{"id":6178,"date":"2025-05-31T00:00:39","date_gmt":"2025-05-31T03:00:39","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=6178"},"modified":"2025-05-30T08:53:45","modified_gmt":"2025-05-30T11:53:45","slug":"fiesta-de-la-visitacion-de-maria-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/fiesta-de-la-visitacion-de-maria-2\/","title":{"rendered":"Fiesta de la Visitaci\u00f3n de Mar\u00eda"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-6178-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/31-mayo-audio-FiestaVisitacionMaria-C.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/31-mayo-audio-FiestaVisitacionMaria-C.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/31-mayo-audio-FiestaVisitacionMaria-C.mp3<\/a><\/audio>\n<p><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/31-mayo-audio-FiestaVisitacionMaria-C.zip\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2583\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/descargarMP3-100x100-1.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"100\" \/><\/a>Mar\u00eda parti\u00f3 y fue sin demora a un pueblo de la monta\u00f1a de Jud\u00e1. Entr\u00f3 en la casa de Zacar\u00edas y salud\u00f3 a Isabel. Apenas esta oy\u00f3 el saludo de Mar\u00eda, el ni\u00f1o salt\u00f3 de alegr\u00eda en su seno, e Isabel, llena del Esp\u00edritu Santo, exclam\u00f3:<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1T\u00fa eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! \u00bfQui\u00e9n soy yo, para que la madre de mi Se\u00f1or venga a visitarme? Apenas o\u00ed tu saludo, el ni\u00f1o salt\u00f3 de alegr\u00eda en mi seno. Feliz de ti por haber cre\u00eddo que se cumplir\u00e1 lo que te fue anunciado de parte del Se\u00f1or.\u00bb<\/p>\n<p>Mar\u00eda dijo entonces:<\/p>\n<p>\u00abMi alma canta la grandeza del Se\u00f1or, y mi esp\u00edritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, porque el mir\u00f3 con bondad la peque\u00f1ez de tu servidora. En adelante todas las generaciones me llamar\u00e1n feliz, porque el Todopoderoso ha hecho en m\u00ed grandes cosas: \u00a1su Nombre es santo! Su misericordia se extiende de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n sobre aquellos que lo temen. Despleg\u00f3 la fuerza de su brazo, dispers\u00f3 a los soberbios de coraz\u00f3n. Derrib\u00f3 a los poderosos de su trono y elev\u00f3 a los humildes. Colm\u00f3 de bienes a los hambrientos y despidi\u00f3 a los ricos con las manos vac\u00edas. Socorri\u00f3 a Israel, su servidor, acord\u00e1ndose de su misericordia, como lo hab\u00eda prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre.\u00bb<\/p>\n<p>Mar\u00eda permaneci\u00f3 con Isabel unos tres meses y luego regres\u00f3 a su casa.<\/p>\n<p><strong>Palabra del Se\u00f1or<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p><em>Hay escenas del Evangelio que son m\u00e1s f\u00e1ciles de imaginar que otras. Los mismos evangelistas, aquellos que escribieron la Palabra, tienen sus diferencias en cuanto al modo de relatar los mismos hechos y esto, m\u00e1s que un problema, es una riqueza para nosotros hoy. Alguna vez te dije que es bueno y lindo intentar \u00abmeterse en las escenas\u00bb, dicho as\u00ed vulgarmente, hacer el esfuerzo por ser uno m\u00e1s de ese momento \u00fanico. Se dice en la vida espiritual \u00abaplicar los sentidos\u00bb, o sea buscar, escuchar, gustar, oler, ver y tocar de alguna manera lo que imaginamos del relato. San Ignacio lo llama \u00abcomposici\u00f3n del lugar\u00bb, imaginarse el lugar. Es dif\u00edcil lograrlo, pero si uno se da el tiempo, si uno se esfuerza para hacer de la escena algo as\u00ed, como una pel\u00edcula filmada por uno mismo o actuada por uno mismo, todo cambia, todo se hace m\u00e1s propio, m\u00e1s personal. Y entonces, desde ah\u00ed, todo es Palabra de Dios, no solo las palabras concretas de la escena, lo que dijo Jes\u00fas, sino cada detalle, cada gesto, cada silencio, cada olor, todo el conjunto de cosas y cada una por su cuenta. Ten\u00e9s que animarte a hacerlo alg\u00fan d\u00eda. Igual hoy podemos hacer un intento, es una linda escena como para empezar.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>Cerr\u00e1 los ojos e imagin\u00e1 el momento en el que Mar\u00eda se decidi\u00f3 a partir, el viaje, la preparaci\u00f3n de las cosas que ten\u00eda que llevar, su deseo profundo de ver a su prima, de ayudarla, las incomodidades que vivi\u00f3 en el camino, el calor, el cansancio, el paisaje, la llegada, el gozo de Isabel al verla, la alegr\u00eda de Mar\u00eda al escuchar esas palabras y sentir que el ni\u00f1o saltaba de alegr\u00eda en su vientre. Si sos mujer y si sos madre, se te va a hacer un poco m\u00e1s f\u00e1cil, lo dem\u00e1s corre por tu imaginaci\u00f3n, los detalles pod\u00e9s agregarlo vos.<\/em><\/p>\n<p><em>Algo del Evangelio de hoy, nos trae esta Fiesta de la Visita de Mar\u00eda a su prima santa Isabel, Isabel que ser\u00e1 santa. Celebramos que Mar\u00eda despu\u00e9s de enterarse, de recibir semejante noticia, de que estaba embarazada e iba a ser la madre del Hijo de Dios, se dispuso a visitar a su prima, para estar con ella, para acompa\u00f1arla tambi\u00e9n en el embarazo, que se enter\u00f3 por medio del \u00e1ngel.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a1Qu\u00e9 lindo es empezar el d\u00eda de la mano de Mar\u00eda!, que est\u00e1 siempre, porque ella sabemos que no solo es la madre de Jes\u00fas, sino que tambi\u00e9n, desde hace dos mil a\u00f1os, es madre nuestra. Ella cada d\u00eda se transforma en nuestra madre, es nuestra madre tray\u00e9ndonos a Jes\u00fas a este d\u00eda, al hoy. Ella vuelve a traerlo a cada pesebre, que se transforma en receptor de Jes\u00fas, en cada coraz\u00f3n que quiere recibirlo.<\/em><\/p>\n<p><em>Hoy podemos pedirle eso: Mar\u00eda, tr\u00e1enos a Jes\u00fas, tr\u00e1enos a Jes\u00fas como se lo llevaste a tu prima, tr\u00e1enos la alegr\u00eda de Jes\u00fas. Vos que lo llevaste en tu vientre y que lo llev\u00e1s siempre en tu coraz\u00f3n, haciendo su voluntad, tr\u00e1elo al hoy de mi vida, al hoy de la Iglesia, al hoy de mi hogar, de mi trabajo, de lo que sea que tenga que hacer; tr\u00e1eme a Jes\u00fas, lo necesito. Quiero saltar de gozo, como salt\u00f3 Juan el Bautista en el vientre de Isabel.<\/em><\/p>\n<p><em>Se me ocurre poder decir tres cosas con respecto a este maravilloso canto del Magn\u00edficat, este canto que brot\u00f3 del alma de Mar\u00eda cuando se encontr\u00f3 con su prima. Es un canto que brota de un alma sorprendida por Dios, enamorada, pero, al mismo tiempo, agradecida. Estas tres cosas: sorprendida, enamorada y agradecida.<\/em><\/p>\n<p><em>Sorprendida porque nunca imagin\u00f3 algo tan grande. Ella siempre esper\u00f3 algo de Dios, pero nunca imagin\u00f3 que pod\u00eda ser tan maravilloso. Dios siempre nos da algo m\u00e1s de lo que esperamos; solo hay que saber esperar, solo hay que tener paciencia, solo hay que saber que el tiempo nos da lo que necesitamos, porque \u2013como dice el salmo\u2013 \u00absu promesa ha superado su renombre\u00bb, su promesa supera su fama; solo tenemos que saber que la gracia de Dios act\u00faa en el tiempo, y por eso \u00abla paciencia todo lo alcanza\u00bb, la paciencia siempre nos da m\u00e1s de lo que esperamos. Por eso Mar\u00eda se sorprendi\u00f3 tanto y lo disfrut\u00f3.<\/em><\/p>\n<p><em>Y Mar\u00eda tambi\u00e9n era, por supuesto, una enamorada de Dios. Al estar enamorada, supo esperar.<\/em><\/p>\n<p><em>Solo un alma enamorada sabe esperar de Dios cosas grandes, solo un alma enamorada se sorprende y est\u00e1 dispuesta a ser sorprendida. El que no est\u00e1 enamorado, siempre espera lo mismo; nunca espera nada distinto y se aburre en la rutina. En cambio, Mar\u00eda, vos y yo podemos enamorarnos. Mar\u00eda se dej\u00f3 sorprender y se dej\u00f3 maravillar por Dios, por eso tambi\u00e9n pens\u00f3 en los dem\u00e1s, decidi\u00f3 visitar a santa Isabel. \u00abSu alma canta la grandeza de Dios, y su esp\u00edritu se estremece de gozo en Dios, su Salvador\u00bb. Dios quiera que hoy podamos sorprendernos y enamorarnos m\u00e1s de Jes\u00fas, de la mano de Mar\u00eda. Ella fue un alma agradecida, por eso cant\u00f3 lo que Dios hizo en ella, y no por lo que ella hab\u00eda hecho; canta agradecida al reconocer que es amada y elegida, aun siendo peque\u00f1a y sencilla.<\/em><\/p>\n<p><em>Estos tres regalos que recibi\u00f3 Mar\u00eda, tambi\u00e9n son para nosotros, para que podamos dejarnos sorprender por Dios, nuestro Padre, enamorarnos de \u00e9l viviendo agradecidos.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mar\u00eda parti\u00f3 y fue sin demora a un pueblo de la monta\u00f1a de Jud\u00e1. Entr\u00f3 en la casa de Zacar\u00edas y salud\u00f3 a Isabel. Apenas esta oy\u00f3 el saludo de Mar\u00eda, el ni\u00f1o salt\u00f3 de alegr\u00eda en su seno, e Isabel, llena del Esp\u00edritu Santo, exclam\u00f3: \u00ab\u00a1T\u00fa eres bendita entre todas las mujeres y bendito [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":6179,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[25],"tags":[9],"class_list":["post-6178","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-lucas","tag-lucas"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6178","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6178"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6178\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6182,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6178\/revisions\/6182"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media\/6179"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6178"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6178"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6178"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}