{"id":8171,"date":"2026-05-24T00:00:51","date_gmt":"2026-05-24T03:00:51","guid":{"rendered":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/?p=8171"},"modified":"2026-05-23T08:13:27","modified_gmt":"2026-05-23T11:13:27","slug":"solemnidad-de-pentecostes-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/archivo\/solemnidad-de-pentecostes-3\/","title":{"rendered":"Solemnidad de Pentecost\u00e9s"},"content":{"rendered":"<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-8171-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/24-mayo-audio-SolemnidadPentescostes-A.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/24-mayo-audio-SolemnidadPentescostes-A.mp3\">https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/24-mayo-audio-SolemnidadPentescostes-A.mp3<\/a><\/audio>\n<p><a href=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/24-mayo-audio-SolemnidadPentescostes-A.zip\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2583\" src=\"https:\/\/www.algodelevangelio.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/descargarMP3-100x100-1.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"100\" \/><\/a>Al atardecer de ese mismo d\u00eda, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los disc\u00edpulos, por temor a los jud\u00edos, lleg\u00f3 Jes\u00fas y poni\u00e9ndose en medio de ellos, les dijo: \u00ab\u00a1La paz est\u00e9 con ustedes!\u00bb<\/p>\n<p>Mientras dec\u00eda esto, les mostr\u00f3 sus manos y su costado. Los disc\u00edpulos se llenaron de alegr\u00eda cuando vieron al Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Jes\u00fas les dijo de nuevo: \u00ab\u00a1La paz est\u00e9 con ustedes! Como el Padre me envi\u00f3 a m\u00ed, yo tambi\u00e9n los env\u00edo a ustedes.\u00bb Al decirles esto, sopl\u00f3 sobre ellos y a\u00f1adi\u00f3: \u00abReciban al Esp\u00edritu Santo. Los pecados ser\u00e1n perdonados a los que ustedes se los perdonen, y ser\u00e1n retenidos a los que ustedes se los retengan.\u00bb<\/p>\n<p><strong>Palabra del Se\u00f1or<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Comentario<\/strong><\/p>\n<p><em>\u00abVen, Esp\u00edritu Santo, y env\u00eda desde el cielo un rayo de tu luz. Ven, Padre de los pobres, ven a darnos tus dones, ven a darnos tu luz. Dulce hu\u00e9sped del alma, suave alivio a los hombres. T\u00fa eres descanso en el trabajo, templanza de las pasiones, alegr\u00eda en nuestro llanto. Ven, penetra con tu santa luz en lo m\u00e1s \u00edntimo del coraz\u00f3n de tus fieles. Lava nuestras manchas, Esp\u00edritu Santo, riega nuestra aridez, cura nuestras heridas. Suaviza nuestra dureza, elimina con tu calor nuestra frialdad, corrige nuestros desv\u00edos. Premia nuestra virtud, salva nuestras almas, danos la eterna alegr\u00eda\u00bb.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>Terminamos hoy el tiempo pascual con la gran Fiesta de Pentecost\u00e9s, es una linda solemnidad. As\u00ed es como terminamos este tiempo de cincuenta d\u00edas dedicados, de alguna manera, a experimentar en nosotros la vivencia, la experiencia de un Jes\u00fas resucitado, un Jes\u00fas vivo en nuestra vida y, mientras tanto, tambi\u00e9n esperamos \u2013por decirlo as\u00ed, simb\u00f3licamente\u2013 recibir el Esp\u00edritu Santo. Es un recibir \u00absimb\u00f3lico\u00bb, porque nosotros, que vivimos en el tiempo del Esp\u00edritu, ya no podemos decir que tenemos que esperar cincuenta d\u00edas para recibirlo. Ya lo recibimos por la fe, ya lo recibimos por el bautismo. Lo recibimos en la confirmaci\u00f3n. Recibimos a Jes\u00fas cada vez que nos acercamos al sacramento de la Eucarist\u00eda o con la comuni\u00f3n espiritual. Lo recibimos tambi\u00e9n cuando vivimos el mandamiento del amor. Sin embargo, a veces est\u00e1 ah\u00ed, en el fondo, como el chocolate en la leche, que se va al fondo y hay que volver a mezclarlo.<\/em><\/p>\n<p><em>Pero, por supuesto, que esta fiesta nos ayuda a \u00abrefrescar\u00bb en nosotros esta realidad, esta certeza de la fe: somos templos del Esp\u00edritu Santo, somos parte del cuerpo de Cristo y por eso, en nosotros, vive tambi\u00e9n el Esp\u00edritu. Y por eso en esta fiesta, simplemente, me limitar\u00e9 a que revivamos un poco este deseo de que ese Esp\u00edritu que ya est\u00e1 en nosotros nos haga \u00abrevivir\u00bb \u2013por decirlo de alguna manera\u2013, nos haga \u00abrenacer\u00bb, nos d\u00e9 su paz y as\u00ed podamos vivir esta realidad en la Iglesia.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEl amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Esp\u00edritu Santo que nos ha sido dado\u00bb, dice san Pablo. Dios quiere que nos pase lo que pas\u00f3 en Algo del Evangelio de hoy que acabamos de escuchar. Dios quiere que nos pase lo que pasa continuamente en la Iglesia, en tantos corazones que creen. Su presencia puede ser como una r\u00e1faga de viento o como un soplido de Jes\u00fas a nuestro coraz\u00f3n, que, aunque no sabemos ni de d\u00f3nde viene ni a d\u00f3nde va, nos alegra con la certeza de su acci\u00f3n en nosotros. Esa certeza es la que debemos tener, que el Esp\u00edritu Santo act\u00faa en nosotros, aunque no nos demos cuenta; que, aunque no veamos fuego, sintamos todo lo que el fuego puede hacer: iluminar, dar calor y purificar. \u00abVen, hoy a nuestras almas, Esp\u00edritu Santo, y env\u00eda desde el cielo un rayo de tu luz\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>La fiesta del Esp\u00edritu Santo hace y seguir\u00e1 siendo lo que solo Dios puede hacer: dar paz; pero no como la da el mundo, no como a veces nosotros la pretendemos, sino la paz que proviene \u00fanicamente de \u00e9l, porque solamente podemos recibir este don, de lo alto, del cielo. No es la paz del \u00abest\u00e1 todo bien\u00bb, del \u00abpare de sufrir\u00bb, del \u00abarte de vivir\u00bb. \u00a1No!, es la paz que conlleva muchas veces la lucha y la purificaci\u00f3n del coraz\u00f3n. Esa paz que nos ayuda a que salgamos de nuestro encierro, a que dejemos el pecado, que dejemos el ego\u00edsmo, nuestras avaricias, perezas, envidias y todo lo que nos aleja de los dem\u00e1s. El Esp\u00edritu Santo, el Esp\u00edritu de amor que nos dio Jes\u00fas, nos ayuda a salir de nosotros mismos y eso tambi\u00e9n nos puede llegar a doler o a molestar. Es la paz de Jes\u00fas la que nos conduce al perd\u00f3n, al perd\u00f3n recibido y al perd\u00f3n dado. El perd\u00f3n cuesta, pero ya no cuesta tanto si nos damos cuenta que viene de \u00e9l, que viene de lo alto. Es una paz \u00abregalada\u00bb, donada, pero que tambi\u00e9n debemos buscar amando. Es la paz que proviene de la felicidad de amar, como la desea cualquier persona.<\/em><\/p>\n<p><em>Una vez, me acuerdo, con los ni\u00f1os de catequesis hicimos algo as\u00ed como un ejercicio espiritual, en adoraci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>Y ellos ten\u00edan que escribir lo que quer\u00edan pedirle a Jes\u00fas. Una ni\u00f1a escribi\u00f3 en un papel: \u00abLe pido a Jes\u00fas ser feliz\u00bb. Pedir ser feliz, es pedir tener paz, tener paz nos hace felices. Pedir ser feliz es pedir tambi\u00e9n hacer la voluntad de Dios.<\/em><\/p>\n<p><em>El Esp\u00edritu, adem\u00e1s de darnos la paz, tambi\u00e9n nos une. Es el alma de la Iglesia. Une lo diverso, lo distinto, para crear algo nuevo, algo m\u00e1s lindo. Da vida a todas las cosas muertas de nuestra vida, de nuestro coraz\u00f3n. Solo \u00e9l puede sostener a la Iglesia en medio de las turbulencias de este mundo, aun con sus propios pecados. Solo \u00e9l nos levanta cuando nos caemos, nos da la mano para seguir amando, nos consuela si estamos tristes. Solo \u00e9l puede lograr que, siendo tan distintos, tengamos los mismos deseos y luchemos por los mismos objetivos. El Esp\u00edritu Santo tambi\u00e9n unifica nuestro coraz\u00f3n, mi coraz\u00f3n disperso, rectifica nuestras intenciones torcidas y da sentido nuevo a nuestras acciones.<\/em><\/p>\n<p><em>Terminemos invocando juntos al Esp\u00edritu Santo: \u00abVen, Esp\u00edritu Santo, ven Esp\u00edritu Santo y env\u00eda desde el cielo un rayo de tu luz\u00bb.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Al atardecer de ese mismo d\u00eda, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los disc\u00edpulos, por temor a los jud\u00edos, lleg\u00f3 Jes\u00fas y poni\u00e9ndose en medio de ellos, les dijo: \u00ab\u00a1La paz est\u00e9 con ustedes!\u00bb Mientras dec\u00eda esto, les mostr\u00f3 sus manos y su costado. 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