{"id":7974,"date":"2026-04-19T00:00:03","date_gmt":"2026-04-19T03:00:03","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=7974"},"modified":"2026-04-18T08:01:39","modified_gmt":"2026-04-18T11:01:39","slug":"iii-domingo-de-pascua-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/iii-domingo-de-pascua-3\/","title":{"rendered":"III Domingo de Pascua"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-7974-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/19-abril-audio-III-DomingoPascua-A.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/19-abril-audio-III-DomingoPascua-A.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/19-abril-audio-III-DomingoPascua-A.mp3<\/a><\/audio>\n<p><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/19-abril-audio-III-DomingoPascua-A.zip\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2583\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/descargarMP3-100x100-1.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"100\" \/><\/a>El primer d\u00eda de la semana, dos de los disc\u00edpulos iban a un peque\u00f1o pueblo llamado Ema\u00fas, situado a unos diez kil\u00f3metros de Jerusal\u00e9n. En el camino hablaban sobre lo que hab\u00eda ocurrido.<\/p>\n<p>Mientras conversaban y discut\u00edan, el mismo Jes\u00fas se acerc\u00f3 y sigui\u00f3 caminando con ellos. Pero algo imped\u00eda que sus ojos lo reconocieran. El les dijo: \u00ab\u00bfQu\u00e9 comentaban por el camino?\u00bb<\/p>\n<p>Ellos se detuvieron, con el semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleof\u00e1s, le respondi\u00f3: \u00ab\u00a1T\u00fa eres el \u00fanico forastero en Jerusal\u00e9n que ignora lo que pas\u00f3 en estos d\u00edas!\u00bb<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfQu\u00e9 cosa?\u00bb, les pregunt\u00f3.<\/p>\n<p>Ellos respondieron: \u00abLo referente a Jes\u00fas, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y c\u00f3mo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros esper\u00e1bamos que fuera \u00e9l quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres d\u00edas que sucedieron estas cosas. Es verdad que algunas mujeres que est\u00e1n con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro y al no hallar el cuerpo de Jes\u00fas, volvieron diciendo que se les hab\u00edan aparecido unos \u00e1ngeles, asegur\u00e1ndoles que \u00e9l est\u00e1 vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres hab\u00edan dicho. Pero a \u00e9l no lo vieron.\u00bb<\/p>\n<p>Jes\u00fas les dijo: \u00ab\u00a1Hombres duros de entendimiento, c\u00f3mo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! \u00bfNo era necesario que el Mes\u00edas soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?\u00bb Y comenzando por Mois\u00e9s y continuando con todos los profetas, les interpret\u00f3 en todas las Escrituras lo que se refer\u00eda a \u00e9l.<\/p>\n<p>Cuando llegaron cerca del pueblo ad\u00f3nde iban, Jes\u00fas hizo adem\u00e1n de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: \u00abQu\u00e9date con nosotros, porque ya es tarde y el d\u00eda se acaba.\u00bb<\/p>\n<p>El entr\u00f3 y se qued\u00f3 con ellos. Y estando a la mesa, tom\u00f3 el pan y pronunci\u00f3 la bendici\u00f3n; luego lo parti\u00f3 y se lo dio. Entonces los ojos de los disc\u00edpulos se abrieron y lo reconocieron, pero \u00e9l hab\u00eda desaparecido de su vista.<\/p>\n<p>Y se dec\u00edan: \u00ab \u00bfNo ard\u00eda acaso nuestro coraz\u00f3n, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?\u00bb<\/p>\n<p>En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusal\u00e9n. All\u00ed encontraron reunidos a los Once y a los dem\u00e1s que estaban con ellos, y estos les dijeron: \u00abEs verdad, \u00a1el Se\u00f1or ha resucitado y se apareci\u00f3 a Sim\u00f3n!\u00bb<\/p>\n<p>Ellos, por su parte, contaron lo que les hab\u00eda pasado en el camino y c\u00f3mo lo hab\u00edan reconocido al partir el pan.<\/p>\n<p><strong>Palabra del Se\u00f1or<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p><em>\u00a1Quedate con nosotros, porque ya es tarde y el d\u00eda se acaba! \u00a1Qu\u00e9 linda petici\u00f3n! \u00a1Qu\u00e9 lindo que hoy todos, en este tercer Domingo de Pascua, estemos donde estemos, estemos como estemos, hayamos resucitado o no tanto en esta Pascua, o estemos resucitando, podamos decirle esto al Se\u00f1or, con el coraz\u00f3n! \u00a1Quedate con nosotros! Estos dos disc\u00edpulos le dijeron eso a Jes\u00fas, en realidad, sin saber todav\u00eda qui\u00e9n era realmente. Sus ojos del coraz\u00f3n, sus ojos, no ve\u00edan lo que nosotros hoy ya sabemos por la fe. No sab\u00edan qui\u00e9n era el que los hab\u00eda acompa\u00f1ado durante todo el camino y les hab\u00eda hecho arder el coraz\u00f3n, explic\u00e1ndoles las escrituras, como tantas veces tambi\u00e9n nos pasa a nosotros. \u00a1Quedate con nosotros! \u00bfCu\u00e1nto m\u00e1s tenemos que pedir nosotros que ya sabemos que \u201cese\u201d que anda por el camino de la vida intentando que nuestro coraz\u00f3n se llene de ardor, es el mismo Jes\u00fas? \u00bfCu\u00e1nto nosotros m\u00e1s en este tiempo, donde todo parece tan dif\u00edcil, debemos pedirle desde el fondo de nuestro coraz\u00f3n? Nosotros ya sabemos el final de la historia, ya sabemos que ese Jes\u00fas anda as\u00ed por nuestra vida y por la de tantos hombres y mujeres que caminan cabizbajos, con el \u201csemblante triste\u201d, como no comprendiendo nada, deprimidos por no encontrar el sentido de sus vidas, por haberlo perdido ante alg\u00fan dolor, ante alguna frustraci\u00f3n, o simplemente porque tantos deseos, camuflados, nos hacen olvidar qu\u00e9 es lo m\u00e1s grande y lo que m\u00e1s necesitamos.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>Nosotros podemos hoy agregarle una palabra clave a esa frase de estos dos disc\u00edpulos. \u00bfTe diste cuenta? Nosotros podemos decirle: \u201cQuedate con nosotros, Se\u00f1or, porque ya es tarde y el d\u00eda se acaba\u201d. Vos y yo sabemos que ese hombre es Jes\u00fas, Hombre-Dios. Vos y yo\u2026 \u00bflo sabemos? \u00bflo sab\u00e9s? Nosotros sabemos que Jes\u00fas est\u00e1, pero a veces parece no estar. Nosotros hoy queremos saborear la presencia de un Dios que est\u00e1, pero permanece oculto a los ojos de los que andan mirando para abajo, de los que no escuchan los sonidos del coraz\u00f3n, de los que no escuchan la Palabra de Dios. Escuchemos por ellos.<\/em><\/p>\n<p><em>En este domingo te propongo que levantemos la cabeza. Basta de mirar para abajo. Dejemos de \u201cdiscutir\u201d por el camino de la vida, dej\u00e9monos de hablar como si Jes\u00fas no estuviera, como si no estuviera vivo. Dejemos de mirarnos el \u201combligo\u201d y no ver lo que alguna vez ya vimos. \u00bfNo ardi\u00f3 acaso nuestro coraz\u00f3n alguna vez en nuestra vida cuando descubrimos la presencia de un Jes\u00fas vivo, en ese retiro, en ese momento de oraci\u00f3n, en ese pobre que visitaste o conociste, en tu marido, en tu mujer, en tus hijos? \u00bfNo ard\u00eda acaso nuestro coraz\u00f3n? \u00bfQu\u00e9 nos pasa ahora? \u00bfQu\u00e9 nos pas\u00f3?<\/em><\/p>\n<p><em>\u201cQuedate con nosotros, Se\u00f1or, porque ya es tarde y el d\u00eda se acaba\u201d. Quedate conmigo podemos decirle con emoci\u00f3n. En realidad, \u00e9l siempre est\u00e1. Somos nosotros los que nos vamos escurriendo de sus manos y nos perdemos. Por ah\u00ed podr\u00edamos dar vuelta esta petici\u00f3n y escuchar que es Jes\u00fas el que nos dice al coraz\u00f3n: \u201cQuedate conmigo, no te vayas m\u00e1s, que la vida se acaba, el d\u00eda se acaba, no te alejes nunca m\u00e1s de m\u00ed\u201d.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El primer d\u00eda de la semana, dos de los disc\u00edpulos iban a un peque\u00f1o pueblo llamado Ema\u00fas, situado a unos diez kil\u00f3metros de Jerusal\u00e9n. En el camino hablaban sobre lo que hab\u00eda ocurrido. Mientras conversaban y discut\u00edan, el mismo Jes\u00fas se acerc\u00f3 y sigui\u00f3 caminando con ellos. Pero algo imped\u00eda que sus ojos lo reconocieran. 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