{"id":5453,"date":"2025-01-16T00:00:39","date_gmt":"2025-01-16T03:00:39","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=5453"},"modified":"2025-01-15T06:52:08","modified_gmt":"2025-01-15T09:52:08","slug":"i-jueves-durante-el-ano-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/i-jueves-durante-el-ano-2\/","title":{"rendered":"I Jueves durante el a\u00f1o"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-5453-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/16-enero-audio-I-JuevesDuranteAno-C.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/16-enero-audio-I-JuevesDuranteAno-C.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/16-enero-audio-I-JuevesDuranteAno-C.mp3<\/a><\/audio>\n<p><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/16-enero-audio-I-JuevesDuranteAno-C.zip\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2583\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/descargarMP3-100x100-1.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"100\" \/><\/a>Se acerc\u00f3 a Jes\u00fas un leproso para pedirle ayuda y, cayendo de rodillas, le dijo: \u00abSi quieres, puedes purificarme\u00bb. Jes\u00fas, conmovido, extendi\u00f3 la mano y lo toc\u00f3, diciendo: \u00abLo quiero, queda purificado\u00bb. En seguida la lepra desapareci\u00f3 y qued\u00f3 purificado.<\/p>\n<p>Jes\u00fas lo despidi\u00f3, advirti\u00e9ndole severamente: \u00abNo le digas nada a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificaci\u00f3n la ofrenda que orden\u00f3 Mois\u00e9s, para que les sirva de testimonio\u00bb.<\/p>\n<p>Sin embargo, apenas se fue, empez\u00f3 a proclamarlo a todo el mundo, divulgando lo sucedido, de tal manera que Jes\u00fas ya no pod\u00eda entrar p\u00fablicamente en ninguna ciudad, sino que deb\u00eda quedarse afuera, en lugares desiertos. Y acud\u00edan a \u00c9l de todas partes.<\/p>\n<p><strong>Palabra del Se\u00f1or<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p><em>Ser humilde es reconocer, como lo hizo Juan el Bautista, que hay alguien m\u00e1s poderoso que nosotros, es reconocer que el verdadero poder, en realidad, pasa por otro lado, y no por alimentar el ego que quiere dominarnos a cada instante de nuestras vidas, en cada decisi\u00f3n. As\u00ed lo experiment\u00f3 Juan, el m\u00e1s humilde de los hombres, nacido de mujer, el m\u00e1s ubicado, el hombre que la ten\u00eda bien clara. El orgullo y la soberbia de la vida y de nuestro coraz\u00f3n nos hacen creer que cuanto m\u00e1s nos imponemos ante los dem\u00e1s, cuanto m\u00e1s aparentemente nos escuchan, cuanto m\u00e1s nos felicitan, cuanto m\u00e1s nos siguen, cuanto m\u00e1s nos dan la raz\u00f3n, m\u00e1s plenos y felices nos sentiremos. Sin embargo, todo eso son espejitos de colores, como se dice. Es puro enga\u00f1o. Es tentaci\u00f3n de la creatura m\u00e1s mentirosa y orgullosa que existe, el demonio. El verdadero poder est\u00e1 en poder cambiar uno mismo desde adentro con humildad.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00bfExperimentaste alguna vez esa linda sensaci\u00f3n de lograr cambiar algo importante en tu vida, de proponerte dejar algo y de lograrlo? Bueno, esa es la sensaci\u00f3n que se siente cuando se vence al mal. Esa es la sensaci\u00f3n que se siente cuando el verdadero poder triunfa en nosotros, poder cambiar desde adentro movidos por el amor y movidos por la gracia. Esa es la sensaci\u00f3n que debemos buscar tener, pero, mejor dicho, no por tener en s\u00ed la sensaci\u00f3n, sino por darnos cuenta que la verdadera batalla est\u00e1 en nuestro coraz\u00f3n, en, con el poder de Jes\u00fas, vencer el pecado que nos asedia siempre, vencer la debilidad que siempre nos quiere conducir a estar m\u00e1s atentos a nosotros mismos que a los dem\u00e1s. Cambiamos entonces en la medida que nos dejamos cambiar por otro, por el que tiene m\u00e1s poder.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00bfVos y yo creemos que tenemos algo para cambiar? \u00bfVos y yo tenemos algo en lo que podemos volver a confiar para poder cambiar? Por m\u00ed parte, much\u00edsimas cosas, y en eso estoy, en la lucha contin\u00faa de poder cambiar, de dejarme transformar por el Se\u00f1or. Eso es lo que todos tenemos que buscar d\u00eda a d\u00eda, poder cambiar desde adentro, poder dejarnos abrazar por el Se\u00f1or que nos quiere purificar, como a este leproso que se arroj\u00f3 para pedirle ayuda y, cayendo de rodillas, le dijo: \u00abSi quieres, puedes purificar me\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>Algo del Evangelio de hoy nos relata esta maravillosa escena, este maravilloso encuentro de Jes\u00fas con este leproso que seguramente estaba destrozado por dentro, no solo por fuera; no solo porque la lepra lo ten\u00eda aislado de los dem\u00e1s, sino porque la lepra tambi\u00e9n lo aislaba de su creador, lo aislaba de lo religioso, lo aislaba del culto. Por eso no hab\u00eda peor enfermedad que la lepra, porque tambi\u00e9n, de alg\u00fan modo, los aislaba de lo espiritual. Bueno, imagin\u00e9monos los sentimientos, el dolor de este hombre y por eso, seguramente, se arroj\u00f3 con tanto deseo a los pies de Jes\u00fas, para pedirle ayuda. Jes\u00fas, conmovido, dice que \u00abextendi\u00f3 la mano y lo toc\u00f3\u00bb. Eso es lo que hoy el Se\u00f1or quiere hacer con nosotros, con vos y conmigo, con tantas personas que, de alg\u00fan modo, tenemos lepra en el coraz\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>Tenemos esa enfermedad o enfermedades que nos a\u00edslan de los dem\u00e1s, que hacen que nos mantengamos solos en muchas cosas, que no queramos mostrar lo que nos pasa, que no podamos perdonar al que nos ofendi\u00f3, que no podamos dar un paso para reconciliarnos con tantas personas que a veces nos hemos distanciado. Bueno, la lepra finalmente es el pecado, que no hace otra cosa que aislarnos del creador y aislarnos de los hijos del creador, de nuestros hermanos, que finalmente Dios los puso en nuestro camino para que podamos acompa\u00f1arnos y amarnos.<\/em><\/p>\n<p><em>Se\u00f1or, si quieres, puedes purificarme. Yo tambi\u00e9n quiero pedirte ayuda, caer de rodillas y dejar que te conmuevas ante mi dolor, ante la imposibilidad de cambiar. Extend\u00e9 tu mano y t\u00f3came, Se\u00f1or. T\u00f3came para poder ser curado. Quiero en este d\u00eda ser como ese leproso que supo arrojarse a tus pies y supo ser curado. Pero te lo pido as\u00ed, como me sale, con humildad. Se\u00f1or, si quieres. Yo por supuesto que quiero, pero te lo pido as\u00ed porque a veces ni s\u00e9 lo que quiero o digo lo que quiero pero finalmente no logro lo que quiero. Se\u00f1or, purif\u00edcame y purifica a tantos que necesitan de tu amor y que los toques para que realmente puedan volver a vivir en paz consigo mismo y con los dem\u00e1s, y fundamentalmente con tu Padre.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se acerc\u00f3 a Jes\u00fas un leproso para pedirle ayuda y, cayendo de rodillas, le dijo: \u00abSi quieres, puedes purificarme\u00bb. Jes\u00fas, conmovido, extendi\u00f3 la mano y lo toc\u00f3, diciendo: \u00abLo quiero, queda purificado\u00bb. En seguida la lepra desapareci\u00f3 y qued\u00f3 purificado. Jes\u00fas lo despidi\u00f3, advirti\u00e9ndole severamente: \u00abNo le digas nada a nadie, pero ve a presentarte [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":5454,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[8],"class_list":["post-5453","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-marcos","tag-marcos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5453","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5453"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5453\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5457,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5453\/revisions\/5457"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media\/5454"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5453"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5453"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5453"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}