{"id":8144,"date":"2026-05-19T00:00:36","date_gmt":"2026-05-19T03:00:36","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=8144"},"modified":"2026-05-18T08:25:26","modified_gmt":"2026-05-18T11:25:26","slug":"vii-martes-de-pascua-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/vii-martes-de-pascua-2\/","title":{"rendered":"VII Martes de Pascua"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-8144-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/19-mayo-audio-VII-MartesPascua-A.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/19-mayo-audio-VII-MartesPascua-A.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/19-mayo-audio-VII-MartesPascua-A.mp3<\/a><\/audio>\n<p><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/19-mayo-audio-VII-MartesPascua-A.zip\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2583\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/descargarMP3-100x100-1.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"100\" \/><\/a>Jes\u00fas levant\u00f3 los ojos al cielo, diciendo:<\/p>\n<p>\u00abPadre, ha llegado la hora: glorifica a tu Hijo para que el Hijo te glorifique a ti, ya que le diste autoridad sobre todos los hombres, para que \u00e9l diera Vida eterna a todos los que t\u00fa les has dado. Esta es la Vida eterna: que te conozcan a ti, el \u00fanico Dios verdadero, y a tu Enviado, Jesucristo.<\/p>\n<p>Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste. Ahora, Padre, glorif\u00edcame junto a ti, con la gloria que yo ten\u00eda contigo antes que el mundo existiera.<\/p>\n<p>Manifest\u00e9 tu Nombre a los que separaste del mundo para confi\u00e1rmelos. Eran tuyos y me los diste, y ellos fueron fieles a tu palabra. Ahora saben que todo lo que me has dado viene de ti, porque les comuniqu\u00e9 las palabras que t\u00fa me diste: ellos han reconocido verdaderamente que yo sal\u00ed de ti, y han cre\u00eddo que t\u00fa me enviaste.<\/p>\n<p>Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque son tuyos. Todo lo m\u00edo es tuyo y todo lo tuyo es m\u00edo, y en ellos he sido glorificado. Ya no estoy m\u00e1s en el mundo, pero ellos est\u00e1n en \u00e9l; y yo vuelvo a ti.\u00bb<\/p>\n<p><strong>Palabra del Se\u00f1or<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p><em>Puede parecer a veces que, para nosotros, la fiesta de la Ascensi\u00f3n del Se\u00f1or, que celebramos el domingo, no nos dice mucho. De hecho, a veces, no se profundiza mucho en esta verdad tan maravillosa de nuestra fe. Es una fiesta a la que a veces, en la Iglesia, no le damos tanta trascendencia. Es como que queda un poco opacada entre la Pascua y Pentecost\u00e9s. Qued\u00f3 ah\u00ed, entre medio, como realmente fue hist\u00f3ricamente. Sin embargo, es una gran verdad, una linda verdad de nuestra fe, que la mencionamos en el Credo cada domingo que lo rezamos con amor, que la mencionamos en un mont\u00f3n de momentos de la misa y nos ense\u00f1a much\u00edsimas cosas. Para los disc\u00edpulos que lo vieron partir \u00abentre las nubes\u00bb, s\u00ed debe haber sido significativo y misterioso. Muchas preguntas se les habr\u00e1n cruzado por el coraz\u00f3n. \u00bfQu\u00e9 pasar\u00eda ahora con ellos? \u00bfCu\u00e1ndo volver\u00eda realmente Jes\u00fas? \u00bfQu\u00e9 podr\u00edan ahora hacer ellos, solos, sin \u00e9l? \u00bfQu\u00e9 significaba eso de ir por todo el mundo a anunciar la Buena Noticia, a bautizar, a ense\u00f1ar? \u00a1Qu\u00e9 dif\u00edcil debe haber sido para ellos al principio! Para nosotros podr\u00eda parecernos obvio, pero no fue lo mismo para ellos. Sin embargo, la prueba de que Jes\u00fas segu\u00eda estando con ellos, fueron los frutos que comenzaron a experimentar todos los ap\u00f3stoles ante la ausencia de Jes\u00fas en la naciente Iglesia. Una ausencia que se transform\u00f3 en una presencia distinta. No podr\u00edan darse tantos frutos en toda la tierra, cada d\u00eda, a cada instante, en miles de corazones, incluso en este mismo momento, mientras vos y yo estamos escuchando, si Jes\u00fas no estuviese a la derecha del Padre asisti\u00e9ndonos con su amor, con su fuerza.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>De Algo del Evangelio de hoy, escuchamos una oraci\u00f3n de Jes\u00fas que qued\u00f3 en el evangelio, y evangelio que se puede transformar en oraci\u00f3n hoy para nosotros. Qu\u00e9 fecundo puede ser para todos imaginar esta escena en la que nuestro Maestro mirando al cielo, mira a su Padre, lo busca con la mirada, como esa mirada de amor y el coraz\u00f3n para poder hablarle, para decirle todo lo que sent\u00eda. Jes\u00fas, en la \u00faltima cena, se despidi\u00f3 de sus disc\u00edpulos y se los encomend\u00f3 a su Padre. Pero, al mismo tiempo, les dej\u00f3 a sus amigos el mejor legado que pod\u00eda dejarles, sus palabras que se har\u00edan eternas porque no fueron solamente palabras, sino que fueron al mismo tiempo palabras que se hicieron gestos de amor, reales y concretos. \u00a1Qu\u00e9 lindo imaginar a Jes\u00fas mirando al cielo diciendo esto. Te propongo que hagamos hoy algo similar, que hagamos lo mismo, que elevemos nuestros ojos al cielo, o a una imagen, o a un lugar que nos ayude como a transportarnos, dicho simb\u00f3licamente, a ese momento! Las palabras de Dios pueden hacerse vida ahora, si buscamos que las escenas del Evangelio, de alguna manera, se hagan presentes. No sean un cuentito, no sean frases lindas, frases motivadoras. Por eso y para eso, tenemos que usar todos nuestros sentidos, toda la sana espiritualidad cat\u00f3lica, coraz\u00f3n y pensamiento. Somos una unidad. Antes de pensar en lo que podr\u00edas decirle vos al mismo Padre, a Jes\u00fas, pens\u00e1 en lo que Jes\u00fas dijo, en algunas de las palabras que escuchaste reci\u00e9n y, si es necesario, volv\u00e9 a escucharlas. A m\u00ed me ayudan las que te voy a decir ahora, las que rezo al elevar la hostia consagrada en cada misa en el altar, son estas: \u00abEsta es la Vida eterna: que te conozcan a ti, el \u00fanico Dios verdadero, y a tu Enviado, Jesucristo\u00bb. Eso pido cada d\u00eda por todos los que est\u00e1n en la misa, asistiendo para que tengan esa Vida eterna, que conozcan al Dios verdadero y a su enviado. Fij\u00e9monos tambi\u00e9n cu\u00e1les palabras nos sirven hoy, si te sirven estas u otras.<\/em><\/p>\n<p><em>Te dec\u00eda que esta oraci\u00f3n de Jes\u00fas qued\u00f3 escrita en el Evangelio. Sus palabras se hicieron Palabra de Dios, por supuesto, y por eso, y por qu\u00e9 no, el evangelio para nosotros se deber\u00eda transformar hoy en oraci\u00f3n, en elevaci\u00f3n del alma hacia Dios. Eso es rezar, elevar nuestra alma a Dios para que no solo se arrastre por el suelo por las cosas de cada d\u00eda, sino que se anime a elevarse un poco. Nuestra alma, nuestro esp\u00edritu est\u00e1 hecho para cosas m\u00e1s grandes todav\u00eda. Mucho m\u00e1s de lo que imaginamos. Eso es la Vida eterna en la tierra, buscar cada d\u00eda conocer al \u00fanico Dios verdadero, al Padre de todos, y a su enviado Jesucristo. Vivir en serio es conocer a Dios, a Dios Padre, y a su Hijo por medio del Esp\u00edritu. Tambi\u00e9n podr\u00edamos decirlo al rev\u00e9s: conociendo a Cristo, conocemos al Padre. Toda nuestra fe cristiana podr\u00eda sintetizarse en esto: conocer y amar a Cristo para poder conocer el amor del Padre, al mismo Padre. Pensemos si en nuestra vida estamos buscando esto. Pensemos si estamos intentando esto d\u00eda a d\u00eda. Todo lo dem\u00e1s es pasajero y secundario. \u00bfQu\u00e9 estamos haciendo? \u00bfQu\u00e9 est\u00e1s haciendo en tu vida, en la Iglesia? \u00bfPara qu\u00e9 crees que es la Iglesia? \u00bfQu\u00e9 est\u00e1s haciendo en tu familia? \u00bfEst\u00e1s buscando la Vida eterna mientras viv\u00eds esta vida terrena y pasajera? La Vida en serio, la eterna, la que da ganas de vivir, la que nos ayuda a seguir cada d\u00eda es esta: Conocer al \u00fanico Dios verdadero y a Jes\u00fas su enviado. No a cualquier \u00abdios\u00bb hecho a nuestra medida, no a cualquier \u00eddolo humano, ni siquiera a un santo, ni a un pol\u00edtico, a un pr\u00f3cer, sino a Jes\u00fas, que es el Camino, Verdad y Vida. Te aseguro que eso te va a dar la verdadera paz, te aseguro que eso te va a reorientar en la vida, la va a orientar. Escuchemos a Jes\u00fas todos los d\u00edas y vamos a empezar a entender lo que es la Vida eterna.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jes\u00fas levant\u00f3 los ojos al cielo, diciendo: \u00abPadre, ha llegado la hora: glorifica a tu Hijo para que el Hijo te glorifique a ti, ya que le diste autoridad sobre todos los hombres, para que \u00e9l diera Vida eterna a todos los que t\u00fa les has dado. 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