{"id":6381,"date":"2025-07-08T00:00:02","date_gmt":"2025-07-08T03:00:02","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=6381"},"modified":"2025-07-07T08:51:30","modified_gmt":"2025-07-07T11:51:30","slug":"xiv-martes-durante-el-ano-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/xiv-martes-durante-el-ano-3\/","title":{"rendered":"XIV Martes durante el a\u00f1o"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-6381-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/08-julio-audio-XIV-MartesDuranteAno-C.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/08-julio-audio-XIV-MartesDuranteAno-C.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/08-julio-audio-XIV-MartesDuranteAno-C.mp3<\/a><\/audio>\n<p class=\"pf0\"><span class=\"cf0\"><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/08-julio-audio-XIV-MartesDuranteAno-C.zip\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2583\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/descargarMP3-100x100-1.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"100\" \/><\/a>En cuanto se fueron los ciegos, le presentaron a Jes\u00fas un mudo que estaba endemoniado. El demonio fue expulsado y el mudo comenz\u00f3 a hablar. La multitud, admirada, comentaba: \u00abJam\u00e1s se vio nada igual en Israel.\u00bb<\/span><\/p>\n<p class=\"pf0\"><span class=\"cf0\">Pero los fariseos dec\u00edan: \u00abEl expulsa a los demonios por obra del Pr\u00edncipe de los demonios.\u00bb<\/span><\/p>\n<p class=\"pf0\"><span class=\"cf0\">Jes\u00fas recorr\u00eda todas las ciudades y los pueblos, ense\u00f1ando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias. Al ver a la multitud, tuvo compasi\u00f3n, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor.<\/span><\/p>\n<p class=\"pf0\"><span class=\"cf0\">Entonces dijo a sus disc\u00edpulos: \u00abLa cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al due\u00f1o de los sembrados que env\u00ede trabajadores para la cosecha.\u00bb <\/span><\/p>\n<p class=\"pf0\"><strong><span class=\"cf0\">Palabra del Se\u00f1or<\/span><br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p class=\"pf0\"><strong><span class=\"cf0\">Comentario<\/span><\/strong><\/p>\n<p class=\"pf0\"><em><span class=\"cf0\">Retomando algo de la riqueza del evangelio del domingo, no podemos olvidar que Jes\u00fas, al llamarnos, al elegirnos, al enviarnos, quiere hacernos parte de su obra, de la transformaci\u00f3n del mundo, de la transformaci\u00f3n que anhela su coraz\u00f3n. Nuestra gran carencia, muchas veces, en todos los \u00e1mbitos de la vida, no solo en la Iglesia, es \u201cno sentirnos parte\u201d, no asumir que somos parte de un todo, y que la inmensa tarea que tenemos por delante, es una misi\u00f3n conjunta, no de unos cuantos. Sin embargo, la experiencia y los hechos nos muestran que son pocos los que se cargan la tarea al hombro y se ponen manos a la obra. \u201cLa cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos\u2026\u201d dec\u00eda Jes\u00fas. Todos quieren comer de lo cosechado, pero pocos quieren cosechar.<\/span><br \/>\n<\/em><\/p>\n<p class=\"pf0\"><em><span class=\"cf0\">Si no asumimos que somos parte fundamental del cuerpo de la Iglesia, siempre miraremos la realidad por el cerrojo de la puerta, como quien mira de afuera y no se siente parte, no se da cuenta que est\u00e1 adentro, siempre hablaremos de la Iglesia como algo ajeno a nosotros, que no nos toca el coraz\u00f3n y que no nos impulsa a salir y a abrazar la gran obra que quiere hacer Jes\u00fas junto a nosotros. \u00bfNos sentimos parte de la Iglesia y con la responsabilidad de anunciar el mensaje de la llegada del Reino de Dios, del amor de Dios a todos los hombres?<\/span><br \/>\n<\/em><\/p>\n<p class=\"pf0\"><em><span class=\"cf0\">Volvamos al tema de la impaciencia de ayer, s\u00e9 que toca bastante el coraz\u00f3n, porque es algo que abunda en nosotros. Podemos preguntarnos\u2026 \u00bfEl hombre siempre fue impaciente? Desde que es hombre, o mejor dicho desde que la soberbia anid\u00f3 en nuestros corazones con la mancha original. \u00bfO ser\u00e1 que estamos en la \u00e9poca de la impaciencia? Es una \u00e9poca especial, donde todo se aceler\u00f3 y por lo tanto se aceleran nuestras ganas de que todo sea inmediato. \u00bfSer\u00e1 que el uso de la tecnolog\u00eda exacerb\u00f3 nuestra cuota natural de impaciencia con la que nacemos?<\/span><br \/>\n<\/em><\/p>\n<p class=\"pf0\"><em><span class=\"cf0\">Segur\u00edsimo, est\u00e1 incluso comprobado psicol\u00f3gicamente. La velocidad que genera la tecnolog\u00eda y la posibilidad de estar en muchos lugares al mismo tiempo, exacerba nuestra ansiedad. Es para pensar. Pensemos si nuestras vidas no son bastante distintas con respecto a 10 o 15 a\u00f1os atr\u00e1s, sin juzgar si es mejor o peor, sino distinta. Algo de esto dec\u00edamos ayer. Somos impacientes por naturaleza, por decirlo de alguna manera. Es como una marca registrada grabada en el interior de nuestro coraz\u00f3n. Nacimos d\u00e9biles, tenemos que aceptarlo. Nuestros deseos, de todo tipo, buscan ser saciados, y buscamos continuamente saciar lo que deseamos, por eso cuando eso no se da en el tiempo y forma que pretendemos, nos llega la impaciencia, la incapacidad de esperar, es de alg\u00fan modo un sufrimiento, y como no nos gusta sufrir, esto es obvio, el sufrimiento que nos genera la espera, nos precipita a enojos de todo tipo y tambi\u00e9n, a la tristeza por no haber alcanzado el bien que pretend\u00edamos.<\/span><br \/>\n<\/em><\/p>\n<p class=\"pf0\"><em><span class=\"cf0\">Nos pasa esto con los bienes espirituales y materiales, esta es, simplificadamente la din\u00e1mica de nuestras impaciencias. Por eso hay que aprender a esperar, hay que aprender a \u201csufrir\u201d interiormente sabiendo esperar lo que deseamos, o incluso a renunciar a lo que deseamos. Hay que aprender a desear y conducir nuestros deseos. No todo deseo se puede satisfacer en cualquier momento. La palabra de Dios nos ense\u00f1a que la verdadera sabidur\u00eda est\u00e1 en saber esperar, tener paciencia, dejar que el tiempo nos muestre los caminos que parecen cerrados, saber dar tiempo a lo que parece intrincado, saber gustar de las cosas con tiempo, no pretender todo y de golpe, saborear la vida de a poco, no empacharse de tantas cosas que no nos dejan disfrutar.<\/span><br \/>\n<\/em><\/p>\n<p class=\"pf0\"><em><span class=\"cf0\">Una caracter\u00edstica del que es paciente, es que no emite su opini\u00f3n r\u00e1pidamente, no juzga apresuradamente. El impaciente juzga todo, todo lo sabe, de todo opina, de todo se queja, en todo se precipita, en todo parece querer meter un bocado. Los fariseos de Algo del Evangelio de hoy son impacientes. Vos y yo tenemos un fariseo en alg\u00fan \u201ccostado\u201d del coraz\u00f3n, o a veces nos toma todo el coraz\u00f3n. Los fariseos juzgan a Jes\u00fas, con algo absurdo, pero juzgan por apresurados, por impacientes, porque no pueden esperar a ver bien y pretenden vencer la realidad con sus pensamientos. Juzgamos por soberbia apresurada. En cambio, el sencillo, el humilde de coraz\u00f3n &#8211; por ejemplo, la multitud de la escena de hoy &#8211; se admira siempre, a\u00fan de lo que no parece tan lindo. Ve lo mismo, pero lo ve distinto. El sencillo, el humilde sabe recibir y esperar, sabe ver toda la realidad como una oportunidad para enriquecerse y crecer, la paciencia es la virtud de los humildes.<\/span><br \/>\n<\/em><\/p>\n<p class=\"pf0\"><em><span class=\"cf0\">Es una maravilla empezar a transitar el camino de esta humilde paciencia. Probemos, nos va a cambiar la vida. Vas a empezar a experimentar que la sabidur\u00eda del evangelio le da un \u201csabor\u201d distinto a tu vida. Estemos en la situaci\u00f3n que estemos. En tormenta o en un d\u00eda claro. Empecemos a probar guardarnos de opinar de todo, tener sentencias para todo, dar una queja para todo. El fariseo del coraz\u00f3n siempre quiere aflorar. Acord\u00e9monos que la paciencia todo lo alcanza, la paciencia nos alcanza la paz, la paz es la sabidur\u00eda del humilde. \u201cJes\u00fas paciente y humilde de coraz\u00f3n, haz nuestro coraz\u00f3n semejante al tuyo\u201d.<\/span><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En cuanto se fueron los ciegos, le presentaron a Jes\u00fas un mudo que estaba endemoniado. El demonio fue expulsado y el mudo comenz\u00f3 a hablar. La multitud, admirada, comentaba: \u00abJam\u00e1s se vio nada igual en Israel.\u00bb Pero los fariseos dec\u00edan: \u00abEl expulsa a los demonios por obra del Pr\u00edncipe de los demonios.\u00bb Jes\u00fas recorr\u00eda todas [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":6382,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[23],"tags":[24],"class_list":["post-6381","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-mateo","tag-mateo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6381","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6381"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6381\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6385,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6381\/revisions\/6385"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media\/6382"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6381"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6381"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6381"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}