{"id":7799,"date":"2026-03-18T00:00:33","date_gmt":"2026-03-18T03:00:33","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=7799"},"modified":"2026-03-17T08:19:10","modified_gmt":"2026-03-17T11:19:10","slug":"iv-miercoles-de-cuaresma-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/iv-miercoles-de-cuaresma-3\/","title":{"rendered":"IV Mi\u00e9rcoles de Cuaresma"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-7799-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/18-marzo-audio-IV-MiercolesCuaresma-A.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/18-marzo-audio-IV-MiercolesCuaresma-A.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/18-marzo-audio-IV-MiercolesCuaresma-A.mp3<\/a><\/audio>\n<p><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/18-marzo-audio-IV-MiercolesCuaresma-A.zip\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2583\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/descargarMP3-100x100-1.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"100\" \/><\/a>Jes\u00fas dijo a los jud\u00edos:<\/p>\n<p>\u00abMi Padre trabaja siempre, y yo tambi\u00e9n trabajo.\u00bb Pero para los jud\u00edos esta era una raz\u00f3n m\u00e1s para matarlo, porque no s\u00f3lo violaba el s\u00e1bado, sino que se hac\u00eda igual a Dios, llam\u00e1ndolo su propio Padre. Entonces Jes\u00fas tom\u00f3 la palabra diciendo:<\/p>\n<p>\u00abLes aseguro que el Hijo no puede hacer nada por s\u00ed mismo sino solamente lo que ve hacer al Padre; lo que hace el Padre, lo hace igualmente el Hijo. Porque el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que hace. Y le mostrar\u00e1 obras m\u00e1s grandes a\u00fan, para que ustedes queden maravillados. As\u00ed como el Padre resucita a los muertos y les da vida, del mismo modo el Hijo da vida al que \u00e9l quiere. Porque el Padre no juzga a nadie: \u00e9l ha puesto todo juicio en manos de su Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envi\u00f3. Les aseguro que el que escucha mi palabra y cree en aquel que me ha enviado, tiene Vida eterna y no est\u00e1 sometido al juicio, sino que ya ha pasado de la muerte a la Vida. Les aseguro que la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los muertos oir\u00e1n la voz del Hijo de Dios; y los que la oigan, vivir\u00e1n. As\u00ed como el Padre dispone de la Vida, del mismo modo ha concedido a su Hijo disponer de ella, y le dio autoridad para juzgar porque \u00e9l es el Hijo del hombre.<\/p>\n<p>No se asombren: se acerca la hora en que todos los que est\u00e1n en las tumbas oir\u00e1n su voz y saldr\u00e1n de ellas: los que hayan hecho el bien, resucitar\u00e1n para la Vida; los que hayan hecho el mal, resucitar\u00e1n para el juicio. Nada puedo hacer por m\u00ed mismo. Yo juzgo de acuerdo con lo que oigo, y mi juicio es justo, porque lo que yo busco no es hacer mi voluntad, sino la de aquel que me envi\u00f3.\u00bb<\/p>\n<p><strong>Palabra del Se\u00f1or<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p><em>El que nos ayuda a empezar a ver lo que antes no ve\u00edamos, o ve\u00edamos borroso, siempre es Jes\u00fas. De una manera u otra, \u00e9l se las ingenia para ayudarnos a descubrir lentamente la verdad de la vida, de nuestras vidas. Excepto que nos neguemos, \u00e9l desea siempre eso para nosotros. Es lo que busca, iluminarnos. Mientras tanto, podemos andar por la vida, por muchos a\u00f1os bajo apariencia de bien, pero muy, muy ciegos. Seguramente a vos te pas\u00f3. Los fariseos eran hombres religiosos, pero muy ciegos. Los cristianos podemos ser hombres muy, pero muy religiosos, rezar mil rosarios por d\u00eda y ser muy ciegos, incluso yendo a misa. \u00a1Cuidado! La piedad exterior no nos asegura la luz interior. \u00c9l es la luz, no nosotros. \u00c9l es luz y el que nos permite ver lo que nuestra ceguera no nos deja ver. \u00bfTe acord\u00e1s algo del Evangelio del domingo? Ayer le\u00ed algo lindo con respecto a esto que dec\u00eda as\u00ed: \u00abA veces la oportunidad de ver comienza con barro\u00bb. Incre\u00edble, lind\u00edsima frase. Jes\u00fas cura al ciego de nacimiento poni\u00e9ndole barro en los ojos. A veces necesitamos el barro: la debilidad, el dolor, el pecado, lo m\u00e1s bajo, la humillaci\u00f3n, la indiferencia, el olvido, tocar fondo, estar aislados, como el ciego; lo peor de lo peor, para empezar a ver lo que ten\u00edamos en las narices y no ve\u00edamos. \u00bfNo te pas\u00f3 alguna vez? Ver el amor de los que ten\u00edas al lado y no considerabas; ver los dones escondidos que no explotabas; ver lo poco que te valorabas; ver que tu vida era vac\u00eda, para poder llenarla. Y as\u00ed podr\u00edamos seguir. El ciego de nacimiento, el \u00fanico que no ve\u00eda era el que m\u00e1s necesitaba de Jes\u00fas y, por eso, termin\u00f3 vi\u00e9ndolo. Los otros, los fariseos y los dem\u00e1s personajes de esa escena ve\u00edan, pero ve\u00edan lo que ellos quer\u00edan ver. Sus ojos, en el fondo, reflejaban lo que ten\u00edan en su coraz\u00f3n: cerraz\u00f3n, orgullo y soberbia.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>Es compleja la lectura de hoy, pero de una gran riqueza, por eso me quedo con algo, como siempre, me quedo con estas palabras de Jes\u00fas: \u00abLes aseguro que el que escucha mi palabra y cree en aquel que me ha enviado, tiene Vida eterna y no est\u00e1 sometido al juicio, sino que ya ha pasado de la muerte a la Vida\u00bb. Todo lo que Jes\u00fas hizo y habl\u00f3 fue y es para que creamos en Aquel que lo envi\u00f3. Para que creamos en su Padre para que, creyendo que Dios es Padre, tengamos vida, Vida eterna, vida de la buena, vida que quita el miedo, vida que saca de la muerte. Vida que saca de la ceguera de este mundo. Vida que nos saca de las tinieblas.<\/em><\/p>\n<p><em>Los audios que hacemos no son para que escuches mi voz, acordate, sino para que escuches la voz de Jes\u00fas y escuchando la de Jes\u00fas escuches la del Padre. Cuando escuchamos la Palabra de Dios, escuchamos a Dios Padre, por medio de su Hijo, transmitido por nosotros. Esto es una cadena de env\u00edos. Vos y yo formamos parte de esta cadena. Somos eslabones del mismo deseo de Dios. Por eso, acord\u00e9monos que, cuando con el dedo solamente apret\u00e1s y envi\u00e1s la Palabra a otro, est\u00e1s enviando un mensaje de Dios. S\u00ed, puede ser que no lo escuchen\u2026 puede ser que te tilden de molesto, que te digan \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 me manda este?, siempre lo mismo\u00bb. Vos, mientras no te digan que no, segu\u00ed enviando, segu\u00ed enviando que alg\u00fan d\u00eda van a escuchar a Dios, se les va a abrir el coraz\u00f3n, alg\u00fan d\u00eda lo van a necesitar. Hay que sembrar sin cansarse.<\/em><\/p>\n<p><em>Dios Padre sali\u00f3 a buscar a sus hijos enviando a su Hijo al mundo para que, creyendo en sus palabras, creamos en que \u00e9l es mucho m\u00e1s bueno de lo que imaginamos, que a Dios no podemos tenerle miedo, que el amor quita el miedo, el amor levanta y nos hace andar con nuestras antiguas camillas, con nuestro barro en los ojos, por el mundo, creyendo y caminando.<\/em><\/p>\n<p><em>Acord\u00e9monos que Dios es como el Padre de la Par\u00e1bola del hijo prodigo, acord\u00e9monos que Jes\u00fas es la luz del mundo que vino a sacarnos de la ceguera en la que vivimos. Acord\u00e9monos que a partir del \u00abbarro\u00bb muchas veces empezamos a ver. Cuando tocamos fondo, es cuando empezamos a ver. Cuando perdemos todo lo que nos gustaba y nos hac\u00eda tanto bien, a veces empezamos a ver.<\/em><\/p>\n<p><em>Acord\u00e9monos que, aunque estemos en el fondo del mar, como se dice, se puede empezar una vida distinta. Acord\u00e9monos que tener Vida eterna no es esperar la muerte, sino empezar desde ahora una vida distinta, con m\u00e1s plenitud, con m\u00e1s amor, con m\u00e1s fe. Solo hay que creer, confiar y confiar en las palabras de Jes\u00fas.<\/em><\/p>\n<p><em>Acord\u00e9monos que aunque estemos presos, aunque estemos privados de nuestra libertad, nadie podr\u00e1 quitarnos el amor de Cristo en nuestros corazones. Acord\u00e9monos que hay que creer y caminar, no hay otro camino. Hay que salir. No podemos esperar que nos cure un milagro demasiado milagroso, dicho con redundancia, sino que tenemos que aprender a pedir ayuda. \u00bfQuer\u00e9s curarte? Cre\u00e9, tom\u00e1 tu camilla \u2013no la tires\u2013 y empez\u00e1 a caminar. As\u00ed empiezan las cosas lindas de la vida.<\/em><\/p>\n<p><em>Que tengamos un buen d\u00eda y que la bendici\u00f3n de Dios, que es Padre misericordioso, Hijo y Esp\u00edritu Santo, descienda sobre nuestros corazones y permanezca para siempre.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jes\u00fas dijo a los jud\u00edos: \u00abMi Padre trabaja siempre, y yo tambi\u00e9n trabajo.\u00bb Pero para los jud\u00edos esta era una raz\u00f3n m\u00e1s para matarlo, porque no s\u00f3lo violaba el s\u00e1bado, sino que se hac\u00eda igual a Dios, llam\u00e1ndolo su propio Padre. Entonces Jes\u00fas tom\u00f3 la palabra diciendo: \u00abLes aseguro que el Hijo no puede hacer [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":7800,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[10],"class_list":["post-7799","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-juan","tag-juan"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7799","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7799"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7799\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":7804,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7799\/revisions\/7804"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media\/7800"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7799"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7799"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7799"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}