pueden transformarse en bestias, incluso bajo apariencia de espiritualidad. \u00bfCu\u00e1ntos dolores y sin sabores en nuestra amada Iglesia, por no reconocer que todos somos d\u00e9biles, que incluso un elegido de Jes\u00fas puede caer en lo peor? La historia de la salvaci\u00f3n est\u00e1 llena de ejemplos de servidores que, por descuidos, por olvidos, por sus debilidades, terminaron hundi\u00e9ndose en el barro\u2026 un ejemplo claro es el gran rey David, pero que finalmente supo reconocer su pecado y pidi\u00f3 perd\u00f3n.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>Quedaba claro desde la escena del Evangelio del domingo que Jes\u00fas no se enoja con la debilidad de sus disc\u00edpulos, de los Doce, sino que aprovecha esa \u00abavivada\u00bb de Juan y Santiago y la indignaci\u00f3n de los otros diez para ense\u00f1arles que ese no era el camino. Lo interesante de la actitud de los dos disc\u00edpulos es que incluso su debilidad los llev\u00f3 a decir \u00abpodemos\u00bb, sin saber a lo que se estaban comprometiendo. \u00a1Qu\u00e9 lindo! Qu\u00e9 alivio es saber que Jes\u00fas se \u00abaprovecha\u00bb de nuestras debilidades para arrancarnos un s\u00ed, que a la larga nos purificar\u00e1 por el amor que recibimos de \u00e9l. Si tuvi\u00e9ramos que esperar a ser puros, \u00e1ngeles, para seguir a Jes\u00fas, para servirlo, ninguno de nosotros podr\u00eda hacerlo. Son muchas las personas que no se animan a servir a Jes\u00fas de cerca, porque no se consideran \u00abdignos\u00bb, porque no se creen capacitados, porque se sienten pecadores, pero se olvidan que es \u00e9l el que nos dignifica con su perd\u00f3n y que en realidad nadie es digno; se olvidan de que nadie est\u00e1 verdaderamente capacitado, sino que su amor nos capacita, y, finalmente, no se dan cuenta que todos somos pecadores y \u00e9l es el que nos santifica.<\/em><\/p>\n<p><em>Algo del Evangelio de hoy usa una imagen muy linda para ayudarnos a comprender cu\u00e1l es el verdadero sentido de nuestra vida y c\u00f3mo debemos vivirla. Porque eso es lo m\u00e1s importante, las dos cosas al mismo tiempo: saber hacia d\u00f3nde vamos, pero tambi\u00e9n saber c\u00f3mo vamos. Mucha gente sabe hacia d\u00f3nde debe ir, hacia d\u00f3nde va, sabe cu\u00e1l es la meta, pero no sabe c\u00f3mo ir, y eso en definitiva es tan importante como el saber hacia d\u00f3nde. No saber c\u00f3mo llegar a d\u00f3nde tenemos que llegar nos desgasta mucho, nos hace perder muchas energ\u00edas y tambi\u00e9n nos puede hacer perder tiempo y el rumbo. Cualquier persona, crea o no crea, sabe m\u00e1s o menos que quiere ser feliz, tiene esa meta en la vida, pero muy pocos saben elegir el verdadero camino para alcanzar la felicidad. Bueno, a los cristianos tambi\u00e9n nos puede pasar lo mismo. Podemos tener bien claro el hacia d\u00f3nde, o sea que vamos hacia el cielo, pero no el c\u00f3mo.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00bfCu\u00e1l es la meta de nuestra vida?, podr\u00edamos preguntarnos hoy. En definitiva es esperar el regreso del Se\u00f1or. \u00bfC\u00f3mo tenemos que vivir esa espera? Preparados, con la l\u00e1mpara del coraz\u00f3n encendida, con el coraz\u00f3n encendido. Cuando nos mundanizamos, cuando nos acomodamos al modo de vivir de este mundo, nos olvidamos de la verdadera meta de nuestra vida. \u00bfSab\u00edas que no somos nosotros los que alcanzamos a Jes\u00fas, sino que es \u00e9l el que nos alcanza y que ser\u00e1 \u00e9l el que nos venga a buscar? \u00a1Qu\u00e9 distinto que es pensar as\u00ed!, \u00a1qu\u00e9 alegr\u00eda es saber que en realidad la meta se nos va acercando a nosotros, que la meta de nuestra vida no se hace \u00abescurridiza\u00bb, sino que, al contrario, se hace \u00abencontradiza\u00bb!<\/em><\/p>\n<p><em>Sabiendo esto, sabiendo que la meta, o sea Jes\u00fas, vendr\u00e1 alg\u00fan d\u00eda hacia nosotros, y que por eso tambi\u00e9n viene todos los d\u00edas cuando nos damos cuenta de su presencia, cuando nos dejamos sorprender por su amor, nuestro modo de vivir se transforma en un estar preparados, encendidos, en esperar sin miedo esa venida, es desearla. As\u00ed lo dec\u00eda san Pablo: \u00abMe siento urgido de ambas partes: deseo irme para estar con Cristo, porque es mucho mejor, pero por el bien de ustedes es preferible que permanezca en este cuerpo\u00bb. Choca un poco a nuestra mentalidad ese \u00abdesear irse\u00bb para estar con Cristo, o sea, en el fondo querer morir. Hoy en d\u00eda, m\u00e1s que nunca, la muerte parece ser un tab\u00fa, no queremos enfrentarla, no queremos hablar de ella, no queremos ni mirarla de cerca. Por supuesto que debemos amar la vida y no tenemos que buscar jam\u00e1s la muerte, sin embargo, el que ama a Jes\u00fas y lo espera, no deber\u00eda tenerle miedo a ese encuentro, a ese momento que nosotros llamamos muerte, o, mejor dicho, el miedo natural a ese momento no deber\u00eda ser m\u00e1s grande que el deseo de estar con \u00e9l.<\/em><\/p>\n<p><em>Pero no pensemos en cosas tan dr\u00e1sticas, como en la muerte, aunque a veces mal no nos hace, sino tambi\u00e9n pensemos en el d\u00eda a d\u00eda. Qu\u00e9 distinto es empezar el d\u00eda dici\u00e9ndonos: \u00bfEn d\u00f3nde voy a dejar encontrarme por Jes\u00fas hoy? \u00bfQu\u00e9 tengo que hacer para dejar que \u00e9l venga a mi vida y dejar que me sirva? Qu\u00e9 distinto es terminar el d\u00eda pregunt\u00e1ndonos: \u00bfEn d\u00f3nde y en qu\u00e9 situaci\u00f3n me dej\u00e9 encontrar por Jes\u00fas y en d\u00f3nde y cu\u00e1ndo me distraje haci\u00e9ndome yo el escurridizo? \u00bfC\u00f3mo hacemos para mantener la l\u00e1mpara del coraz\u00f3n encendida y preparada? Me imagino que sab\u00e9s la respuesta. Amando y dej\u00e1ndonos amar. Buscando el bien de los otros antes que el nuestro y dejando que los otros tambi\u00e9n nos hagan el bien. Ese es el camino, ser servidores de Jes\u00fas en donde nos toque estar, ser grandes, pero amando, ser los primeros en dar la vida por los dem\u00e1s, especialmente por los m\u00e1s peque\u00f1os.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jes\u00fas dijo a sus disc\u00edpulos: Est\u00e9n preparados, ce\u00f1idos y con las l\u00e1mparas encendidas. Sean como los hombres que esperan el regreso de su se\u00f1or, que fue a una boda, para abrirle apenas llegue y llame a la puerta. \u00a1Felices los servidores a quienes el se\u00f1or encuentra velando a su llegada! Les aseguro que \u00e9l mismo [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":4989,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[25],"tags":[9],"class_list":["post-4988","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-lucas","tag-lucas"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4988","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4988"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4988\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4992,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4988\/revisions\/4992"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4989"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4988"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4988"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4988"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}