{"id":5281,"date":"2024-12-16T00:00:30","date_gmt":"2024-12-16T03:00:30","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=5281"},"modified":"2024-12-15T18:13:46","modified_gmt":"2024-12-15T21:13:46","slug":"iii-lunes-de-adviento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/iii-lunes-de-adviento\/","title":{"rendered":"III Lunes de Adviento"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-5281-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/16diciembre-audio-III-LunesAdviento-C.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/16diciembre-audio-III-LunesAdviento-C.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/16diciembre-audio-III-LunesAdviento-C.mp3<\/a><\/audio>\n<p><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/16diciembre-audio-III-LunesAdviento-C.zip\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2583\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/descargarMP3-100x100-1.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"100\" \/><\/a>Jes\u00fas entr\u00f3 en el Templo y, mientras ense\u00f1aba, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo, para decirle: \u00ab\u00bfCon qu\u00e9 autoridad haces estas cosas? \u00bfY qui\u00e9n te ha dado esa autoridad?\u00bb<\/p>\n<p>Jes\u00fas les respondi\u00f3: \u00abYo tambi\u00e9n quiero hacerles una sola pregunta. Si me responden, les dir\u00e9 con qu\u00e9 autoridad hago estas cosas. \u00bfDe d\u00f3nde ven\u00eda el bautismo de Juan? \u00bfDel cielo o de los hombres?\u00bb<\/p>\n<p>Ellos se hac\u00edan este razonamiento: \u00abSi respondemos: &#8220;Del cielo&#8221;, \u00e9l nos dir\u00e1: &#8220;Entonces, \u00bfpor qu\u00e9 no creyeron en \u00e9l?&#8221; Y si decimos: &#8220;De los hombres&#8221;, debemos temer a la multitud, porque todos consideran a Juan un profeta.\u00bb<\/p>\n<p>Por eso respondieron a Jes\u00fas: \u00abNo sabemos.\u00bb<\/p>\n<p>El, por su parte, les respondi\u00f3: \u00abEntonces yo tampoco les dir\u00e9 con qu\u00e9 autoridad hago esto.\u00bb<\/p>\n<p><strong>Palabra del Se\u00f1or<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p><em>\u00abDios nos am\u00f3 primero\u00bb, dice san Juan el Evangelista. Por lo tanto, deber\u00edamos pensar que su salvaci\u00f3n, su poder, radica justamente en ese amor que nos abraza primero, aun cuando nosotros no terminamos de comprenderlo y a veces ni de aceptarlo. La fiesta de la Navidad, que se acerca, es de alg\u00fan modo la celebraci\u00f3n del amor de Dios que se nos adelant\u00f3 y se nos adelantar\u00e1 siempre. La Navidad nos encamina a experimentar ese amor y esa verdad profunda. Podemos preguntarnos entonces: \u00bfEn qu\u00e9 consiste esa salvaci\u00f3n de la que tanto hablamos? Consiste, en definitiva, en la gracia que \u00e9l mismo nos da para que podamos amarlo y ser amados por \u00e9l, o sea, su salvaci\u00f3n y su poder es el amor que se derrama sobre nosotros y nos colma el coraz\u00f3n, y nuestra tarea no deber\u00eda consistir en otra cosa que en aceptar esa salvaci\u00f3n, ese amor. \u00a1Qu\u00e9 maravilla es descubrir que \u00e9l nos ense\u00f1a a amarlo, pero am\u00e1ndonos primero, desde su encarnaci\u00f3n hasta su muerte en cruz y resurrecci\u00f3n, e invit\u00e1ndonos a amarlo! Y entonces si Dios nos am\u00f3 primero, es para que nosotros pudi\u00e9ramos amarlo con el mismo amor con que \u00e9l nos am\u00f3, porque no podr\u00edamos amarlo si no fu\u00e9ramos amados primeros por \u00e9l. \u00c9l no necesita, en definitiva, nuestro amor, pero nos ense\u00f1\u00f3 a amarlo de la misma manera, para que podamos llegar a ser lo que \u00e9l quiere que seamos. \u00c9l no necesita nuestro amor, pero s\u00ed nos necesita de alguna manera. Es tanta su humildad que se abaja para que nosotros tambi\u00e9n podamos amarlo.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>Ayer, en el Evangelio del domingo, escuch\u00e1bamos que Juan el Bautista nos llamaba a la conversi\u00f3n, al cambio. Ven\u00edamos diciendo que para recibir la salvaci\u00f3n tenemos que, de alg\u00fan modo, convertirnos, que cambiar nuestras manera de pensar. Y este es una de las grandes conversiones que necesitamos todos en este tiempo de Navidad, aceptar que el amor de Dios, es mucho m\u00e1s tierno y sencillo de lo que pensamos, y que no lo amamos por nuestros m\u00e9ritos; que, en realidad, podemos amarlo porque \u00e9l nos ama, y que nuestra tarea, nuestra lucha diaria tiene que ser aceptar este amor d\u00eda a d\u00eda. Por supuesto, nuestras actitudes, o sea, nuestro modo de obrar, nuestra moral se va poniendo de acuerdo a la de Jes\u00fas en la medida que aceptamos esto. Ser buen cristiano no es un voluntarismo donde uno lucha por ser bueno a fuerza de golpes o porque nos obligan, sino que ser buen cristiano es en definitiva dejar que ese amor brote desde el fondo de nuestro coraz\u00f3n, desde el fondo de nuestra alma y se trasluzca en actitudes coherentes que se parecen a la de Jes\u00fas. Por eso solo contemplando, mirando al Ni\u00f1o, viendo cu\u00e1nto nos ama, nos iremos transformando un poquito m\u00e1s a \u00e9l. Sigamos caminando en este tiempo de Adviento con esta actitud de conversi\u00f3n para poder ser un poquito como el Ni\u00f1o Jes\u00fas.<\/em><\/p>\n<p><em>En Algo del Evangelio de hoy, como tantas veces en los evangelios, Jes\u00fas es probado, es de alguna modo increpado para que manifieste con qu\u00e9 autoridad hac\u00eda lo que hac\u00eda. Y la respuesta de Jes\u00fas, tambi\u00e9n como tantas veces en los evangelios, es con una pregunta. Es interesante que nos detengamos a reflexionar sobre el modo que nuestro Maestro ten\u00eda para responder, porque \u2013especialmente en este caso\u2013 es m\u00e1s importante la forma que el fondo de la respuesta, que en definitiva Jes\u00fas nunca responde. \u00bfNos dimos cuenta que no respondi\u00f3 la pregunta? O sea, Jes\u00fas tuvo la suficiente libertad para no responder a lo que le preguntaban cuando no lo necesitaba, porque en realidad lo estaban probando.<\/em><\/p>\n<p><em>Una primera ense\u00f1anza que nos puede ayudar de este modo de ser de Jes\u00fas, y no tanto del contenido, es justamente esto. No siempre debemos responder lo que nos preguntan, no siempre debemos responder a todos. A veces hay que callar. Hay preguntas que son inoportunas, hay personas que son inoportunas, que son \u00abmetiches\u00bb, como se dice, que se meten en donde no les corresponde.<\/em><\/p>\n<p><em>Tambi\u00e9n hay personas, como los ancianos de la escena de hoy, que no preguntan con sinceridad, para saber, para aprender, sino para probar y culpar; por lo tanto, Jes\u00fas decidi\u00f3 no responderle lo que pretend\u00edan saber si ellos antes no le respond\u00edan lo que \u00e9l quer\u00eda saber. \u00a1Cu\u00e1nta sabidur\u00eda la de nuestro Maestro! \u00a1Cu\u00e1nta sabidur\u00eda nos falta a veces a nosotros, que vivimos sin querer a merced de las opiniones y deseos ajenos sin detenernos a pensar y a rezar qu\u00e9 corresponde hacer en cada momento y lugar! La no respuesta de Jes\u00fas no fue una mentira, sino fue simplemente eso: un no; esa palabra que tanto nos cuesta decir a veces en estos tiempos, simplemente no. \u00a1C\u00f3mo nos cuesta decir hoy en d\u00eda que no! Parece ser que decir que no es fallarle a Dios y a todos, y nos olvidamos que el no, es posible, y muchas veces m\u00e1s necesario que el s\u00ed.<\/em><\/p>\n<p><em>Otra ense\u00f1anza que nos puede ayudar, es justamente a aprender a responder con preguntas cuando deseamos conocer las intenciones del que pregunta. Jes\u00fas ya las sab\u00eda por supuesto, pero nosotros no siempre, aunque creamos que las sabemos. Repreguntar es un modo de \u00abblanquear\u00bb la situaci\u00f3n, como se dice, despejar las dudas y conocer si la pregunta del otro es sincera y si, adem\u00e1s, es oportuna. Por eso ayuda mucho escuchar c\u00f3mo Jes\u00fas responde con preguntas y se toma la libertad de no responder cuando esa pregunta puede tener malicia o est\u00e9 cargada de mala intenci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>Que el Se\u00f1or nos siga instruyendo con sus ense\u00f1anzas, tanto con sus palabras y gestos, como en su manera de resolver las diferentes situaciones que se le presentaron en la vida, y nos ayude a llegar deseosos de amarlo mucho m\u00e1s en esta Navidad.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jes\u00fas entr\u00f3 en el Templo y, mientras ense\u00f1aba, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo, para decirle: \u00ab\u00bfCon qu\u00e9 autoridad haces estas cosas? \u00bfY qui\u00e9n te ha dado esa autoridad?\u00bb Jes\u00fas les respondi\u00f3: \u00abYo tambi\u00e9n quiero hacerles una sola pregunta. Si me responden, les dir\u00e9 con qu\u00e9 autoridad hago estas cosas. [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":5282,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[23],"tags":[24],"class_list":["post-5281","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-mateo","tag-mateo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5281","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5281"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5281\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5285,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5281\/revisions\/5285"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media\/5282"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5281"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5281"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5281"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}