Feria de Navidad

on 7 enero, 2022 in

1Juan 5, 14-21

Hijos míos: Tenemos plena confianza de que Dios nos escucha si le pedimos algo conforme a su voluntad. Y sabiendo que Él nos escucha en todo lo que le pedimos, sabemos que ya poseemos lo que le hemos pedido. El que ve a su hermano cometer un pecado que no lleva a la muerte, que ore y le dará la Vida. Me refiero a los que cometen pecados que no conducen a la muerte, porque hay un pecado que lleva a la muerte; por este no les pido que oren. Aunque toda maldad es pecado, no todo pecado lleva a la muerte.  Sabemos que el que ha nacido de Dios no peca, sino que el Hijo de Dios lo protege, y el Maligno no le puede hacer nada. Sabemos que somos de Dios, y que el mundo entero está bajo el poder del Maligno. Y sabemos también que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado inteligencia para que conozcamos al que es Verdadero; y nosotros permanecemos en el que es Verdadero, en su Hijo Jesucristo. Él es el Dios verdadero y la Vida eterna. Hijitos míos, cuídense de los ídolos.

Palabra de Dios

Comentario

Qué bueno es escuchar, una vez más, que «tenemos que tener plena confianza de que Dios nos escucha si le pedimos algo conforme a su voluntad». Así empieza hoy este texto de la Primera Carta del Apóstol san Juan, pero podríamos hacerlo pregunta: ¿Tenemos plena confianza de que Dios nos escucha si le pedimos algo conforme a su voluntad? O también podríamos cambiar la pregunta: ¿Pedimos cosas a Dios para hacer su voluntad, para conformar nuestra voluntad a la de él? ¿O pedimos simplemente las cosas que se nos ocurren pedir y creemos que necesitamos?

Cuando vamos creciendo en la fe, cuando vamos caminando cada vez más de la mano de Jesús, ya no pedimos tanto lo que se nos ocurre, lo que pensamos que necesitamos, sino que vamos aprendiendo a pedir siempre solo aquello que nos acerca a la voluntad del Padre. De hecho, es lo que rezamos cada día en el Padrenuestro: «Que se haga tu voluntad, en la tierra como en el cielo». ¡Señor, que se haga tu voluntad en mi vida y en la de los que más quiero! ¡Que se haga tu voluntad en la iglesia! Él nos escucha en todo lo que pedimos, y por eso el que tiene fe y pide aquello que Dios quiere para la vida de cada uno, ya posee lo que ha pedido.

La fe nos hace experimentar de antemano la dulzura y el gozo del cielo. La fe ya nos da algo que de algún modo poseemos en el corazón y por eso tenemos esa confianza. La fe nos conduce a la esperanza, la fe pone en nuestro corazón la Vida eterna. ¡Qué bueno es también saber y volver a decir esto que dice san Juan!: «Que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado inteligencia para que conozcamos al que es Verdadero». Cuántas veces nos perdemos en esta vida con cosas que finalmente, con el tiempo, nos damos cuenta que no tienen sentido. Cuántas veces hemos acudido a soluciones de nuestros problemas, de nuestras angustias, de nuestras tristezas, a lugares donde finalmente no hemos encontrado la verdad de Dios. ¡Volvamos a Jesús! ¡Volvamos a mirar a Jesús! Él es el Verdadero, él es el Hijo de Dios, él es la Vida eterna.

Por eso nos tenemos que cuidar de toda clase de idolatría, la idolatría que nos hace cambiar la imagen de Dios por cualquier otra cosa, la idolatría que muchas veces reemplaza la bella y maravillosa figura y rostro de Cristo por ídolos fabricados por nuestra manos, por ideologías, por seudoreligiones que nos atraen, por el dinero, por el placer, por tantas cosas en esta vida que se trasforman en nuestros ídolos. Siempre estará al acecho en nuestro corazón el deseo de fabricarnos un Dios a nuestra medida; un Dios que, en definitiva, no nos pide cambiar, sino que nos invita a mantenernos en donde estamos. ¡No, ese no es el Dios cristiano! El Dios que nos vino a mostrar Jesús, es el Dios que nos ama, que nos amó primero, que entregó su vida, pero al mismo tiempo quiere que seamos santos y no pequemos, que nos alejemos de toda clase de pecado, que recemos por aquellos que caen en pecado y que ayudemos con nuestra oración a extirpar el pecado de este mundo que siempre nos acecha, que siempre nos atormentará cuando no sabemos acudir a Jesús.

Volvamos una vez más a afirmar nuestra fe en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, que vino a nuestra vida a salvarnos de todo pecado, a mostrarnos el camino del bien, a mostrarnos la belleza de la verdad, a enseñarnos a vivir esta vida llenos de gracia y de vida eterna. ¡Volvamos a confiar en Jesús!, y pidámosle que se haga su voluntad en nuestra vida. Pidamos sabiendo que lo que pedimos él nos lo concederá, como decía el mismo Jesús: «Si un padre escucha a su hijo pedirle un pedazo de pan, ¿le va a dar una piedra?». Si nosotros le pedimos al Padre por medio de Jesús que nos dé el Espíritu Santo, que nos dé esa inteligencia y sabiduría para saber hacer a cada instante su voluntad, ¿creemos que no nos lo concederá?

Roguemos al Señor que nos conceda esta fe pura y sencilla, esa fe que nos lleva siempre a abrazarnos a su voluntad, por más que muchas veces no la comprendamos.