{"id":6125,"date":"2025-05-21T00:00:09","date_gmt":"2025-05-21T03:00:09","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=6125"},"modified":"2025-05-20T08:38:05","modified_gmt":"2025-05-20T11:38:05","slug":"v-miercoles-de-pascua-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/v-miercoles-de-pascua-2\/","title":{"rendered":"V Mi\u00e9rcoles de Pascua"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-6125-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/21-mayo-audio-V-MiercolesPascua-C.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/21-mayo-audio-V-MiercolesPascua-C.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/21-mayo-audio-V-MiercolesPascua-C.mp3<\/a><\/audio>\n<p><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/21-mayo-audio-V-MiercolesPascua-C.zip\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2583\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/descargarMP3-100x100-1.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"100\" \/><\/a>Jes\u00fas dijo a sus disc\u00edpulos:<\/p>\n<p>\u00abYo soy la verdadera vid y mi Padre es el vi\u00f1ador. El corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que d\u00e9 m\u00e1s todav\u00eda. Ustedes ya est\u00e1n limpios por la palabra que yo les anunci\u00e9. Permanezcan en m\u00ed, como yo permanezco en ustedes. As\u00ed como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en m\u00ed.<\/p>\n<p>Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en m\u00ed, y yo en \u00e9l, da mucho fruto, porque separados de m\u00ed, nada pueden hacer. Pero el que no permanece en m\u00ed, es como el sarmiento que se tira y se seca; despu\u00e9s se recoge, se arroja al fuego y arde.<\/p>\n<p>Si ustedes permanecen en m\u00ed y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo obtendr\u00e1n.<\/p>\n<p>La gloria de mi Padre consiste en que ustedes den fruto abundante, y as\u00ed sean mis disc\u00edpulos.\u00bb<\/p>\n<p><strong>Palabra del Se\u00f1or<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p><em>La Palabra de Dios sigue y seguir\u00e1 haciendo de las suyas, como decimos a veces, en miles de corazones esparcidos por todo el mundo, gracias a la gracia de Dios. Vos y yo deber\u00edamos evangelizar siempre, cans\u00e1ndonos, pero sin esperar resultados, aunque de tanto en tanto nos haga bien el saber que lo que hacemos hace bien a otros. Porque una cosa no quita la otra. Si las obras que realizamos no son nuestras \u00fanicamente, sino que son de Dios principalmente o las empezamos por el pedido de \u00e9l, no hay poder humano que pueda derribarlas, al contrario, crecen m\u00e1s all\u00e1 de nuestros esfuerzos y deseos y nunca morir\u00e1n, aunque por un momento vayan tomando tonalidades o colores distintos sin perder su esencia, seg\u00fan las etapas de nuestra vida y de la historia. As\u00ed sucede con la Iglesia. Y, por el contrario, si las obras son puramente nuestras, sin ning\u00fan discernimiento previo, tarde o temprano se ir\u00e1n apagando con el paso del tiempo.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>No nos olvidemos que fuimos creados para el cielo, porque por nuestras venas del esp\u00edritu corre la savia de la vid que es Jes\u00fas, circula en nuestras venas su propia sangre que dio su vida por nosotros. \u00c9l nos dio el mandamiento nuevo, del amor, \u00bfte acord\u00e1s, el domingo?: \u00ab\u00c1mense, pero como yo los he amado\u00bb, no se amen as\u00ed nom\u00e1s. No sean como son ustedes, dir\u00edamos nosotros, que empiezan a amar cuando conocen, o lo que es peor, dejan de amar a alguien cuando lo conocen porque en el fondo no les gusta como es. \u00a1Yo soy distinto!, nos dice Jes\u00fas. Yo amo y conozco, conozco amando. En realidad, en Dios no hay distancias, no hay un antes y un despu\u00e9s. \u00c9l es siempre eternidad, siempre presente, y por eso nos ama conoci\u00e9ndonos y nos conoce am\u00e1ndonos. Y no le da ning\u00fan rechazo conocernos, al contrario, nos ama m\u00e1s y m\u00e1s.<\/em><\/p>\n<p><em>Por eso hoy en Algo del Evangelio podemos dar un paso m\u00e1s y escuchamos que nos dice: \u00abYo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en m\u00ed, y yo en \u00e9l, da mucho fruto, porque separados de m\u00ed, nada pueden hacer\u00bb. El Padre es el buen vi\u00f1ador, el que est\u00e1 siempre deseando que demos frutos, que nuestra vida aporte algo a la vida de este mundo que est\u00e1 tan falto de amor. Es el Padre que sabe esperar, pero que al mismo tiempo quiere que demos frutos. Exige, pero con amor, porque conoce todo lo que podemos dar y a veces no damos por ser ego\u00edstas y c\u00f3modos. Para \u00e9l no somos inservibles nunca, no sos inservible, sino que siempre servimos para algo. Somos sarmientos. Somos las ramas de la planta, y desde nosotros es de donde brotan las hojas, los zarcillos y los racimos de uvas. Por eso no podemos dar frutos separados de la planta, es imposible. Cuando estamos separados, no servimos para nada, porque en realidad sin Jes\u00fas no podemos hacer nada que d\u00e9 frutos de santidad. S\u00ed podemos hacer muchas cosas para este mundo que busca su gloria, incluso ser muy exitosos, podemos colaborar mucho en la Iglesia, ser reconocidos, aplaudidos, ser queridos por muchos, podemos decir que trabajamos para \u00e9l, pero si sus palabras no permanecen en nosotros, si no amamos como \u00e9l ama, de nada nos servir\u00e1.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a1Cu\u00e1nta falta de fecundidad en nuestras comunidades por no hacer las cosas como las hace Jes\u00fas, por no trabajar con \u00e9l y desde \u00e9l, en la comuni\u00f3n de su Iglesia! Cuando nos desgastamos haciendo \u00abcosas\u00bb por los otros, pero no haciendo lo que \u00e9l nos pide, finalmente no damos frutos. A veces pienso si en la Iglesia somos conscientes de la energ\u00eda y el tiempo que perdemos trabajando por \u00e9l, pero secos de coraz\u00f3n, secos de la savia de Cristo. Creo, con el riesgo a equivocarme, que en ciertas tareas de la Iglesia estamos muy mundanizados y realizamos nuestras obras de evangelizaci\u00f3n sin discernir si es o no la voluntad del Padre. Y lo que no debemos olvidar es que, si lo que hacemos no lo hacemos con la certeza de que es lo que Jes\u00fas desea, de nada sirve hacerlo, por m\u00e1s supuesto \u00e9xito que aparentemos lograr.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00bfCu\u00e1ntos proyectos, cu\u00e1ntas acciones pastorales, cu\u00e1ntas cosas hicimos alguna vez o hizo la Iglesia que hoy est\u00e1n muertas por no haber realizado la voluntad del Padre? \u00bfCu\u00e1ntas estructuras pastorales, grupos, movimientos, comunidades, congregaciones hoy est\u00e1n en v\u00edas de extinci\u00f3n por no estar trabajando unidos a la vid?<\/em><\/p>\n<p><em>En el fondo es lo de Pablo: \u00ab\u2026aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar monta\u00f1as, si no tengo amor, no soy nada. Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregar a mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada\u00bb. Lo que nos une vitalmente a Jes\u00fas, es el amor que \u00e9l nos entreg\u00f3 desde la Cruz, su Esp\u00edritu, el amor que \u00e9l nos da y nos permite amar como \u00e9l. La clave no es hacer muchas cosas buenas, si no hacerlas como \u00e9l las har\u00eda, con su amor. Solo as\u00ed daremos frutos de santidad. Todo lo dem\u00e1s, todo lo dem\u00e1s, aunque todos lo reconozcan, quedar\u00e1 en la nada, no me sirve para edificar el Cuerpo y el Reino de Cristo.<\/em><\/p>\n<p><em>Cuando nos toque partir de este mundo, nos guste o no, tengamos ganas o no, Jes\u00fas no nos preguntar\u00e1 cu\u00e1ntas cosas hicimos; cu\u00e1ntos nos aplaudieron; cu\u00e1nto dinero reunimos; cu\u00e1ntos templos construimos; cu\u00e1ntos t\u00edtulos acumulamos; cu\u00e1nto nos quisieron, cu\u00e1nto nos amaron, sino cu\u00e1nto amamos, c\u00f3mo amamos\u2026 Si amamos, si buscamos el bien de los otros, y no primero el nuestro. Solo el que est\u00e1 unido a Jes\u00fas, el que permanece con \u00e9l, puede dar esos frutos tan duraderos. \u00bfQueremos ir al cielo?, seguro que lo quer\u00e9s. \u00bfQueremos empezar a vivir el cielo en la tierra?, amemos como Jes\u00fas nos ama. Ese es el camino. \u00bfSabemos qu\u00e9 ser\u00e1 el cielo? Amor eterno, amor verdadero, entrega total y desinteresada, alegr\u00eda eterna. \u00bfNo te dan ganas de empezar a vivirlo ac\u00e1 en la tierra?<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jes\u00fas dijo a sus disc\u00edpulos: \u00abYo soy la verdadera vid y mi Padre es el vi\u00f1ador. El corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que d\u00e9 m\u00e1s todav\u00eda. Ustedes ya est\u00e1n limpios por la palabra que yo les anunci\u00e9. Permanezcan en m\u00ed, como yo permanezco en ustedes. [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":6126,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[10],"class_list":["post-6125","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-juan","tag-juan"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6125","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6125"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6125\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6129,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6125\/revisions\/6129"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media\/6126"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6125"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6125"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6125"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}