{"id":5203,"date":"2024-12-02T00:00:43","date_gmt":"2024-12-02T03:00:43","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=5203"},"modified":"2024-12-02T08:36:32","modified_gmt":"2024-12-02T11:36:32","slug":"i-lunes-de-adviento-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/i-lunes-de-adviento-2\/","title":{"rendered":"I Lunes de Adviento"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-5203-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/02diciembre-audio-I-LunesAdviento-C.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/02diciembre-audio-I-LunesAdviento-C.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/02diciembre-audio-I-LunesAdviento-C.mp3<\/a><\/audio>\n<p><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/02diciembre-audio-I-LunesAdviento-C.zip\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2583\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/descargarMP3-100x100-1.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"100\" \/><\/a>Al entrar en Cafarna\u00fan, se le acerc\u00f3 un centuri\u00f3n, rog\u00e1ndole: \u00abSe\u00f1or, mi sirviente est\u00e1 en casa enfermo de par\u00e1lisis y sufre terriblemente.\u00bb Jes\u00fas le dijo: \u00abYo mismo ir\u00e9 a curarlo.\u00bb<\/p>\n<p>Pero el centuri\u00f3n respondi\u00f3: \u00abSe\u00f1or, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanar\u00e1. Porque cuando yo, que no soy m\u00e1s que un oficial subalterno, digo a uno de los soldados que est\u00e1n a mis \u00f3rdenes: &#8220;Ve&#8221;, \u00e9l va, y a otro: &#8220;Ven&#8221;, \u00e9l viene; y cuando digo a mi sirviente: &#8220;Tienes que hacer esto&#8221;, \u00e9l lo hace.\u00bb<\/p>\n<p>Al o\u00edrlo, Jes\u00fas qued\u00f3 admirado y dijo a los que lo segu\u00edan: \u00abLes aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe. Por eso les digo que muchos vendr\u00e1n de Oriente y de Occidente, y se sentar\u00e1n a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob, en el Reino de los Cielos.\u00bb<\/p>\n<p><strong>Palabra del Se\u00f1or<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p><em>Adviento es tiempo de esperanza, tiempo para levantar la cabeza, tiempo para despertarnos, de mirar un poco a nuestro alrededor, de cambiarnos los \u00abanteojos\u00bb con los cuales vemos esta realidad en la que vivimos que a veces parece tan desabrida, sin color, sin sabor, sin alegr\u00eda, de dejar de correr un poco, de sacar, como se dice, el \u00abpie del acelerador\u00bb. Es un tiempo lind\u00edsimo que tenemos que aprovechar much\u00edsimo, tenemos que disfrutarlo siempre desde la Palabra de Dios, como siempre te digo: \u00bfViviste alguna vez un adviento escuchando y meditando cada d\u00eda la Palabra? Es distinto, te lo aseguro, prob\u00e1 hacerlo este a\u00f1o. La Navidad no ser\u00e1 igual a las otras. Mi deseo es que podamos vivirlo as\u00ed. Quiero que nos animemos juntos a que cada d\u00eda podamos meternos lentamente en el esp\u00edritu de lo que se nos propone.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>Le dec\u00eda a alguien que me consultaba sobre tantas voces que se escuchan de profetas de calamidades que anuncian que ya se vendr\u00e1 el fin, etc., y yo le dec\u00eda algo as\u00ed: \u00abEn el fondo es porque no escuchan la Palabra de Dios, no comprenden lo que Jes\u00fas dijo. Todo lo que est\u00e1 pasando es lo que Jes\u00fas dijo y todas las voces que en realidad no son las de Dios, tambi\u00e9n Jes\u00fas las predijo\u00bb. Dijo que no las escuchemos. Si algo nos da temor y nos quita la esperanza, es porque no viene de Dios. Es verdad, se vendr\u00e1 el fin en alg\u00fan momento, pero nuestro coraz\u00f3n no tiene que estar puesto ah\u00ed. Por eso la esperanza quiero que sea la virtud, eje de estos d\u00edas, que intentaremos como que est\u00e9 trasfondo de todo lo que escuchemos, todo lo que Jes\u00fas nos diga; porque la esperanza es la virtud del Adviento. \u00a1Cu\u00e1nto necesitamos de la esperanza! Veremos que sin esperanza no somos cristianos en serio, no somos cristianos enteros y que esta virtud dada por Dios en el bautismo a todos sus hijos y que se reaviva cada d\u00eda, especialmente en los sacramentos, es una de las virtudes m\u00e1s desgastadas en estos tiempos, m\u00e1s desprestigiada por usar mal la palabra, la menos tenida en cuenta, pero al mismo tiempo la m\u00e1s necesaria para todos.<\/em><\/p>\n<p><em>Acord\u00e9monos que tenemos que despertarnos y no dejarnos aturdir por las preocupaciones de este mundo. \u00bfPensaste de qu\u00e9 cosas tenemos que despertar? \u00bfEn qu\u00e9 aspectos de nuestra vida andamos como son\u00e1mbulos, aturdidos por tantas cosas? Todav\u00eda tenemos toda la semana para rezar y pensar. Pero vamos a Algo del Evangelio de hoy, que por ser un acto de fe, tan puro y sincero de un hombre pagano, es tambi\u00e9n un canto a la esperanza. Siempre donde est\u00e1 la fe, est\u00e1 la esperanza. Las personas que realmente tienen fe, son personas que inevitablemente tienen esperanza. No puede haber fe sin esperanza. Eso es algo que iremos descubriendo y aprendiendo. Este centuri\u00f3n, este soldado romano sab\u00eda de obediencia y de mando. Sab\u00eda que su vida se reg\u00eda por el obedecer y el mandar y que siempre obedece el que es inferior, el que est\u00e1 por debajo. Dir\u00eda que la ten\u00eda bien clara, porque supo trasladar la misma l\u00f3gica del mundo a su relaci\u00f3n con Jes\u00fas. Muy f\u00e1cil: si a m\u00ed me obedecen mis subalternos, \u00bfc\u00f3mo no te van a obedecer a vos que sos el Se\u00f1or de la vida? \u00abUna palabra tuya bastar\u00e1 para sanar\u00bb. \u00a1Qu\u00e9 lindo! \u00a1Qu\u00e9 acto de fe y esperanza en nuestro Maestro! \u00a1C\u00f3mo quisi\u00e9ramos tener la confianza de este hombre que no busca que Jes\u00fas entre en su casa, no se siente digno, solo quiere la sanaci\u00f3n de su sirviente! Esa es la fe del que no quiere nada para s\u00ed, no busca nada a cambio, solo desea que los dem\u00e1s dejen de sufrir. \u00bfTe diste cuenta de eso? No pide para s\u00ed. No pide por un familiar, ni siquiera. No pide por un amigo. No pide por trabajo. No pide para que le vaya bien en un examen, como hacemos nosotros a veces. Pide para que otro deje de sufrir. Despert\u00e9monos del sue\u00f1o de la fe en el que vivimos muchas veces.<\/em><\/p>\n<p><em>Mientras nosotros sin querer pedimos cosas materiales, mientras nosotros pedimos a Jes\u00fas que nos ayude a que nos vaya bien en esto o lo otro, mientras \u00abusamos\u00bb a veces la oraci\u00f3n diaria para quedarnos en paz con nosotros mismos o para no pedir lo realmente necesario\u2026 muchas personas \u00absufren terriblemente\u00bb, como dice el Evangelio de hoy. Mientras yo estoy preocupado porque no pude comprar esto o lo otro, porque mi jefe no es tan bueno como quisiera o porque me chocaron un poco el auto, o porque el \u00f3mnibus no fren\u00f3, o porque hace calor o hace fr\u00edo\u2026 mientras pasa todo esto, hay miles de personas que necesitan mi oraci\u00f3n y mi confianza en Jes\u00fas, mi fe, que con solo una palabra \u00e9l sigue sanando a miles y miles. Los milagros de Jes\u00fas se siguen dando, todos los d\u00edas, en el silencio de la fe, mientras el mundo y nosotros nos seguimos perdiendo lo lindo de nuestra fe.<\/em><\/p>\n<p><em>La ecuaci\u00f3n es sencilla, aunque dif\u00edcil de asimilar. Si aprendemos a pedir por los dem\u00e1s, a pensar en los otros, por los que est\u00e1n peor que nosotros, nuestros problemas y tristezas se minimizan, no porque dejan de existir, sino porque dejan de pesar o le dejamos de dar el peso que le d\u00e1bamos. Ahora, cuando creemos que somos los \u00fanicos que tenemos problemas y que los nuestros son los peores, entonces los problemas se agrandan y perdemos la fe, perdemos la esperanza.<\/em><\/p>\n<p><em>Recemos juntos, que nos salga de lo m\u00e1s profundo del coraz\u00f3n, este pedido a Jes\u00fas: Se\u00f1or, no somos dignos de que entres en nuestra casa, somos d\u00e9biles, pero una palabra tuya bastar\u00e1 para sanar a alguien que hoy necesita m\u00e1s amor, m\u00e1s consuelo, m\u00e1s liberaci\u00f3n que nosotros. No somos dignos, pero s\u00ed podemos pedirte, s\u00ed podemos suplicarte por los que m\u00e1s necesitan, por aquellos que les toc\u00f3 vivir algo peor que nosotros, por los que nadie reza. Pensemos, pensemos qui\u00e9n necesita de nuestra oraci\u00f3n, qui\u00e9n necesita que intercedamos por \u00e9l. Recemos los unos por los otros, no nos olvidemos que \u00abbastar\u00e1 una palabra de Jes\u00fas para sanarlo\u00bb. Que en este d\u00eda podamos experimentar la maravilla de la fe, la maravilla de confiar plenamente en Jes\u00fas, como lo hizo el centuri\u00f3n, y que eso nos colme el coraz\u00f3n de esperanza.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Al entrar en Cafarna\u00fan, se le acerc\u00f3 un centuri\u00f3n, rog\u00e1ndole: \u00abSe\u00f1or, mi sirviente est\u00e1 en casa enfermo de par\u00e1lisis y sufre terriblemente.\u00bb Jes\u00fas le dijo: \u00abYo mismo ir\u00e9 a curarlo.\u00bb Pero el centuri\u00f3n respondi\u00f3: \u00abSe\u00f1or, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanar\u00e1. 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