{"id":8149,"date":"2026-05-20T00:00:08","date_gmt":"2026-05-20T03:00:08","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=8149"},"modified":"2026-05-18T13:36:30","modified_gmt":"2026-05-18T16:36:30","slug":"vii-miercoles-de-pascua-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/vii-miercoles-de-pascua-3\/","title":{"rendered":"VII Mi\u00e9rcoles de Pascua"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-8149-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/20-mayo-audio-VII-MiercolesPascua-A.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/20-mayo-audio-VII-MiercolesPascua-A.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/20-mayo-audio-VII-MiercolesPascua-A.mp3<\/a><\/audio>\n<p><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/20-mayo-audio-VII-MiercolesPascua-A.zip\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2583\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/descargarMP3-100x100-1.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"100\" \/><\/a>Jes\u00fas levant\u00f3 los ojos al cielo, y or\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p>\u00abPadre santo, cuida en tu Nombre a aquellos que me diste, para que sean uno, como nosotros. Mientras estaba con ellos, cuidaba en tu Nombre a los que me diste; yo los proteg\u00eda y no se perdi\u00f3 ninguno de ellos, excepto el que deb\u00eda perderse, para que se cumpliera la Escritura.<\/p>\n<p>Pero ahora voy a ti, y digo esto estando en el mundo, para que mi gozo sea el de ellos y su gozo sea perfecto.<\/p>\n<p>Yo les comuniqu\u00e9 tu palabra, y el mundo los odi\u00f3 porque ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del Maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.<\/p>\n<p>Cons\u00e1gralos en la verdad: tu palabra es verdad. As\u00ed como t\u00fa me enviaste al mundo, yo tambi\u00e9n los env\u00edo al mundo. Por ellos me consagro, para que tambi\u00e9n ellos sean consagrados en la verdad.\u00bb<\/p>\n<p><strong>Palabra del Se\u00f1or<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p><em>No es casualidad que, antes de ascender a los cielos, antes de partir, mostr\u00e1ndose a todos sus disc\u00edpulos, reuni\u00e9ndolos en el lugar donde se hab\u00edan conocido, en esa monta\u00f1a de Galilea; no es casualidad que antes de partir, seg\u00fan el Evangelio del domingo, Jes\u00fas les dijo: \u00abVayan por el mundo y anuncien el Evangelio. Vayan por el mundo y bauticen en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp\u00edritu Santo, y ens\u00e9\u00f1enles a cumplir todo lo que yo les he mandado\u00bb. El doble mandato de Jes\u00fas: el de hacer \u00abhijos de Dios\u00bb, el de introducir en la vida de la Iglesia por medio de un sacramento, por medio de un signo visible, que es el agua, a todos los hijos dispersos por el mundo que necesitan ser abrazados por la misericordia del Padre; y, por otro lado, tambi\u00e9n ense\u00f1ar, ense\u00f1ar los mandamientos de Dios, ense\u00f1ar el nuevo mandamiento del amor. Lo que \u00e9l hizo por nosotros. Ese es el doble mandato, la doble misi\u00f3n de la Iglesia, la tuya y la m\u00eda. Tambi\u00e9n ir por el mundo, aunque ahora parece que no podemos. \u00bfC\u00f3mo que no? Nosotros s\u00ed podemos, de alguna manera, hacer entender a otros; no a la fuerza, por supuesto, sino mostr\u00e1ndoles con nuestro amor, con nuestra alegr\u00eda, con nuestra forma de vivir. Hacerle comprender a los dem\u00e1s, animarlos a sumarse a esta corriente de amor, en la cual Jes\u00fas nos introdujo cuando se entreg\u00f3 por nosotros y estando ahora sentado a la derecha del Padre, intercediendo por nosotros, por vos y por m\u00ed. Vos tambi\u00e9n est\u00e1s llamado a ir por el mundo, a tu propio mundo, simb\u00f3licamente. Vos tambi\u00e9n est\u00e1s llamada a ayudar a otros a que comprendan que el amor de Dios lo abarca todo, todos los corazones y todos los tiempos.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>Algo del Evangelio de hoy tambi\u00e9n es oraci\u00f3n de Jes\u00fas que nos puede llenar de gozo el alma y animarnos a rezar, tambi\u00e9n de esa manera. \u00a1Qu\u00e9 lindo es pensar que Jes\u00fas se anim\u00f3 a orar en voz alta, que se anim\u00f3 a rezar frente a sus disc\u00edpulos y que, de esta manera, abri\u00f3 su coraz\u00f3n! Se dio a conocer, \u00abpara que mi gozo sea el de ellos y su gozo sea perfecto\u00bb. Y, de esta manera, logr\u00f3 abrir los corazones de sus amigos, los disc\u00edpulos. Podr\u00edamos decir que, en estos Evangelios, en estas oraciones tan bellas de Jes\u00fas, \u00e9l se anim\u00f3 a descubrir sus sentimientos. No tuvo verg\u00fcenza de decir lo que sent\u00eda y pensaba, y eso nos ayuda much\u00edsimo a vos y a m\u00ed. Por un lado, porque de ese modo conocemos lo que pens\u00f3, lo que piensa el mism\u00edsimo Dios de nosotros y qu\u00e9 piensa \u00e9l sobre \u00e9l mismo, aunque solo podemos saberlo de manera limitada. De esa manera tenemos la \u00abllave\u00bb del coraz\u00f3n de Jes\u00fas, del Padre y del Esp\u00edritu, y podremos conocerlo cada d\u00eda m\u00e1s. Por otro lado, nos ayuda tambi\u00e9n a abrir nuestro coraz\u00f3n al mismo Jes\u00fas y tambi\u00e9n a los dem\u00e1s cuando es necesario, cuando necesitamos descubrir nosotros mismos qu\u00e9 es lo que sentimos mediante nuestras propias palabras. A veces nos cuesta much\u00edsimo rezar frente a otros. Rezamos lo que sabemos de memoria, pero abrir el coraz\u00f3n, qu\u00e9 dif\u00edcil que es, \u00bfno?, y qu\u00e9 lindo que es, al mismo tiempo, y qu\u00e9 bien nos har\u00eda aprender esto de Jes\u00fas.<\/em><\/p>\n<p><em>Esa noche, \u00e9l pidi\u00f3 por sus amigos, pidi\u00f3 por nosotros, por vos y por m\u00ed, para que el Padre nos proteja del Maligno, de aquel que quiere apartarnos siempre del camino de la verdad y del amor. Por eso Jes\u00fas rog\u00f3 para que \u00abnos consagre en la verdad\u00bb, no para sacarnos de este mundo, sino para que nos libre de la mentalidad de este mundo apartado de su Padre. Podemos hablar del \u00abmundo\u00bb en dos sentidos o, por lo menos, Juan el Evangelista habla en dos sentidos. Por un lado, el mundo como creaci\u00f3n de Dios, consecuencia y objeto de su amor, aquello que \u00e9l ama, el mundo que \u00e9l cre\u00f3, el universo, podr\u00edamos decir, con todo lo que tiene el universo. Y, por otro lado, el mundo en el sentido negativo, como todo aquello que est\u00e1 en el mundo, pero no quiere pertenecer a su creador, reniega de su Padre. Por eso Jes\u00fas dice que \u00abnosotros somos del mundo, o sea que estamos en este lugar, en esta creaci\u00f3n que \u00e9l nos regal\u00f3, pero, de alguna manera, no somos de este mundo, no somos para este mundo\u00bb. Estamos creados para la Vida eterna y el \u00abmundo los odi\u00f3\u00bb, dice. Estamos de paso en este mundo que podemos ver con nuestros ojos y sentir con nuestros sentidos. Estamos en el mundo, nacimos en este mundo, pero nuestra mentalidad y coraz\u00f3n no deben ser para servir al modo de pensar de este mundo, sino para servirlo al Se\u00f1or. Fuimos creados y salvados para librarnos de las ataduras del mundo que no quiere amar a Dios, que lo rechaza, sino que quiere hacer de este mundo, \u00absu propio mundo\u00bb olvid\u00e1ndose que es del Padre.<\/em><\/p>\n<p><em>Son muchas las cosas que podemos meditar a partir de esta oraci\u00f3n tan linda, pero prefiero que oremos como Jes\u00fas or\u00f3, que pidamos para nosotros lo que Jes\u00fas pidi\u00f3 para nosotros. Que deseemos lo mismo que \u00e9l dese\u00f3 para nosotros, que nuestros deseos sean los de \u00e9l, que nuestros anhelos sean los de Dios, que nuestras b\u00fasquedas sean las de \u00e9l, que nuestra misi\u00f3n sea la misma que la del Maestro\u2026 \u00abAs\u00ed como t\u00fa me enviaste al mundo, yo tambi\u00e9n los env\u00edo al mundo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>No nos olvidemos que nacimos en este mundo, pero no debemos mimetizarnos con \u00e9l. No debemos parecernos a la mentalidad de este mundo, somos para el mundo que viene tambi\u00e9n. \u00abNuestro coraz\u00f3n, como dice san Pablo, tiene que estar puesto en las cosas del cielo\u00bb. Consagr\u00e9monos a la verdad, al amor. Dej\u00e9monos llenar por las palabras de Jes\u00fas, con sus palabras que son amor y verdad, y nos lanzan y nos invitan a amar como \u00e9l ama, a poder experimentar la alegr\u00eda de saber que \u00e9l habita en nuestro coraz\u00f3n y nos impulsa a hacer cosas que, si fu\u00e9ramos solo de este mundo, no podr\u00edamos hacer.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jes\u00fas levant\u00f3 los ojos al cielo, y or\u00f3 diciendo: \u00abPadre santo, cuida en tu Nombre a aquellos que me diste, para que sean uno, como nosotros. Mientras estaba con ellos, cuidaba en tu Nombre a los que me diste; yo los proteg\u00eda y no se perdi\u00f3 ninguno de ellos, excepto el que deb\u00eda perderse, para [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":8150,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[10],"class_list":["post-8149","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-juan","tag-juan"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8149","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8149"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8149\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":8153,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8149\/revisions\/8153"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media\/8150"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8149"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8149"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8149"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}