{"id":6326,"date":"2025-06-28T00:00:13","date_gmt":"2025-06-28T03:00:13","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=6326"},"modified":"2025-06-27T21:08:59","modified_gmt":"2025-06-28T00:08:59","slug":"xii-sabado-durante-el-ano-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/xii-sabado-durante-el-ano-2\/","title":{"rendered":"XII S\u00e1bado durante el a\u00f1o"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-6326-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/28-junio-audio-XII-SabadoDuranteAno-C.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/28-junio-audio-XII-SabadoDuranteAno-C.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/28-junio-audio-XII-SabadoDuranteAno-C.mp3<\/a><\/audio>\n<p><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/28-junio-audio-XII-SabadoDuranteAno-C.zip\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2583\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/descargarMP3-100x100-1.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"100\" \/><\/a>Al entrar en Cafarna\u00fan, se acerc\u00f3 a Jes\u00fas un centuri\u00f3n, rog\u00e1ndole: \u00abSe\u00f1or, mi sirviente est\u00e1 en casa enfermo de par\u00e1lisis y sufre terriblemente\u00bb. Jes\u00fas le dijo: \u00abYo mismo ir\u00e9 a curarlo\u00bb.<\/p>\n<p>Pero el centuri\u00f3n respondi\u00f3: \u00abSe\u00f1or, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanar\u00e1. Porque cuando yo, que no soy m\u00e1s que un oficial subalterno, digo a uno de los soldados que est\u00e1n a mis \u00f3rdenes: &#8220;Ve&#8221;, \u00e9l va, y a otro: &#8220;Ven&#8221;, \u00e9l viene; y cuando digo a mi sirviente: &#8220;Tienes que hacer esto&#8221;, \u00e9l lo hace\u00bb.<\/p>\n<p>Al o\u00edrlo, Jes\u00fas qued\u00f3 admirado y dijo a los que lo segu\u00edan: \u00abLes aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe. Por eso les digo que muchos vendr\u00e1n de Oriente y de Occidente, y se sentar\u00e1n a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob, en el Reino de los Cielos; en cambio, los herederos del Reino ser\u00e1n arrojados afuera, a las tinieblas, donde habr\u00e1 llantos y rechinar de dientes\u00bb. Y Jes\u00fas dijo al centuri\u00f3n: \u00abVe, y que suceda como has cre\u00eddo\u00bb. Y el sirviente se cur\u00f3 en ese mismo momento.<\/p>\n<p>Cuando Jes\u00fas lleg\u00f3 a la casa de Pedro, encontr\u00f3 a la suegra de este en cama con fiebre. Le toc\u00f3 la mano y se le pas\u00f3 la fiebre. Ella se levant\u00f3 y se puso a servirlo.<\/p>\n<p>Al atardecer, le llevaron muchos endemoniados, y \u00e9l, con su palabra, expuls\u00f3 a los esp\u00edritus y cur\u00f3 a todos los que estaban enfermos, para que se cumpliera lo que hab\u00eda sido anunciado por el profeta Isa\u00edas: \u00c9l tom\u00f3 nuestras debilidades y carg\u00f3 sobre s\u00ed nuestras enfermedades<\/p>\n<p><strong>Palabra del Se\u00f1or<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p><em>Terminamos una semana m\u00e1s, una semana m\u00e1s escuchando la Palabra de Dios. Vuelvo a recordarte que no podemos dejar de pasar un d\u00eda sin agradecer que estemos escuchando la Palabra de Dios en un mundo lleno de conflictos, sufrimientos, injusticias, guerras, dolores, tristezas, angustias. Tanta gente a nuestro alrededor que est\u00e1 sufriendo, tanta gente que en este momento por ah\u00ed est\u00e1 sola, triste, abandonada, que est\u00e1 muriendo sin que nadie pueda acompa\u00f1arla. Tanta gente que est\u00e1 sufriendo el hambre, ni\u00f1os escap\u00e1ndose de la guerra, familias enteras teni\u00e9ndose que ir de sus casas porque las est\u00e1n bombardeando. Y as\u00ed podr\u00eda hacer un audio entero mostrando o tratando de mostrar las calamidades que vivimos cada d\u00eda, y que a veces a nosotros nos pasan muy de lejos, \u00a1pero no! Por ah\u00ed vos estar\u00e1s diciendo: Yo tambi\u00e9n estoy sufriendo. Bueno, cu\u00e1ntos y cu\u00e1ntas personas que estar\u00e1n escuchando este audio estar\u00e1n sufriendo. Me han escrito a veces desde la c\u00e1rcel, personas que est\u00e1n escuchando este audio en la c\u00e1rcel, sufriendo la privaci\u00f3n de su libertad, a veces incluso injustamente por las injusticias de este mundo que le encanta condenar y hacer justicia por mano propia. \u00a1Cu\u00e1ntas personas ahora est\u00e1n en su cama sufriendo, ancianos en geri\u00e1tricos que tambi\u00e9n s\u00e9 que a veces escuchan los audios! Bueno, qu\u00e9 lindo poder imaginar que somos una gran familia que est\u00e1 escuchando la Palabra de Dios. Pero vuelvo a la idea original\u2026Agradezcamos, agradezcamos que tenemos el regalo de escuchar a Jes\u00fas que quiere animarnos, que quiere levantarnos y hacernos encontrar el sentido de la vida, darnos cuenta para qu\u00e9 vinimos a este mundo: para amar y ser amados, para entregarnos, para dejar de vivir en la rutina tantas veces, dejar de hacer siempre lo mismo casi por inercia y darnos cuenta que estamos hechos para m\u00e1s, para contemplar la bondad de Dios en un mundo que a veces parece que se cae a pedazos, pero el Reino de Dios crece y crece silenciosamente. Bueno, levantemos la cabeza, \u00e1nimo que tenemos todav\u00eda mucho por caminar hasta que Dios lo permita.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>Pero vamos a Algo del Evangelio de hoy. Podr\u00edamos decir que, en esta escena, en realidad un conjunto de escenas, Jes\u00fas se la pas\u00f3 curando, se la pas\u00f3 sanando: primero, a ese sirviente que estaba enfermo de par\u00e1lisis y sufr\u00eda terriblemente; despu\u00e9s, a la suegra de Pedro y, finalmente, al atardecer, tambi\u00e9n, a muchos endemoniados.<\/em><\/p>\n<p><em>Jes\u00fas san\u00f3, cur\u00f3 y expuls\u00f3 demonios, lo mismo que quiere seguir haciendo en este d\u00eda en tu coraz\u00f3n y el m\u00edo. Porque vos y yo, tambi\u00e9n, estamos enfermos y sufrimos a veces terriblemente de muchas maneras. Sufrimos las consecuencias de nuestras debilidades, sufrimos las consecuencias de la falta de amor y un mundo que no sabe amar, hosco de amor, a veces, austero de amor.\u00a0 Un mundo que no quiere abrir su coraz\u00f3n de par en par y, bueno, tenemos que aceptar que nosotros tambi\u00e9n estamos en este mundo. Somos v\u00edctimas y tambi\u00e9n victimarios, hacemos sufrir a los otros por nuestra falta de amor.<\/em><\/p>\n<p><em>Pero quer\u00eda quedarme hoy con la figura de este centuri\u00f3n, de este hombre pagano, que no ten\u00eda la fe del pueblo de Israel. Pong\u00e1monos en contexto: este centuri\u00f3n era un soldado romano, por lo tanto, no era del pueblo de Israel, no era de aquellos que se llenaban la boca diciendo que ten\u00edan fe en el \u00fanico Dios verdadero, en el Dios del pueblo de Israel, en aquel Dios que los hab\u00eda salvado y que hab\u00eda prometido enviarles un Mes\u00edas. Nada que ver. Sin embargo, Jes\u00fas termina\u00a0 elogi\u00e1ndolo. Lo elogia a ese hombre que seguramente todos pensaban que no ten\u00eda fe. Sin embargo, Jes\u00fas dice: \u00abNo he encontrado en Israel a nadie que tenga tanta fe\u00bb. \u00abNo soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanar\u00e1\u00bb. \u00a1Cu\u00e1nto para aprender, Se\u00f1or! Cu\u00e1nto para aprender de este hombre sin fe para los ojos de los hombres, pero lleno de fe para los ojos de Jes\u00fas, para el coraz\u00f3n de Jes\u00fas que sabe ver donde nadie ve. Nunca juzguemos apresuradamente. Nunca juzguemos la fe de los dem\u00e1s. Nunca nos creamos tan seguros como para decir que tenemos fe. Se\u00f1or, danos la gracia de sentirnos necesitados para que puedas tomar nuestras debilidades y cargarlas como quisiste cargar las debilidades y pecados de toda la humanidad. Se\u00f1or, yo tampoco soy digno de que entres en mi casa, en mi casa-coraz\u00f3n, pero basta una palabra tuya, una palabra de Dios para que puedas sanarme, sanarme de tanta falta de amor, de tanta necesidad de amor que tengo y a veces no s\u00e9 c\u00f3mo saciarla.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Al entrar en Cafarna\u00fan, se acerc\u00f3 a Jes\u00fas un centuri\u00f3n, rog\u00e1ndole: \u00abSe\u00f1or, mi sirviente est\u00e1 en casa enfermo de par\u00e1lisis y sufre terriblemente\u00bb. Jes\u00fas le dijo: \u00abYo mismo ir\u00e9 a curarlo\u00bb. Pero el centuri\u00f3n respondi\u00f3: \u00abSe\u00f1or, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanar\u00e1. [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":6327,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[23],"tags":[24],"class_list":["post-6326","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-mateo","tag-mateo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6326","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6326"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6326\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6330,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6326\/revisions\/6330"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media\/6327"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6326"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6326"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6326"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}