II Jueves de Pascua

on 28 abril, 2022 in

Juan 3, 31-36

El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra pertenece a la tierra y habla de la tierra. El que vino del cielo da testimonio de lo que ha visto y oído, pero nadie recibe su testimonio. El que recibe su testimonio certifica que Dios es veraz.

El que Dios envió dice las palabras de Dios, porque Dios le da el Espíritu sin medida. El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en sus manos. El que cree en el Hijo tiene Vida eterna. El que se niega a creer en el Hijo no verá la Vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.

Palabra del Señor

Comentario

Felices los que creen sin haber visto. Felices los que todavía confían en que Jesús resucitado está entre nosotros, aunque a veces no tengamos las pruebas que pretendemos. Felices los que creen que esas llagas fueron el motivo de la sanación y que las llagas y las heridas de nuestra vida también son causas de sanación para nosotros y para los demás. Felices los que creemos que creer nos hace felices.

Me animo a volver a decirte una vez y otra vez, y a mí también: “No te canses de escuchar, no te canses de volver a empezar, no te canses de escuchar la Palabra de Dios, que es escuchar a Dios mismo. Si te cansaste de los audios, por lo menos escuchá el Evangelio. Es lo mínimo que te pido”. Escuchá la Palabra de Dios. Sólo el que escucha siempre es capaz de volver a levantarse, de volver a empezar, de volver a creer y de darse cuenta de que la fe alegra el corazón. La fe entra por los oídos. Casi sin querer me pasó algo muy lindo pensando en qué decir en el audio de hoy. Hoy tenía ganas de comentar algo sobre la necesidad que tenemos de escuchar para creer, quería seguir con el tema de la fe, algo bastante obvio, pero que siempre hay que volver a repetir, y me acordé de que San Pablo habla algo sobre esto en alguna de sus cartas.

Busqué mi Biblia, esa que quiero tanto y que me acompaña desde que me decidí seguir a Cristo más de cerca, y la abrí con la intención de encontrar en alguna carta de San Pablo lo que recordaba remotamente, pero con pocas esperanzas porque no me acordaba bien en dónde estaría. Providencialmente abrí en la Carta a los Romanos en el capítulo 10, 14 donde dice: “Pero ¿cómo invocarlo sin creer en él? ¿Y cómo creer, sin haber oído hablar de él? ¿Y cómo oír hablar de él, si nadie lo predica? ¿Y quiénes predicarán, sino se los envía?” Una maravilla, todavía estoy impresionado de cómo suceden a veces las cosas. Todo lo que deseo que pase día a día con estos audios se sintetiza en esta frase. Todo lo que desea el Padre que nos pase a cada uno de nosotros se explica en estas palabras de San Pablo.

Para invocar a Jesús tenemos que creer en él, para creer en él tenemos que escuchar, para escuchar sobre él, alguien tiene que hablar sobre él y para hablar sobre Jesús alguien tiene que haber sido enviado a cumplir esa misión.

Jesús es el enviado desde el cielo por el Padre. Enviado desde la eternidad para hablarnos de su Padre, el tuyo y el mío. Te diría que una de las misiones más importantes de Jesús es mostrarnos el verdadero rostro de Dios que es Padre, Padre con todas las letras y con letras mayúsculas, Padre en serio, infinitamente más Padre de todo lo que te podés imaginar. Así lo dice el Algo del Evangelio de hoy: El que Dios envió dice las palabras de Dios, porque Dios le da el Espíritu sin medida. El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en sus manos. Es necesario comprender esto para que nuestra fe sea más plena. No es cuestión de creer cualquier cosa, hay que creer lo que Dios quiere que creamos. Hay que usar bien la palabra fe. Dios Padre envió a su Hijo para que diga sus palabras, para que hable en su nombre gracias a que los dos tienen un mismo Espíritu. El Padre puso todo en las manos de su Hijo y todo lo que escuchamos decir de Jesús es lo que dice el Padre.

Por eso oír hablar a Jesús es oír hablar al Padre y oír hablar de Jesús es oír hablar del Padre y por eso alguien tiene que predicar esto, alguien tiene que hablar de las palabras de Jesús, para que escuchándolo a él a todos los hombres puedan escuchar lo que el Padre del Cielo nos quiere decir: Los perdono, tengo misericordia de cada uno, quiero darles un abrazo de perdón, vuelvan a mí.

¿Te das cuenta porqué es tan importante escuchar, oír hablar a Jesús y oír hablar de Jesús? ¿Te das cuenta de porqué creer en Jesús nos hace veraces, de porqué creer en sus palabras nos da Vida Eterna? Porque no hay otra palabra de Dios Padre para nosotros que no sea una palabra de amor, de verdad, de consuelo, de ánimo, de corrección, de perdón, de reproche cariñoso. Todo para nuestro bien, todo para andar en la verdad y para amar.

No nos cansemos de escuchar, no te canses de escuchar. No te canses de oír la palabra de Dios. Si escuchás con constancia, cuando menos te des cuenta vas a tener más Vida. Vida con mayúscula, vida que no muere, aunque ande rondando la muerte. Vida que no se acaba, aunque las cosas se acaben. Por favor, no te canses de escuchar y no te canses de predicar. Todos somos enviados también a hablar de Jesús. No me canso de escuchar testimonios de personas que escucharon con sinceridad y con constancia la Palabra de Dios. No me canso de leer los testimonios que nos dejan en nuestra página contando lo bien que les ha hecho escuchar la Palabra de Dios. No te canses de ser Apóstol de Jesús y de enviar la Palabra de Dios a otros para que se den cuenta que no hay nada más lindo que, día a día, escuchar lo que Dios nos quiere decir.