{"id":7783,"date":"2026-03-15T00:00:40","date_gmt":"2026-03-15T03:00:40","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=7783"},"modified":"2026-03-13T08:37:05","modified_gmt":"2026-03-13T11:37:05","slug":"iv-domingo-de-cuaresma-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/iv-domingo-de-cuaresma-3\/","title":{"rendered":"IV Domingo de Cuaresma"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-7783-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/15-marzo-audio-IV-DomingoCuaresma-A.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/15-marzo-audio-IV-DomingoCuaresma-A.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/15-marzo-audio-IV-DomingoCuaresma-A.mp3<\/a><\/audio>\n<p><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/15-marzo-audio-IV-DomingoCuaresma-A.zip\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2583\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/descargarMP3-100x100-1.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"100\" \/><\/a>Jes\u00fas, al pasar, vio a un hombre ciego de nacimiento. Escupi\u00f3 en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego, dici\u00e9ndole: \u00abVe a lavarte a la piscina de Silo\u00e9\u00bb, que significa \u00abEnviado.\u00bb<\/p>\n<p>El ciego fue, se lav\u00f3 y, al regresar, ya ve\u00eda. Los vecinos y los que antes lo hab\u00edan visto mendigar, se preguntaban: \u00ab \u00bfNo es este el que se sentaba a pedir limosna?\u00bb<\/p>\n<p>Unos opinaban: \u00abEs el mismo.\u00bb \u00abNo, respond\u00edan otros, es uno que se le parece.\u00bb<\/p>\n<p>\u00c9l dec\u00eda: \u00abSoy realmente yo.\u00bb<\/p>\n<p>El que hab\u00eda sido ciego fue llevado ante los fariseos. Era s\u00e1bado cuando Jes\u00fas hizo barro y le abri\u00f3 los ojos. Los fariseos, a su vez, le preguntaron c\u00f3mo hab\u00eda llegado a ver.<\/p>\n<p>\u00c9l les respondi\u00f3: \u00abMe puso barro sobre los ojos, me lav\u00e9 y veo.\u00bb<\/p>\n<p>Algunos fariseos dec\u00edan: \u00abEse hombre no viene de Dios, porque no observa el s\u00e1bado.\u00bb<\/p>\n<p>Otros replicaban: \u00ab\u00bfC\u00f3mo un pecador puede hacer semejantes signos?\u00bb Y se produjo una divisi\u00f3n entre ellos. Entonces dijeron nuevamente al ciego: \u00abY t\u00fa, \u00bfqu\u00e9 dices del que te abri\u00f3 los ojos?\u00bb El hombre respondi\u00f3: \u00abEs un profeta.\u00bb<\/p>\n<p>Ellos le respondieron: \u00abT\u00fa naciste lleno de pecado, y \u00bfquieres darnos lecciones?\u00bb Y lo echaron.<\/p>\n<p>Jes\u00fas se enter\u00f3 de que lo hab\u00edan echado y, al encontrarlo, le pregunt\u00f3: \u00ab\u00bfCrees en el Hijo del hombre?\u00bb<\/p>\n<p>El respondi\u00f3: \u00ab\u00bfQui\u00e9n es, Se\u00f1or, para que crea en \u00e9l?\u00bb<\/p>\n<p>Jes\u00fas le dijo: \u00abT\u00fa lo has visto: es el que te est\u00e1 hablando.\u00bb<\/p>\n<p>Entonces \u00e9l exclam\u00f3: \u00abCreo, Se\u00f1or\u00bb, y se postr\u00f3 ante \u00e9l.<\/p>\n<p><strong>Palabra del Se\u00f1or<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p><em>Si el domingo pasado Jes\u00fas fue el agua para calmar nuestra sed o vimos que es el agua para calmar nuestra sed\u2026 Quiso ser el agua para calmar la sed de todos los hombres, quiso ser el agua para calmar nuestra sed de ser felices, esa sed de amor que tenemos todos en el coraz\u00f3n. Hoy la liturgia, la Palabra de Dios, nos muestra a Jes\u00fas como la luz. Luz para iluminar la ceguera en la que vivimos sin darnos cuenta.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>As\u00ed, con estas im\u00e1genes, con estos s\u00edmbolos, vamos lentamente acerc\u00e1ndonos a la Pascua para poder llegar a vivir lo mismo que la samaritana y que el ciego de nacimiento. Hacia all\u00e1 vamos. Vamos todos juntos que podemos. A tener m\u00e1s sed de \u00e9l y a que se nos libre de esta ceguera que no nos permite ver el amor de Dios que invade nuestro alrededor. No todo es maldad, hay mucho Reino de Dios y mucho amor.<\/em><\/p>\n<p><em>Ambos terminaron hablando cara a cara, coraz\u00f3n a coraz\u00f3n con Jes\u00fas, nuestro Salvador, y escuchando de sus propios labios: \u00abSoy yo, el que habla contigo\u00bb. \u00abT\u00fa lo has visto: es el que te est\u00e1 hablando\u00bb. Las dos frases \u2014una del Evangelio del domingo pasado y otra de Algo del Evangelio de hoy\u2014 nos invitan a vivir lo mismo. \u00bfEstamos dispuestos?<\/em><\/p>\n<p><em>Jes\u00fas vino a despertar nuestra sed de comunicarnos con \u00e9l y permitirnos verlo con nuestros propios ojos. \u00a1Qu\u00e9 lindo! \u00a1Qu\u00e9 maravilla! Si hoy nos sentamos un rato a rezar, a repasar esta lectura, que en realidad es m\u00e1s larga, te aseguro que por ah\u00ed vas a escuchar que Jes\u00fas te dice a vos lo mismo. Esa es la experiencia que debe hacer cada cristiano, porque todos hemos nacido un poco ciegos, y no por culpa nuestra, o, mejor dicho, todos nacimos ciegos por el pecado del mundo, por la debilidad de nuestro coraz\u00f3n, de nuestra inteligencia, con la cual nacemos y que tenemos que ir libr\u00e1ndonos de a poco. Y el bautismo fue ese primer cimbronazo, primer fogonazo de luz que hemos recibido por la fe.<\/em><\/p>\n<p><em>Algo del Evangelio de hoy es como un drama de miradas, por decirlo de alguna manera, miradas diferentes, ojos del coraz\u00f3n que ven cosas distintas ante la misma realidad. Uno que no ve desde su nacimiento, no por su culpa y que adem\u00e1s es despreciado, dejado de lado, no tenido en cuenta, juzgado y viviendo de la limosna. Los vecinos que al verlo curado opinan por opinar, hablan por hablar, como tantos en este mundo, que les gusta hablar demasiado, por hablar, sin conocer, sin ver, como tantas veces hemos hecho nosotros. Otros que \u00abmeten su bocado\u00bb sin saber. Los fariseos que lo juzgan como pecador y que, adem\u00e1s, no le creen cuando es curado, cuando tienen la evidencia en frente de ellos. Hasta juzgan al mismo Jes\u00fas. Muy parecido a nuestras realidades, \u00bfno?, muy parecido al mundo en el que vivimos. Gente tirada por el camino, gente desechada por la sociedad y que adem\u00e1s es juzgada, por ah\u00ed sos uno de ellos, gente que es menospreciada como si todo fuera culpa de ellos. Gente como nosotros que a veces estamos ciegos y opinamos y opinamos, sin saber; y hablamos y hablamos, sin conocer el coraz\u00f3n de los otros. Sin embargo, en medio de todas estas miradas ciegas, miradas parciales, miradas sin amor, aparece la mirada de Jes\u00fas. Hoy concentr\u00e9monos en la mirada de Jes\u00fas.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00c9l vino a mirar el coraz\u00f3n del hombre, el tuyo y el m\u00edo. Jes\u00fas ve pero tambi\u00e9n mira, ve m\u00e1s all\u00e1, podr\u00edamos decir. Todos piensan que ese hombre es ciego de nacimiento por pecador, pero Jes\u00fas ve que ese hombre ayudar\u00e1 a manifestar la gloria de Dios. \u00c9l lo elige para devolverle la vista, y mostrarnos a todos hoy, concretamente, en este d\u00eda, no solo que hay una ceguera f\u00edsica sino, que hay algo que es peor, una gran ceguera espiritual. Jes\u00fas, el Maestro, es el que abre los ojos y es la luz, el que nos permite y nos ayuda a ver lo que antes no ve\u00edamos, o lo que no queremos ver.<\/em><\/p>\n<p><em>Vino a sanarnos de esta terrible ceguera, la que no nos deja ver lo profundo de las cosas, la que no nos deja ver m\u00e1s all\u00e1 de lo que ven nuestros ojos, la que hace que nos apresuremos y \u00abtiremos flores o cr\u00edticas\u00bb sin discernir, la que nos hace criticar o despreciar, la que nos hace juzgar sin saber.<\/em><\/p>\n<p><em>Por eso san Pablo tambi\u00e9n dir\u00e1 en la lectura de hoy: \u00abSepan discernir lo que le agrada al Se\u00f1or\u00bb. Saber discernir, saber ver y distinguir. Solo Jes\u00fas puede darnos esa luz. La luz de la fe que nos abre al amor y el amor que nos abre al verdadero conocimiento de todo, porque solo conoce verdaderamente a alguien o una realidad, aquel que ama, cuando se ama, cuando se conf\u00eda, cuando se valora, cuando se sabe ver con el coraz\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>Se\u00f1or, por favor, necesitamos que nos abras un poco m\u00e1s los ojos del coraz\u00f3n. Maestro, danos un poco m\u00e1s de tu luz para que podamos ver bien, discernir bien, amar mejor a todos. Que podamos darnos cuenta que te tenemos en frente y a veces no te vemos, que podamos postrarnos en tu presencia y decirte desde el coraz\u00f3n, desde lo m\u00e1s profundo: \u00abCreo, Se\u00f1or, pero ayudame a ver mejor. Ay\u00fadame a ver y mirar m\u00e1s profundo. A ver, como vos nos mir\u00e1s, a ver con nuestro coraz\u00f3n\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>Que tengamos un buen domingo y que la bendici\u00f3n de Dios, que es Padre misericordioso, Hijo y Esp\u00edritu Santo, descienda sobre nuestros corazones y permanezca para siempre.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jes\u00fas, al pasar, vio a un hombre ciego de nacimiento. Escupi\u00f3 en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego, dici\u00e9ndole: \u00abVe a lavarte a la piscina de Silo\u00e9\u00bb, que significa \u00abEnviado.\u00bb El ciego fue, se lav\u00f3 y, al regresar, ya ve\u00eda. Los vecinos y los que antes [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":7784,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[10],"class_list":["post-7783","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-juan","tag-juan"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7783","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7783"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7783\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":7787,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7783\/revisions\/7787"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media\/7784"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7783"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7783"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7783"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}